jueves, 4 de enero de 2018

EL AUMENTO DE LA POBREZA EXPLICADO DESDE LAS CIENCIAS GEOLÓGICAS

Galicia: La población pobre y "de clase baja" representa ya un 71,5% de la población. Fuente: Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), Fundación Ramón Areces. Reportaje y viñeta Faro de Vigo.


Ya somos en España 15 millones de pobres. Sólo quedan dos años para rendir cuentas ante la UE al llegar la fecha límite establecida desde el programa Europa 2020.

España tenía que reducir la pobreza en 1,4 millones de personas entre los años 2010 y 2020, hemos escogido el camino contrario. Las posibilidades de alcanzar el objetivo parecen prácticamente imposibles o siendo optimistas, muy escasas.

La geología del planeta no entiende de equidad, es el ser humano el que inventó ese concepto, la Tierra nos da todo lo que tiene y a la Tierra no se le puede pedir más.


1. EL AUMENTO DE LA POBREZA

Queridos seguidores y lectores habituales, los datos de incremento de pobreza en España comienzan a ser escandalosos, sobre todo tras el estudio publicado por la UAB el pasado 2017 donde se cuestionan los indicadores oficiales de pobreza en España, y que vamos a intentar analizar en este artículo con ojos de científico de las ciencias de la Tierra. El Centro de Estudios Demográficos (CED) de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB) señala un aumento entre 2004 y 2014 que eleva la cifra de españoles en situación de pobreza de los 10,2 millones de las cifras oficiales a 14,8 millones, lo que significa un aumento del 45 %.

Entre 2010 y 2014 el número de personas pobres pasa de 10.206.684 a 14.794.664, con un incremento absoluto de 4.587.980 individuos. La nueva ciencia económica muestra además, y de una manera inapelable, que la era del denominado capitalismo industrial en constante crecimiento, basado en el suministro abundante de combustibles fósiles, ha terminado.

El largo declive de esta última organización social basada en el denominado mercado libre y el suministro de materias primas de manera más o menos abundantes, tal y como lo conocemos, comenzó hace algunas décadas. Ahora va camino de acelerarse a un ritmo imposible de frenar según avance el siglo XXI.

Por lo tanto la tarea urgente es reescribir la economía para adaptarla al mundo real. Con ello en paralelo estamos, rediseñando nuestros conceptos de valor y prosperidad, precisamente para reconstruir nuestras sociedades con miras a ir adaptándose a esta extraordinaria era de transición en la que la pobreza a nuestro alrededor se va a convertir en una compañera habitual si no tomamos medidas urgentes.


2. PIB, GEOLOGÍA DE LOS HIDROCARBUROS Y BIOSFERA

Comencemos con un esbozo sobre la estrecha relación entre nuestro indicador favorito de "riqueza" que es el PIB y los materiales geológicos que nos ha dispuesto el único planeta del sistema solar capaz de enterrar la energía del Sol, cocerla, convertirla en algo material, versátil, dénsamente capaz de realizar trabajo y entregárnoslo "gratis".

Este detalle está pasando desapercibido a la mayoría de los economistas clásicos que aún ven en la Biosfera un conjunto de materias primas con un determinado capital variable según las oscilaciones de los mercados. La energía no es un recurso sometido a los vaivenes del mercado, es un precursor de la actividad económica. Recordemos que los costes de producción de los hidrocarburos (energía solar fosilizada) que son el cimiento de nuestra organización social capitalista, no existieron, fueron un regalo de la tectónica de placas. Pues bien hay una clara relación (figura 1) entre el factor energía y el PIB.

Figura 1. La economista Gail Tverg nos mostró en 2014 la estrechísima relación entre el crecimiento (o no) económico en términos de PIB (GDP en inglés) y suministro de energía al medio (que según la segunda ley de la termodinámica sólo va en una dirección: de disponible a no disponible). Obsérvese la estrecha relación entre el PIB y suministro de energía neta al medio, en especial de petróleo (raya en azul). Media de tres años del crecimiento del PIB, consumo de energía y petróleo.


