lunes, 3 de mayo de 2021

SOBERANÍAS BÁSICAS, DESCENTRALIZACIÓN Y DESCOMPLEJIZACIÓN DE IBERIA

 

Figura 1. Diferencia generación-demanda de elecrtricidad (MWh) en 2007. REE.

Queridos seguidores, tras leer el último artículo de Antonio Turiel, con el que no pudo estar más de acuerdo, titulado "centro versus periferia", es inevitable que la imagen de arriba (figura 1) no se nos evoque una vez más. Se trata del gráfico de 2007 de REE en que se ve la diferencia entre generación y demanda de electricidad de la España de inicios del siglo XXI; es una instantánea del funcionamiento del Estado antes del colapso de los mercados de 2008. Refleja perfectamente el carácter centralista del Estado, no sólo desde el punto de vista administrativo, sino del movimiento de mercancías, flujos de energía o movimientos de recursos básicos. Su contraparte, el flujo de desechos desde los sumideros, se puede visualizar simplemente dándole la vuelta. 

Volviendo al colapso de 2008, la reacción ante aquella primera ola de las crisis del XXI activó, entre otras cosas, lo que iba a ser el salvador itinerario Smart 2020 (que tal y como vimos a su llegada a la meta, que era 2020, fue todo un fracaso); sus loables objetivos de igualdad, justicia social, empleo de calidad, disminución de la polución y emisiones de GEI, inclusión, etc., se basaban, sobre todo, en la eficiencia energética, la automatización de procesos, las TIC y la digitalización. Entonces, además del declive irreversible y el máximo uso histórico de recursos (146.000 Ktep), comenzó tímidamente a hablarse de transición energética, eso sí, a pocas administraciones se les pasó por la cabeza cambiar los flujos que representa la imagen de arriba. Es importante recalcar que la electricidad (ver figura 2) apenas supone un 20% de toda la energía consumida, pero en cuestiones de materias primas, el centro del Estado se comporta de manera similar.

¿Era realmente posible una sustitución 100% renovable para que, ese mismo modelo, que sostiene el complejo organismo tecnológico y social representado por el Estado español, siguiese funcionando con el cambio de dieta? La respuesta es obvia: sí pero de otra manera y con menores flujos, tanto de energía como de recursos básicos, materias primas, etc., tal y como marcan las irreversibles tendencias de la figura 2 de abajo. Ese diseño y su funcionamiento se proyectaron (aunque no se fuese consciente) y se implantaron desde el crecimiento constante de flujos de recursos de ultramar y periféricos. Fundamentalmente desde mediados del siglo XX se materializó gracias a una anomalía histórica: la abundancia de energía fósil, tal y como vamos a poner en su merecido contexto histórico un poco más abajo para comprender los retos a los que nos enfrentamos y conocer de qué herramientas sí disponemos. Veremos también que unos años antes, los intentos de su desarrollo se toparon con numerosos escollos y por ello el avance fue bastante poco fructífero.

Se escuchan voces que creen que esta incontestable visión de los datos es pesimista e incluso apocalíptica, porque rompería con siglos de inercia, olvidando que existe una cosa denominada ingenio humano, pero bien entendido y desligado de toda fe, sea ésta religiosa o tecnológica. Nadie ha dicho que no sea posible. En este programa de Radio Euskadi, "La Mecánica del Caracol", en el espacio de Ciencias de la Tierra que desde 2013 mantengo gracias a Eva Caballero, pudimos charlar con Antonio y desde un enfoque más geológico o mineral, aunque también tratamos esa dimensión social, vimos que esa transición se puede y se va a realizar, tanto si nos gusta como si no: "Retos ante la crisis energética global". Y no sólo se puede, sino que es innegociable. La cuestión es qué modelo de sociedad, modelo productivo, organización, etc., puede hacerlo, y obviamente uno diseñado y basado en los combustibles fósiles, cuando éstos van perdiendo calidad e incluso desapareciendo, como veremos, no está preparado. Ese sería el hilo argumental del último artículo en The Oil Crash de Antonio Turiel, "centro versus periferia".

