domingo, 4 de abril de 2021

COLAPSO DE LA CATEDRAL DE PAMPLONA. PRIMERO DE JULIO DE 1390: UN TERREMOTO DESENTERRADO DESDE LA ARQUEOLOGÍA Y LA GEOHISTORIA

 

Catedral de Pamplona hacia el siglo XII-XIII antes de las reformas de Carlos III y el terremoto del 1 de julio de 1390 que colapsó el coro pétreo y buena parte del templo. Una interpretación de Martín Larrayoz. La planta de tres naves coincide en anchura con la de la actual catedral.

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Queridos lectores. Hoy hace exactamente ocho años (4 de abril de 2013) desde que escribí "La sismicidad histórica en España: del éxito de Guatemala a la amnesia sísmica" un artículo basado en las enseñanzas de Fernando Rodríguez de la Torre. Desde entonces la mayoría del trabajo geohistórico realizado por las comarcas, parroquias, archivos, con otros profesionales o en solitario, me llevaron a esbozar, en pleno confinamiento por la pandemia de Covid19, un resumen de la sismicidad histórica en el norte peninsular.

Como comentaba en ese artículo, se trataba de algo abierto hacia el futuro. Unas semanas después comenzó el enjambre sísmico que vivimos en la cuenca de Pamplona —desde agosto de 2020 etiquetado como #TerremotoPamplona— y que ya parece remitir, con la inolvidable madrugada del 1 de octubre de 2020 y sus más de un centenar de temblores entre los que son de destacar los tres impactos principales de M4,6, M4,4 y M4,0 además de varios por encima de M3. Más información sobre la trascendencia de este último episodio sísmico aquí.

Mientras en las zonas impactadas convivían con el fenómeno sísmico durante meses, comenzaron una serie de actividades encaminadas a difundir el conocimiento actual y el estado de las investigaciones sobre la sismicidad den Navarra, por poner algunas, hubo charlas, artículos divulgativos en este espacio o en prensa, radio o television y cursos presenciales y telemáticos con los ayuntamientos situados en la zona epicentral, con Protección Civil y Bomberos de Navarra, con el Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro (COAVN), con profesionales de los medios, etc., poniendo siempre sobre la mesa la importancia del estudio histórico.

Pero la sismicidad histórica seguía su camino de la mano de la geohistoria. Sobre todo desde su perspectiva técnica extensiva. Una exploración por un paraje desconocido que poco a poco iba dando sus frutos. En este trabajo continuo se trata de hallar los terremotos ignorados, los sismos que han ocurrido y que nunca se han catalogado, los subestimados, tal y como vimos con los sucedidos entre Sangüesa y Pamplona en 1612 o en 1357 en Villarreal de la Canal o el de Pamplona de marzo de 1903 que tuvo sin duda, un carácter similar al vivido en octubre de 2020 en Pamplona, aunque con mayor intensidad.

Antonio Aretxabala

Pamplona 4 de abril de 2021

Figura 1. La catedral de Pamplona hoy. Foto tomada desde el suroeste.

 

1. El estudio geohistórico

Contra lo que se imaginan muchos sismólogos, no se descubren tan sólo sismos de escasa importancia en la investigación geohistórica; también, aparecen sismos importantes, como, por citar un caso, el inédito del 21-X-1880, de foco atlántico, al que se le ha conjeturado una hipótesis de magnitud ML7,5. También hemos descubierto en los archivos diocesanos numerosos terremotos italianos como el caso de los estudios de Emanuela Guidoboni o con la lectura de antiguas publicaciones periódicas portuguesas, españolas o francesas por toda Iberia.

Algunos terremotos navarros subestimados, como el de Pamplona del 10 de marzo de 1903 asomaron a la luz aquellos días en que se produjo el enjambre de 2013 con casi 400 eventos, luego en el de 2017 con casi 200 y recientemente en el actual de 2020, con movimientos y enjambres importantes al este de Pamplona, entre Esteribar, Lizoain, Aranguren y Egüés y áreas colindantes. Por ejemplo, el actual enjambre poco a poco se va disipando (figura 2), comenzó a finales de agosto de 2020, se contablilizan a día de hoy 769 eventos con 80 sentidos por la población.

Desde diciembre de 2020 no se registran intensidades por encima de III. Se trataría de la mayor concentración y densidad de sismicidad histórica conocida hasta la fecha si comenzamos a contar desde el evento histórico del 1 de julio de 1390 que analizamos en este artículo. Más información y análisis sobre el actual enjambre y la obliogatoriedad de garantizar la seguridad sísmica en Navarra aquí.