3. ECONOMÍA Y ENERGÍA NETA EN DECLIVE. UNA CRISIS IMPARABLE.

El ser humano a lo largo de su historia, desde que era recolector y cazador hasta la construcción de la compleja sociedad tecnológica industrial de hoy, para procurarse energía, obviamente invertía energía. Cuando la cantidad de energía invertida para obtenerla devuelve una mayor cantidad de energía en el proceso, hablamos de un recurso energético, lo que implica el desarrollo y crecimiento de organismos, ecosistemas, organizaciones... Pero si la cantidad de energía gastada para obtener energía es mayor, tenemos un sumidero, lo que implica la muerte de organismos, desaparición de especies, dispersión de organizaciones, etc. A esta relación entre la energía invertida para obtener energía y la obtenida la llamamos Tasa de Retorno Energético (TRE).

Estudios recientes sugieren que la relación entre la energía invertida para extraer la energía (TRE) de los combustibles fósiles ha disminuido constantemente desde principios del siglo XX, lo que significa que estamos agotando nuestros recursos de mayor calidad, y estamos usando cada vez más energía solo para obtener nueva energía. Esto significa que los costos de producción de energía están aumentando mientras que la calidad de los materiales energéticos que estamos produciendo está disminuyendo. O lo que es lo mismo, cada vez una mayor parte de la energía que se gestiona es revertida en la propia extracción o procesado, quedando mucho menos margen cada año para expandir la economía o "ir creciendo económicamente".

Court y Fizaine (2017) han demostrado que los valores de la TRE en la producción global de petróleo y gas alcanzaron sus máximos en los años 30 y 40 del siglo XX. La producción mundial de petróleo alcanzó el máximo valor de su TRE en 50:1 (con un barril extraíamos 50) mientras que la producción mundial de gas lo hizo en 150:1 (con un barril equivalente extraíamos 150). Incluido el carbón muestran que la máxima TRE de los fósiles fue de 44:1 a principios de los años 60.

Desde entonces, los valores de las TRE del petróleo y del gas, es decir, la energía total que podemos extraer de estos recursos por cada unidad de energía que utilizamos para su extracción y puesta en el mercado, están disminuyendo inexorablemente y de manera bastante acelerada. Hoy nos encontramos en valores de 1:17. Esta disminución continua en el valor total de la energía extraída de los combustibles fósiles globales ha jugado un papel fundamental en la desaceleración del crecimiento económico mundial en los últimos años.

¿Podríamos por tanto, hablar de un umbral de TRE a partir del cual nuestra organización social tecnológica-industrial comenzará a mostrar signos de dispersión y descomplejización? Si, no sólo podemos, debemos hacerlo, y aunque es muy difícil fijarlo e incluso medirlo, son varios los estudios y las investigaciones que nos dan un valor orientativo a partir del cual la economía de mercado basada en el crecimiento continuo, tal cual la hemos conocido, no es termodinámicamente viable, y este valor estaría de manera orientativa en 10:1. ¿Qué sucedió en 2008? ¿Qué dice de ésto la economía? Muy poco, veamos:

Figura 2. Diapositiva presentada en la introducción de algunas charlas para que los oyentes se familiaricen con la relación entre la actividad económica, la riqueza, la dinámica geológica del pasado y el presente, y diversos valores de TREs de varios materiales geológicos y procesos naturales, así como una comparativa con las energías denominadas "renovables".

La crisis financiera de 2008 no representó un evento singular sólo por cuestiones mercantilistas que los analistas retuercen más y más, fue un evento clave derivado del encarecimiento primero, y la volatilidad después, de los precios de la energía, algo que se compensó de manera artificial con deuda pero cuyo origen puramente geológico sigue oculto.

El Premio Nobel de Economía Robert Merton Solow afirmó tras el colapso de los mercados en 2008 que con las teorías económicas clásicas, la productividad como una función del capital físico y el rendimiento laboral, apenas explicaban un 14% de la economía, dejando el 86% restante de lado mostrando así que ese 86% era la medida de nuestra ignorancia. Fue en 2011 cuando un científico, el físico de sistemas alemán Reiner Kummel, publicó "La segunda ley de la economía. Energía, Entropía y los orígenes de la riqueza", donde adjudicó a la energía el ser ese 86% de nuestra ignorancia (figura 2).


4. ¿UNA ECONOMÍA DESACOPLADA DE LA ENERGÍA?

Economistas clásicos y científicos no nos ponemos de acuerdo, así surgió también desde el ámbito de la economía clásica el moderno concepto de "desacoplamiento de la economía", o lo que es lo mismo, la fantasía de que el crecimiento del PIB podría desacoplarse de la disponibilidad de los materiales geológicos, en especial los hidrocarburos.

