lunes, 9 de febrero de 2026

DE BRÓNTIDES, HIDROSISMOS E HIDROSISMICIDAD. EL CASO DE GRAZALEMA EN FEBRERO DE 2026

 
Los peligros de vivir sobre un karst. Imagen de Meteocabra-El Tiempo.
 
Queridas y queridos lectores, paso a definir y comentar tres conceptos con el objetivo de arrojar luz ante la avalancha de opiniones, muchas de ellas erróneas o confusas, sobre los fenómenos geológicos que se suceden  bajo el karst y al sur de Grazalema. Tras una decena de tormentas encadenadas y los más de 2300 mm de agua caída desde el 21 de enero de 2026, se ha decidido muy acertadamente desalojar el pueblo de Grazalema y otras localidades. Corrimientos de tierras, explosiones subterráneas, colapsos de cavidades y agua brotando por tabiquerías, enchufes, etc., ofrecen una imagen del poder del agua y de nuestra impotencia ante la desmesurada fuerza de una naturaleza tan vehemente.
 
1. Bróntides

Las bróntides (del griego bronté, o trueno) son fenómenos acústicos naturales que provienen del subsuelo. Se trata de sonidos de baja frecuencia similares a truenos o explosiones sordas que ocurren sin tormenta eléctrica o actividad sísmica superficial sensible. Su causa exacta puede variar, frecuentemente se asocian con actividad sísmica de muy baja intensidad o microtemblores que no son sentidos por las personas, pero sí generan ondas acústicas al fracturarse el macizo rocoso o por la explosión de aire comprimido atrapado en las cavidades del macizo mientras el nivel de agua y la presión aumentan, especialmente de abajo hacia arriba. 
 
Se han reportado en diversas partes del mundo, zonas kársticas de India, Brasil, Suiza, Alemania o España, también en áreas volcánicas por el movimiento de la lava o zonas montañosas de California de manera estacional. En este blog hemos divulgado los estudios realizados en la Loma de Úbeda en Jaén y en la Sierra de El Perdón al sur de Pamplona, ambos en 2013. Uno de los primeros lugares con bróntides estudiados en España fue en Pastrana (Guadalajara) entre 1921 y 1922. El geógrafo Alfonso Rey Pastor describe perfectamente algo similar a lo que se vivió en la Loma de Úbeda o en los pueblos del sur de Pamplona aquel año 2013 récord en lluvias. Ahora le ha tocado a Grazalema. Los mecanismos, ligeramente diferentes a los de ahora en los alrededores de la localidad andaluza, fueron explicados en su momento y forman parte del capítulo 6 del libro Geología y Ciudad.
 
2. Hidrosismos
 
Aunque este concepto no se usa habitualmente en geofísica, ha salido a relucir estos días al coincidir los ruidos, explosiones o bróntides bajo Grazalema con un enjambre sísmico. Se están generando eventos de magnitudes mbLg entre 0,9 y 3,7 (entre el 2 y el 11 de febrero) que se extiende desde la Sierra de Grazalema hasta prácticamente la costa de Estepona. Muchos periodistas y líderes políticos se han aventurado a definir estos eventos como hidrosismos. En los primeros días de febrero de 2026 se produjeron más de un centenar de impactos entre 0 y 40 km de profundidad, pero en sus declaraciones mezclaban los fenómenos antes descritos: bróntides, golpes, roturas o colapsos de cavidades del macizo kárstico con esta sismicidad tectónica que analizamos (figuras 2 y 3).
 
El concepto está mal utilizado, posiblemente por intentar explicar, aunque se haga de manera confusa, los procesos geológicos que se producen tanto a escala local como regional. Algunos investigadores han descartado este fenómeno porque según ellos, la mayoría de la actividad sísmica es la normal de la zona, es profunda y no superficial, siendo «solo tres o cuatro» los eventos subsuperficiales. Realmente, desde el 8 al 11 de febrero, el 85% de la actividad sísmica se encuentra entre 0 y 1 km de profundidad (figura 2) y solo el 15% entre 1 y 40 km. Este error puede deberse a la creencia de que si el agua no está presente a esas profundidades, nada tendría que ver, por lo que pasamos a describir cómo la transferencia de esfuerzos —y no solo la presencia de agua— es la que rige los fenómenos de hidrosismicidad.
 
3. Hidrosismicidad 

La hidrosismicidad es una hipótesis científica que sugiere que intensas precipitaciones y condiciones hídricas extremas provocan terremotos al aumentar la presión de los fluidos en el subsuelo, saturando el terreno y cambiando las condiciones tensionales, tanto en superficie como en zonas más profundas, provocando el reajuste y disparo de fallas y fracturas previamente tensionadas. Por lo tanto, los terremotos superficiales así como los profundos y también las explosiones o bróntides, conformarían actualmente un episodio de hidrosismicidad en que las ingentes cantidades de agua acumulada y filtrada podrían estar desestabilizando zonas profundas al igual que lo hace en zonas superficiales. Se trata de un modelo fractal y los mecanismos difieren en escala.
 