 Castrillón, Asturias, 3 de mayo de 2021


1. Centralización - descentralización

La instantánea que representaba la figura 1 —la que abre este artículo— corresponde a la rebanada temporal 2007-2008 en la parte de abajo de la figura 2. Miramos por el retrovisor de la historia energética (apenas han pasado 13 años) cuando ya no queda prácticamente minería del carbón en España (línea azul marino) —en 2019 se cerraron todas las explotaciones subterráneas de este combustible fósil, y sólo quedó una a cielo abierto, según la Decisión 787 de la UE para el cierre de todas las explotaciones “no competitivas”— y la transición energética sigue siendo un verdadero enigma.

Esto es así porque no se hicieron los deberes a tiempo, quizás si se hubiese acometido la transición y paralelamente la descentralización, hace un par de décadas, la cosa sería distinta. Así lo comentaba Antonio en el programa de Radio Euskadi; los flujos energéticos con altas tasas de retorno energético (ver el apartado 6 de este artículo para comprobar la importancia de las TRE) que nos propiciaron aquellos productos fósiles —fruto de la fotosíntesis y de estos mecanismos evolutivos que describimos en la tectónica de placas— serán progresivamente sustituidos por otros flujos captados mediante tecnologías más modernas, pero mucho menos densos energéticamente, más caros e intermitentes y sobre todo, mucho menos eficientes. Ahora una buena parte de esa transición y su descentralización serán forzadas por los acontecimientos en una medida nada desdeñable, con cada vez menor capacidad de maniobra.

 

Figura 2. Arriba: consumo de energía primaria en España (Libro de la Energía 2018-MITECO) y abajo el de energía eléctrica (aproximadamente un 20% de la anterior) presentado por tipo de tecnología (Libro de la Energía 2019-MITECO). Como se puede ver, con los datos del consumo eléctrico que alcanzó su cenit gracias al carbón y a las instalaciones de ciclo combinado de gas en 2008, la figura 1 aparecería como un objetivo deseable (desde el punto de vista exclusivamente económico) en sí mismo, simplemente cambiando las fuentes de energía. 
 
Y es que no nos queda más remedio: los combustibles fósiles son un recurso finito que hemos quemado como si no hubiese un mañana, y su uso tiene efectos secundarios sobre las corrientes que alimentan nuestros ecosistemas y nuestros cuerpos-vórtices tal y como planteaba en la Revista 15/15\15 para una nueva civilización en el artículo sobre Arnao observando el declive desde el lugar donde todo empezó (y desde donde estoy escribiendo estas líneas) con la primera mina de carbón (ver vídeo de abajo). Todo empezó realmente aquí en Arnao, en la costa asturiana de Castrillón. Una observación que se convertiría rápidamente en revolucionaria, y que es hoy una meta cultural (convertida en museo) recién descubierta: la primera explotación donde nace el capitalismo fosilista en España y que llegó a explotar incluso bajo el mar.

Como comentaba en aquel artículo sobre Arnao y el cierre de las minas de carbón, un religioso vecino de Naveces, Fray Agustín Montero, descubría en el año 1591 una “piedra negra”, que se comportaba como el carbón vegetal y con la que se podían confeccionar herramientas. Comunicó el hallazgo al emperador Felipe II mediante un escrito que ha sido recientemente rescatado de los archivos del Ministerio de Cultura. El emperador, convencido de la valía de tal descubrimiento, otorgó sobre Arnao la primera concesión de explotación de un hidrocarburo, carbón mineral, en la península. Pero su desarrollo a escala industrial hubo de esperar más de dos siglos y se catapultó con la construcción del primer ferrocarril español con inversión e ingeniería belga (realmente fue el segundo después del azucarero de La Habana).


Arnao, Castrillón. La primera mina de carbón (se puede ver el castillete desde donde bajaban los mineros a más de 80 m de profundidad en dirección al mar al final de la toma) y el primer ferrocarril. Todo empezó aquí

Tres décadas antes del descubrimiento del avispado religioso asturiano, en 1561, el mismo Felipe II que da la concesión de explotación de un combustible fósil por primera vez en la historia española, instala la corte en Madrid. Esta decisión real cambiará radicalmente el futuro de la villa castellana. Así poco a poco iría creciendo hasta aglutinar hoy a casi el 15% (6,7 millones) de la población española en un territorio minúsculo. Madrid se convertirá en capital de la Monarquía Hispánica y en el centro de las decisiones políticas desde ese mismo momento. La ciudad había sido fundada por el emir Muhamad I en el siglo IX, tomando como eje el Alcázar Mayrit de donde viene su nombre. ¿Cómo pudo ser posible semejante "milagro"?