Esto se debe a que el crecimiento económico sigue dependiendo en última instancia del "crecimiento continuo en el uso de materiales y energía", según el estudio publicado en la revista PLOS One en octubre de 2016 dirigido por James D. Ward, de la Escuela de Entornos Naturales y Construidos de la Universidad de Australia del Sur. Según los autores la denominada ciencia económica se estaría haciendo trampas al solitario con la "ilusión de desacoplamiento", Ward y sus colegas argumentaron que tal engaño se ha mantenido a través de técnicas engañosas como:

1. Siempre se puede sustituir un recurso por otro, sin embargo no es verdad porque de momento no toda actividad industrial ni tecnológica es sustituible ni electrificable al 100%. El mejor ejemplo es el transporte, una batalla ya perdida que no se va a poder resolver en los próximos años.

2. Se está financiando el PIB a través de la creación de nueva deuda, sin aumentar el rendimiento ni material ni energético, una cuestión puramente geológica que se le está cargando a las generaciones futuras.

3. Exportar los impactos ambientales a otras naciones o regiones, de modo que las realidades del aumento de la producción material o consumo de energía se puedan suprimir de los cálculos locales. Se trata de la externalización de los procesos industriales más contaminantes y consumidores de carbón, uranio, gas y petróleo (figura 3).

Figura 3. Evolución del PIB (GDP en inglés) según la AIE y la demanda de energía desde 1971 a 2012 en diversas partes del mundo, obsérvese la anomalía negativa en EEUU y en la UE en 2008 como consecuencia de la caída de Lehman Brothers, situación irrepetible y el comenzo de la crisis de la que nunca vamos a salir (en términos termodinámicos es imposible) con el modelo económico actual cimentado sobre tiempos de TREs elevados que nunca van a volver. No existió desacoplamiento. El PIB de Japón, EEUU y la UE (naranja, verde y azul) aumentó a partir de la entrada del siglo XXI incluso sin incremento en el consumo de energía como se puede ver en sus curvas. Incluso tras el colapso de los mercados en 2008 aumenta con menor consumo de energía. El truco está en las líneas de África, India y sobre todo China (en rojo) que compensan por externalización de los costes energéticos ese trabajo. China quemó el carbón, petróleo y gas de nuestro PIB. La atmósfera no sabe de fronteras, a la economía sin embargo se las cambiamos todos los días. El Cambio Climático derivado de las ingentes cantidades de carbono devuelto al exterior perjudica a todos los habitantes del planeta, no sólo a quienes queman los hidrocarburos en los procesos industriales y tecnológicos.


4. La creciente desigualdad tanto de ingresos como de riqueza, que permite que el PIB crezca en beneficio de unos pocos, mientras que la mayoría de los trabajadores ven disminuido su poder adquisitivo es el mayor engaño de nuestra sociedad actual. 

En otras palabras, una minoría muy rica monopoliza la mayor fracción del crecimiento del PIB por trabajos hechos muy lejos, pero ello no aumenta sensiblemente el nivel de consumo de energía y materiales dentro de nuestras fronteras. Para el investigador Iñaki Permanyer "la manera como definimos y medimos los fenómenos sociales tienen una importancia capital no sólo a la hora de intentar retratar y comprender el mundo que nos rodea sino también cuando intentamos modificarlo y corregirlo" .

Por lo tanto, mientras siga disminuyendo la TRE global, una mayor proporción de la energía que se produce debe usarse simplemente para extraer más energía. Esto significa que la disminución cada vez más acelerada de la TRE, conduce a un menor crecimiento económico en el mundo real, incluso con períodos cada vez más prolongados de desaceleración o decrecimiento irreversible.


5. UNA SITUACIÓN COMPLICADA QUE NECESITA MUCHO CONSENSO CIENTÍFICO Y NO MENOS PEDAGOGÍA

Hemos entrado así en una situación complicada también para comprender las oscilaciones clave de la economía tan ligada (incluso hoy) a los precios del petróleo. Si bien al principio, se puede esperar que la disminución de TRE conduzca a precios más altos debido a los mayores costos de producción, la relación entre TRE y precios comienza a descomponerse a medida que la TRE se reduce, porque países como España y toda la UE que no es productora neta, no se pueden permitir el uso del nunca mejor llamado "oro negro" a precios tan volátiles e inciertos. 

