domingo, 24 de noviembre de 2019

NAVARRA: NUEVOS MODELOS ECONÓMICOS SOSTENIBLES Y TRANSICIÓN GLOBAL HACIA UN NUEVO MODELO ENERGÉTICO #PamplonaForum19


NAVARRA: NUEVOS MODELOS ECONÓMICOS SOSTENIBLES Y TRANSICIÓN GLOBAL HACIA UN NUEVO MODELO ENERGÉTICO #PamplonaForum19


1. Introducción

Queridos lectores, durante los días 21 y 22 de noviembre de 2019 se presentaron en Navarra, concretamente en Pamplona, en CIVICAN y en el edificio del Colegio de Médicos, dos eventos que merecen una consideración especial porque suponen el trazado de un futuro que ya hemos comenzado a transitar, tal y como venimos anunciando en el blog desde hace años. Voy a presentar mis impresiones en un solo bloque porque creo que son temas complementarios y prácticamente inseparables, de hecho hacen referencia a la misma transición, y aunque nuestros dirigentes aún no lo vean, algo que como voy a relatar, ha quedado de manifiesto, la economía, la energía y la geología son tan indisolubles que a veces ese detalle pasa desapercibido. Es algo así como lo que le sucede al pez, no es consciente del agua porque no la experimenta y si despierta a su existencia, es cuando muere fuera de ella.

De hecho en la segunda jornada (la del día 22N en el Colegio de Médicos de la que podréis encontar información desde el hashtag #PamplonaForum19) pudimos observar ese detalle tan arriesgado históricamente de intentar separarlas. Se trata de una prolijidad acarreada desde la rotura de la relación circular que vivimos con los recursos minerales del planeta, especialmente con los hidrocarburos. Se volvió más acentuado aún durante la gran aceleración de mediados del siglo XX gracias a los hidrocarburos más versátiles, abundantes y baratos que apuntalaron pero ya no apuntalan nuestras dinámicas económicas y sociales.

Y desde esa inconsciencia es desde la que se trata a la energía como una mercancía o un servicio más, sometido a leyes de oferta y demanda, algo así como la sustancia material (gas, carbón, petróleo) pero no su mágico contenido, la energía encerrada, el nunca mejor llamado oro negro cuyas leyes inviolables consisten en ni crearse ni destruirse, sino en transformarse y hacerlo en una sola dirección: de disponible a no disponible. La energía es el precursor necesario de la actividad económica, la determina.

Pues bien, la palabra "competitividad" que marcó la agenda, apareció desde el principio con la charla inaugural del consejero de energía del Gobierno de Navarra, Manu Ayerdi (ver figura 8) e incluso desde antes de comenzar, lo que da idea de la mentalidad vigente en los círculos que ahora y con una emergencia que roza el histerismo, apuestan por la transición justa, la economía circular o la necesidad de paliar el caos climático sin saber muy bien el alcance de lo que apenas comprendemos los estudiosos pero menos aún podemos controlar. Las desigualdades o la pobreza, su inexorable conexión con el declive energético o las tasas de retorno energético (TRE) decrecientes de todos los recursos energéticos, renovables o no renovables, de momento no tienen una solución técnica, sino como bien se apunta desde la UE, ésta es social y creen, necesita ser puesto en valor e incluso regulado, por eso el dictamen SC/048.

El profesor de economía de la UPNA que me acompañó al #PamplonaForum19, amigo y otro comprometido activista de ATTAC NavarraJoan Josep Bosch, me ayudó a contabilizar la cantidad de veces que se repitió esa palabra "competitividad"; apareció 24 veces. Puntualicemos que la energía contenida tanto en la biomasa como en los procesos solares, geológicos y atmosféricos susceptibles de ser captados, tanto actuales como fósiles de hace millones de años (hablamos de energía solar capturada en la biomasa, enterrada, cocida, fosilizada y devuelta a coste cero que consumimos a un ritmo de dos millones de años del trabajo de la tectónica de placas cada año), es un precursor de la actividad económica.

Por tanto, el tratarla como mercancía o servicio fue posible aunque de manera abstracta a partir del momento de la rotura de la economía circular con fuentes renovables, desde fuentes no renovables hace unos dos siglos. Las primeras (biomasa, aire y sol) nos acompañaron en nuestra historia de miles de años hasta la rotura de esa relación circular con la entrada de las segundas como energía no renovable (energía solar fósil) hace menos de un par de siglos.

Fue entonces cuando además por primera vez, la biosfera, una dimensión del planeta de miles de millones de años posterior a la formación del núcleo metálico, el manto, la corteza, la atmósfera, la hidrosfera, se enfrenta a un nuevo elemento previamente inexistente: el desecho, prácticamente seguido de la noosfera (esfera del conocimiento) desde la que hoy analizamos esta evolución y finalmente la urbanosfera (desde 2010 más de la mitad de la población mundial vivimos en ciudades, una nueva experiencia para la vida sobre el planeta) red de unidades estructurales las ciudades que estructuran, vertebran y conectan nuestra civilización tecnológica-industrial. Este tema fue tratado y está ampliado aquí.

Figura 1. La IEA, AIE en español (Agencia Internacional de la Energía, órgano asesor en esta materia de la OCDE de la que España es miembro) nos muestra cómo el crecimiento de la economía global y las emisiones de CO2 están estrechamente vinculadas y cómo colapsa el sistema financiero en 2008; desde 2010 hay un desajuste significativo en ambas tendencias. Nunca antes en la historia se había visto algo similar. Vemos también que hasta 2016 se produjo una leve caída en las emisiones globales, sin embargo en 2017 éstas aumentan y en 2018 se baten todos los récords históricos, alcanzando la concentración de CO2 en la atmósfera las 412 ppm en momentos puntuales (ver figura 9). A pesar de ello la economía mundial está entrando en una fase de estancamiento e incluso decrecimiento. Cada vez quemamos más combustibles fósiles para extraer combustibles fósiles, no para revertir en el crecimiento de nuestras sociedades. IEA, Press Room 2017. Téngase en cuenta que desde 2010 más de la mitad de la población mundial vivimos en ciudades, toda una nueva experiencia para la vida en el planeta.


2. Navarra ante las nuevas economías y la transición energética global, una visión apremiante

Seguramente ha llegado tarde el momento de afrontar de una manera racional la transición, puesto que ésta ya comenzó hace tiempo aunque hablemos de crisis, era simplemente algo innegociable como todo aquello que se fundamenta sobre recursos no renovables y finitos. No obstante, como estaba previsto llegó. La ventaja de Navarra ante el reto de las nuevas economías y la transición energética en el marco de los 17 objetivos para el desarrollo sostenible (ODS) de la ONU de 2015, son un camino que aunque haya comenzado con criterios muy alejados de los propios ODS y no sólo no se cumplen, sino que se está transitando por el camino opuesto, al menos ha comenzado.

Otras comunidades aún no han despertado a esta imposición planetaria (absolutamente innegociable) que trae de la mano una urgencia climática, económica, ambiental, y que está llevando al desmoronamiento de los viejos modelos económicos y al caos social, pero lo peor de todo: a la destrucción del medio que garantiza nuestra propia existencia. Aunque el paso es positivo, ahora como es habitual en nuestra manera de operar, han tomado un cariz de emergencia, y no es porque hace unos cuantos años, cuando gritábamos ante la sordera institucional, no lo fuese.

Ahora se notan esas prisas, pero es porque ya aprietan demasiado al bolsillo de las grandes corporaciones, tal y como fue previsto y tan claramente se vio el día 22 en el Colegio de Médicos de Navarra. Son las mismas corporaciones que nos trajeron a esta situación empujando a nuestros dirigentes contra los intereses de la ciudadanía, incluso matando a los mensajeros. Es manifiesta la celeridad que de repente muestran las administraciones y las empresas públicas y privadas ante cuestiones previamente expuestas en público, jornadas abiertas e incluso en el Parlamento, o en comisiones parlamentarias sobre el declive energético, el cambio climático, la inestabilidad física y económica de grandes proyectos e infraestructuras o el aumento de las desigualdades y la pobreza.

Sin embargo allá por los años de mayor actividad, 2012-2018 no merecieron otra cosa que indiferencia, en el mejor de los casos fueron cuestiones tachadas de exóticas y en el peor nos trajeron descalificaciones o críticas violentas en las que no faltaron los calificativos de alarmistas, agoreros o apocalípticos además de "estar en contra del progreso" y cosas peores sobre bandas armadas que el lector se puede imaginar (y no, no estoy exagerando).

Sin embargo hoy, de repente y de manera aparentemente bastante poco racional, pero apremiante, se muestran como el pilar sobre el que fundamentar nuestro futuro. Quizás esa sea la única cuestión en la que realmente aciertan en esta historia o crónica sobre ambos eventos que voy a relatar. Una historia de dos días con más sombras que luces.

Comencemos por la base: el PIB está íntimamente ligado al consumo de energía y no existe ningún ejemplo histórico de desacoplamiento. En la figura 1 vemos la realidad, y es que cada vez somos más ineficientes, la causa es la caída de las TRE globales que se explica aquí. En la figura 2 de abajo podemos ver el recorrido del PIB mundial en relación al consumo de energía primaria entre 1969 y 2013 (Gail Tverg, Our Finite World 2015).

Figura 2. Relación entre el PIB (GDP) mundial en billones de dólares norteamericanos de 2010 y el consumo de energía en miles de millones de toneladas equivalentes de petróleo entre 1969 y 2013. Gail Tverg, Our Finite World 2015.

El día 21 de noviembre de 2019 en CIVICAN se abarcó el reto de los "Nuevos modelos económicos SOStenibles" (las mayúsculas son mías) y el día 22 en el Colegio de Médicos la "Transición Global hacia un nuevo modelo energético". Ambas contaron con la presencia de diferentes administraciones y empresas públicas y la segunda sesión de empresas privadas del sector energético fue patrocinada por Laboral Kutxa y contó con la colaboración de medios de comunicación como Diario de Navarra o Navarra Capital.

En la del día 21 se mostró la voluntad desde las administraciones en cumplir el dictamen SC/048 en el marco de los 17 objetivos para el desarrollo sostenible de la ONU (ODS). De hecho esa fue la presentación de Carlos Trías con el objetivo de dar a conocer el dictamen SC/048 “Nuevos Modelos Económicos Sostenibles” del Consejo Económico y Social Europeo (CESE). Es de suponer este dictamen intenta sentar las bases para afrontar los desafíos sociales, medioambientales, políticos y empresariales que se plantean en la UE. El Gobierno de Navarra busca con esta presentación a la que acudimos unas 40 ó 50 personas, la mayoría de las propia administración y muy poca representación de la vida civil, la complicidad con entidades y ciudadanía para la implantación real de este cambio de paradigma.