Figura 2. Magnitudes e intensidades de los 769 eventos sucedidos (80 sentidos) en el enjambre sísmico desde el día 28 de agosto de 2020 hasta el 5 de abril de 2021. Más info en la etiqueta #TerremotoPamplona

También pudimos corroborar algo que nos pareció muy importante y significativo: muchas de las disposiciones psicológicas de quienes antaño vivieron lo que durante siglos se consideró uno de los más humillantes castigos divinos, los terremotos, respondían a un conjunto de creencias que apuntaban al hecho de que recibirlos, aparte de una desgracia, era clara señal de vicios y pecados contra Dios, quien estaba muy enfadado y por eso los provocaba.

Ello ha supuesto una barrera de transmisión de esta información, pues, o bien se censuraba el fenómeno sísmico por esos (hoy) prejuicios, o bien directamente se hacía desaparecer todo vestigio de su impacto, tanto escrito como verbal. Para más información, sobre este aspecto bastante oculto antes del siglo XVI, recomiendo leer el apartado 3.2 Sangüesa 1612 de este artículo y disfrutar (visto por el retrovisor de la historia) de cómo relata el moralista y secretario del Ayuntamiento de Sangüesa, en agosto de ese año, las manifestaciones de la ira divina, también lo que había que hacer y dejar de hacer para calmar el enfado del Todopoderoso a ver si la tierra dejaba de temblar de una vez.

2. El estudio multidiscipinar

En este tiempo se fue desarrollando el inestimable trabajo arqueológico e histórico de las investigadoras María Ángeles Mezquiriz y Mercedes Unzu, con la colaboración de muchas otras personas del ámbito histórico, de la arquitectura, la geología, el arte... Recuerdo una fría mañana de 2016 cuando me llamaron para revisar una serie de planos de la época de la catedral románica de Pamplona con el trasfondo de varios documentos históricos en que se narraba un acontecimiento histórico muy significativo; por eso me contactaron, se trataba de la descripción, a la manera medieval, de un terremoto. Estábamos en casa de María Ángeles y cuál fue mi sorpresa al comprobar cómo las diferentes explicaciones históricas que investigaban, relataban un terremoto acaecido el día 1 de julio de 1390 en la vieja Iruña, entonces la ciudad de los burgos, apenas ocupaba los aledaños de la catedral y poco más.

Pamplona es una ciudad, hoy capital autonómica, que salió de sus murallas muy recientemente, apenas hace un siglo estaban en marcha los ensanches de la ciudad. Previamente al siglo XX, casi todo el desarrollo se hizo en vertical, a los edificios intramuros se les añadían plantas, por eso el peso de muchos inmuebles llegó a superar, en bastantes casos, las características geotécnicas favorables del suelo que nos sustenta; no fue así en la catedral, tal y como pudimos comprobar. Sin embargo, una vez que Pamplona se decidió a comenzar su expansión a lo largo del siglo XX, el crecimiento fue de una aceleración espectacular, pasando de los 30.000 habitantes censados en 1903, cuando el terremoto de marzo de aquel año a los más de 360.000 que habitamos hoy en la cuenca (figura 3).

Figura 3. En el área metropolitana de Pamplona no vivían ni 30.000 personas al estrenarse el S.XX. Se acababa de salir de la muralla con el primer ensanche. En 1927 no alcanzaba los 40.000. En 1945 pasó de 60.000 y saltó a casi 250.000 en 1982. Hoy vivimos en la cuenca casi 360.000 personas.

Y por fin, tras décadas de trabajos, en marzo de 2021 tenemos un libro editado por el arzobispado de Pamplona y Tudela. 'Arqueología en la catedral de Pamplona. El origen del culto cristiano' (figura 6) donde reponemos una de las piezas del rompecabezas de una parte importante de la historia de Navarra y del devenir de la ciudad de Pamplona; una historia superpuesta en el tiempo, además, con los datos y un informe de una belleza singular de Teresa Alzugaray (Anexo III: ruina del templo románico), archivera y paleógrafa que apunta a una causa para el derrumbe de la seo pamplonesa en la madrugada del 1 de julio del año 1390: un terremoto.