Las fuerzas isostáticas, la erosión o el levantamiento cortical juegan un papel fundamental en el cambio de esfuerzos corticales y tarde o temprano la transferencia de esfuerzos de Coulomb se reparte entre las piezas del sistema (trozos de corteza y fallas). Un pequeño cambio en la presión de poros de agua, debida a cambios meteorológicos o por el llenado rápido o vaciado de embalses, puede modificar esa transferencia de esfuerzos, lo cual supone que el agua juega un papel primordial en la configuración espacial y temporal de la sismicidad de origen tectónico (figura 1). Una buena cantidad del trabajo de investigación y divulgación científica sobre agua y terremotos, llevadas a cabo por el autor o en colaboración con otros científicos, puede encontrarse aquí

Figura 1. Hay tres formas de disparar una falla (cuando el semicírculo toca la recta envolvente) según el criterio de rotura de Mohr-Coulomb: 1) aumentando la presión principal σ1, 2) disminuyendo la presión de confinamiento σ3 y 3) aumentando la presión de fluidos P que reduce la presión efectiva σ1 y la σ3. Hay dos formas de aumentar la presión de poros (caso 3), la natural por lluvias o inundaciones y la tecnológica: embalses e inyecciones de fluidos en las rocas. En todos los casos, las fallas se disparan y provocan sismicidad. Aquí τ define el esfuerzo cortante y σ el normal, sobre el plano (suponiendo que una falla pueda asemejarse a un plano), σ es positivo para la compresión, μ es el coeficiente de fricción y P la presión de poros. Por lo tanto, los terremotos (al igual que los deslizamientos) pueden ser desencadenados por cambios de esfuerzos (∆σ) tanto como por el cambio de presión del agua o de poros (∆P). Las réplicas posteriores se suelen asociar a cambios en los esfuerzos transferidos usando la misma ley. La transferencia de esfuerzos estáticos y la interacción entre fallas, satisfacen un papel de mecanismo físico que puede explicar la formación de enjambres, terremotos compuestos, premonitorios, principales, réplicas; los intervalos pueden ser horas, días, meses, años o décadas.
 
Cada vez más, las hipótesis que relacionan las condiciones meteorológicas con la actividad sísmica en áreas intraplaca, como la zona afectada en la Sierra de El Perdón o La Loma de Úbeda en 2013, cobran una mayor relevancia, con una aceptación considerable. Fue especialmente notorio después de los casos estudiados en Alemania, EE.UU., India, Brasil, Haití, China, Francia, Australia, España o Italia, por autores como J.K. Costain, Bollinger, Kraft, Miller, Heinz, Assunpçao, De Las Doblas, Wang, Manga, Sirnagesh, Aretxabala, etc.

Es la transferencia de esfuerzos el agente que genera la sismicidad, así que un pequeño cambio en la presión de poros puede modificar esa transferencia de esfuerzos como vimos en los alrededores del embalse de Itoiz (Navarra) entre 2004 y 2012. Además, cuando ocurre un terremoto, éste puede aumentar los esfuerzos de Coulomb entre las fallas colindantes, lo que aumenta a su vez el momento de ocurrencia del próximo. Sobre todo, si la falla sobre la que influye está cerca del esfuerzo de rotura. Un efecto dominó que deja claro un detalle en todos los casos estudiados: esta sismicidad es muy contagiosa.
 
El agua, en este caso como en otros ya estudiados, sería el detonante del cambio en la distribución y transferencia de los esfuerzos. En la siguiente figura 2 pueden verse la intensidad y la magnitud (arriba) y la profundidad de los eventos (abajo en azul) con el paso de los días (en horizontal). En la figura 3 la distribución epicentral del enjambre entre el 2 y el 11 de febrero de 2026 hasta las 12:00h.
 
 
Figura 2. Sismicidad al SE de Grazalema del 2 al 11 de febrero de 2026 (hasta las 12:00h). Magnitud, intensidad y profundidad. Son 196 eventos entre M0,9 y M3,7 de los cuales han sido sentidos 30 (15%) con intensidades máxima de IV y media II-III. En este tiempo se observa: i) aumento de la frecuencia. ii) aumento de eventos M<1,5 y iii) el 65% se encuentran entre 0 y 1 km de profundidad y el 35% de 1 a 40 km. Desde el día 08/02/2026, la mayoría (85%) se dan entre 0 y 1 km de profundidad y solo el 15% entre 1 y 40 km con el aumento considerable de los eventos superficiales que se observa arriba hacia la derecha.

Figura 3. Sismicidad al SE de Grazalema del 2 al 11 de febrero de 2026 (hasta las 12:00h). Localización de los epicentros. Satélite Sentinel-1. Proyecto Copernicus. KMZ del IGN. 
 
Vídeo con explicaciones sobre la diferencia entre bróntides, hidrosismos, hidrosismicidad y los diferentes procesos geológicos que dan lugar a los fenómenos descritos por los vecinos afectados. EITB. EnJake, 10/02/2026.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

EL TERREMOTO M4.0 DE IRUÑA DE OCA (ÁLAVA). DICIEMBRE DE 2025. EL MAYOR DE EUSKADI DESDE QUE HAY REGISTROS

Queridas y queridos lectores, muchas han sido las consultas que he tenido sobre el sorprendente terremoto del que vamos a hablar. Como estaba de viaje por tierras gallegas no pude atender a todos los medios que me lo pidieron, por ello les pido disculpas. He querido hacer un resumen de los temas más importantes que han salido a la luz. Tener la inmediatez o la primicia en el relato suele ser mala consejera en cualquier ámbito informativo. Especialmente en temas de sismicidad el contenido en medos de actualidad dura un par de días y se olvida precisamente cuando los datos científicos más relevantes comienzan a aflorar y las reflexiones alcanzan cierta solidez. 

A las 00:10h del 8 de diciembre de 2025 se produjo un terremoto de magnitud mbLg 4,0 (Mw 3,8) con epicentro al sur de Transponte, al NE de Iruña de Oca y a 9 km al oeste de la capital alavesa, Vitoria-Gasteiz. El terremoto no fue precedido por otros sismos más pequeños (terremotos premonitorios) ni más de tres días después se habían detectado réplicas.