Ann Westmann Consejera Económica de la UE en España nos ofreció la visión europea y tras hablarnos del desarrollo sostenible y los ODS, pasó a hablar incluso del "crecimiento sostenible" (como si tal oxímoron no hubiese sido objeto de análisis y profundas reprobaciones desde prácticamente todas las asociaciones de carácter social que desde hace años trabajamos en los nuevos modelos económicos circulares). El crecimiento continuado no es posible ni en las comunidades de bacterias ni en las organizaciones sociales en entornos finitos. Ningún crecimiento es sostenible a no ser que quiera colapsar o generar la quiebra o ruptura necesaria de cualquier sistema de carácter biológico o social.

También la representante de la Unión Europea nos dejó una sentencia que no es sino otra trampa que nos hacemos con respecto a las emisiones de CO2 y el crecimiento de la economía en Europa. Volvió a afirmar que la economía europea es más eficiente porque el PIB se desacopla de las emisiones de CO2 contradiciendo a la propia OCDE (figuras 1 y 2), algo que insistimos es una falta de rigor con respecto a la realidad y ha sido mil veces desmontado como hicimos en el apartado 4 aquí. Seguir engañándonos y confundir externalizar o llevarse los procesos industriales y desechos a otros lugares del planeta mientras lubricamos la pérdida de nuestra clase media a la que hundimos en la pobreza con deuda, se quiere llamar eficiencia y competitividad, llamemos a las cosas por su nombre: se trata de llevar la mierda (lo siento, hay que comenzar a llamar a las cosas por su nombre a ver si espabilamos) y los procesos que la producen a otro lugar. Ojos que no ven corazón que no siente.

Más tarde este aspecto extraño en una propuesta oficial fue matizado no sin contradicciones por el gerente de la red Kaleidos de municipios José Ramón Sobrón quien afirmó que él no estaba ni a favor ni en contra del crecimiento ni del decrecimiento, algo que me recordó al chiste de cero grados: ni frío ni calor. Sin embargo en su ponencia se vio cómo precisamente uno de los puntos de los ODS, concretamente el número 8: "trabajo decente y crecimiento económico" convive en la interpretación de la misma propuesta con su contrario: decrecimiento como se puede ver en la captura que hice de ese momento de su ponencia:

Figura 3. Nuevas economías. NESI, Red Kaleidos. Ni crecimiento económico ni decrecimiento, sino todo lo contrario, aunque paradójicamente aparezcan juntas. ODS nº8.

La palabra decrecimiento no se pronunció en el #PamplonaForum19 ni una sola vez. Sigue dando urticaria a pesar de haber comenzado ya ese camino como intentamos mostrar aquí y a pesar también del maquillaje a que sometemos a las cifras para contentarnos mientras la exclusión sigue su aplastante camino.

Agurtzane Martínez Ortigosa, directora general de innovación del Gobierno de Navarra, nos mostró un futuro basado en la acostumbrada tecnolatría a la que ya el mismo Jeremy Rifkin se ha referido como un sueño. Industria 4.0, una red de prosumidores, 5G, internet de las cosas, coches eléctricos, etc. Que sin duda existirán pero que ni por asomo van a sustituir o igualar nuestro nivel de consumo de energía actual simplemente porque es imposible electrificar todos los procesos de la sociedad actual. Por ejemplo el transporte ya es una batalla perdida. El necesario cambio de diseño de las ciudades lleva a repensar la propia ciudad como un espacio que se difumina con el entorno interurbano y rural, tal y como se está experimentando por parte de la UE en ciudades de tamaño medio. Un ejemplo interesante es lo que se está llevando a cabo en Lugo, una iniciativa que tratamos en este programa de Radio Euskadi.

María del Carmen Maeztu Villafranca, consejera de derechos sociales del Gobierno de Navarra y la también consejera de Economía y Hacienda, Elma Saiz Delgado participaron en la jornada del día 21 con sendas lecturas en las que se manifiestaron las intenciones del Gobierno de Navarra que ha decidido dar un paso adelante e implantar los nuevos modelos económicos sostenibles en el territorio. Su objetivo es ser espacio de colaboración en la consecución de los inminentes desafíos sociales y medioambientales de Europa, además de convertirse en referente para el resto de regiones que conforman la UE, algo que surgió una vez más en el #PamplonaForum19 tal y como estamos habituados en Navarra a ser ese ombligo planetario que aglutina a tanta población como el barrio de Vallecas.

3. Transicionar o transicionar, esa es la cuestión

Este SC/048 presenta diez recomendaciones que afrontar, son modelos como la economía circular, la colaborativa, la economía del bien común, la social o solidaria, la funcional y de finanzas responsables (sic.), los crecientes retos sociales, económicos y medioambientales que se plantean en Europa. "Asimismo, orienta sobre la creación de grupos de trabajo entre las partes interesadas, el apoyo a la innovación, el acceso a la financiación a aquellos proyectos que incorporen esta visión y la realización de proyectos público-privados que permitan crear valor compartido. Se trata, por tanto, de una guía irrenunciable para Navarra en su propósito de ser una referencia de las Nuevas Economías en Europa".

En cuanto a la transición energética global que es el motor de todo lo anterior, las empresas que se dieron cita en el #PamplonaForum19 y que no vamos a nombrar una detrás de otra pero se pueden consultar aquí, remarcaron en varias ocasiones que ellas "no venían aquí a vender su libro" que es realmente a lo que fueron. Desde el principio, la energía producida, la energía transportada (había un representante de Red Eléctrica Española) la energía instalada, consumida, disipada..., se trató como un producto, dando la sensación de que la realidad de la energía, como precursor de la actividad económica estaba completamente ausente.

Tras la presentación de Manu Ayerdi y su viaje a China en el que comprobó cómo la mitad de los paneles fotovoltaicos allí fabricados (el 90% mundial) se quedan en casa a pesar del incremento del consumo de carbón, vino la conferencia inaugural: «Aspectos sociales e industriales de la promoción de proyectos de generación de energía renovable: oportunidades y riesgos» ofrecida por Carlos Beracierto, subdirector de KREAN Property & Structuring, fue realmente brillante y quizás la que más cautivó a los participantes, es la sensación que me quedó por los comentarios que intercambiamos con diferentes asistentes. Es también la que quizás hizo más hincapié en el aspecto "competitividad" resaltando como es habitual la bajada de costos de producción para competir con las energías fósiles.

Recordemos que en Navarra hubo fábrica de paneles solares que fue competitiva en su momento hasta que China se lanzó a la fabricación y exportación más barata, a pesar de bajar los salarios, optimizar los procesos y otras "mejoras" las empresas españolas acabaron cerrando y enviando a miles de trabajadores al paro al externalizar los procesos industriales y las emisiones de CO2 que se siguen mostrando como un adelanto y algo lleno de prosperidad en pro de la "competitividad". Una de sus tajantes afirmaciones: “tengo la certera sensación de que volvemos a estar en una burbuja, el mundo viene de una experiencia previa, que ya generó mucha frustración y que puede volver a ocurrir”. Comentó que actualmente se está produciendo un incremento exponencial de los generadores, de modo que "deberán ser más competitivos y bajar los costes", lo mismo que sucede con las comercializadoras. Los cambios normativos van a generar frustración. Esto ya ocurrió y habría que evitarlo.

Como todo el mundo sabe, que en vez de en Navarra, los paneles se fabriquen en China, supone que sean ellos los culpables de las emisiones de gases de efecto invernadero, no nosotros, lo cual evitará la caída prevista en los caudales de los ríos navarros de más de un 20% y se quede el déficit de agua en el Río Amarillo, los eventos extremos como los de Tafalla de julio se los chupen en Sichuán, o las sequías prolongadas se las coman con arroz tres delicias, y todo gracias a las fronteras atmosféricas que crearemos en el futuro con energía solar de sol 100% navarro.

Enfatizó sobre los ingresos de Hacienda por los impuestos en hidrocarburos recordándonos que en Navarra hay entre 300 y 400 millones de euros que dependen del petróleo. “Si no hay recaudación, se acabó la foralidad. Si quito todo ese ingreso, ¿cómo lo sustituyo? La única solución es que esa energía se genere en Navarra. Yo me plantearía buscar fórmulas. Estamos en una carrera y no debemos perder el tren”.

Es de destacar el error tan extendido y que el mismo moderador Xabier Barón de SIG quiso subrayar a pesar de los infalibles datos en contra que presenta la Agencia Internacional de la Energía (AIE), órgano de la OCDE que asesora a gobiernos y grandes corporaciones en materia de energía, de que hay combustibles fósiles de sobra pero como somos tan mirados por el medio ambiente y queremos cuidar el planeta vamos a sustituirlos por renovables, el mismo Javier Zardoya, gerente del Operador Energético del Ayuntamiento de Pamplona afirmó que de momento en la ciudad suponen un 1% de la energía final, algo a todas luces muy por debajo de la realidad.

Quien quiera conocer de cerca el problema de la extracción cada vez más difícil y de peor calidad de los hidrocarburos tanto desde la perspectiva energética como de impacto ambiental, puede consultar aquí el problema de las tasas de retorno energético (TRE) decrecientes, o aquí, o aquí; realmente hay referencias en cualquier parte de este blog. Pero desde luego en España tenemos la suerte de disponer de una de las mejores fuentes de información mundiales y que no es otra que el blog de Antonio Turiel "The Oil Crash", además en castellano. Si se quiere conocer de primera mano y de manera pedagógica, tiene ya masticado el porqué del declive de las energías fósiles.

Por otro lado, sí que me gustaría remarcar que el declive de la extracción de hidrocarburos convencionales (el crudo de toda la vida) se está compensando con la introducción de líquidos a los que se llama petróleo o gas licuado que vienen sobre todo de EE.UU. con el fracking o de las arenas bituminosas de Canadá, también las arenas asfálticas pesadas de la franja del Orinoco de Venezuela que introducen materiales de muy baja densidad y calidad energética que además son una ruina económica como ya adelantamos hace años al hablar de la rentabilidad del fracking o en 2014 tras la primera ley estatal antifracking de Cantabria en la que tuve la suerte de participar en debates abiertos previa a la segunda que fue la de Navarra.

Además, la historia nos muestra que nunca jamás ninguna fuente de energía sustituyó a la anterior como tampoco están haciendo las actuales modernas renovables (ver figura 4).

Figura 4. Gráfica de la evolución del consumo mundial de energía de la humanidad desde 1800 a 2017. En cada transición energética, un nuevo tipo de energía no sustituye al anterior, solo se agrega para satisfacer las crecientes necesidades. Es un error afirmar que la humanidad pasó de la esclavitud y la madera al aceite de ballena y luego al carbón, o que la humanidad pasó del carbón al petróleo y al gas. La forma correcta de expresar la realidad es decir que la humanidad dispuso de esclavos (hoy más que nunca gracias a nuestra última organización social) y madera y agregó aceite de ballena, carbón, petróleo, gas, nuclear y renovables.