3. Los testimonios

El cronista Garci López de Roncesvalles en su Colleccion de chronicas antiguas de Navarra, en 1404, es el primer narrador (figura 4) del que se tenga testimonio de lo sucedido entonces. Más tarde se verifica en los Registros de Comptos dando cuenta de los gastos derivados de semejante ruina, el objetivo es restaurar el coro y la parte colapsada de la catedral.

Figura 4. Fragmento manuscrito de una copia de 1770 de la crónica de 1404 en que se narra la caída del coro y de parte de la catedral de Pamplona (archivo de Navarra, fol. 63).

 

Figura 5. El pergamino conservado en el Archivo de la Catedral de Pamplona del 24 de junio de 1400 en que se muestran los motivos por los que el rey Carlos III hace una donación para reconstruir el lugar donde descansan sus antepasados a los que guarda un amor filial y cree conveniente arreglar la catedral tras el estado "inhonesto" en el que se encontraba tras el evento.


Durante el siglo XVI se cita el suceso en una obra denominada Catalogus Episcoporum Eclesiae Pamplonensis (anónimo), conservado en la Catedral de Pamplona, posiblemente de 1570. En 1614 Fray Prudencio de Sandoval relata el suceso posiblemente como una transcripción del catálogo anónimo. A partir de entonces se transcribe en diversos documentos históricos tal y como ha investigado la paleógrafa y archivera Teresa Alzugaray, pero sin aportar nuevos detalles. No es hasta el siglo XX cuando se habla del temblor y el colapso por parte del investigador Mariano Arigita y Lasa, canónigo de la catedral en su obra La Asunción de la Santísima Virgen y su culto en Navarra. Juan de Albizu en plena era científica hace una descripción detallada del desastre, la nube de polvo, la caída de las estructuras, la reacción de la ciudadanía...
 
4. Perspectiva histórica y seguridad

No existe ningún documento que apunte directamente a lo que entonces se consideraba un castigo divino, pues no sólo era algo "inhonesto" (figura 5) y vergonzoso, sino que para esa época no se hacían las anotaciones pertinentes, menos aún que pudieran mostrar la vergüenza ante los reinos vecinos y otras figuras de la jerarquía. No es hasta después del siglo XVI en que las anotaciones sacramentales se hacen habituales tras la orden dada a tal respecto en el Concilio de Trento (1545-1563).
 
Sin embargo, a lo que sí hemos tenido acceso es a las pruebas de su censura. Es muy curioso y digno de mención un archivo conservado en el Archivo diocesano de Pamplona, del Tribunal Episcopal, en el que se ordena borrar la anotación de un terremoto de un libro de bautizos de Urroz-Villa, se puede ver también el documento tachado. Desde hace siglos la Iglesia Católica tiene la costumbre de invocar en sus letanías Mayores o Rogativas una súplica como las que vimos en Sangüesa en 1612 para que Dios nos libre de los terremotos: A flagello terremotus, libera nos Domine.

En cualquier caso, como nos explica Mercedes Unzu, el estudio de los diferentes textos históricos ponen en contexto que no hubo una causa estructural o vicio constructivo y sí una transcripción histórica de un suceso repentino e inesperado que cruza la historia con diferentes perspectivas más o menops veladas. Tampoco hay una deficiencia geotécnica manifieta, pues observando el terreno de apoyo, el dimensionado de los cimientos románicos y la presencia en esos días de maestros constructores de afamado prestigio, y por cierto, muy bien pagados por el rey, llegamos a la conclusión que las diferentes descripciones veladas, por lo que suponía desde el punto de vista moral el ser objeto de semejante castigo, de que es más que probable que un terremoto fuese el causante de semejante desastre.
 
Los convencionalismos históricos, un fenómeno tabú en ámbitos religiosos —prácticamente los únicos capaces de transmitir de manera escrita los acontecimientos hasta tiempos muy recientes— y los escrúpulos de las personas involucradas nos permiten también vislumbrar la mentalidad de cada época y la manera de vivir un fenómeno como es el fenómeno sísmico. Sin duda el estudio continuará. Hay que agradecer a las investigadoras el haber abierto la puerta de este episodio histórico que se suma al conocimiento del medio que nos sustenta y tener muy en consideración la sismicidad histórica local en pleno siglo XXI, la única manera de conocer el medio que garantiza nuestra existencia y adaptarnos a su, a veces, vehemente dinámica.
 
