miércoles, 27 de enero de 2016

ESPAÑA SUFRE "AMNESIA SÍSMICA"


Un bombero retira parte de una fachada dañada ayer en Melilla por el terremoto de magnitud 6,3 que sacudió la ciudad de madrugada. REUTERS

A continuación se reproduce la entrevista dada a Teresa Guerrero del diario EL MUNDO publicada con motivo de los terremotos registrados en el mar de Alborán y que han afectado a Melilla, Ceuta y a toda Andalucía.




En Chile es raro que alguien corra cuando hay un fuerte terremoto. En Japón los trabajadores han seguido en sus puestos durante seísmos de magnitud 8 en la escala de Richter casi sin inquietarse, mientras que los estadounidenses hacen regularmente simulacros de seísmos. Los habitantes de estos países también se asustan cuando tiembla la tierra, como ayer ocurrió en Melilla, Andalucía y el norte de Marruecos al registrarse de madrugada en el Mar de Alborán un terremoto de magnitud 6,3 en la escala de Richter (una treintena de personas resultaron heridas leves en Melilla mientras que un niño de 12 años murió en Alhucemas, Marruecos, debido a un infarto).

En Chile, Japón o EEUU están acostumbrados y saben perfectamente cómo deben actuar para limitar los daños. También saben que la mayor parte de sus edificios e infraestructuras se han diseñado siguiendo estrictas normas antisísmicas para aguantar. No se puede evitar que haya muertos, pero sí se puede reducir el número de víctimas, la mayoría de las cuales se produce por el derrumbe de edificios o la caída de objetos de las fachadas, como recuerda el geólogo Antonio Aretxabala, director técnico del Laboratorio de Arquitectura de la Universidad de Navarra.

«Las nueve personas que murieron durante el terremoto de Lorca de 2011 salieron corriendo a la calle, que es precisamente lo que no se debe hacer», señala Aretxabala, que considera que pese a los indudables avances, en España todavía se puede hacer mucho más para limitar el impacto de seísmos. Enseñar a la gente cómo actuar ante un terremoto es sólo una de las asignaturas pendientes. «No importa que se viva en una zona de bajo riesgo sísmico. La gente viaja y puede sufrir un terremoto en cualquier lugar», advierte.

Aunque el riesgo sísmico en España no es comparable al de Chile, Japón o la costa oeste de EEUU, los estudios geológicos y los registros históricos no ofrecen dudas. El sur de la Península Ibérica es un área vulnerable a sufrir terremotos destructivos. El más grave registrado en Europa ocurrió en 1755, se conoce como el terremoto de Lisboa y originó un tsunami que causó la muerte a unas 100.000 personas (la mayoría en Portugal, pero también en el norte de Marruecos y Andalucía). Se estima que tuvo una magnitud de 8,5 en la escala de Richter. El primer registro de un gran terremoto en nuestro país se remonta a 1048 en Orihuela (Alicante).

La zona de los Pirineos también es vulnerable, aunque en menor medida que el sur: «En los últimos 600 años, ha habido una docena de terremotos de intensidad superior a VIII en la zona pirenaica», dice Aretxabala. Así, en el año 1428, 800 personas murieron tras un terremoto de intensidad IX-X que destruyó Queralbs (Girona).

Según aclara el geólogo, la intensidad hace referencia a los daños producidos, mientras que la escala logarítmica de Richter, que se usa desde los años 30 del siglo pasado, refleja la magnitud e indica la energía que libera el seísmo: «Un terremoto de alta magnitud puede tener baja intensidad si, por ejemplo, se produce lejos de zonas habitadas».











El terremoto del lunes, de magnitud 6,3 en la escala de Richter, se produjo a las 5.22 (hora peninsular) a 162 kilómetros al sureste de Málaga, en el mar de Alborán. «Liberó 35 veces más energía que el de Lorca, en Murcia, (de magnitud 5, 3). Es un seísmo muy diferente. El de Lorca fue mucho más superficial y se produjo muy cerca de la ciudad», recuerda José Ibargüen, ingeniero geógrafo del Instituto Geográfico Nacional durante 35 años, ahora jubilado.

Según explica María José Jurado, investigadora del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (ICTJA-CSIC), en Barcelona, en el área en la que se ha producido el terremoto hay fallas que son bien conocidas por los científicos y con actividad reciente: «En esa zona se resuelve la compresión entre dos grandes placas que están en contacto, la africana y la euroasiática», detalla.

«Lo habitual en este sistema es que se libere la energía poco a poco. Sobre todo al sur de la Península hay continuamente pequeños terremotos que no se perciben. Pero a veces ocurren seísmos como éste, que según los primeros datos se produjo a una profundidad (hipocentro) de 10 kilómetros, que desde el punto de vista geológico es poco profundo. Cuanto más superficial es un terremoto, más energía se transmite a la superficie y llega a los edificios», relata.

«Mi opinión es que no hay zonas totalmente libres de riesgo sísmico de baja intensidad. Puede ocurrir un terremoto en una zona que no te esperas porque hay alteraciones en todas partes, pero hay regiones en las que puede tardar en producirse un seísmo miles de años», dice Jurado.