Actualmente se habla de electrificar la economía como se puso de manifiesto en ambas jornadas. Sin embargo la electricidad supone todavía un 20% de nuestro consumo de energía primaria y más de la mitad se genera desde fuentes sucias. En el mundo el 14% de la energía consumida es renovable frente al 86% fósil o no renovable. Durante 2018 la solar fotovoltaica y la eólica supusieron menos del 7% del total mundial. Además de que nunca vinieron a sustituir a ninguna energía fósil (figura 4) sino a ser añadidas a nuestra insaciable dependencia energética, son desafortunadamente fósil-dependientes. Nunca jamás un aerogenerador o captador de energía del viento ha sido construido con energía eólica, lo mismo para el panel solar.

Detrás de cada instalación individual o parque eólico o solar hay una minería cada vez más costosa por la dispersión de las menas de neodimio, cobalto, níquel, litio..., en la que la maquinaria no es eléctrica sino que funciona con fósiles. Luego un transporte con gasoil (su caída sigue sin freno ya que los nuevos líquidos comentados más arriba no son adecuados para refinar gasoil) y una construcción de infraestructuras, carreteras, grúas, aspas de plásticos, altos hornos de gas y carbón para el hormigón, la torre, etc. Por tanto lo que llamamos energías limpias tienen una huella de carbono que depende de si se considera o no, nos dan unas cifras u otras, además la externalización de los procesos industriales y tecnológicos supone no sólo un engaño en cuanto a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) sino tambien en lo que atañe a sus bajas tasas de retorno energético (TRE).

En la jornada del 21 y sobre todo en la del día 22 en el #PamplonaForum19 se habló también de almacenamiento: grandes baterías de litio cuya minería y ensamblaje también es fósil-dependiente, o la experiencia de la isla de El Hierro que a partir de los sobrantes y picos de energía se trasladaban en forma de saltos de agua a zonas altas. Realmente no hay litio para que todas las personas del planeta que disponen de vehículo individual (unos 1.300 millones de vehículos actualmente en el planeta) sino que no queda otro remedio que apostar por el transporte colectivo y el consumo de cercanía, algo que como vemos está aún lejos de ser comprendido por las instituciones navarras como dejamos de manifiesto tras las campañas de Sustrai Erakuntza de 2017 que toda Navarra pudo ver en paneles contra el AVE, TAV, TAP y en favor de un tren público y social.

Klaus Kuhnke catedrático en la Universidad de Osnabruck en una de sus muchas visitas a Pamplona, ya que es profesor colaborador en la UPNA, me comentaba un día tomando unas cañas que la minería del litio es tan limitada que seguramente nunca lleguemos ni al 5% de ese número de vehículos individuales y que si hay que hacer una transición energética, ésta será una transición justa, o no será.

En eso estoy muy de acuerdo con el profesor. La denominada transición energética y a otros nuevos modelos económicos que ha dado lugar al Ministerio para la Transición Ecológica será justa o no será y por lo que estamos viendo la dirección tomada por los acontecimientos son opuestos a los 17 ODS de la ONU. En Navara también vemos como cada vez más familias avanzan hacia una economía de subsistencia tal y como pusimos de manifiesto en varias ocasiones. Yo siempre pongo como ejemplo el declive manifiesto de la Calle Olite de Pamplona, con sus cines y sus negocios abandonados, parking subterráneo y servicios de todo tipo que han ido desapareciendo; hoy el paisaje de una de las calles más animadas de Pamplona hace una década, es una casa de apuestas, tres bares, una frutería y unos multicines abandonados que sirven de cobijo a personas sin hogar a unos escasos 30 m del portal donde vive una expresidenta de Navarra.

La tan cacareada cifra mágica de que nuestras opulentas sociedades convierten en desechos un tercio de los alimentos es verdad, está certificado por concienzudos estudios de diferentes organismos investigadores y cifra arriba o cifra abajo, hablar de que una tercera parte de nuestro consumo alimentario se desperdicia, es real. Nuestros abuelos prácticamente no llegaban a una décima parte, mientras nuestros hijos rozan la mitad. Eso quiere decir que del territorio que utilizamos para procurarnos alimentos (el 37% de la superficie terrestre emergida) un tercio (más de un 12%) se labra, rotura, cultiva, se prepara, se fertiliza, se riega, para nada. Una tercera parte de la energía utilizada se disipa en la atmósfera para nada, una tercera parte del agua y la energía derivada para regadío (el 80% del uso de agua en España) se utiliza para nada y finalmente uno de cada tres productos terminados transportados, envasados, almacenados, distribuidos, comprados, refrigerados, congelados, cocinados (o no), van a los basureros.

Creo además, que la mayor muestra de delirio tecnólatra que vimos en la jornada del #PamplonaForum19 fue la propuesta vista en la conferencia de cierre: «Electrificación y transición energética» donde José Donoso, director general Unión Española Fotovoltaica y presidente del Consejo Global Solar presentó la siguiente gráfica (figura 5) que demuestra que desde algunos estamentos la realidad choca con las cifras finales de producción. Quizás ese "querer y no poder" que nos embriaga no oculte otra cosa que impotencia, pero una cosa son los gigavatios instalados y otra los producidos. Para José Donoso es necesaria la estabilidad en la regulación y en la cantidad de megavatios que se van a incorporar al mercado. Así que habría que lanzar una “señal adecuada a los señores de la industria para que inviertan no solo en plantas, sino también en capacidad productiva, y así se generen I+D y empleo en España”.

Pero tampoco olvidemos las diferencias obvias naturales en el salto del vatio al gigavatio, del kilo a la gigatonelada y del byte al terabyte. Algunas cosas en la virtualidad pueden dar saltos en el orden de magnitud de diez elevado a doce en los modelos informáticos sin despeinarse, pero el mundo del que comemos, respiramos y llenamos de desechos necesita ingentes cantidades de energía para saltar de un grado de magnitud al siguiente porque existen cosas como el peso, la masa, la gravedad, el rozamiento, una fuerza limitada y un espacio inabarcable que supondria llenar la tercera parte de los territorios de España, incluidos los de cultivo, de paneles solares para los que no hay minería ni energía fósil ninguna que garantice esa transición. ¿Dos, tres o cuatro veces la superficie de las autopistas que vertebran Iberia sería suficiente?

Figura 5. ¿A partir del año 2020 será esta la instalación de capacidad PV (fotovoltaica) en España sin contar con la incertidumbre de los mercados de materias primas? Esto es la definición gráfica de "querer y no poder".

4. Conclusiones y felicitaciones

Siento mucho presentar una realidad tan tozuda como cruda (recomiendo ver el documental "la cruda realidad" de Aitor Iruzkieta Ortúzar que parece adquirir plena actualidad tras ser presentado en Bermeo en 2016) pero los acontecimientos actuales y los venideros no son precisamente para organizar foros en los que las grandes corporaciones que han llevado a la ruina más absoluta a tantas familias se presenten como la salvación porque se pasan al negocio de las energías renovables, menos aún ante la cómica afirmación de "no hemos venido a vender nuestro libro" cuando es eso lo que se les propicia; hemos visto que las energías fósiles ya no son interesantes ni tan rentables como fueron.

Esa es la cruda realidad, el medio ambiente nunca importó un carajo (otra vez pido perdón), los estudios sobre el problema del diésel, los NOx y el cáncer o las cifras de muertes por la contaminación del aire en grandes ciudades y la predisposición a pandemias y nuevas enfermedades son conocidos desde hace décadas, salen a relucir ahora cuando la muerte de los ecosistemas las propician a la par que la producción de diésel decae y se extienden los conflictos en Francia, Chequia, Colombia, México, Chile, Irán, Ecuador, Bolivia con el precio directo o indirecto, y en casa... Una cuestión: los índices crecientes de pobreza y desigualdad que van en la dirección opuesta a los objetivos para el desarrollo sostenible (ODS) de la ONU de 2015 en España ya son similares a los de Chile. Este dato sí fue comentado en la jornada del día 21 en CIVICAN. Ahí queda.

LA CRUDA REALIDAD, UN DOCUMENTAL DE AITOR IRUZKIETA ORTÚZAR


Tras los actuales acontecimientos que vemos en los cinco continentes subyace (incluida la Antártida) un grave declive energético que no es bien comprendido y por tanto susceptible de engaño por partes con intereses cortoplacistas que no hacen otra cosa que amplificar un problema de todas y todos. Además seguir apostando por tecnologías desesperadas de extracción, es bien sabido que supone otra ruina para muchas empresas; también cada vez suponen una mayor destrucción de la vida y los ecosistemas que la sostienen, incluidas las nuestras, las vías de deterioro y muerte son diversas, desde  la toxicidad del medio hasta la dispersión de microorganismos ante los que no podemos defendernos. Incluso para las entidades financieras que fueron en su momento las mayores ejecutoras hipotecarias de desahucios y cierres de empresas, tras ver venir una crisis cuyas bases geológicas y biofísicas no son visibles sólo si no se quiere (o quizás aún lo sean para negacionistas o necios), se les ofrece "vender su libro".

Obviamente desde las administraciones y esas grandes empresas como ha venido siendo habitual, se subestima la capacidad crítica, ciencia, cultura y experiencia comunicativa y divulgativa del público al que se dirigen, no al que creen dirigirse. Nadie habló de corrupción, puertas giratorias ni tramas de delincuencia organizada, algo en lo que se podría haber aportado amplia experiencia desde alguna de las empresas representadas (figura 7) que afecta de manera transversal a prácticamente todas las representaciones políticas y empresariales presentes el día 22N. La organización evitó la participación del público y no se pudieron poner sobre la mesa cuestiones interesantes que hubiesen dejado claros algunos de los errores o manipulaciones interesadas aquí relatadas.

Finalmente sí que me gustaría felicitar al Gobierno de Navarra y a la organización por la necesaria iniciativa, me gustaría asimismo incidir en lo necesario de este nuevo punto de vista que está tomando forma a pesar de la inercia de la maquinaria pesada que supuso la gran aceleración del siglo XX. La transición energética, ecológica y hacia nuevos modelos económicos es una realidad y ya se está produciendo, además se va a culminar sí o sí, nos guste o no y no porque seamos "guais" y dejemos de quemar la sangre geológica que movió este sistema para cuidar el planeta, sino porque no podemos seguir haciéndolo sin colapsar económicamente, sin multiplicar las desigualdades, la pobreza y envenenar y llenar de cancerígenos nuestro territorios y nuestras venas.


Figura 6. El primer semestre de 2019
marcó un récord en la factura de la luz.
Vamos a decrecer nos guste o no, es más, probablemente ya estamos decreciendo aunque manipulemos cifras del PIB o juguemos a hacernos trampas al solitario con emisiones de GEI y economías circulares. Sólo habría que pedir a las administraciones que consideren que su público sí tiene una visión holística de los mecanismos y dinámicas de transición. 