Quizás una de las asignaturas pendientes sea el seguir despojándonos de la herencia que tiende a ocultar el fenómeno sísmico y sus estereotipos históricos, antaño religiosos, por la vergüenza del castigo divino, hoy quizás más de carácter economicista, por la de reconocer la especulación y el beneficio cortoplacista que miran al fenómeno de la seguridad sísmica como un obstáculo para sus fines lucrativos. Así lo pusimos de manifiesto en este artículo tras el descuido de unas instituciones que siguen sin actualizar una investigación más allá del conocimiento histórico, pues su cometido principal es el de salvar vidas.
 
La mayoría de las veces esta investigación acaba siendo vital. Lo comentaba en el artículo arriba citado sobre la geología y la cultura que se relacionan con la personalidad de cada pueblo, cada barrio, su folclore, sus leyendas, las historias que contaban los viejos, sus refranes..., y sobre todo, su modo de vida, el que muchas veces se vio impactado por el fenómeno sísmico. Algunas comunidades que no le dieron importancia, quedaron afectadas por años, por décadas, a veces para siempre. Otras, tras sufrir los terribles impactos supieron aprovechar esa peculiaridad para poner en valor sus territorios y compartir sus experiencias con los demás. Hoy asistimos a uno de estos generosos momentos en que la suma del esfuerzo de tantas personas nos acerca con más detalle a conocer de dónde venimos, en dónde estamos.

Figura 6. Arqueología en la catedral de Pamplona. El origen del culto cristiano. Mª Ángeles Mezquíriz Irujo y Mercedes Unzu Urmeneta. Más info en callemayor.es
 
 
Es obligatorio y necesario acometer la revisión acorde con los tiempos y las nuevas investigaciones históricas del Plan Especial de Protección Civil sobre Seguridad Sísmica de Navarra (SISNA), como el propio plan especial indica: "se deberán llevar a cabo programas de formación destinados a los órganos y servicios actuantes y a la población en general"... "Se realizarán revisiones extraordinarias cuando ello se estime necesario para adaptar el Plan a la realidad del momento de la Comunidad Foral de Navarra. Estas revisiones deberán ser informadas favorablemente por la Comisión de Protección Civil de Navarra y aprobadas por el Consejo de Gobierno del Gobierno de Navarra. En su caso, deberán ser homologadas por la Comisión Nacional de Protección Civil"... (página 76 del SISNA).
 
Lo aquí relatado es fruto de muchos años de trabajo, de excavaciones arqueológicas que comenzaron en 1991, de "una gran labor estratigráfica y de realización de planimetrías", en palabras de Mercedes, "de ir uniendo restos de cosas muchas veces inconexas". Todas las grandes obras históricas tienen su contexto estratigráfico y, sobre todo, sus materiales asociados, y eso es lo que es irrefutable para poder fechar acontecimientos con la ayuda de la investigación arqueológica, histórica y geohistórica, "por eso podemos hablar con evidencias y no con meras suposiciones" nos comentaba Mercedes.

En el espacio sobre Ciencias de la Tierra de La Mecánica del Caracol de Radio Euskadi tuvimos el honor de recibir a Mercedes Unzu para que nos contara todas estas cosas y muchas más. Iinvito a escucharla a quien tenga interés en el descubrimiento, la metodología y los detalles más curiosos, divertidos y personales de tantos años de investigación:

La historia enterrada bajo la catedral de Pamplona.

La Mecánica del Caracol (Radio Euskadi).

martes, 2 de marzo de 2021

EROSIÓN, DEFORESTRACIÓN, REPOBLACIONES, NEOFRANQUISMO FORESTAL Y TRANSICIÓN ECOLÓGICA


Queridos lectores, desde el Geoforo por una nueva cultura de la Tierra, tres compañeros, Antonio Casas, Jose Luis Briz y Óscar Pueyo, nos plantean un análisis crítico y didáctico sobre uno de los problemas más graves que estamos afrontando en nuestros territorios. El cambio climático ya es uno de nuestros grandes problemas y por transferencia, las acciones que llevemos a cabo en el ámbito forestal, acertadas o equivocadas, determinarán en buena medida el devenir de nuestros hijos y su relación con el deteriorado y fatigado suelo y paisajes que les dejamos.

Con motivo de la conferencia de Luis Alfonso Gil Sánchez, Doctor Ingeniero de Montes y Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, en el Ateneo de la EINA (Universidad de Zaragoza), han redactado esta carta que se acompaña a continuación. Se recuerda que, "las actuaciones de las distintas administraciones públicas en el sector “forestal” durante las sucesivas dictaduras o regímenes pseudoconstitucionales del siglo XX no han contribuido precisamente a la recuperación del medio natural y el paisaje. Más bien al contrario, de forma involuntaria o consciente, las políticas forestales han sido una vuelta de tuerca más en los procesos de destrucción y deterioro del medio ambiente".