Esta parte de la corteza está constituida por materiales formados durante el Cretácico Superior. Se trata de alternancias de margas, calizas, dolomías, calcarenitas y otras variantes sedimentarias que se engloba en el área conocida como Pirineos-Vasco Cantábrica en atención a su origen y actividad tectónica. El tensor momento sísmico calculado por el IGN muestra un mecanismo de tipo falla normal y una magnitud momento Mw de 3,8. Debemos apuntar que la intensidad IV-V es algo con cierta componente subjetiva y que los casi 4.000 testimonios recogidos por el IGN desde las 00:10h en un día de descanso, en igualdad de condiciones de magnitud, no hubiesen sido lo mismo en un día laboral y hora punta. La experiencia navarra al respecto lo puede corroborar.

1. Introducción

Esta parte de la Península Ibérica se caracteriza por estar muy fracturada. Aquí miles de fallas pequeñas y algunas no tanto, determinan las piezas de la corteza sobre la que vivimos y están sometidas a empujes que, desde África, van acumulando tensiones que se reparten entre todas esas fracturas y piezas al ritmo, más o menos, que nos crecen las uñas. Muchas de esas fracturas o fallas ni siquiera son conocidas, como podría ser el caso. Abajo a la izquierda de la figura 1 puede verse en negro un grupo de siete fallas de las que denominamos «normales» cartografiadas sobre GEODE (y por lo tanto estudiadas a algún nivel geológico de importancia científica o sectorial) con direcciones NO-SE y N-S. Presentarían longitudes entre 1 y 4 km que bien podrían generar un terremoto de magnitud 4 e incluso algo más, como veremos.

No obstante, al situarse a más de 5 km al SO del epicentro, nos lleva a pensar que ninguna de ellas generó el evento M4 de diciembre de 2025 y que lo más probable es que exista una falla o grupo de fallas, desconocidas o no cartografiada aún, que involucren a la Formación Olazagutía con algún contacto mecánico con la Formación del Valle de Losa o de la Ribera Alta.

 Figura 1. Localización del epicentro al sur de Transponte, a 9 km al oeste de Vitoria-Gasteiz.

2. Sobre el origen del terremoto

Para comprender por qué se ha podido generar un terremoto de esa intensidad (IV-V) y de una magnitud energética equivalente al de una pequeña bomba atómica en un lugar en el que no hay precedentes, además de haber fulminado los récord históricos no sólo de Álava, sino de todo Euskadi (hasta ahora el récord era en Azilu, Álava, M3,8 el 31/07/1965), tendremos que comprender que ha involucrado a una falla de longitud similar a las que vemos en la figura 1 en la parte de abajo a la izquierda del epicentro (1 a 4 km) y que la magnitud del terremoto es proporcional al tamaño del segmento de la propia falla que se desliza o desgarra unos centímetros (ver figura 2) tras acumular energía por décadas o siglos. 

Figura 2. Relación entre el tamaño de la falla, el deslizamiento o desgarre y la magnitud del terremoto M4. El tamaño del plano de falla se define como la dimensión equivalente de la longitud en m, que representa el diámetro de un plano de falla circular que se ha deslizado. Figura cortesía de Mark Zoback, Universidad de Stanford.

3. La aceleración básica del terreno 

La aceleración básica del terreno es el parámetro que utilizamos hoy en geofísica para el cálculo de estructuras y comprender mejor los impactos sísmicos. Más allá de la intensidad o la magnitud, cuando hablamos de impacto sísmico, hablamos en términos de «g» que es la aceleración de la gravedad, el latigazo que golpea las estructuras y construcciones sobre el que calculamos los posibles efectos negativos de un terremoto. Cuanto mayor sea g mayor es el daño; cada lugar tiene adjudicado un valor previo de la g esperada en función del conocimiento que tenemos de la geología y de la historia. Con ese valor se proyectan los edificios, las infraestructuras y diseñamos (o deberíamos) la distribución territorial.

Cada municipio tiene su valor y los mapas que lo reflejan, éstos aparecen en las normas y sus actualizaciones. Por ejemplo, a Pamplona —ciudad en la que, de media, al menos una vez al año vivimos un M4—, en la última actualización de 2012-2015 se le adjudicó 0,09g (el 9% de la aceleración de la gravedad). Este valor aumenta si el tipo de terreno que sustenta el edificio, presa, central de energía, palacio de los deportes, circuito de velocidad o campo de fútbol, se considera poco competente y susceptible de amplificación de ese valor. Para Álava tenemos que en la actualización del mapa de 2015 de la norma NCSE-02 de 2002 se esperan aceleraciones de 0,03g a 0,06g que son las que se han estimado con este terremoto (figuras 3 y 4).

Figura 3. Actualización de 2015 del mapa de aceleración para la norma de construcción sismorresistente NCSE-02 que involucra a Álava con aceleraciones esperadas de entre 0,03g y 0,06g. Navarra aparece con aceleraciones que triplican esos valores.
 
Por el conocimiento que ahora tenemos del medio y por otros motivos que venimos apuntando desde la geofísica, la actualización de los mapas de peligrosidad sísmica debe ser obligatoriamente tenida en cuenta en el diseño de edificaciones y grandes obras de infraestructura en España. Sin embargo, por ejemplo, el 10 de marzo de 2017, el acelerógrafo de Pamplona registró 0,16g durante el terremoto M4,2 de las 8:43 horas de la mañana (hay más información sobre ese evento en este informe preliminar). El valor quedó bastante cerca del de la aceleración espectral de periodo 0,2 segundos (SA 0,2s) para un período de retorno de 475 años, que como podemos ver, para Pamplona es de 0,18g.

Recordemos que el terremoto superficial típico europeo, español, francés o italiano, nada tiene que ver con el latinoamericano, japonés o californiano profundo, porque si atendemos exclusivamente a la magnitud, podríamos malinterpretar el daño. Cuando vamos a los congresos internacionales y los expertos de esos países ven las fotografías y vídeos de los impactos de Lorca y nos preguntan por las magnitudes (4,5 y 5,1) quedan estupefactos: «¡pero si eso son sismitos!». 