Es precisamente la sociedad, la ciudadanía a la que tanto se apela en estos foros la que menos está representada y a la que nunca se le facilita un foro aún siendo siempre el por y el para quien se trabaja desde las instituciones, quizás porque su libro a vender se titula "no llego a fin de mes" y me juraron y perjuraron que llenando Navarra de "molinos" mi factura energética iba a tender a cero por prosumidor.

La realidad ha querido ir por otros derroteros (figura 6). Si no tomamos medidas técnicas adecuadas, pero sobre todo sociales, la expansión acelerada de la pobreza será el mayor quebradero de cabeza (ODS Nº1) de nuestros dirigentes y de la propia sociedad en general. Por lo tanto la tarea urgente es reescribir la economía para adaptarla al mundo real que sigue evolucionando.



El extendido tabú de ya tan larga duración en contra de hablar de los límites del crecimiento tanto de las sociedades como de las economías humanas, está comenzando a desmoronarse, incluso dentro de los grandes medios de comunicación convencionales se comienzan a ver tímidos movimientos decrecentistas. El mes pasado, el Financial Times publicó un artículo de Simon Kuper, "El mito del crecimiento verde", en el que afirma que "el crecimiento verde probablemente no existe" o Juan Manuel de Prada hace unas semanas en XL semanal en "Economía virtuosa". Rex Weyler hoy mismo habla de "El fin del crecimiento infinito".

A medida que construimos nuestras infraestructuras de energías renovables, algo que vamos realizar nos guste o no, necesitaremos contraer simultáneamente nuestras economías y consumir menos materiales y energía al mismo tiempo que deberemos acabar con la corrupción en el sistema energético (figura 7). Algo que obviamente es lógico, no ideológico. Decrecer y limpiar no es una opción más, es una imposición del planeta.

Figura 7. La corrupción a través de las puertas giratorias supone un cáncer en la mismísima sangre del sistema que hemos elegido como nuestra última organización social.

5. Esto va en serio, de verdad. Tómenlo en serio señoras y señores

Estamos rediseñando nuestros conceptos de valor y prosperidad, de ética y solidaridad; precisamente para reconstruir nuestras sociedades con miras a ir adaptándolas a esta extraordinaria era de transición en la que la pobreza a nuestro alrededor se va a convertir en una compañera habitual si no tomamos medidas urgentes, técnicas y sociales. Lo que sí podemos saber con certeza es que la era del crecimiento económico ilimitado, el que es la característica definitoria del capitalismo financiero neoliberal, globalizado, fosilista, tal cual lo conocemos, ha terminado de verdad

Esta transición global con su desglobalización, descentralización, desjerarquización y descomplejización de todo resquicio de la organización social se va a hacer sin opción a no hacerla, vamos a intentar tener un buen diagnóstico de la situación para planificar un futuro brillante y no pegar una frenada cuando ya hayamos sobrepasado la última línea del precipicio. Nuestro futuro puede ser brillante sí, pero lo será con menos dependencia de los combustibles fósiles, con más inteligencia y abnegación, con muchos más lazos prácticos, afectivos y más recursos espirituales, históricos y locales como los mostrados en CIVICAN el día 21N en el marco de los 17 ODS de la ONU y el dictamen SC/048.

Figura 8. Preparación de la jornada del día 22N #PamplonaForum19. Las y los ponentes se saludan unas a otras y posan ante la prensa y los asistentes. En primer plano Manu Ayerdi, consejero de energía del Gobierno de Navarra. Tras él Carlos Beracierto, representante de la Corporación Mondragón del que la mayoría destacó la brillantez de su exposición centrada en la competitividad: «Aspectos sociales e industriales de la promoción de proyectos de generación de energía renovable: oportunidades y riesgos». 

La alarma ecológica (figura 9) por tanto nos obliga a racionalizar consumo y producción y la alarma social nos obliga a intentar hacer viable la continuidad de la vida humana civilizada. El mensaje de la contención y de un decrecimiento sin negociación posible es indigesto, impopular, parece una broma de mal gusto para una sociedad adicta a la opulencia, al individualismo, productos asimismo anómalos de una pequeña época anómala donde más de la mitad de la humanidad vive en la más absoluta miseria. No se es consciente en la clase dirigente del hecho científico inevitable, concretamente geológico, absolutamente innegociable, de que partes vitales de nuestra compleja sociedad, van a dejar de funcionar rápidamente a medida que el petróleo escasee. 

Esta idea, lo hemos visto sobre todo en la jornada del día 22N en el #PamplonaForum19, no consigue entrar en las mentes esculpidas y formadas en un mundo en constante expansión y crecimiento gracias a la ingente quema de combustibles fósiles hasta que éstos disminuyeron en calidad y cantidad, mentes moldeadas con la modernidad industrial del capitalismo fosilista, una anomalía histórica tras la que viene un mundo abocado a esta inapelable descomplejización que ya vivimos, fenómeno social que incluso provoca un rechazo irracional y violento, antes que un análisis científico, histórico, sosegado. Este camino lo vamos a transitar, nos guste o no, por las buenas o por las malas, pero lo vamos a realizar, sería deseable que fuese trazado desde la lógica y la generosidad porque si no es así, viviremos tiempos oscuros.

El mayor peligro consiste ahora en meterse en callejones sin salida que habrá que desandar como sociedad, con el costoso gasto de energía adicional que ello conllevará (grandes inversiones inservibles o amenazas que hay que abandonar tras convertirse en ruinas o bombas de relojería). Pero aún más peligroso será el enorme descontento y frustración social, caldo de cultivo para legitimar la vuelta de regímenes de extrema derecha (incluso de carácter ecofascista) en la falsa promesa de volver a un pasado lleno de optimismo, aunque ello conlleve la privación de los recursos más básicos o de derechos humanos elementales para amplias bolsas de población.


Figura 9. Actualización 25-11-2019. El índice anual muestra que entre 1990 y 2018 el forzamiento radiativo –el calor proveniente del Sol que no puede escapar tras rebotar en la corteza terrestre– causado por los gases de efecto invernadero de larga duración aumentó un 43%, habiendo contribuido el CO2 a ese aumento casi en un 80%. La concentración de CO2 se ha situado ya en las 407,8 partes por millón (ppm). Un indicador claro sobre la escalada del origen de la crisis climática. El umbral de las 400 ppm se ha asentado desde hace pocos años, según las mediciones. Unos niveles no vistos en el planeta desde hace millones de años. Fuente: eldiario.es


EN LA MECÁNICA DEL CARACOL
DE RADIO EUSKADI

EN CRÓNICA NAVARRA DE RNE
Antonio Aretxabala
Pamplona, 25 de noviembre de 2019


ACTUALIZACIÓN: EL CRECIMIENTO SIN FIN TOCA A SU FIN

lunes, 16 de septiembre de 2019

INUNDACIONES, CATÁSTROFES NATURALES O DESASTRES FINANCIEROS ¿QUÉ ES PEOR?

CATÁSTROFE NACIONAL ESCALA 517


Artículo 47 de la Constitución española: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.  

En España hay unos 27 millones de viviendas, cerca de 50.000 están en zonas susceptibles de ser inundadas, sin embargo las pendientes de resoluciones hipotecarias o bajo la espada de Damocles de los desahucios se cuentan por cientos de miles.

El mayor grado de inseguridad en los hogares españoles ya no se debe a desastres naturales, terremotos o inundaciones; cuando acabe 2019 cerca de 400.000 desahucios se habrán consumado en España desde que la crisis fabricada a base de especulación reventó las expectativas de millones de ciudadanos.




Queridos seguidores, tras los comentarios recibidos por la publicación de mi último artículo "llanuras de inundación: planificando una retirada no una derrota" y la entrevista publicada en eldiario.es en ese mismo sentido de remarcar la radicalidad de las acciones que como sociedad vamos a tener que llevar a cabo, tanto si nos gusta como si no, hay quienes opinan que la virulencia y frecuencia creciente de los eventos extremos no estaría justificada. Por ello decidí publicar esta pequeña explicación en una red social que ayudaría a ver la dificultad de ser tajantes con respecto a afirmar si los eventos extremos que vivimos son debidos o no al calentamiento global. No obstante creo que una retirada de las áreas conquistadas de manera irracional, como comentaba en el artículo, es la única solución práctica e inteligente, por muy radical que parezca.

Obviamente hay opiniones para todos los gustos e incluso salieron a relucir las declaraciones de José Antonio Maldonado. Nuestro admirado meteorólogo tiene razón en lo que concierne al fenómeno atmosférico, siempre ha habido gotas frías, nadie lo niega. Desde su punto de vista estaría por demostrar que se trate de un efecto del cambio climático, por lo tanto está por demostrar que no lo es.

Lo que sí está demostrado es que las frecuencias de estos eventos extremos son mayores y también que el gradiente y por tanto la oscilación del chorro de aire que provoca la gota fría que comento de una manera asequible para el gran público en esa red social, también ha cambiado en amplitud. Ahora viene la cuestión urbanística, la que tratamos en el artículo referenciado arriba y en la entrevista de eldiario.es. Es precisamente la cuestión más importante porque hemos conquistado y nos hemos apropiado de espacios que apenas conocemos, pero menos aún podemos controlar. Por eso mi artículo iba encaminado a hacer una introspección sobre cuál o cuáles fueron las circunstancias que nos empujaron a especular con el territorio y acabar sucumbiendo ante la fuerza del agua y la explosión de las burbujas especulativas.

La mentalidad especulativa y de corto plazo, no permite el desarrollo de grandes proyectos ni sociales ni empresariales. Además empobrece a los individuos y a la sociedad, ejemplos históricos hay muchos. Cada vez que nos enfrentamos a los efectos del último desastre, se estudian, testifican y publican siempre un mismo conjunto de pésimas configuraciones en lo referente al diseño de edificios, distribución del territorio, y falta de estudios de carácter geotécnico o de riesgo, pero desde que esto se viene haciendo, sistemática y reiterativamente vuelven a aparecer en los siguientes eventos los mismos fallos denunciados meses o años antes.

Una catástrofe no natural

A pesar de la gravedad de los acontecimientos por la gota fría vivida en septiembre de 2019 en España, como complemento tenemos que contrastar lo sucedido con lo que sí es una auténtica catástrofe nacional y además permanente, y no, no es natural. Desde el inicio de esta crisis —que nunca va a terminar, dado que las TRE de todas las fuentes de suministro son inevitablemente decrecientes— y tras la caída de Lehman Brothers en 2008, los científicos y técnicos que trabajamos en prevención y gestión de riesgos naturales, observamos cómo las mayores pérdidas de viviendas y entornos urbanos sanos en el Estado no son debidas a desastres naturales como terremotos, inundaciones o deslizamientos de tierras, sino a desastres financieros, en especial las debidas a los desahucios, inevitable final para y por la especulación con el suelo que nos sustenta.