Madrid, antes de la época de Felipe II estaba escasamente poblada, su papel administrativo y estratégico había sido relativamente periférico en la línea fronteriza musulmana. Sin embargo, Felipe II pensó en cómo dotar a la villa y corte de los mejores servicios y comodidades, para ello comenzó el trazado de salidas a los principales puertos que traían los recursos de ultramar. Trazó un plan para que tuviera las mejores infraestructuras y comunicaciones, empezando por un puerto con salida por el Tajo que posteriormente fue mejor estudiado y obviamente abandonado por sucesivos intentos de otras tantas monarquías con sus forzados ilustres ingenieros. Dada la imposibilidad de su construcción, se optó también por el canal del Guadalquivir que igualmente fue abandonado. La salida al mar de Madrid siempre fue el sueño de los reyes.

Felipe V trazó las postas y el km 0 en la Puerta del Sol, lo cual dio lugar más tarde a esas comunicaciones radiales que son las seis carreteras nacionales hacia los principales puertos. Éstas adquirieron un auge importante a partir de 1840. En 1855 se encontraban abiertos al tráfico 10.323 km de caminos pavimentados, el 65,7% (6.787 km), eran carreteras generales, y el 34,3%, arterias transversales y provinciales. Durante el siglo XX hubo varias modernizaciones aunque con bastantes bajos rendimientos si los medimos en la adecuación o construcción de kilómetros/año. Eran esperables tan desalentadores resultados dadas las vicisitudes de un colonialismo en repliegue, el desasosiego tras el desastre de 1898 y varias dictaduras y guerras que retrasaron aquellas expectativas.


Figura 3. Mapa guía principal del Plan de Modernización de la red de carreteras españolas de 1950 .

En 1950 se presentó el Plan de Modernización de la red viaria española, muy ambicioso pero finalmente limitado en su aplicación real. Se trataba de un programa de mejora y acondicionamiento de la red, que se ciñó a las que se denominaron "carreteras de circulación más intensa". Después vinieron los llamados "itinerarios de circulación media y reducida". En realidad, solo llegaron a proyectarse completamente las actuaciones relativas al primer grupo de carreteras: las radiales (R.I a R.VI).

En 1957 y tras un cierto desbloqueo internacional con un mundo en plena aceleración económica, hace su aparición el Seat 600. Su expansión industrial supuso un cambio radical en la industria estatal, en el transporte y en el desarrollo del turismo, sector que va a destacar sobre el resto con el aumento sin precedentes del consumo de petróleo en España. La generalización del uso del automóvil dio el salto que, tras las sucesivas crisis del petróleo de 1973 y los años ochenta, además del colapso de los mercados de 2008, más o menos pudo mantenerse, sobre todo endeudando a las clases medias. Hasta 2020 en que el horizonte pinta como las gráficas de consumo de energía (figura 2).

2. Complejización - descomplejización

El automóvil, en ese periodo de casi seis décadas, dejó de ser una cosa exclusiva de ricos. Las familias de nivel medio pudimos acceder al vehículo autónomo, lo que significó el cambio sociológico más importante de los últimos siglos. El transporte de mercancías, productos de primera necesidad, alimentos, recursos para la industria (y en dirección contraria las ingentes cantidades de desechos que produjo el centro peninsular) marcan el último gesto del flujo de energía y recursos básicos del organismo ibérico (figura 1).

Ahora nos queda el repliegue en este rítmico devenir del respirar que consta de dos movimientos (inspiración y espiración) de la Iberia física —ningún organismo se puede mantener para siempre en el inspirar si no quiere explotar, ni en el espirar si no quiere ahogarse—. Si este tipo de funcionamiento llegó a ser posible con una tasa de urbanismo por encima del 80% (sólo 2 de cada 10 personas viven hoy del sector primario produciendo alimentos y productos básicos) fue sin duda gracias a la abundancia y asequibilidad de los combustibles fósiles que propiciaron la construcción, mantenimiento y funcionamiento de toda la infraestructura de centralización.