Así es la sismicidad superficial (1-2 km de profundidad) a escasos 1,5 km de una ciudad como lo que vivió Lorca en mayo de 2011, además de una cierta direccionalidad hacia la ciudad con aceleración pico medida de 0,41g. La aceleración generada en el medio urbano, o el golpe explosivo de unos segundos fue más letal que muchos de los terremotos profundos (20-40 km de profundidad) con bastante mayor magnitud que no afectan tanto a las estructuras modernas o al patrimonio cultural. Por eso las normativas se basan en diagnósticos cartografiados sobre un valor esperado de la aceleración y su posible amplificación por suelos blandos, sueltos, terrenos cuaternarios, que se comportan como «lupas sísmicas».

En la siguiente figura 4 podemos ver el pico de aceleración horizontal del suelo —estimada y extrapolada de los valores medidos por acelerógrafos y a partir de la intensidad— que se produjo a las 00:10h del día 8 de diciembre de 2025 al oeste de Vitoria-Gasteiz. Vemos que en el área epicentral de Iruña de Oca se superó el 5% (0,05g) de la aceleración de la gravedad, coincidiendo con las expectativas de la actualización del mapa para la norma NCSE-02 (figura 3). En el entorno de la zona epicentral, el IGN tiene instalados de forma permanente seis sensores, siendo los más próximos al epicentro las estaciones de velocidad de Lanestosa (Bizkaia) y Aranguren (Navarra) a unos 70 y 100 km de distancia y la estación de aceleración en Pamplona situada a unos 100 km de distancia del epicentro. Además, se cuenta con los datos compartidos por la Red Vasca de sismicidad Euskalsis, disponiendo así de diez estaciones sísmicas en una radio de 50 km alrededor del epicentro.
 
  
Figura 4. Pico de aceleración horizontal del suelo a las 00:10h del día 8 de diciembre de 2025 al oeste de Vitoria-Gasteiz. En el área epicentral de Iruña de Oca se superó el 5% (0,05g) de la aceleración de la gravedad.

4. La seguridad sísmica

Cuatro son los factores que van a determinar la amenaza sísmica repartida en el tiempo en un determinado lugar y para una población concreta: 
  • a. La actividad sísmica local es la más importante de las cuestiones a considerar, por eso conocer y no olvidar la historia es vital. Recordemos que la falla que generó el terremoto M4,0 a 9 km al oeste de Vitoria-Gasteiz no está cartografiada en GEODE ni hay bibliografía sobre ella.
  • b. Las características del terreno que acogerá las ondas, la geología, la topografía, las formaciones cuaternarias locales (terrenos sueltos) y la interacción terreno-cimiento. Es interesante comprobar el comportamiento de la llanada alavesa y otra zonas de Álava que incluyen a Vitoria-Gasteiz, como zonas de sombra sísmica donde los terremotos son muy poco sentidos, en contraste al área metropolitana de Donostia, donde las ondas sísmicas se amplifican y, obviamente las intensidades también.
  • c. La posibilidad de ocurrencia de sismos a determinada distancia de la ciudad, es decir, la presencia de accidentes tectónicos destacables cerca de los núcleos englobados en su zona de acción, los cuales, en interacción con los terrenos que acojan las ondas con características dinámicas determinadas, pueden amplificar la aceleración en superficie. 
  • d. La educación sísmica de la población, una cultura que salva vidas. 
Una de las mejores herramientas para evaluar y actuar en consecuencia es la zonificación geotécnica-sísmica como la presentada para el área metropolitana de Iruña-Pamplona en el libro Geología y Ciudad; es un pronóstico basado en los accidentes tectónicos, el estudio de la historia y las características dinámicas de los terrenos, una división que puede hacerse por barrios, manzanas... Nos permite conocer el medio sobre el que construimos nuestras casas, barrios, negocios, en definitiva, nuestro hábitat. Debemos mantener la idea de que ciertas disposiciones y actitudes a la hora de asumir este fenómeno natural, pueden paliar los efectos negativos de un evento catastrófico y nunca deberemos descartarlo.
 
5. Teorías y redes sociales: canteras, caída del nivel freático, fracking...
 
Si observamos el mapa de intensidades del terremoto (figura 5), podemos ver que la extensión horizontal del temblor abarca varios territorios: Álava, Navarra, Gipuzkoa, Bizkaia, La Rioja y Soria. Es obvio que ninguna cantera, por explosión, puede generar un evento de este tamaño. La cantera de Nanclares ha sido objeto de sospecha y se ha visto en diferentes grupos de wasap, Twitter, Facebook...
 
En muchas partes del planeta, propensas o no tanto a la sismicidad, se recogen efectos sísmicos derivados de la explotación de rocas industriales, áridos o minería tras décadas de movimientos de tierras con acumulados, vaciados o deforestación que, con el tiempo, llevan a la desaparición o reubicación de millones de toneladas de suelo y roca perturbando las condiciones tensionales corticales y generando una sismicidad somera y de reajuste que rara vez alcanza intensidades como las que vemos en la figura 5. La mejor manera de explicar el problema es estudiándolo y haciendo públicas las conclusiones.
 
Es bien conocida y contrastada la influencia de los cambios en el nivel freático y el disparo de la sismicidad, tanto por embalses como por eventos climáticos extremos (ver Itoiz 2004 en Geología y Ciudad o el enjambre sísmico de 2013 sucedido al sur de Pamplona recogido también en ese libro). Este tipo de sismicidad, hidrosismicidad natural o inducida, se suele caracterizar por decenas o miles de pequeños temblores que conforman un enjambre sísmico en el que es difícil o imposible discriminar cuál es el evento principal y cuáles terremotos premonitorios o réplicas. También por redes sociales se ha apuntado a la minera Heildelberg Material, que opera en Nanclares, de haber variado los niveles freáticos con las explosiones. Una simple recopilación del histórico de los niveles de los acuíferos previos al evento despejaría toda duda.
 