Lorca, un punto de inflexión

¿Está España preparada para hacer frente al impacto de un terremoto destructivo? Desde los años 70, nuestro país cuenta con una estricta normativa antisísmica que regula la construcción de edificios e infraestructuras con el objetivo de proteger a la población de los terremotos (una norma se centra en la edificación, la NCSR-02, y otra en los puentes, la NCSP-07).

En todos los países las normas se van actualizando en función de la experiencia adquirida en seísmos como el de Lorca, que supuso un antes y un después en España: «Nos dimos cuenta de que vivimos en un país con una sismicidad capaz de matar, arruinar el patrimonio y paralizar una comarca desde el punto de vista económico. Fue un shock tan grande que cambió completamente la mentalidad de constructores y centros de investigación. Ahora nos consideramos un país mucho más sísmico que en 2011», asegura Antonio Aretxabala.


Escombros en las aceras de Melilla. EFE


Pese a que entonces «nos pusimos las pilas», el geólogo denuncia que «España sufre amnesia sísmica. Siempre pasa lo mismo, poco después se va olvidando el verdadero riesgo que hay». Aunque considera que la normativa actual sismorresistente, de 2002 (NCSE-02) se cumple, sostiene que ésta ha quedado obsoleta y casi cinco años después, aún no se han incorporado las lecciones aprendidas aquel 11 de mayo.


Infraestructuras en zonas de riesgo sísmico (#Yesa)

Otro problema, enumera, es que durante muchos años no se han tenido en cuenta los mapas de riesgo sísmico, de modo que se han levantado edificios siguiendo la normativa sismorresistente en lugares peligrosos, como ocurrió con el hospital de Lorca. La Ley del Suelo, aprobada en 2008, obliga a tener en cuenta esos mapas antes de proyectar una infraestructura. Por ello, el geólogo resalta la necesidad de trabajar conjuntamente con los historiadores para elaborar mapas fiables.

No haber tenido en cuenta el riesgo sísmico real ha dado lugar en España a la proyección de infraestructuras como el pantano de Yesa, en Navarra, que comenzó a construirse a principios de siglo, antes de la aprobación de la ley: «Desde 2001 se han publicado estudios históricos que muestran que ha habido en esa zona terremotos catastróficos. El mapa se cambió, pero la obra ya se había comenzado». Aunque se trata de un caso diferente a Yesa, Aretxabala cita el almacén de gas Castor como otro ejemplo de infraestructura proyectada sin tener en cuenta el peligro sísmico.


Invertir en investigación sísmica

María José Jurado, por su parte, considera necesario que España haga «una apuesta para invertir en investigación y en instrumentación para acotar mejor los riesgos geológicos». Así, han propuesto la creación de una red de observatorios de fallas, cuyo coste total sería inferior a un millón de euros: «Consiste en perforar el subsuelo unos 200 metros e instalar sismómetros y sensores de deformación para estudiar cómo se comporta la falla. La señal nos llega directamente desde la tierra, sin perturbaciones», explica.

La científica participa en los consorcios internacionales para el estudio de terremotos más prestigiosos del mundo, el Programa Internacional para el Descubrimiento del Océano (IODP, por sus siglas en inglés) y el Programa Internacional de Perforación Científica Continental (ICDP), de los que España dejó de formar parte por no pagar desde 2011 la cuota que le correspondía. Este año, explica, tiene esperanzas de que nuestro país vuelva a formar parte de estos organismos cuyos estudios han ayudado a conocer precisamente la zona en la que se produjo el seísmo de ayer.


EN CASO DE TERREMOTO:

Reaccionar de forma adecuada ante un seísmo y evitar el pánico son elementos clave para reducir el número de víctimas y heridos. MANTENGA LA CALMA. La mayor parte de las víctimas se producen porque los edificios no están bien construidos o por el impacto de elementos de las fachadas. En España, la mayoría de los edificios están bien construidos. Procure estar tranquilo. Si está conduciendo, pare en un lugar seguro y quédese dentro del coche con las luces de emergencia encendidas. NO SALGA CORRIENDO. Las víctimas mortales del seísmo de Lorca fallecieron por la caída de escombros, así que no salga corriendo. Hay que resguardarse debajo de una mesa o bajo una puerta para evitar ser golpeados por objetos. Aléjese de muebles, ventanas y lámparas. CUANDO ACABE EL SEÍSMO, SALGA A LA CALLE. Una vez que haya cesado el temblor, hay que salir despacio y de forma ordenada del edificio o de la vivienda en la que se encuentre hacia una zona abierta, porque puede haber réplicas. SIGA LAS INSTRUCCIONES DE LAS AUTORIDADES. Todas las regiones cuentan con un protocolo de actuación que los servicios de protección civil pondrán en marcha en cuanto ocurra el terremoto.




EN LA MECÁNICA DEL CARACOL (eitb) CON EVA CABALLERO
(a partir del minuto 30:45)