Así vemos que a nivel mundial, el largo plazo que estamos experimentando es el de agotamiento de los recursos, mientras las medidas tomadas siguen siendo medidas a corto plazo, pero además suponiendo que dichos recursos no sólo van a estar presentes, sino que van a crecer al ritmo deseado y en algún momento la volatilidad y la incertidumbre van a desaparecer.

La AIE (OCDE) muestra una solución del problema: cuando los precios del petróleo vuelvan a ser altos entre este 2018 y 2020, una vez puestos en el mercado los algo más de dos millones de barriles diarios de reserva, se producirá una caída de la demanda por el único itinerario que conocen los países occidentales no productores de petróleo: la destrucción de la actividad económica y su consiguiente recesión, si antes no estallan las burbujas de las criptomonedas u otras.

Nada nuevo que no conozcamos en casa cuando el precio del petróleo sube. Es decir, la propia OCDE lleva años preparando a los gobiernos para afrontar una recesión que no tiene por otro lado, nada que no se conozca y que ni siquiera el problema energético podría disparar, sino que antes puede hacerlo la crisis de deuda. La respuesta local siempre ha sido la misma: destrucción de empleo y recortes en sanidad, cultura, educación, atención social, etc., pero sobre todo un aumento de la desigualdad social que lastra toda evolución futura hacia el bienestar y acarrea a medio plazo el abandono de grandes proyectos empresariales bandera.

Con este panorama no es de extrañar que las contradicciones imperen en las previsiones de la creación (o más bien pérdida) de riqueza. En otras palabras, la disminución global de la TRE es irreversible y supone la imposibilidad de crear riqueza social en un marco mercantilista, o lo que es lo mismo: la expansión dentro y fuera de las fronteras de los países desarrollados de más pobreza que se está escapando a los marcadores e indicadores oficiales como nos indican desde el CED y no está siendo percibida por quienes toman las decisiones a pesar del aumento de personas desahuciadas, gentes sin techo, pobres energéticos, trabajadores precarios, parados de larga duración, excluidos, ancianos desatendidos, etc.

En los países de la UE, se considera que una persona es pobre (medida oficial) si su nivel de ingresos es inferior al 60% de la media de ingresos del país. "El grave inconveniente de estas medidas es que sólo tienen en cuenta la posición relativa de los individuos, independientemente de los niveles absolutos de ingresos, por lo que son completamente insensibles a los períodos de expansión y contracción generalizados por los que ha pasado la economía española en los últimos diez años", Permanyer (2017). El caso es que lo que pudimos hacer para evitar un declive tan marcado ha traspasado su fecha de caducidad: no lo hicimos.

Incluso ante las evidencias tan palpables de un colapso que nadie quería seguimos a la expectativa porque no interiorizamos el lento pasar del tiempo a ritmo de cierre de negocios y auge de contratos precarios. El declive de la era industrial tecnológica ya está en marcha; los sustitutos de la cacareada industria 4.0 en términos de TRE son una mala copia de lo que pudimos y ahora ya no podemos.

Mientras el declive avanza, la fracción de adultos en edad de trabajar que ya viven permanentemente fuera de la actividad laboral está en su punto álgido y sigue aumentando; también crece la fracción de adultos jóvenes que viven con sus padres y se relacionan en las bajeras de los edificios o en parques y plazas, porque no pueden permitirse comenzar a esculpir ni sus propios hogares, pero tampoco aprovechar el diseño de los lugares de ocio. Su presencia en nuestras ciudades y pueblos se extiende al ritmo que lo hacen el alcohol y las drogas. Las sociedades capitalistas avanzadas han entrado en una fase de rendimientos marginales decrecientes  o decrecimiento involuntario, con posibles efectos importantes en la capacidad del sistema para mantener su marco institucional actual.


6. SOLUCIONES QUE NO SON EFECTIVAS

¿Por qué? Pues porque de siempre, las civilizaciones complejas, tienden a acelerar el uso de los recursos, y como las TREs son decrecientes la cantidad de recursos disponibles para la expansión continua de la civilización es cada vez menor, aunque los indicadores de producción bruta aumenten,  y porque continuamente invertimos en la solución de los nuevos problemas generados con el aumento de una complejidad que ya se está descomplejizando ella sola.