Hace más de una década se hicieron pruebas de fracturación hidráulica para la extracción de gas de formaciones lutíticas utilizando agua del acuífero de Subijana (nunca se supo cuánta ni cómo). Dado que ya quedó demostrado que el fracking es una ruina económica y medioambiental consistente en derrochar tanta o más energía que la obtenida en el proceso, solo los avispados buscadores de subvenciones convencieron entonces a la clase política más mediocre de la historia (con la inestimable ayuda de algún deshonesto geólogo) de las bondades de la técnica, puestos de trabajo, décadas de suministro de gas, crecimiento económico como el de los EE.UU. de entonces, la inocuidad para el medio y las poblaciones o algún sillón en los consejos de administración de alguna energética. La técnica es sismogénica y ya es bien conocido el mecanismo que genera la sismicidad inducida. Una vez más, el estudio abierto de la posible influencia de aquellas pruebas despejaría toda duda.
 
Figura 5. Mapa de intensidades del terremoto del 8 de diciembre de 2025 al oeste de Vitoria-Gasteiz.

6. Mirando al futuro: Euskal Herria y el fenómeno sísmico
 
En la sexta parte de Geología y Ciudad, dedicada a la seguridad sísmica, se hace un repaso histórico de los acontecimientos relacionados con el fenómeno sísmico alrededor de las ciudades bajo influencia de la dinámica geológica pirenaica, especialmente de Iruña-Pamplona, cuya mayor exposición al fenómeno sísmico supera a cualquier otra ciudad de Euskal Herria. Sin embargo, las administraciones solo se han tomado el problema en serio cuando los terremotos golpean con intensidad y durante meses. Se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena.
 
Por ello, analizamos con el rigor histórico y la frialdad de los datos cómo ha cambiado la percepción del fenómeno sísmico a lo largo de la historia, especialmente basándonos en los datos históricos y en el conocimiento geológico actualizado. Tras los acontecimientos vividos con la entrada del siglo XXI la perspectiva ha cambiado notablemente. Algunos impactos relevantes del pasado han llegado muy velados o no han llegado por causas culturales y religiosas. Era una vergüenza ante los reinos colindantes que Dios te castigase con un terremoto, claro síntoma de pecado y vicios, por lo que se tachaban o se velaban de los archivos y no nos llegó esa información vital, hasta que las técnicas del siglo XXI y la pasión por la ciencia rescataron parte de aquel conocimiento.
 
Con la llegada de la era científica y la edad moderna solo cambia el dios: el dinero. Ahora es la especulación con el territorio, las burbujas del ladrillo y el cemento con sus beneficios cortoplacistas quienes ven como un obstáculo a la contención constructiva e incluso la prevención, por lo que actúan prácticamente igual que cuando los prejuicios eran religiosos, ocultando la información o matando al mensajero o ambas cosas a la vez.
 
¿Quién calcula entonces el riesgo sísmico sin conocer algunos detalles importantes del pasado? Hay un terrible problema de subestimación interesada o no de los impactos. No hay diálogo con los historiadores. Además, hay un problema de método de evaluación de los peligros (sismicidad histórica seleccionada de acuerdo a ciertos criterios más la aceleración básica en zonas con sismicidad muy diferente). El resultado es que no se revela el riesgo a quienes toman las decisiones, los administradores, pero tampoco a la ciudadanía.
 
Tanto en comisiones parlamentarias sobre el fenómeno sísmico, como en nuestras publicaciones, se proponen itinerarios para garantizar la seguridad adecuada a los diferentes terrenos involucrados desde una nueva visión geotécnica acorde con las nuevas normativas constructivas y urbanísticas. Pudimos comprobar con el estudio integrado de la geohistoria, la necesidad de avanzar en una seguridad que no se actualizó al mismo ritmo que el conocimiento y los hechos.
 
Creemos que el fenómeno está subestimado en Euskal Herría y especialmente alrededor de Iruña-Pamplona se detectan muchas carencias por el tipo de enfoque recibido. A partir de ahora, y con el tiempo y las fallas ocultas indicándonos el camino que ya previmos, se debería evitar el basar los nuevos estudios exclusivamente en distribuciones epicentrales ya conocidas y considerar la necesidad de estudios de campo de las innumerables fallas desconocidas que están generando terremotos cerca de las ciudades, su longitud, su potencial, sus tasas de deformación y su distribución espacial. En esta parte de la corteza dos terremotos históricos consecutivos, al contrario que en el sureste penínsular, rara vez se darán en una misma falla.
 
Es muy interesante y significativo el interés que estos temas generan en las comunidades que los experimentan. Recomendamos esta comparativa entre Galicia, Euskadi y Navarra al respecto. Por cada terremoto gallego que se produce de manera bastante dispersa en un territorio (29.574 km²) que ocupa el triple de superficie que Navarra (10.391 km²), se producen casi dos navarros —generalmente concentrados alrededor de la cuenca de Pamplona (368.000 habitantes)— y por cada terremoto en territorio vasco (7.234 km²) se producen en Navarra, ¡casi diez!
 
La efectividad del trabajo centrado en gabinete, sobre todo con el recuento y valoración de los catálogos sísmicos, es claramente menor en Euskal Herría que en otras áreas con mayores tasas de deformación y menos fracturas, pero conocidas, como es el sureste peninsular, lo que sugiere que la distribución epicentral de los catálogos históricos dejó de ser una base efectiva con la entrada de la segunda década del siglo XXI para la prevención de futuros terremotos destructivos en el territorio.
 
Antonio Aretxabala, 11 de diciembre de 2025.
 
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Algunas intervenciones, entrevistas o referencias en medios de comunicación se pueden consultar aquí.
 