Os dejo con ellos.

Pamplona, 2 de marzo de 2021

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Neo-franquismo forestal: Algunas claves para descifrar la conferencia de Luis Alfonso Gil Sánchez, Doctor Ingeniero de Montes y Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, en el Ateneo de la EINA (Universidad de Zaragoza).

Al visionar la conferencia del Dr. Gil Sánchez hemos resultado desagradablemente sorprendidos al contemplar que siguen en uso algunos de los dogmas forestales arrastrados desde la dictadura franquista. Todo un background ideológico para sostener el modus operandi de una gestión ambiental que trajo consigo (por ignorancia o malicia, parafraseando al conferenciante) un ataque despiadado que acabó con formas de vida, memorias, patrimonio natural y paisajes de pueblos y regiones enteras. Además, la citada conferencia muestra que se está intentando revitalizar algunos de estos dogmas en el momento actual, siglo XXI, justificando una nefasta política forestal, cuyas consecuencias todavía sufrimos, mediante la reinterpretación de la historia pasada y la utilización partidista de la ciencia. Lo cual mantiene un cierto paralelismo en lo que a la gestión del agua se refiere.
 
Hemos de aclarar de entrada que no ocultamos cierto resentimiento personal, ya que procedemos de zonas del interior peninsular (lo que se viene llamando la “España profunda”) especialmente golpeadas por los planes forestales tardo y neo-franquistas, donde las actuaciones de la administración del Estado fueron especialmente desastrosas, con consecuencias visibles y manifiestas transcurridos más de 40 años. Y sí, cuando te roban los paisajes y el medio natural de tu infancia, haciendo desaparecer aquellas cosas que nunca volverán a ser (el equivalente es ver tu pueblo sumergido bajo las aguas de un pantano) es difícil contemplar el proceso de forma objetiva. El turno de preguntas que siguió a la charla del profesor Gil Sánchez produce todavía más escalofríos porque viene a significar que algunos de los alumnos del conferenciante, considerablemente más jóvenes que él, participan de la misma ideología (que no ciencia) forestal.

Empiezamos por los puntos de acuerdo, para reconocer que sí que hay algunas verdades entre tanta “malicia o ignorancia”. El paisaje de la Península Ibérica a principios del siglo XX era desolador desde el punto de vista del medio natural, debido a los efectos de la agricultura y la ganadería extensiva (“a la codicia de la administración y privados” en la cita de Lucas Mallada, acertadamente traída a cuento por el profesor Gil Sánchez), resultado a su vez de los privilegios de la Mesta, la roturación, las desamortizaciones, la desecación de humedales y finalmente la concentración parcelaria, (responsable esta última de la eliminación de las lindes como refugios de biodiversidad) y la agricultura y ganadería “industriales”. Paréntesis: en este sentido, resulta curioso que se acuse a China como responsable del traspaso de virus de los animales silvestres a la civilización por la destrucción acelerada de hábitats cuando aquí esos mismos hábitats se destruyeron totalmente y sin contemplaciones hace ya décadas para dar paso a un paisaje totalmente (des)humanizado.
 
En lo que probablemente no coincidiríamos con el conferenciante es en la relación de este proceso de degradación ambiental con la evolución socio-económica y política del país. La política de deforestación brutal tiene una contribución climática y orográfica significativa pero también socioeconómica: procede (a nuestro entender) de la incapacidad de desarrollo de procesamiento de productos primarios, tejido industrial y desarrollo burgués (con las excepciones de Cataluña o el País Vasco, y puntualmente en otros lugares del país) frente al dominio de la aristocracia de raíz agrícola en buena parte del territorio. Los orígenes del dominio aristocrático también habría que buscarlas en la conquista y sometimiento de Al-Andalus, la expulsión de las minorías trabajadoras (judíos y musulmanes), la Inquisición, el saqueo de metales preciosos de América y el estancamiento social y cultural de la mayor parte del territorio peninsular en los últimos 500 años.