Se está apostando por una globalización que se desglobaliza, por un impulso a grandes infraestructuras de transporte que no se usan (aeropuertos vacíos, trenes de largas distancias vacíos,  embalses vacíos, centros deportivos vacios, hospitales, grandes obras, grandes infraestructuras abandonadas o imposibles de concluir...), son recursos que se están desviando de la sanidad, educación, cultura, cuidado a los dependientes, agricultura sostenible, y sobre todo del I+D+i para buscar la salida aquí mostrada, hacia esas apuestas que ya son iatrogenias y sólo suponen un enriquecimiento temporal de grandes empresas que no pocas veces favorecen la corrupción, al final son daños irreversibles en las capas más débiles de la organización social (figura 4).

Figura 4. La gran ola (Court y Fizaine 2017). La productividad total de los factores (PTF o TFP del inglés Total Factor Productivity) es la diferencia entre la tasa de crecimiento de la producción y la tasa ponderada de incremento de los factores (trabajo, capital, etc.). La PTF constituye una medida del efecto de las economías de escala, en que la producción total crece más que proporcionalmente al aumentar la cantidad de cada factor productivo. Existe una correlación entre la PTF y la eficiencia de conversión de la energía. El nivel más alto de productividad se alcanzó alrededor de la década de 1930, y desde entonces con cada revolución industrial ha disminuido: IR1: revolución industrial del carbón. IR2: segunda revolución industrial impulsada por el motor eléctrico y el motor de combustión interna. IR3: tercera revolución informática y tecnológica en la era de la comunicación; en su esbeltez se observa el rápido aumento y disminución de la productividad de la última gran revolución en innovación tecnológica. Cada una de estas eras supuso un incremento exponencial del uso de energía. El período de disminución de la gran ola (The Grat Wave), tras la segunda guerra mundial también corresponde aproximadamente a la era de las TREs posteriores al pico de los combustibles fósiles totales identificados por Court y Fizaine en 2017.

Todo esto significa que en los próximos años, los costos generales de la producción de energía desde la mejor fuente jamás conocida para impulsar el crecimiento económico: los combustibles fósiles, van a aumentar de manera incontrolable; se trata de algo innegociable con la naturaleza, crecerán incluso mientras el valor de mercado de la energía se mantenga bajo. El rendimiento total de la energía neta disponible para impulsar el crecimiento económico continuo disminuirá inexorablemente (figura 4). Esto, a su vez, reducirá el grado en que la economía global y local podrá permitirse para producir y disponer de energía.

No podemos estar seguros al 100% de cuál será un resultado que carece de precedentes, la dinámica conocida de oferta y demanda convencional a la que estábamos acostumbrados ya no va regular ni precios ni disponibilidad, pero lo que sí podemos saber con certeza es que la era del crecimiento económico ilimitado  que es la característica definitoria del capitalismo financiero neoliberal, tal como la conocemos, ha terminado de verdad, y si no tomamos medidas técnicas adecuadas y sobre todo sociales, la expansión acelerada de la pobreza será el mayor quebradero de cabeza de nuestros dirigentes y de la propia sociedad en general.

Sólo quedan dos años para rendir cuentas ante la UE al llegar la fecha límite establecida desde el programa Europa 2020. En dicho programa se planteó reducir la pobreza en España en 1,4 millones de personas entre los años 2010 y 2020, hemos escogido el camino contrario. Las posibilidades de alcanzar el objetivo parecen prácticamente imposibles o siendo optimistas, muy escasas.

Las soluciones resultantes si realmente queremos acabar con la pobreza, requerirán un consenso honesto con una inversión a largo plazo, tan largo como el conocimiento del declive de la TRE. No podemos esperar resultados inmediatos en términos de productos vendibles, sin retorno de la inversión visible, sin ganancias en el corto plazo. Dicha inversión solo puede generarse en un entorno no mercantil, en el que el pago es colectivo y el beneficio financiero o el crecimiento económico no son los objetivos. Un entorno además capaz de distribuir la riqueza menguante, digno para las personas todas, el resto es irremediablemente el colapso. La geología del planeta no entiende de equidad, es el ser humano el que inventó ese concepto, la Tierra nos da todo lo que tiene y a la Tierra no se le puede pedir más.







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