Y algunos copia-pega de otros medios que ni siquiera escriben bien el apellido (me han convertido en «Aretxabaleta», lo que sorprende especialmente en EL PAIS o Diario de Noticias de Álava tras años de colaboraciones) se pueden ver aquí.
 
 

jueves, 14 de agosto de 2025

Y DESPUÉS DE LOS INCENDIOS, ¿QUÉ? UNA PERSPECTIVA DESDE LA GEOLOGÍA

 

Monte quemado con pinos y eucaliptos sobre sustrato granítico y escaso desarrollo edáfico. Galicia

Queridas y queridos lectores, este año de incendios que arrasan el territorio peninsular es especialmente virulento y posiblemente hayamos superado el récord de incendio más extenso jamás sucedido desde que observamos y medimos, especialmente si lo medimos por eventos separados. El satélite Sentinel-2 del Proyecto Copernicus así parecía mostrar con el que afectó a Molezuelas de la Carballeda (Zamora) tras su salto a la provincia de León. No obstante, permanecemos a la espera de recibir datos definitivos sobre la superficie finalmente quemada.

En este artículo no vamos a entrar en un necesario debate de responsabilidades que ya tiene lugar entre la sociedad, la población afectada, los propios debates televisivos con horas y horas diarias de tertulianos hablando del PSOE y del PP que van reduciendo el dilema de los incendios, como ya han hecho con tantos otros problemas ambientales, a lo de siempre: ¡y tú más, tú lo haces peor! Pero recordemos que en España, nueve de cada diez incendios forestales son provocados, ya sea por negligencia o intencionadamente. Y esto hay que remarcarlo: los bosques de Iberia arden porque alguien los quema. Punto.

Aquí vamos a dar unas pautas y unas pinceladas para prever y prevenir lo que se nos viene encima cuando acabe esta pesadilla. Desafortunadamente no será la última. Tan solo recordar que lo sucedido en 2017 con el paso del huracán Ophelia frente a las costas de Galicia y Portugal debió habernos puesto en alerta para tomar medidas correctoras ante un fenómeno que gana en violencia y voracidad con el tiempo. Quien quiera recordar esos infernales días de octubre puede visitar este artículo.

Intentar comprender qué nos hacemos a nosotros mismos y a nuestras hijas y nietas

Millones de bacterias, plantas, líquenes en los suelos, anfibios, insectos, peces, aves, pequeños vertebrados e invertebrados que realizan gratis una constelación de procesos dinamizando la vida, que nos protegen, nos alimentan, que son nuestros guardaespaldas y muchas cosas más, han desaparecido para siempre. Y por pura ignorancia o ganas de no comprender que el beneficio económico a corto plazo es dinamita o pura gasolina, hemos construido sobre ella —como si esta fuese el cimiento (y bien que lo es, como todos los hidrocarburos los son)— un sistema económico inflamable. Pero hoy en día nadie debe ser forzado a comprenderlo. No exigimos ni reconocimiento ni acuerdo de quien no tenga una necesidad especial e individual de formarse una opinión.

Ni siquiera al ser humano inmaduro, al adolescente, queremos ya inculcarle solo conocimientos, sino que intentamos desarrollar sus facultades para no tener que forzarle a comprender, sino estimularle para que desee comprender. Los adultos aún podríamos conservar cierta capacidad de seducción al actuar como le decimos que debemos hacerlo, es decir, dando ejemplo. No obstante, esta característica de nuestro tiempo viene acompañada del formalismo impersonal que se generaliza para favorecer el seguir aniquilando todo lo que arriba comentamos si ofrece un beneficio económico a corto plazo y por tanto, nos va aniquilando también a nosotros mismos. Para más información sobre cómo ha cambiado entre los adolescentes su forma de percibir y confiar en los adultos en este contexto de extralimitación y traición, para favorecer ciertos intereses económicos a costa de sus vidas, recomendamos este emotivo artículo de la profesora Julia Steinberger: Los chicos no están bien.

Pero sabemos ya, como apuntamos, que también muchos de nuestros contemporáneos ya intentan dirigir su vida en el sentido indicado. No pretendemos señalar así el «único camino» hacia la verdad, sino describir el que hemos tomado un puñado de personas de ciencia y humanistas que aspiramos a despertar a nuestras compañeras y compañeros de viaje antes de que sea demasiado tarde. Los incendios son cada vez más virulentos y destructivos y desafortunadamente también hay quien se beneficia de ello. Así que es labor de toda la sociedad denunciarlo y combatirlo por pura supervivencia (recomendamos la lectura de esta entrevista al experto en gestión forestal Xabier Vázquez Pumariño tras el infierno desatado en 2017 y el paso de Ophelia).

El Huracán Ophelia llegando a Europa. Combinación de imágenes de satélite y modelos matemáticos que estudian el transporte atmosférico de la sal marina (azul), polvo en suspensión (marrón) y humo (blanco). Desde la NASA nos regalan estas asombrosas imágenes de la llegada de Ophelia a Europa en octubre de 2017 cuando los incendios estaban en su apogeo. Más información sobre este evento aquí.