CGPJ: en España hubo casi 60.000 desahucios en 2018

El CGPJ ha confirmado en un informe que en España hubo casi 60.000 desahucios en el año 2018. La pobreza creciente tiene más que ver con cuestiones de gestión que con las anunciadas e inevitables caídas de las TRE. 

La especulación con el territorio impulsa a urbanizar lugares que nunca antes fueron objeto de deseo urbanístico por su vulnerabilidad, además produce burbujas; las burbujas siempre explotan y también se llevan por delante las viviendas de los ciudadanos, pero se las llevan en una medida cuantitativa que supera con creces las debidas a terremotos, inundaciones y otras catástrofes llamadas naturales.

El sentir de impotencia es manifiesto en el colectivo que trabajamos en la prevención y gestión de desastres naturales (o no tanto), ya que a los realmente importantes, los desastres financieros, deberemos sumar los casos de explícita falta de previsión urbanística y energética. Las cifras son escalofriantes, hablamos de más de 160 desahucios diarios.

La crudeza de los números

No es fácil encontrar datos que indiquen la cantidad de vivienda abandonada por catástrofes naturales, normalmente el consorcio de seguros o las aseguradoras ofrecen cifras económicas. Sin embargo el IGN ha publicado esta ficha que abarca desde 1953 hasta 2007 desarrollada por el CRED y que nos indica que en esos 54 años hubo unas 6.000 pérdidas del hogar por causa de las inundaciones, algo más de 110 al año. Está claro que las cifras y las medias bailan de un año a otro y que la fiabilidad es muy relativa, pero hablar de un problema de abandono de los hogares de 60.000 al año por desahucios, frente a 110 por inundaciones da una idea del problema que quiero reflejar.

En España hay unos 27 millones de viviendas, cerca de 50.000 están en zonas susceptibles de ser inundadas, sin embargo las pendientes de resoluciones hipotecarias o bajo la espada de Damocles de los desahucios se cuentan por cientos de miles.

Ficha del CRED: desde 1953 hasta 2007 hubo unas 6000 pérdidas del hogar por causa de las inundaciones.

Con motivo de las inundaciones de septiembre de 2019 en el levante español, el Gobierno de España envió aproximadamente 1.100 militares de los tres ejércitos y de la UME a la zona, fueron desplegados por la Vega Baja y Murcia para reforzar las labores de recuperación y rescate. A pesar de que la especulación y la derivada pobreza que acarrea para las comunidades es manifiestamente de una magnitud mucho mayor, aún estamos esperando la movilización de medios y efectivos para atajar tamaña sangría.

La especulación no es ilícita, pero las leyes del suelo reglan medidas para impedirla y facilitar la efectividad del derecho de acceso a una vivienda, "segura y digna". El mayor grado de inseguridad en los hogares españoles ya no se debe a desastres naturales, terremotos o inundaciones; cuando acabe 2019 cerca de 400.000 desahucios se habrán consumado en España desde que la crisis fabricada a base de especulación reventó las expectativas de millones de ciudadanos.

La primera Ley del Suelo que intentó frenar esta práctica data de 1956, luego vino la de 1975, siguiendo por las de 1990, 1998 y 2007, todas se marcaron como objetivo regular medidas para impedir la especulación. Hoy a la luz del artículo 47 de nuestra Constitución podemos presumir de ello sobre el papel:

“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada". Además nos obliga a articular herramientas para contener la especulación, sigue: "Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.

Como vemos el objetivo a cumplir está cada día, cada mes, cada año y cada década más lejos.

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) precisa en un informe, que desde el inicio de la crisis económica hasta 2018 se han efectuado 350.000 ejecuciones hipotecarias en España. Las estadísticas indican que un 34% de los suicidios que se producen son por causa de los desahucios. Cerca de 6.000 de las 18.000 personas que desde 2007 decidieron acabar con su propia vida, unas 500 al año. Siguiendo con los datos del CRED cada año morirían 23 personas a causa de las inundaciones. Por cada víctima debida a esas catástrofes climáticas, 21 personas deciden quitarse la vida a causa de esa catástrofe financiera derivada de la especulación con el territorio, algo que ni la Constitución ni las sucesivas leyes del suelo son capaces de contener.

sábado, 14 de septiembre de 2019

LLANURAS DE INUNDACIÓN: PLANIFICANDO UNA RETIRADA, NO UNA DERROTA

Imagen tomada por el helicóptero de la Dirección General de Emergencias en Los Alcázares, Murcia y publicada en eldiario.es

Queridos lectores, los grandes medios de comunicación se van acercando a escuchar y divulgar nuestras observaciones y propuestas más radicales, algunas de las cuales fueron denostadas, tratadas como marginales, sometidas a críticas violentas e incluso motivo de represalias, pero siguen siendo las únicas efectivas y resilientes, quizás precisamente por su radicalidad. Lo venimos haciendo hace años desde la idea de que nuestra relación con el medio que nos da la vida no es una guerra. El medio humano y el medio natural no pueden acabar destruyéndose mutuamente. Simplemente debemos reconocer que nos estamos adaptando. 

1. Siempre caemos en los mismos errores, una y otra vez.

Podemos seguir perdiendo vidas y miles de millones de euros para continuar jugando a ser dioses. O podemos planificar una retirada reflexiva, práctica e inteligente y volver a tener una relación circular con el medio que garantiza nuestra propia existencia.

Uno de los aspectos que más me interesa y le he comentado estos días a varios periodistas es nuestra disposición psicológica a caer una y otra vez en los mismos errores de planificación; lo hecho hecho está, poca solución tiene en el nuevo contexto de caos climático. Sin embargo las nuevas decisiones urbanísticas o de proyección de grandes infraestructuras arrastran impulsos de una mentalidad de declaración de guerra, de pulso constante, sabiendo de antemano que siempre vamos a perder. Hemos dejado un reguero de obras inservibles que nos han costado una barbaridad y que apenas podemos mantener, entre ellas hay algunas bombas de relojería.

He querido profundizar en el porqué elegimos jugar a la guerra con la naturaleza y qué factor nos hizo creer que íbamos a estar siempre manteniendo a raya a un medio que hemos conquistado, del que nos hemos apropiado, pero al que apenas conocemos y menos aún podemos controlar: los combustibles fósiles abundantes y baratos casi nos hacen dioses. Pero todo recurso no renovable es finito y toda tecnología de extracción limitada.

2. ¿Por qué hemos conquistado las llanuras de inundación? ¿Qué nos empujó a ello?

El ser humano comenzó a invadir de manera permanente las riberas de los ríos muy recientemente. Confió en que la modificación, conquista e incluso la destrucción de las mismas iba a tener resultados tan duraderos como los deseados. No sabemos si ese momento apareció de manera repentina o si lo hizo progresivamente ya que varía de unas sociedades a otras; no obstante su generalización fue porque alguna disposición especial le impulsó a hacerlo, pues ese paso se da desde una mentalidad que no siempre se manifestó dominante.

Las riberas como terrenos fértiles fueron áreas productivas de una equilibrada relación cultural con el agua, no utilitarista, menos aún economicista. El respeto a la descomunal fuerza vital y modificadora del agua se basaba en el reconocimiento y admiración hacia el vigor de un elemento natural que esculpió la superficie habitada, los paisajes, y que aunque muchas generaciones no lo presenciasen, se sabía de su fuerza y vehemencia a través de la cultura popular, del legado del folclore o por testimonios directos de familiares o vecinos. 

Arrebatar sus áreas de expansión como las llanuras de inundación, la primera línea de costa o los mismos cauces, desviándolos y modificándolos, se hacía desde el convencimiento de su temporalidad, por lo que nunca se produjo una invasión con pretensiones de apropiación, sino una relación circular de avance y retroceso con un gesto y una expresión rítmica y armónica al son de los movimientos de los propios cursos fluviales o la mar, algo que el ser humano sabía interpretar y además admirar. Por ello hasta bien entrada la era industrial no se acometieron las complejas infraestructuras que acompañan a las nuevas expectativas de dominio. Hoy en esa danza rítmica secular nos disponemos para el próximo compás: toca un paso hacia atrás.

3. ¿Dioses?

La revolución industrial introdujo un cambio, rompió nuestra relación circular con la energía del medio y con el propio territorio al introducir un excedente de energía no renovable que casi rozó el 90%. El son de los movimientos del agua dejó de dirigir la orquesta del desarrollo humano y pasó a manos de la ciudad capitalista como unidad estructural de la era industrial y tecnológica basada en la quema de combustibles fósiles, tal cual la conoce nuestra generación.

Aquella relación o economía circular que acompañó a los seres humanos que nos precedieron el 96% de nuestra historia (escrita) y a la que irremediablemente estamos volviendo nos guste o no, estaba basada en la energía del aire y en la solar que alimentaba a las plantas, éstas a los músculos de los animales, a los nuestros, a la madera, el carbón vegetal, la cera, el aceite de ballena o la construcción de saltos hidroeléctricos... También era el motor principal de los propios ríos y además, por definición, su movimiento circular siempre la devolvía al medio para una y otra vez recargarse y renovarse en forma de energía potencial, biota o fertilizante.

Sin embargo ese ciclo ha vivido una anomalía con una ruptura descomunal favorecida por la entrada de ingentes cantidades de energía no renovable en la producción, en la economía y en la cotidianeidad, y lo ha hecho por primera vez en nuestra historia, pero tan sólo unos 200 de los 5000 años de historia (escrita) de nuestras relaciones, tanto entre nosotros como con nuestro entorno. 

Y toda anomalía por definición tiene un fin. La entrada masiva de los combustibles fósiles rompe el círculo, se trata de energía solar enterrada, cocida y fosilizada hace millones de años y devuelta a coste cero. Supone además que a estas alturas cada año quemamos unos dos millones de años del trabajo realizado por la tectónica de placas. Un regalo que nunca mejor fue llamado “oro negro”. Pero el problema es que todo recurso no renovable tiene un final y toda tecnología para acceder a él un límite, por ello el crecimiento económico también y la modificación del entorno del que destacaremos un aspecto: su “mantenimiento a raya” a base de un recurso que supuso ser un regalo temporal, sufre el mismo declive.

A pesar del descenso inevitable de todo recurso no renovable, un porcentaje cada vez mayor de ese flujo de energía decreciente (con una caída de entre un 3% y un 6% anual) se tiene que desviar al mantenimiento de grandes infraestructuras o espacios urbanos inadecuados que se proyectaron o construyeron cuando las condiciones ambientales, económicas y territoriales se consideraron “no extraordinarias” ya que tanto los espacios como las pretensiones de funcionalidad fueron conquistados y ejecutados en los inicios o auge de la era fosilista, entonces la orgía de la energía para su creación, construcción y mantenimiento era abundante y barata y parecía no tener fin. Uno de esos casos que hoy pasa factura es la conquista y urbanización permanente de un órgano de los cursos fluviales: la llanura de inundación.