Pensemos que al iniciarse el siglo XX sólo un 30% de la población era urbana y era mantenida por la menguante población dedicada al sector primario eminentemente rural. De cada 10 personas 7 trabajaban en el campo frente a los 3 que vivían en la ciudad. Entre 1960 y 1980 la tasa de abandono del campo alcanzó el 1% de la población a nivel estatal cada año, coincidiendo con el impulso de las carreteras, pasando de poco más de la mitad en 1960 a que tres de cada cuatro españoles ya se habían mudado o vivían desde su nacimiento en una ciudad en 1980. Madrid era la mayor receptora, la mayor y más central de las mega-urbes españolas.

Fue en esa década de 1980-1990 cuando se invirtieron y consolidaron los papeles con respecto a 1900, hasta el máximo actual de 8 a 2 que ya da señales de agotamiento con la volatilidad constante y el relativamente elevado precio de la energía fósil. La única, de momento, capaz de dar respaldo al resto de tecnologías, incluidas también el resto de las energéticas (desde la proyección, construcción y mantenimiento hasta el desmantelado de centrales de energía fotovoltaica, hidroeléctrica, nuclear, eólica, refinerías o de ciclo combinado, además de la infraestructura de transporte). Pero en un momento dado, su impacto ineconómico comenzó a pesar más que la presión y contaminación sobre el medio que garantiza nuestra existencia.


Figura 4. Tasa de urbanización de España 1900-2010 (INE)

Hace poco, realmente muy poco en lo que supone la historia de España, en que fuimos conscientes de la insostenibilidad de este modelo de acumulación de recursos, hormigón, derivados del petróleo y cuerpos humanos en grandes urbes a costa del vaciado, esquilmado y envío de enormes cantidades de residuos a grandes extensiones del territorio (recomiendo leer "Planeta Hormigón" en la Revista 15/15\15 para profundizar en una mirada que no es exclusivamente española). Recientemente, el Gobierno de Navarra presentó en sendos actos consecutivos a finales de 2019, un par de meses antes de la pandemia de Covid-19 y el cambio que vivimos, el Dictemen SC/048 de la UE sobre nuevas relaciones económicas, de cercanía, circulares y nuevas economías locales con el reto de la transición energética como telón de fondo (se puede encontrar un resumen con la crónica de ambas jornadas aquí) como reacción ante este problema que también afecta a otros territorios de Europa.

En aquel momento, un grupo de personas de la vida cultural, académica, científica de Pamplona seguíamos —sobre todo desde 2017 con la creación del colectivo Iruña Gerora para el estudio del decrecimiento centrado en la ciudad de Pamplona— el devenir de los acontecimientos marcados por el declive fósil y los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible; dábamos charlas, publicábamos informes, rodábamos documentales sobre esta transición inminente con la idea de que en la nueva situación, las fronteras urbanas y rurales comenzaban ya a difuminarse incluso en contra de nuestros deseos, viviendo las ciudades más sostenibles un proceso de ruralización.

Paralelamente, el campo comenzaba a duras penas y a velocidad de tortuga, su exigua tecnificación y digitalización, viéndose sometida su población a los intereses cortoplacistas que no solo no se han disuelto, sino que han vuelto con ambiciones más codiciosas si cabe; los megaproyectos para la implantación de tecnologías de captación de energías renovables, de muy dudosa durabilidad y utilidad, sobre todo local, han puesto en jaque a prácticamente todas las comunidades periféricas en este nuevo proceso de neocolonización doméstica estatal.

3. Dependencias - soberanías

Nos enfrentamos a retos muy importantes, algunos requerirían grandes inversiones de recursos mientras que otros serían moderadamente fáciles y otros directamente imposibles. Entonces, un grupo de ciudadanas y ciudadanos hicimos gala de lo que marcan los dictámenes e itinerarios empujados por los documentos europeos e internacionales para la denominada recuperación y resiliencia post-covid y buscamos un debate con las administraciones, tal y como se insiste y recomienda desde los estamentos internacionales, ONU, UE, Gobierno de España, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, etc.