Efectos geológicos de los incendios que debemos comprender para proyectar futuro 

  • Erosión del suelo. En los próximos días, lo primero que sucederá de la mano del viento y de las primeras lluvias será la desaparición de la capa de suelo fértil.
  • Con ello, se producirá la pérdida de humedad de los primeros estratos que filtran el agua de lluvia y que garantizaban la percolación hacia los niveles de infiltración que va a ríos, arroyos y acuíferos. Toda esta cobertera vegetal y bacteriana, que habita entre el humus, desde el matorral hasta las raíces, es la primera encargada de que el agua que consumimos sea limpia y sana. Por eso las campañas de desconocimiento puestas en marcha por un buen número de administraciones basadas en que «el monte está sucio» y «hay que limpiar el monte» para que no se queme, son uno de los mayores errores que escuchamos estos días. Es obvio, el desierto no se quema. Como apunta el profesor Alfredo Ojanguren de la Universidad de Oviedo: «Limpio significa sin basura. Pero la vegetación no es suciedad, es parte del ecosistema, es biodiversidad, son plantas. Eso que llamamos suciedad es biodiversidad. La idea de eliminar la vegetación para que no arda es completamente absurda».
  • Deslizamientos e inestabilidades del terreno mucho más voluminosos y frecuentes van a derivarse de la falta de sostenimiento que garantizaba la humedad de semisaturación (cohesión que se pierde al perder moléculas de agua) y la que, como anclajes naturales, realizaban matorrales, arbustos y árboles, afectando a nuestras infraestructuras, carreteras, vías férreas, canales, puentes o presas.
  • Contaminación de los acuíferos inferiores que dependiendo de la permeabilidad del terreno (una dimensión de velocidad que se mide en cm/s, m/s o km/h) tardará semanas, meses e incluso años en dañarlos con los residuos de la ignición y la combustión de miles de toneladas de sustancias orgánicas y artificiales. Algunos de ellos son altamente tóxicos y ahora, sin una cobertera edáfica adecuada y sin matorral, a través de poros, fisuras, diaclasas o fallas, arrastrados por las lluvias son mezclados con otros desechos de origen industrial como fertilizantes, pesticidas, nitratos, etc., en el sistema fractográfico del macizo rocoso y desde éste se depositan en los acuíferos que utilizamos para riego o agua de boca.

  • Con la pérdida de biodiversidad en superficie, acrecentada por un uso industrial del suelo y de la agricultura intensiva, viene también la incapacidad de atracción de la humedad atmosférica para regenerar la edafología que podría revertir los procesos señalados y recargar los acuíferos. El agua que caiga, cada vez de manera más espaciada y caótica pero también más intensa, adquiere así un mayor carácter erosivo y de arrastre. Los procesos naturales de erosión, transporte y sedimentación han quedado trastocados en las áreas afectadas por grandes incendios y deforestación, muchas veces de manera irreversible. Así es como avanza la saharización de la Península Ibérica. El avance del clima árido va a una velocidad de unos 1500 km² por año, una tercera parte del tamaño de La Rioja todos los años. Una superficie equivalente a la del territorio de León o de Toledo cada década.
  • Ahora todo queda preparado para que en otoño y primavera vivamos inundaciones más catastróficas al perder rugosidad y rozamiento en los canales de drenaje de la geomorfología natural, tanto debido a la erosión como a la pérdida de matorral y arbustos en los canales naturales de evacuación. Aquí no vamos a entrar en el papel de un urbanismo salvaje que, a base de obras de hormigón para canalización y regulación, han empeorado este aspecto. Quien quiera información al respecto puede consultar este artículo. Al alterar la respuesta hidrológica de las zonas quemadas, los incendios forestales van a provocar un aumento de la escorrentía y efectos amplificadores en la intensidad de las inundaciones (Sutanto, S. J., Janssen, M., de Brito, M. M., del Pozo Garcia, M., 2024). Por tanto, las inundaciones y los incendios forestales son ambos eventos muy peligrosos que están interrelacionados, ya que los primeros pueden crear condiciones más vulnerables para las inundaciones posteriores, aumentando así la probabilidad y la gravedad de éstas.
  • Otro de los efectos adversos del que se habla poco por su complejidad es que la deforestación, en áreas propensas favorece el disparo de fallas previamente tensadas; la pérdida de suelo puede generar sismicidad. El caso de Haití (2010) fue presentado en Mexico en el congreso de la American Geophysical Union (AGU) en el trabajo GEOLOGICAL DEFORMATIONS AND POTENTIAL HAZARDS TRIGGERED BY THE 01-12-2010 HAITI EARTHQUAKE: INSIGHTS FROM GOOGLE EARTH IMAGERY. (Doblas, M., Belizaire, D., Aretxabala, A., Torres, Y., Benito, M. B., 2013) en el que se observa la deformación cortical debida al acelerado avance de la erosión debida a la deforestación humana y los incendios.

Ciclos biogeoquímicos

Son muchos los efectos geológicos adversos que vamos a observar de aquí a meses y años. Luego nos preguntaremos por qué tal o cual administración no actúa para paliar sequías, inundaciones, contaminación de acuíferos, pérdida de más biodiversidad, nuevas entidades a niveles muy profundos de la corteza... Pero es labor de toda la sociedad exigir que el conocimiento científico libre de intereses políticos o empresariales alcance a las más altas instituciones, aunque solo sea por la ambición de la supervivencia nuestra y de nuestras hijas y nietas.

Dos ciclos biogeoquímicos clave son el fósforo (P) y el nitrógeno (N), alterados por la actividad humana, principalmente a través del uso de fertilizantes en la agricultura industrial y la proliferación de monocultivos. Los incendios forestales, que como comentamos, en una mayoría abrumadora son provocados, están llevando a los ciclos biogeoquímicos de P y N a niveles de alteración y desequilibrio incompatibles con la vida. Veamos hasta qué punto hemos cruzado este peligroso umbral:

Fósforo

El fósforo es un elemento innegociable para la vida, al menos en nuestro planeta. Es la piedra angular del ADN, es la P del ATP, la molécula que transporta la energía por todas las células vivas del planeta. Las plantas necesitan fósforo para crecer, por eso los agricultores han fertilizado sus cultivos con él durante milenios de manera sostenible, hasta que tanto la agricultura como la minería se volvieron procesos industriales. La estrategia del fósforo en la naturaleza llevó a las plantas al desarrollo de tácticas para conseguir la cantidad necesaria. Muchas desarrollaron sistemas de raíces amplios especializados en buscar el fósforo. Otras lo hicieron produciendo sustancias químicas para liberar el nutriente de los minerales y las rocas.