Al contrario de lo esgrimido por Luis Alfonso Gil, las actuaciones de las distintas administraciones públicas en el sector “forestal” durante las sucesivas dictaduras o regímenes pseudoconstitucionales del siglo XX no han contribuido precisamente a la recuperación del medio natural y el paisaje. Más bien al contrario, de forma involuntaria o consciente, las políticas forestales han sido una vuelta de tuerca más en los procesos de destrucción y deterioro del medio ambiente. Lo que es peor, contribuyeron a crear una casta de técnicos y un sistema de vasallaje casi-feudal, reproduciendo el sistema social aristocrático y oligárquico, dentro de la administración. Esta estructura ha sido tradicionalmente favorable a las corruptelas, creación de empresas fantasma por parte de los propios técnicos etc. Los ejemplos pasados abundan, aunque no se hayan estudiado ni depurado sus causas de forma exhaustiva, y tienen sus equivalentes en la gestión del agua y otros aspectos ambientales.

Las especies vegetales y animales existen en la naturaleza (son “naturales”), pero el ser humano se ha dedicado a potenciar o eliminar unas u otras, ya sean pinos, soja, vacas o pollos. El pino (como género Pinus, en general) tuvo una expansión extrema durante la dictadura, más de dos millones de hectáreas repobladas, una cifra que lejos de provocarle una reflexión, hace al conferenciante (y alguno de los preguntantes) sentirse orgulloso del trabajo realizado y el deber cumplido. Una unidad de destino en lo forestal. Paréntesis: ni una sola alusión al caso de Portugal donde, de forma simétrica, la expansión del pino (y el eucalipto) estuvo íntimamente ligada a la dictadura salazarista, y donde se están sufriendo sus consecuencias en forma de incendios, que previsiblemente irán en aumento debido al cambio climático. 
 
El hecho de que a pesar de los incendios tanto en Portugal (donde no es seguro que la revolución política de 1974, que transformó positivamente tantos aspectos vitales, alcanzara también a la gestión ambiental) como en Galicia no se cuestione de forma más profunda el modelo de repoblación forestal y la distribución de especies es sintomático de que algo anda mal. Pero, además, si a algo han contribuido especialmente las repoblaciones de pino es a la industrialización del paisaje: aterrazamientos con maquinaria pesada, cortafuegos inútiles y sobredimensionados, pistas forestales y de saca que han favorecido la caza furtiva, la ganadería poco sostenible y los incendios. Estos, y no otros, son precisamente los resultados, buscados deliberadamente o sobrevenidos, de esa política forestal.
 

Se nos repite en la conferencia, por activa y por pasiva, que el pino no es exótico. La exhibición de “pseudo-erudición” utiliza ciertos documentos históricos sobre el paisaje y la toponimia (fuentes siempre del sector digamos más “tecnócrata”) y es tan sesgada que no aparecen apenas datos científicos (aparte de las fotografías) en que basar sus afirmaciones. El hecho de que por ejemplo el delta del Ebro fuese un estuario antes del siglo XIII no le parece un dato relevante de cara a evaluar la formación de las “estepas” por eliminación o degeneración de bosque (o matorral).
 
La línea argumental del Doctor Gil Sánchez, que juega a investigador o historiador semi-ilustrado, utilizando el término acuñado por Enrique Tierno-Galván, es es que (i) el pino no es exótico, ha sido materia prima y ha contribuido a la riqueza del país, (ii) por lo tanto se puede y es saludable repoblar con pinos, (iii) hemos hecho y queremos seguir haciendo un servicio a la sociedad repoblando con pino y cultivándolos como haríamos con cualquier otra especie vegetal en términos agrícolas. Uno de los intervinientes desliza incluso que la dictadura de Franco hizo un gran servicio repoblando dos millones de hectáreas con pinos. Con todo, la base de sus atrevidas interpretaciones sobre la vegetación es la toponimia o determinados documentos históricos sobre el uso de la madera de pino en la construcción. En este sentido, tampoco hace referencia a que el uso de la madera de pino es diferencial: lo que determinó dicha utilización en la construcción o el arte no fue su abundancia, sino más bien el fuste recto del pino frente al tronco de otras especies, que en la Península son más bien bajas de altura, o la facilidad para trabajar su madera.
 