En general, a la hora de entablar ese obligado encuentro, imperativo de esas mismas administraciones, nos encontramos con que éstas se mostraron ampliamente opacas e impenetrables, lo cual nos animó a la confección de un informe desde la exigencia de participación por dichos estamentos, para compartir puntos de vista y propuestas desde nuestro papel como ciudadanía activa en la adaptación y utilización de todos los recursos humanos, técnicos y económicos para la innegociable relocalización de muchos de los procesos que antaño esculpieron el organismo social español, navarro y pamplonica, allanada precisamente por la machacona insistencia de dichos objetivos sobre el papel. Ello culminó en la publicación abierta para todas las administraciones y ciudadanía de un informe sobre esos documentos de las administraciones: "Análisis de los documentos públicos en relación a la transición energética, el cambio climático y las ayudas financieras europeas post covid" en el ámbito de nuestra ciudad.

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Figura 5.  "Análisis de los documentos públicos en relación a la transición energética, el cambio climático y las ayudas financieras europeas post covid".

El problema de la transición energética no es tanto tecnológico como geológico o social. Ya no existen otros combustibles que sostengan una sociedad estructurada como la nuestra reflejada en la figura 1, que sustituyan la capacidad para reprodu­cir tanta vida humana. Por eso, su solución no es tanto científica —a pesar de que el conocimiento de al ciencia so­cial va a ser básico— como cultural, porque implica cambiar todos nuestros sistemas de pensamiento y nuestros hábitos de vida. En esta entrevista en Eguzki Irratia pudimos contextualizar tal afirmación (también al final del artículo).

Si las soluciones buscadas, como las vistas en el anterior "informe de informes de informes" son casi exclusivamente por imperativo de cor­te económico, vemos cómo las administraciones han pasado, con una velocidad de vértigo, a crear y creer en un nuevo credo: el “Liberalismo Verde”, con un principio doctrinal que lo encabeza y compendia: “el sistema socioeconómico mer­cantilista neoliberal no tiene nada que ver con la gravísima crisis ecológica y económica global”.

De esta manera, en la mayoría de las propuestas se excluye lo fundamental, a saber: ya que las causas de la crisis que afrontamos forman parte de la naturaleza del sistema mercantilista, esa crisis nunca podrá solucionarse dentro del mismo sistema. Sin embargo, a la fuerza, el sistema mercantilista de corte neoliberal debe ser radicalmente cuestionado si queremos dar continuidad a la vida humana civilizada, aunque solo sea en las nuevas circunstancias y contextos energéticos, y las propues­tas deben tener una voluntad firme de generar otro tipo de modelo económico humano que supere esa naturaleza del anterior, ya que es la causa de las cri­sis, la actual y las por venir.

¿Y qué fue por ejemplo, del problema fundamental de la soberanía alimentaria? Si observamos el flujo de energía (figura 1), alimentos, materias primas o recursos básicos que garanticen la vida, así como su contraparte de desechos que deben ser retirados (simplemente dando la vuelta al mapa), vemos la dependencia del centro peninsular labrada por siglos, donde el flujo constante en ambos sentidos debe estar garantizado desde una periferia agotada. Hasta finales del siglo XIX el flujo, sobre todo de entrada, se perdía en el horizonte, el papel jugado por la arquitectura radial de la Iberia administrativa pudo garantizarlo, salvando momentos puntales de guerras o agudas crisis, ese mapa abarcó prácticamente un imperio global de ultramar.

Durante el siglo XX la imposibilidad de seguir con la dinámica colonial trajo el primer repliegue, sin embargo, la inteligencia humana tuvo la suerte de estar bien acompañada por una anomalía histórica; la distancia vino a ser sustituida por los combustibles fósiles (inicialmente domésticos como los carbones asturianos, leoneses o aragoneses y rápidamente externos, gas de Argelia, petróleo, uranio, etc., de diversas zonas del globo) transformados y convertidos en alguna suerte de tecnología: maquinaria agrícola, industrial, fertilizantes, pesticidas, que sustentaron un modelo tecnológico industrial y a su vez daban continuidad al colonial, pero sin colonias.