Pero la mayoría de los cultivos comerciales ya no tienen esa capacidad porque las plantas ya no necesitan gastar energía desplegando este tipo de estrategias, están saturadas de fósforo extraído de minas, la mayoría de países pobres. Y en un mundo que nos abandona, que era un mundo de recursos abundantes, regido por una economía capitalista inflamable, basada en el crecimiento de los beneficios empresariales sobre todas las cosas, no hemos seleccionado variedades: optamos por el extractivismo, el colonialismo y la minería industrial. El solo hecho de pensar en buscar la manera de electrificar estos procesos industriales estremece hasta al espíritu más tecnooptimista.

Nitrógeno

El ciclo del nitrógeno es un proceso biogeoquímico vital en la naturaleza. Transforma la circulación del nitrógeno entre la atmósfera, la corteza terrestre, los organismos vivos y el agua. El nitrógeno es el gas más abundante de la atmósfera (78% de nitrógeno seguido del 21% de oxígeno) y un elemento esencial para la vida que mantiene en equilibrio los ecosistemas en los que nos desarrollamos nosotros y el resto de los seres vivos que nos sustentan. Las plantas y los seres vivos que interactúan con ellas desarrollaron desde hace miles de millones de años estrategias adecuadas y equilibradas a cada ecosistema para intercambiar nitrógeno entre la corteza terrestre, la atmósfera, el agua y todos los seres vivos.

Por tanto, la alteración de los ciclos biogeoquímicos que introducen los grandes incendios contribuye a la pérdida de biodiversidad y de las funciones y dinámicas ecosistémicas que nos mantienen vivos. Los límites planetarios que ya hemos cruzado de manera peligrosa (7 de 9) con los ciclos biogeoquímicos, especialmente de N y P, nos indican la importancia de mantener en equilibrio los procesos naturales para asegurar el futuro de todos los seres vivos de este planeta.

Los 9 límites planetarios. Una historia de superación de límites. Propuesta por primera vez en 2009 (Rockström et al. 2009), la evaluación de los límites planetarios define nueve procesos a gran escala del sistema Tierra y los límites asociados que, una vez traspasados, podrían generar un cambio ambiental inaceptable. En 2025 se certificó el séptimo sobrepasamiento: la acidificación del océano.

Todo va más allá de lo que imaginamos en nuestros cubículos disciplinarios 

A veces la investigación científica nos descubre cosas que no queremos ver, una en especial: nuestra incapacidad de prever de manera razonable los desastres naturales o provocados. Sin embargo, estaríamos traicionando a los ciudadanos a los que servimos si los científicos no lo intentáramos. El objetivo del científico es generar conocimiento y difundirlo, proporcionar a la sociedad y a nuestra civilización herramientas que contribuyan a mejorar nuestra calidad de vida y sobre todo a garantizar nuestra seguridad y la de quienes nos rodean o heredarán el fruto de nuestro comportamiento y elecciones sobre el tipo de sociedad que queremos.

No nos hacemos ninguna ilusión intentando predicar una vez más en el desierto, pero hay alguna señal de que ya no somos esos cuatro locos barbudos, ecologistas o soñadores que están contra el desarrollo económico o el avance de la sociedad y nos quieren llevar de vuelta a las cavernas, que es lo que hemos tenido que escuchar desde que comenzamos a investigar pensando en sistemas, no en intereses particulares. Pero en una sociedad adormecida e inconsciente de lo que se juega, siempre se nos ha enfrentado a los prácticos emprendedores que dinamizaban la economía del máximo beneficio en el plazo más corto posible porque juegan con las falsas promesas de los puestos de trabajo, la fijación de población en áreas esquilmadas y otros chantajes que ya se han demostrado hipócritas e interesados. Para profundizar en este aspecto, recomendamos estas realistas reflexiones del catedrático de geología de la Universidad de Zaragoza, José Luis Simón.

Pero es que quizás no comprendieron, ni ellos ni la letal red política y empresarial que genera y sustenta el arma de destrucción masiva tan potente del chantaje a la España vacilada, que hoy el crecimiento del PIB —especialmente cuando se trata de la actividad económica movilizada durante y después de catástrofes—, podría tomarse como la medida de destrucción del medio que garantiza nuestras vidas, o una medida de la mayor desposesión de las comunidades, o de la devastación anticipada de las vidas de quienes no pueden participar de nuestras dañinas decisiones sobre sus propias vidas porque aún no han nacido y están por venir, o todavía son demasiado pequeños para intentar convencernos de que deberíamos tirar sin contemplaciones del freno de mano de esta máquina incendiaria que hemos creado (recomendamos la lectura del libro INCENDIOS (ver esta entrevista en contexto) del que habla el propio investigador, Alejandro Pedregal, también en esta entrevista para El Español).

Es necesario que hablemos menos de los cabrones que habitan en las noticias y televisiones y más de las cabras que habitan el monte, trepan por las laderas y peñascos y mantienen el equilibrio ecológico, aunque solo sea por el irrefutable hecho de que nosotros, los humanos, como mamíferos que somos, necesitamos de una compleja red de relaciones en equilibrio entre la geología y la biodiversidad para poder vivir.

Con siete límites de nueve ya sobrepasados, si no escuchamos a sabios como Albert Einstein y por fin actuamos, es que estamos tan muertos como las cenizas que dejan los incendios.

Albert Einstein: «Aquellos que tienen el privilegio de saber, tienen la obligación de actuar». 

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 Sobre el problema de los límites planetarios sobrepasados. Primera ponencia:
«Situación actual a partir de los límites planetarios de Rockström»
Universidad de Cádiz, 2025.