4. Una retirada no es una derrota 

El "Informe mundial sobre Desarrollo de los Recursos Hídricos 2019. No dejar a nadie atrás" (UNESCO) advierte que de mantenerse el ritmo actual de degradación del medio ambiente natural y presiones insostenibles sobre los recursos hídricos mundiales estará en riesgo para 2050 el 45% del PIB global, el 52% de la población mundial y el 40% de la producción de cereales.

En el sur de Europa vivimos varias de las comunidades más expuestas del planeta, puesto que las políticas hídricas en la península más afectada de Europa por la desertización debida al cambio climático y al declive de la energía que sustentaba la agricultura intensiva, fueron proyectadas desde una mentalidad de conquista y apropiación de territorios, costas, vegas, llanuras de inundación o cursos fluviales, una mentalidad hoy patológica abocada al recuerdo.

Las consecuencias de aquello siguen siendo nefastas porque el auzolan no consigue entrar en las mentes esculpidas y formadas en aquel mundo en constante expansión y crecimiento, fueron moldeadas con la modernidad industrial, ahora vivimos en un mundo encaminado a la inapelable descomplejización, fenómeno social que incluso provoca berrinches y un rechazo irracional e incluso violento. Meterse en callejones sin salida que habrá que desandar como sociedad, con el costoso gasto de energía adicional que ello conlleva, es un peligro que parece inevitable.

Pero aún más peligroso será el enorme descontento y frustración social tras el irreversible abandono de aquellas zonas que un día fueron forzadas a ser habitadas de manera irracional, cuanto antes lo asimilemos mejor. No perdamos de vista que seguir ocultando la realidad es caldo de cultivo para legitimar la vuelta de regímenes extremistas con la falsa promesa de volver a un pasado lleno de optimismo, aunque ello conlleve la privación de los recursos más básicos o de derechos humanos elementales para amplias masas de la ciudadanía. El cambio climático es nuestro problema, no el de generaciones futuras.

La práctica de la autoprotección por los componentes de un grupo social, además de favorecer a cada uno de ellos, genera la seguridad del colectivo: de aquí su importancia y necesidad de proyección a la comunidad a través de programas educativos serios y creíbles, nuestro auzolan está siendo y será la mejor solución tecnológica a los retos futuros. Los medios de comunicación de masas pueden hacer mucho más. Entre otras cosas promocionar esta propuesta pedagógica que tan buenos resultados ofrece, algo que repercute también para su propio bien, pues al fin y al cabo son personas que pueden ser afectadas quienes cubren esta información. 

En ocasiones, las circunstancias difíciles o los traumas, permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes y que la propia comunidad desconocía hasta el momento. Es lo que estamos haciendo aflorar con este tipo de participaciones desde diferentes puntos de vista y a partir de planteamientos más humanos de supervivencia, pero en contraposición a los eternos discursos políticos que se siguen mostrando estériles y de los que nunca faltarán las propuestas irracionales como la limpieza de los cauces o su encañonamiento. También el trabajo debe ser a pie de obra, de colegio, de instituto, de universidad: desarrollar e impulsar por un sector de los técnicos que trabajamos en desastres naturales esta filosofía traerá muchos beneficios humanos, sociales y ahorro económico.

El reciente trabajo “El caso del retiro climático estratégico y gestionado” presentado en agosto de 2019 y publicado en Science por varios investigadores de diversas universidades y centros de investigación climática liderados por AR Siders, insta a las poblaciones a una retirada de las áreas irracionalmente conquistadas, vista ésta no como una derrota sino como un avance. Insta a las comunidades y gobiernos a reconceptualizar el retiro como parte del conjunto de herramientas utilizadas para lograr los objetivos sociales deseados.

No son los únicos expertos que apuntan en esa dirección, estas propuestas cada vez más profusas se adelantan a aquellas que se están instaurando por la fuerza, porque no queda más remedio, pero lo hacen tras las enormes desgracias humanas, económicas y sociales que no fueron ni son tan difíciles de prever. Una sexta extinción masiva no parece muy atractiva. Las comunidades y los estados obtienen así opciones de adaptación adicionales y una mejor oportunidad de elegir las acciones más eficientes para ayudar a sus comunidades a prosperar.

Hemos preparado algunas áreas de manera consciente y artificial para encajar nuevos impactos, pues zonas que siempre fueron fértiles llanuras de inundación hoy se han convertido en paisajes urbanos en los que se ha cambiado el uso, pero no se ha apaciguado o anulado la dinámica natural que la acompaña, muy al contrario ésta se ha vuelto más extrema con el caos climático. Posiblemente si la arrogancia de algún ser humano pudiera, la intentaría cambiar. Pero la energía abundante y barata que rubricó aquellos desafíos constructivos y de mantenimiento futuro era limitada, no renovable, hoy decae sin solución técnica a la vista. 

Existen disposiciones locales e incluso leyes, como la Ley del Suelo de 2008 que garantizan la seguridad frente a fenómenos adversos, pero está claro una vez más que la Ley del Suelo va por un lado, la especulación por otro y la realidad constructiva y la planificación por otro diferente. El resultado es catastrófico.

Archena, viernes 13 de septiembre de 2019. Fuente: Ayuntamiento de Archena

jueves, 18 de julio de 2019

LA CAÍDA ANUNCIADA DEL CAPITALISMO FOSILISTA

 Libre Pensamiento. Invierno de 2018-2019. Nº97.

Queridos lectores, en numerosas ocasiones he comentado con allegados y otros científicos y humanistas que participan en el análisis y diagnóstico del acelerado cambio o transición justa o no, ecológica o no, que nos ha tocado vivir, que nuestra labor divulgativa debería ir encaminada también hacia las personas que normalmente denominamos conservadoras o más familiarmente "de derechas". Por ello hace algunos años, además  de en "nuestras parroquias" buscamos marcos de encuentro en sus entornos e hicimos, con muy buena voluntad, nuestras aportaciones en medios como ABC, Vocento, El Mundo, Cadena COPE, El Confidencial, etc.

Ese fue mi caso (y el de otros compañeros) en los inicios de la divulgación sobre el Peak Oil o pico del petróleo y sus consecuencias, el pico de todas las cosas (Peak Everything) el auge de las extracciones no convencionales como el fracking, el colapso de nuestra organización social por sectores, el declive de los recursos, la imposibilidad de garantizar la estabilidad de grandes obras e infraestructuras desmesuradas necesitadas de ingentes cantidades de energía para poder ser mantenidas a raya o la imposibilidad del crecimiento económico infinito como santo y seña de todo el espectro político. En definitiva, comunicábamos detalles sobre el decrecimiento innegociable al que estamos abocados y la transición energética que ha comenzado, además del caos climático derivado de nuestras desmesuras y su impacto ineconómico

También con el tiempo nos dimos cuenta de que más o menos a regañadientes, el mensaje sin edulcorar, a primera vista agorero e incluso apocalíptico, se filtraba por varias fases hasta la total aceptación de LA CRUDA REALIDAD, desde la negación, el descrédito a quienes lo transmitimos e incluso la crítica violenta. Matar al mensajero —como en mi caso— fue algo habitual, lo conozco bien, sobre todo desde que directa o indirectamente expliqué estas cosas en parlamentos y comisiones varias, y sobre todo desde las bancadas populares y socialistas casi siempre dominantes.

Sin embargo, asistimos simultáneamente a reacciones algo inesperadas que nos llevaron a un tiempo de debate apasionante:

Por un lado las denominadas derechas interiorizaron el mensaje y tomaron medidas a su manera, la de siempre. Prepararse como élite ante los acontecimientos ha sido su previsible apuesta, la desigualdad social creciente y la exclusión de cada vez más y más ciudadanas parece parte de su agenda. Un análisis más profundo nos llevó también a evaluar si los actuales auges del fascismo y el desplazamiento del espectro político al completo hacia la ultraderecha no eran sino maniobras deliberadas para afrontar a esa "su manera" el declive del capitalismo fosilista.

El caso es que en el otro lado, a la denominada izquierda y asociaciones y grupos de sensibilidad progresista, nuestro mensaje creíamos, se daba por comprendido y por lo tanto en la agenda de sus programas lo abarcarían consecuentemente con planteamientos de igualdad y hasta un decrecimiento pilotado. Ese fue un gran error por nuestra parte. El auge de partidos como Podemos y algunas confluencias periféricas o las reacciones en el seno de algunos sindicatos con frases como "hablar de decrecimiento no es sexy", "eso nos quita votos" y cosas por el estilo, nos pusieron en la pista de la falta de percepción por parte de las izquierdas del problema del declive global, menos aún la voluntad de tomar medida alguna para garantizar, o al menos intentar, una transición justa.

El mayor obstáculo resultó ser el de siempre: la capacidad de asombro y admiración de las izquierdas hacia las derechas, pues aunque esté injustificado por sus movimientos iatrogénicos y ecocidas, además del aumento de la pobreza, la desigualdad y la exclusión, aún son capaces de sacar pecho y presumir de aquellos días de vino y rosas apuntalados por el crecimiento económico que parecía infinito; pero también era flor de un día por estar basado en la siempre creciente inyección de energía barata, versátil y muy abundante al sistema: la quema cada vez más salvaje de combustibles fósiles y el derivado crecimiento tóxico de cada vez más desechos que los ecosistemas no pueden absorber.

Eso se acabó, las caídas de las TRE fósiles reducen la energía neta que llega al sistema imposibilitando el crecimiento, pero aumentando de manera alarmante la toxicidad del medio, el caos climático, la muerte de miles de especies y socavando el medio que garantiza nuestra propia existencia, las bases mismas de la vida. Y en este embrollo que ya no es advertencia y previsión, como cuando empezamos, sino portada diaria de medios de comunicación más o menos fiables, las izquierdas se ven incapaces de enfrentarse a esa cruda realidad con las armas de la igualdad, la generosidad, el apoyo mutuo o la cooperación de que históricamente hicieron gala.

Han sustituido sus discursos y programas por esperanzas de crecimiento, si cabe menos acelerado, pero crecimiento al fin y al cabo, basado en un sueño injustificado y mil veces demostrado imposible de abundancia de energías renovables, coches eléctricos para todas o transporte de mercancías y personas de manera electrificada, pero sobre todo, con la continuidad de un individualismo de smartphone cada vez más eficiente y con menú del día, un urbanismo bulldozer pero eléctrico, patinetes, bicicletas, la revolución del 5G, huertos urbanos súper fértiles y mucho verde por doquier en un oxímoron de "desarrollo sostenible" e incluso "crecimiento sostenible" copia-pega de los discursos más cínicos del neoliberalismo más dañino y destructor. Algo que sólo será accesible a una élite y viene acompañado irremediablemente de la überización económica y la era Glovo.