Este modelo heredero del colonialismo de los siglos previos, sigue siendo al que ahora, con esta segunda fase del repliegue, se quiere seguir dando continuidad. Sin embargo, el disponer de la ingente cantidad de energía que hizo posible tal desarrollo tecnológico para llegar a tasas de urbanización como las mostradas en la figura 4, desde cerca inicialmente, y desde muy lejos después gracias a la globalización y al comercio, se dio y se sigue dando por sentado como el único posible con una nueva vuelta de rosca "verde" y la sagrada eficiencia: todo podrá seguir igual.
 
Pero, realmente el que tales mecanismos termodinámicos, tecnológicos y mercantiles iban a apuntalar para siempre una estructura radial cuya solera era ya secular, era una creencia, no una certeza, y así es como llegamos a creer que todo este progreso era fruto exclusivamente de la inteligencia humana. Lo sucedido desde 2019 con precios y cortes de suministro ha puesto de manifiesto una serie de razones por las cuales el mundo no debería dar por sentado el suministro seguro a medio-largo plazo.
 
El penúltimo informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), presentado en plena pandemia a mediados de 2020, como órgano consultivo de la OCDE, insiste en ese detalle: World Energy Investment 2020Esta parte está más desarrollada en los apartados 1.7 y 5.3 de este informe. Ni siquiera dentro del territorio del Estado debería darse por sentado el suministro de energía, materias primas, agua o alimentos en condiciones de volatilidad energética.
 
Los tres sumideros energéticos que se ven en el mapa de la figura 1 que encabeza este artículo son asimismo sumideros de recursos, alimentos, materias primas: Madrid, País Vasco y en menor grado la Cataluña industrial (en verde-azul). Los donantes (en rojo), en especial el noroeste, Galicia, Asturias, Castilla y León, también Extremadura, Aragón y Castilla la Mancha, suponen las bases materiales que sacrifican sus propios ecosistemas y comunidades (industria maderera sustentada en los eucaliptos, centrales nucleares, de ciclo combinado, carbón, embalses, ganadería y agricultura intensivas, pesca insostenible) en pro de una mal llamada solidaridad territorial basada en una economía de carácter financiero que asienta los domicilios fiscales en los sumideros, especialmente en Madrid, vaciando las zonas esquilmadas.
 
Así que escuchamos que esos sumideros sostienen mayores niveles de renta y vida y contribuyen notablemente a la riqueza nacional a través de grandes emprendedores y grandes corporaciones cotizadas en bolsa. Pero la realidad física es que ese modelo está tocado y dando señales inequívocas de agotamiento, mientras se insiste en poner parches por doquier y sacrificar, aún más si cabe, la España vaciada; parches cada vez mayores a sus cada vez más frecuentes grietas y descontentos.
 
Pero hoy tenemos una certeza: los recursos y mecanismos para la transición ecológica, energética o la que se quiera, ya no vendrán de fuera, sino que estarían cada vez más cercanos pero también más dispersos por el propio territorio. Esta segunda fase de repliegue no deja ser un neocolonialismo doméstico que sacrifica ecosistemas, desposee a comunidades enteras y esquilma recursos en amplias zonas de Iberia e incluso en zonas vecinas, confiando en seguir con la misma dinámica, simplemente saturando el territorio de parques solares y aerogeneradores, minas, vertederos, en la esperanza (que no certeza) de poder continuar exactamente igual gracias al "ingenio humano" (ver por ejemplo, esta noticia del manifiesto que hemos firmado buena parte de la comunidad científica aragonesa y estatal frente a los megaproyectos en el Maestrazgo y Gúdar, formado por 22 parques eólicos, sus líneas de evacuación y viales de acceso; igualmente siguen apareciendo manifiestos similares por Cantabria, Navarra, Asturias, León, norte de Castilla...).