A nuestro entender, que el pino sea exótico o no, no es relevante de cara a la discusión sobre la política forestal. Dice Gil Sánchez que dominan las creencias sobre el conocimiento en la gestión forestal desde el final de la dictadura (sobre la ignorancia y la malicia en la gestión anterior, no dice cuál domina). La Ecología como ciencia, por cierto, no existe para él, como no existe la vegetación climácica, ni las series de vegetación, ni la estrategia R y la estrategia K en las especies, ni la evolución que puede verse en las zonas donde se recupera la vegetación... Ignora el concepto de vegetación natural o no parece interesarle. Incluye la palinología en su relato, pero sin mencionar el factor resistencia del polen de pino a la oxidación y utilizando ejemplos puntuales y fuertemente sesgados.

La visión del medio natural que deja traslucir el Doctor Gil Sánchez no se sostiene a nuestro entender por dos puntos fundamentales, que han sido puestos de manifiesto desde el mundo de la Ecología. El primero es que las repoblaciones no son bosques, por mucho que el conferenciante mezcle en su charla biodiversidad con diversidad genética, tergiversando el término de Biodiversidad, y argumentando que hay más diversidad genética en una repoblación monoespecífica que en un bosque o matorral mixto (!). En segundo lugar, que la regeneración del medio, sea bosque o matorral, es mucho más efectiva, barata, resiliente y biodiversa cuando se produce de forma “natural” (que, eso sí, puede ser favorecida por la gestión) que mediante repoblaciones industrializadas (que no dejan de ser cultivos de pinos). Y sobre esto hay datos, tan simples como comparar fotografías aéreas desde que retrocedió la ganadería extensiva y la explotación de leña.
 
Curiosamente, ni en la política forestal pasada ni en el discurso del profesor Gil Sánchez aparece un solo análisis coste/beneficio de bienes materiales o intangibles en todo el proceso de repoblaciones forestales con pinos. Y aquí deberíamos contemplar pérdidas patrimoniales, culturales y naturales irreparables, por no hablar de la pérdida de la autoestima de los pueblos, indisolublemente ligada al paisaje, de las cuales son en buena parte responsables las políticas forestales franquistas y neo-franquistas. ¿Por qué entonces se llevan a cabo repoblaciones de pinos con maquinaria pesada, si son perjudiciales para el medio ambiente, no crean empleo estable y de calidad, contribuyen a la caza furtiva y a la destrucción del suelo, son muy sensibles a las plagas y detraen fondos públicos que serían considerablemente más útiles si se emplearan en la reconstrucción ambiental de zonas degradadas por siglos de explotación agrícola y ganadera? Pues básicamente por lo mismo que se siguen construyendo embalses que inundan poblaciones, destruyen el medio social rural, suponen un riesgo muchas veces catastrófico para las poblaciones que viven aguas abajo, alteran de forma irreversible el régimen fluvial y detraen ingentes cantidades de fondos públicos que podrían emplearse para la gestión racional del agua. Por malicia o por ignorancia, esto es lo único que la casta de técnicos que ha controlado la política forestal desde la administración ha sabido hacer, dejando ahora aparte las corruptelas mencionadas, que en buena medida forman parte del pasado. Esto es un freno para cualquier solución imaginativa, solidaria, económicamente viable y humanamente razonable para el medio natural rural.

Pero es que ni siquiera son originales. Toda la política y gestión forestal de la administración franquista y sucesivas está basada en los principios de los ingenieros (entonces civiles) franceses del siglo XIX. Todo es una vulgar copia (que empeora el original) de la politica forestal de la administración de Napoleón III (otra dictadura). La gestión de los cultivos de pinos de Las Landas son todo un paradigma. Acabar con el pastoreo, las dunas, las marismas y un ecosistema rico y complejo (y hostil para el ser humano, no olvidemos que los pastores tenían que desplazarse sobre zancos) para transformarlo en una plantación de pino rodeno (que no bosque) tuvo como finalidad la producción de resina de cara a la actividad industrial. Esta sustitución de ecosistemas paralizó las dunas, eliminó el paludismo, y de paso la actividad y cultura pastoril y corchera de toda una región. Cuando la resina perdió su valor, solo quedó la explotación forestal, altamente mecanizada y con poquísima mano de obra y actividades de transformación. La administración forestal franquista importó un modus operandi anacrónico, que ni la producción de madera, ni de resina podían justificar.

Como en el caso de la construcción de embalses existen, eso sí, mantras que se siguen utilizando “oficialmente” para justificar las repoblaciones indiscriminadas con pinos. Uno de ellos es el “control de la erosión”, falaz porque se ha demostrado experimentalmente, mediante mediciones reales, que el matorral es mucho más efectivo para controlar la erosión que las repoblaciones con aterrazamientos. Otro es justificar las sobredimensionadas pistas forestales como paso para vehículos de “control de incendios”, la mayor parte de los cuales no se habría producido si esas pistas no hubieran existido, ya que facilitan el acceso indiscriminado a la montaña. Otro mantra común es la “regulación hidrológica”, también falso porque la mayor parte de las repoblaciones se han realizado en zonas con capacidad propia de regeneración de vegetación.
 