Así que ahora nuestros esfuerzos vuelven al inicio. Hemos facilitado el diagnóstico o la certeza del mismo, que por cierto ya conocían de sobra las tendencias más conservadoras, y se lo hemos reafirmado, recordemos que "The Limits To Growth" lleva sobre las mesas y los despachos de los Think Tank desde 1972. Sin embargo las izquierdas parecen seguir durmiendo y no se vislumbra en el horizonte de sus programas ninguna maniobra acorde con los tiempos que nos toca vivir y con un espíritu de igualdad y justicia, ni siquiera un mensaje que hable de decrecimiento controlado, ni siquiera de una crisis sistémica imparable pero modulable, una crisis ecológica, económica, social, individual que ninguna tecnología ni industria 4.0, ni internet de las cosas va a poder atajar.

Vamos a decrecer, nos guste o no, es más, ya lo estamos haciendo. Teníamos dos posibilidades: el hacerlo por las buenas (asumiendo y conduciendo de manera justa y equitativa el declive) o el hacerlo por las malas (conflictos, fascismo, ecofascismo, neofeudalismo, exclusión, desigualdad y pobreza e incluso guerras). De momento hemos escogido la segunda opción. Está en nuestras manos frenar a las tendencias más reaccionarias, parar un momento, ponernos a pensar, dejar el veneno de la caja tonta y tomar las riendas de nuestro destino, que puede ser brillante sí, además de una gran oportunidad colectiva e individual.

Antonio Aretxabala
Piedras Blancas, Asturias
18 de julio de 2019


Resumen

El colapso del capitalismo global basado en la abundancia de combustible fósil accesible y barato muestra los primeros estertores de su agonía final. Esa anomalía de tan solo los últimos doscientos años de nuestra historia de la humanidad toca a su fin, así que toca preguntarse por una solución que no cabe esperar que venga de la mano de la tecnología. Esa solución, o ha de ir encaminada a garantizar una vida digna para el mayor número de personas o nos abocará a un postcapitalismo fosilista neofeudal o ecofascista.

Localizado en occidente y sustentado en el petróleo, el impulso social y el instinto individualista que nos invade son una especie de extraña mutación del ser humano que aprovechó esa anomalía espacio-temporal de la época capitalista industrial y tecnológica para transmitirse. Sólo quienes consigan despertar a su propia naturaleza humana serán capaces de desarrollar la mejor de las tecnologías: el apoyo mutuo.


LA CAÍDA ANUNCIADA DEL CAPITALISMO FOSILISTA

Que la energía ni se crea ni se destruye y sólo se transforma no es ningún misterio, lo que pasa más desapercibido es que lo haga en la única dirección posible: de disponible a no disponible. Aquí se encierran dos leyes termodinámicas inviolables, tanto como la atracción gravitatoria. Es especialmente notorio cuando los límites naturales y los recursos físicos destinados a crecer ya se han sobrepasado, se trate de un organismo, una comunidad, un edificio, una empresa o nuestra civilización industrial tecnológica y su organización social ya en declive: el capitalismo fosilista.

Vivimos una época de tansiciones, incluso tenemos un ministerio para la transición ecológica, pero realmente veremos que no hay tiempo para transiciones justas. Hace unas décadas que debimos emprender ese derrotero y no lo hicimos. Las transiciones están sucediendo ya, pero se están produciendo en un contexto de desigualdades crecientes, sociedades individualistas dirigidas por poderosas élites que impulsan enfrentamientos, territorios carentes de autonomía dirigidos económica o culturalmente tan lejos de su tierra como de la relación ancestral con ella y entre sus habitantes, la mayoría son condicionantes que ya prácticamente no hay tiempo de detener. 

Capitalismo y energía en declive 

Hablando de nuestra civilización capitalista y su alimento cada vez más costoso, la energía, de la cual el 85% es fósil, en algún momento de 2006 se fraguó el colapso financiero de 2008 y el comienzo de la crisis de la que nunca vamos a salir, dado que nuestro sistema es un diseño de organización social creciente, siempre creciente... Los mercados colapsaron con la caída de Lehman Brothers y las subprime hace más de una década, entre otras cosas porque fue un par de años antes, en 2006, cuando alcanzamos el cenit del crudo, un producto milagroso, un regalo del planeta que no es sino energía solar fosilizada y cocida durante millones de años y devuelta a coste cero, una substancia a la que nunca mejor se le llamó oro negro. En el año 2010, brota como una desesperación el auge de las costosas nuevas técnicas de extracción de hidrocarburos no convencionales (arenas bituminosas, fracking, perforaciones oceánicas, en las que la inversión energética es tan alta que a veces iguala a la obtenida en el proceso), comenzó una nueva época de actividad ineconómica lubricada por la deuda, pero nunca ya se volvería a las situaciones elásticas previas a 2008. 

Figura 1. Relación entre el PIB (GDP) mundial en billones de dólares norteamericanos de 2010 y el consumo de energía en miles de millones de toneladas equivalentes de petróleo entre 1969 y 2013. Gail Tverg, Our Finite World 2015.

La demanda de energía se estanca porque la actividad económica no despega, y no lo hace precisamente porque no recibe la energía necesaria para crecer. La energía no es un servicio o una mercancía más sometida a las conocidas (hasta ahora) leyes de oferta y demanda, sino un precursor de la actividad económica. En 2010 entramos así en un bucle, o mejor dicho, en una espiral en la que los precios de las materias primas se volatilizan, pero cabe resaltar que en ese año más de la mitad de la humanidad comenzamos a vivir en ciudades; 2010 supone una nueva experiencia para la vida en el planeta. Las megaciudades nunca antes vistas en la historia, se convierten en las células estructurales de una urbanosfera que comienza a dar señales muy agudas de insostenibilidad, requieren ingentes cantidades de energía y recursos y generan tantos desechos que el planeta ya no los puede digerir. 

Entramos a vivir en la era de una deuda ecológica, económica, y de unos territorios contra otros, deudas de las que muchos de sus desenlaces posiblemente nunca veremos. En este camino vertiginoso hacia la complejización, globalización y jerarquización de las sociedades lo realmente sorprendente es que sólo hemos aprendido a quemar, lo que sea, madera, aceite de ballena, carbón, uranio o petróleo, pero el efecto sobre el PIB se considera todo un éxito a pesar de los efectos secundarios para la salud del planeta que habitamos y de nuestros propios cuerpos. 

Figura 2. La IEA, AIE en español (Agencia Internacional de la Energía, órgano asesor en esta materia de la OCDE de la que España es miembro) nos muestra cómo el crecimiento de la economía global y las emisiones de CO2 están estrechamente vinculadas y cómo desde 2010 hay un desajuste significativo. Nunca antes en la historia se había visto algo similar. Vemos también que hasta 2016 se produjo una leve caída en las emisiones globales, sin embargo en 2017 éstas aumentan y en 2018 se baten todos los récords históricos, alcanzando la concentración de CO2 en la atmósfera las 412 ppm. A pesar de ello la economía mundial está entrando en una fase de estancamiento. Cada vez quemamos más combustibles fósiles para extraer combustibles fósiles, no para revertir en el crecimiento de nuestras sociedades. IEA, Press Room 2017.

La OCDE a través de su órgano asesor en materia de energía, la Agencia Internacional de la Energía (AIE), nos advierte que ya no se puede crecer más, quizás con unas palabras más suaves pero apuntando que la era del crecimiento sostenido continuado se acabó, y se acabó para siempre. O lo que es lo mismo, el crecimiento económico no es sinónimo de desarrollo ni bienestar, menos aún en las condiciones actuales. Sin embargo los gobiernos son sordos y ciegos a tales advertencias. España es miembro de la OCDE. El crecimiento sigue siendo santo y seña de toda opción política, sea de derechas o de lo que en occidente se denomina izquierdas. Cuando los crecimientos son mayores del 3 % se aplaude, un poco por debajo ya se aprueba, más por debajo supone una frustración para los responsables, sus consecuencias van desde un vuelco electoral hasta protestas generalizadas o el auge de las tendencias más extremistas. 

El PIB es nuestro termómetro favorito, su temperatura es un dogma de fe. Un país que como España creciese al 3% anual para asegurar la salida de la pobreza del 30% de su población en riesgo, con la creación de empleos dignos como dicen todas las tendencias políticas, debería multiplicar por 4,5 su economía y sus recursos en medio siglo (ver figura 1). Imaginemos un año 2069, si aún quedase un país llamado España, con 210 millones de habitantes a los que alimentar, una capital llamada Madrid que multiplicaría por 4,5 sus vuelos o movimientos de tren, o vehículos individuales, pongamos que con ayuda de cinco aeropuertos y más de una docena de estaciones, sustentaría a cerca de 20 millones de habitantes y debería garantizar el agua potable, el alimento y la limpieza del aire que respiran sus ciudadanos. El crecimiento exponencial infinito no sólo es absurdo, es imposible. 

Pero la realidad es que parece que nos vemos obligados a gastar mucha más energía que en las ya agotadas o con claros signos de declive de las históricamente dominantes extracciones convencionales para hacer que esos recursos energéticos puedan ser consumidos y reviertan en el desarrollo de las sociedades, es decir hay que quemar más y más (figura 2), y por lo tanto producir más y más desechos para obtener una energía neta bastante menor cada año (entre un 2% y un 4%). 

Y claro, para compensar esta carrera agotadora como la de la Reina Roja de Alicia en el País de las Maravillas, no sólo estamos extrayendo cada vez más, sino que al hacerlo con cada vez más dificultades de acceso, necesitamos quemar cada vez más. Por eso las tasas de retorno energético (TRE) caen desde la década de 1940 (Court y Fizaine 2017, figura 3) a la par que el consumo y los desechos aumentaban. Si hace un siglo con la energía de un barril equivalente de petróleo obteníamos cien de muy buena calidad, hoy apenas llegamos a quince, esa diferencia en la relación (TRE) es la que nos permitió el crecimiento nunca antes visto en la historia. Al siglo XX lo llamamos la gran aceleración y al regalo geológico que lo hizo posible “oro negro”. Los nuevos petróleos ligeros hacen que el diésel sea cada vez más costoso de conseguir y que un porcentaje altísimo de lo extraído se utilice para poder perforar, extraer, refinar y transportar; apenas queda una fracción que garantice ya el crecimiento de una civilización tecnológica e industrial como la que hemos conocido (ver figura 3). 

El transporte internacional que nació con el carbón (barcos y trenes de vapor), también cada vez más costoso y de peor calidad, hoy es otro componente de la sangre que alimenta nuestro capitalismo globalizado, de hecho a pesar de las indicaciones de la ONU y de la totalidad de los estudios relacionados con el problema de emisiones de gases de efecto invernaderos (GEI) el consumo de carbón ha vuelto a crecer, pero cada vez es de peor índole y proporciona menos energía a la par que más GEI. El transporte está en declive sí, pero no sólo por el problema del diésel o el carbón (indirectamente como electricidad), también el gas y el uranio sufren el efecto Reina Roja. No podemos crecer sin flujos crecientes de materiales geológicos que nos procuren energía abundante, barata, accesible y versátil. 