El aumento de la biodiversidad es otro argumento mendaz, a menos que se acepten los postulados genetistas del profesor Gil Sánchez. Todos estos argumentos parecen estar sustituyendo al del autoabastecimiento en pasta de papel y madera, un sueño de la dictadura que se ha abandonado por inútil, absurdo y desproporcionado. En lo que sí han sido tremendamente efectivas las políticas de repoblaciones forestales con pinos ha sido en su actuación como ariete para conseguir despoblar lo que ahora se denomina la “España vaciada”. Una guerra de la administración del Estado contra los ciudadanos, como otras tantas, incluida la del agua, en la cual el parque de maquinaria pesada de construcción norteamericana y alemana como herramienta y las especies de pino como carne de cañón han sido los principales instrumentos. Sobran ejemplos en toda la geografía peninsular de pueblos sin carretera por los que pasó una pista forestal después de desaparecer su último habitante, de pequeños ganaderos y agricultores de subsistencia expropiados y expulsados de sus tierras para repoblarlas con pino y “ordenarlas”, de gente que vendió “voluntariamente” sus tierras al Patrimonio Forestal del Estado porque no había ni presente, ni futuro, ni carretera… de aquellos pólenes estos pinos.

Una buena parte del discurso del profesor Gil Sánchez se dedica a desmontar los supuestos “mitos” de la Transición, incluyendo las tesis provenientes del mundo de la ecología. Libros como Ecología y Politica o Madrid Verde aparecen específicamente representados en la charla. Al igual que ha ocurrido en el tema de la gestión del agua, la aparición de corrientes de pensamiento a partir de presupuestos científicos permitió cuestionar la irracional política forestal de la dictadura y ensayar nuevos modelos para gestionar el medio natural. Sin embargo, a pesar de una cierta renovación de las administraciones (en muchos casos solamente un blanqueo superficial) siguen en pie formas de hacer heredadas que parecen difíciles de erradicar; ejemplos hay cientos si no miles.
 
En este camino de vuelta al pasado, el discurso forestal “neo-franquista” considera que hay un grupo ideológico asentado en la administración, los “fitosociólogos”, término por el cual interpreto que se refiere a la Ecología en general y a los científicos y profesionales especializados en esa materia, que dominan la política forestal “con malicia o ignorancia”. Según el conferenciante, este grupo de “fitosociólogos” es el que controla la gestión de la naturaleza a nivel estatal. Toda una exhibición de neolenguaje y “fake news”. Resulta tremendamente chocante esta visión (es lo del vaso medio lleno y medio vacío) porque como decía anteriormente hay pruebas suficientes para demostrar que en la gestión forestal pública las cosas se siguen haciendo (gastando dinero público) de mal a muy mal, con honrosas excepciones. Los mitos y obsesiones sobre el papel de las pistas forestales de doble carril, pistas de saca, cortafuegos, aterrazamientos, mecanización, etc. frente a creación de empleos, o la utilización beneficiosa de la cabra, o la colaboración con la gente neorural, son ejemplos bastante tangibles.

En resumen, lo más interesante de esta charla es que permite corroborar el modelo de funcionamiento de la administración en el Estado español, al menos de la “España profunda”: un modelo que explica tanto la gestión forestal como la hidrológica, por hablar solo de dos aspectos relacionados con el medio ambiente. Todo el mundo tiene derecho a expresar sus opiniones científico-técnicas, mejor sin descalificaciones hacia otros profesionales (esperamos no habernos pasado de la raya en ese sentido), pero que la Universidad de Zaragoza, y en concreto la EINA, se convierta en altavoz de una visión no contrastada, y en este caso de corte neo-franquista - en el aspecto forestal- teniendo en cuenta todas las declaraciones firmadas sobre sostenibilidad, ODSs, etc., nos parece sencillamente un considerable error.

Zaragoza, 1 de marzo de 2021

Antonio Casas

Jose Luis Briz

Óscar Pueyo
 
Sesión 318 del Ateneo de la EINA.
Los pinos no son hijos del franquismo: su “mala prensa” es un mito.