No, no hay negociación posible con el planeta, puesto que no hay sustituto similar a los fósiles a la vista. Electrificar una economía boyante y siempre creciente como exige nuestra organización social no va a ser posible con un modelo capitalista globalizado, centralista, jerárquico, machista… Podría hacerse una transición justa si el modelo es el opuesto: desglobalizado, descentralizado, desjerarquizado, ecológico (que es lo que se persigue), feminista. Pero los ritmos de implantación de las energías denominadas renovables no suplen el ritmo de caída de la tasa de retorno energético (TRE) global. Si para entonces hemos llegado a construir una nueva organización social capaz de crear prosperidad, trabajo y riqueza material e inmaterial en un contexto estacionario e incluso de decrecimiento económico, hablaremos de un éxito colectivo y nos felicitaremos, pero ya no es capitalismo, es otra cosa. 

Transiciones ecológicas y malas decisiones 

Sin embargo el mensaje no cala entre nuestros dirigentes, vemos que a nivel mundial, el largo plazo que estamos experimentando es el de agotamiento de los recursos, mientras las medidas tomadas para intentar atajar la inevitable e imparable crisis, siguen siendo medidas a corto plazo, pero además suponiendo que dichos recursos no sólo van a estar siempre presentes, sino que van a crecer al ritmo deseado y en algún momento la volatilidad y la incertidumbre van a desaparecer. 

Con este panorama no es de extrañar que las contradicciones imperen en las previsiones de la creación (o más bien pérdida) de riqueza, agudizando el problema por falta o negación de un diagnóstico científico e interdisciplinar. Se está apelando a una supuesta limpieza ambiental que ahora es el santo y seña de cada Gobierno, de cada partido político, de cada campaña electoral; ello conlleva la creación de leyes y ministerios para la transición ecológica (y la solidaridad en Francia) muy ineficientes, pero que sin embargo ya están en auge a pesar de una tozuda realidad termodinámica y geológica que no computa en las previsiones. 

En otras palabras, la disminución global de la TRE de los combustibles fósiles que son la sangre que alimenta el capitalismo y suponen el 86% de su existencia (Kummel 2011), es irreversible y supone la imposibilidad de crear riqueza social en un marco mercantilista, o lo que es lo mismo: la inevitable expansión dentro y fuera de las fronteras de los países desarrollados de más pobreza material. Algo que se está escapando a los marcadores e indicadores oficiales y no está siendo percibido por quienes toman las decisiones a pesar del aumento de las brechas sociales insostenibles y de personas desahuciadas, gentes sin techo, personas pobres energéticas, trabajadoras precarias, paradas de larga duración, excluidas, ancianas desatendidas... 

No podemos estar seguros al 100% de cuál será el desenlace final de las denominadas transiciones ecológicas que no llevan en su seno la voluntad de equidad o la ayuda mutua, o si ya es irreversible el auge de los fascismos (incluidos los ecofascismos), porque esta vez carecemos de precedentes. 

La dinámica conocida de oferta y demanda convencional a la que estábamos acostumbrados ya no va a regular ni precios ni disponibilidad de energía o minerales, y por lo tanto de toda la actividad económica global, desde el sector primario a los servicios más tecnológicos, pero lo que sí podemos saber con certeza es que la era del crecimiento económico ilimitado, el que es la característica definitoria del capitalismo financiero neoliberal, globalizado, fosilista, tal cual lo conocemos, ha terminado de verdad

Si no tomamos medidas técnicas adecuadas y sobre todo sociales, la expansión acelerada de la pobreza será el mayor quebradero de cabeza de nuestros dirigentes y de la propia sociedad en general. Por lo tanto la tarea urgente es reescribir la economía para adaptarla al mundo real que sigue evolucionando. Con ello al mismo tiempo estamos, rediseñando nuestros conceptos de valor y prosperidad, de ética y solidaridad; precisamente para reconstruir nuestras sociedades con miras a ir adaptándolas a esta extraordinaria era de transición en la que la pobreza a nuestro alrededor se va a convertir en una compañera habitual si no tomamos medidas urgentes, técnicas y sociales. 

Figura 3. La gran ola (Court y Fizaine 2017). La productividad total de los factores (PTF o TFP del inglés Total Factor Productivity) es la diferencia entre la tasa de crecimiento de la producción y la tasa ponderada de incremento de los factores (trabajo, capital, etc.). La PTF constituye una medida del efecto de las economías de escala, en que la producción total crece más que proporcionalmente al aumentar la cantidad de cada factor productivo. Existe una correlación entre la PTF y la eficiencia de conversión de la energía. El nivel más alto de productividad se alcanzó alrededor de la década de 1930, y desde entonces con cada revolución industrial ha disminuido: IR1: revolución industrial del carbón. IR2: segunda revolución industrial impulsada por el motor eléctrico y el motor de combustión interna. IR3: tercera revolución informática y tecnológica en la era de la comunicación; en su esbeltez se observa el rápido aumento y disminución de la productividad de la última gran revolución en innovación tecnológica. Cada una de estas eras supuso un incremento exponencial del uso de energía. El período de disminución de la gran ola (The Great Wave), tras la segunda guerra mundial también corresponde aproximadamente a la era de las TRE posteriores al pico de los combustibles fósiles totales identificados por Court y Fizaine en 2017.

¿Soluciones técnicas o humanas? El apoyo mutuo 

El colapso del capitalismo global basado en la abundancia de combustible fósil accesible y barato ya está aquí dando sus primeros coletazos. La economía circular que nos acompañó el 96% de nuestra historia ha vivido una anomalía con una ruptura favorecida por la entrada de energía no renovable en la producción y en la cotidianeidad, y lo ha hecho por primera vez, pero tan sólo 200 de los 5000 años de historia (escrita) de nuestras relaciones entre nosotros y nuestro entorno. Pero toda anomalía por definición tiene un fin. Así que lo inmediato para quien afirma algo como lo mostrado es preguntarle por alguna solución. Éstas vendrán de diferentes ámbitos, pero quien crea que la tecnología (irremisiblemente consumidora de energía) va a aportar el grueso a dichas soluciones está muy equivocado. Aquí entran en juego todas las relaciones sociales, humanas y el diseño del entorno urbano y rural, obviamente también la tecnología. 

Este artículo no es una profundización en las claves de un nuevo urbanismo, la optimización y electrificación del transporte, la agricultura ecológica o el comercio de cercanía; lo que se pretende mostrar es que las soluciones encaminadas a garantizar una vida digna para el mayor número de personas es que lo que sea que venga tras el postcapitalismo fosilista, tendrá una mayoritaria componente ética y humana o las sociedades se verán abocadas a algún tipo de sociedad neofeudal o ecofascista. 

Como apuntamos más arriba no hay “una solución técnica” para seguir viviendo en esta anomalía histórica, más allá de la sustitución puntual y que puede derivar en soluciones elitistas o ecofascistas, porque los ritmos de implantación de las tecnologías renovables -que en cierta manera nos devuelven a la economía circular- son menores a los de la pérdida de TRE de los fósiles. La alarma ecológica por tanto nos obliga a racionalizar consumo y producción y la alarma social nos obliga a intentar hacer viable la continuidad de la vida humana civilizada. El mensaje de la contención y de un decrecimiento sin negociación posible es indigesto, impopular, parece una broma de mal gusto para una sociedad adicta a la opulencia, al individualismo, productos asimismo anómalos de una pequeña época anómala donde más de la mitad de la humanidad vive en la más absoluta miseria. 

Metafóricamente hablando, el pasado cultural se lleva en los genes y quienes sean capaces de despertar a su propia naturaleza humana serán capaces de desarrollar la mejor de las tecnologías: el apoyo mutuo. Así que hay millones de razones para saber que quienes antes lo desplieguen están avalados por las observaciones científicas libres de prejuicios, y sobre todo por millones de años de evolución. Con el declive de los recursos, en especial energéticos fósiles, muchas comunidades locales sabrán hacer frente a un reequilibrio tanto de materia como de energía de manera colaborativa, pero con un conocimiento y una relación circular con su territorio, no dependiendo de los recursos de otros y menos aún apropiándose de ellos por la fuerza militar. 

Las grandes infraestructuras de las épocas de la borrachera constructiva apuntaladas por el petróleo barato y accesible no tendrán otra utilidad que la achacable al patrimonio histórico, el reguero de autopistas sin coches, aeropuertos sin aviones, embalses llenos de aire, polideportivos sin deportistas, hospitales sin médicos que dejamos poco a poco serán el recuerdo y la lección de nuestro innecesario derroche y el símbolo de la avaricia y ceguera de unos pocos. Así, con una innegociable vuelta a la economía circular de siempre, y acompañada por las nuevas tecnologías, parece que los sujetos realmente individualistas no tendrán cabida por una simple inadaptación a un medio basado en la colaboración que les es adverso; la propia selección natural hará con ellos un lógico cribado. Pero no creamos que ese cribado será una transición amable, pacífica, de color de rosa. El individualismo acumula un poder proporcional a la energía de que dispuso desde la gran aceleración y ha demostrado históricamente que la violencia también es su alimento. 

No sabemos aún con total certeza cómo se transmiten ciertas disposiciones individuales y colectivas ante la vida. Sí sabemos no obstante, que hay una parte genética y otra social que vehiculan gestos, expresiones, órdenes, ingenios, aptitudes… El impulso social e instinto individualista que se transmite o expresa a través de las personas y organizaciones individualistas, aprovechó y aprovecharon una anomalía simultánea en el tiempo y en el espacio en la época capitalista industrial y tecnológica para transmitirse, aquí podríamos asemejarlo al esparcimiento de esporas de algunas especies oportunistas, los combustibles fósiles como flor de un día. Pero nunca se llegaron a imponer ad aeternum, nunca se transmitieron solas; fueron una especie de extraña mutación temporal con tasas de éxito importantes ligadas a un área y una cosmovisión muy localizadas: occidente y el petróleo. 

Como esta transición con su desglobalización, descentralización, desjerarquización y descomplejización de todo resquicio de la organización social se va a hacer sin opción a no hacerla, vamos a intentar tener un buen diagnóstico de la situación para planificar un futuro brillante y no pegar una frenada cuando ya hayamos sobrepasado la última línea del precipicio. Nuestro futuro puede ser brillante sí, pero lo será con menos dependencia de los combustibles fósiles, con más inteligencia y abnegación, con muchos más lazos prácticos, afectivos y más recursos espirituales, históricos y locales.


LA CRUDA REALIDAD. UN DOCUMENTAL DE AITOR IRUZKIETA