Pero no son pocas las voces que nos ponen los pies en la Tierra y apelan al verdadero ingenio humano más que a una fe que confía la seguridad estructural a la esperanza —que quizás funcionó en las condiciones comentadas, pero no hay ninguna garantía de que lo vaya a hacer en las actuales— pues es característica de dicho ingenio el saber que las maneras pasadas de hacer las cosas, tal vez no sean tan útiles en nuevas condiciones mucho menos eficientes. El ingenio, por definición, es la capacidad de iniciativa, creadora, poética, inventiva. En este caso sería lo contrario de la inercia histórica.

Ahora bien, el criterio político principal de las denominadas iniciativas de recuperación y resiliencia es asignar más recursos económicos para que los mismos mecanismos de siempre, prin­cipalmente decisiones políticas e inercias económi­cas, solucionen lo que anteriormente crearon. Para la administración local y autonómica navarra, por ejemplo, la crisis económica, me­dioambiental y social crónica del extractivismo fo­silista, amplificada por el irreversible declive energético y de recursos, tiene una única solución, la financiera-empresarial, y aunque se le llame participación público-privada, no deja de ser un rescate en toda regla, aunque más sofisticado, tal y como comentamos aquí.
 
4. Callejones sin salida

El hecho de construir más infra­estructuras que no se podrán utilizar o dirigiendo fondos a planes muy sec­toriales, protagonizados por redes administrativas que además toman a la ciudadanía como objeto de esas políticas, no como los sujetos activos de ellas, nos hunde más y más en la pobreza, tal y como analizamos aquí. Y no solo el centro peninsular debe repensar su futuro a costa de otros territorios. Existen zonas ampliamente tecnificadas como el País Vasco cuyo agotamiento y declive ya da señales de no haber visto que la soberanía básica elemental es condición necesaria, pero no suficiente, para trazar un futuro brillante sin condiciones de colonialismo comercial, militar y político, externo o doméstico. Prácticamente todas las mega-urbes fuertemente industrializadas ya presentan diferentes grados de insostenibilidad, económica, social, de referencias culturales, de convivencia y desigualdad, que ponen contra las cuerdas cualquier posibilidad de una transición frugal.

Y como la suma de las partes conlleva la suma de sus naturalezas, el Estado se vuelve insostenible en la medida en que las comunidades lo hacen. Pero esto ya será materia para otro artículo o informe multidisciplinar. Al contrario, en la medida en que los medios de vida, las economías y las culturas se hagan localmente soberanas, el territorio con las comunidades que acoja (sean del tamaño que se elijan) podrían llegar a serlo también, sería la única base desde la que partir para construir un futuro civilizado no autoritario. En este artículo se analizó la posibilidad de una solución con un perfil de carácter ecofascista, pues es una solución que atrae a no pocos grupos influyentes de carácter elitista, como también lo es el colapso del sistema.

Pareciera que no se es consciente en la clase dirigente del hecho científico inevitable, concretamente geológico, absolutamente innegociable, de que partes vitales de nuestra compleja sociedad, van a dejar de funcionar rápidamente a medida que el petróleo escasee. Idea por otra parte, que no consigue entrar en las mentes esculpidas y formadas en un mundo en constante expansión y crecimiento y moldeadas con la modernidad industrial, pero un mundo abocado a esta inapelable descomplejización que ya vivimos, fenómeno social que incluso provoca un rechazo irracional y violento.

El peligro consiste en meterse en callejones sin salida que habrá que desandar como sociedad con el costoso gasto de energía adicional que está acarreando. Pero aún más peligroso será el enorme descontento y frustración social que ya se observa, caldo de cultivo para legitimar la vuelta de regímenes de extrema derecha en la falsa promesa de volver a un pasado lleno de optimismo, aunque ello conlleve la privación de los recursos más básicos o de derechos humanos elementales para amplias bolsas de población, sobre todo periférica, pero también a la excluida en las zonas centrales.

Finalmente, la desaparición de muchas de las estructuras nacidas en las últimas seis décadas de crecimiento económico — catapultado por energía fósil— van a ser inevitables; sirvieron para dar una continuidad a un centralismo que las tasas de urbanismo jamás vistas en la historia no solo ibérica (figura 4), sino mundial, posibilitaron y casi creímos que podrían continuar e incluso avanzar por ser fruto exclusivo del ingenio humano, pero en realidad exclusivamente no lo eran. El decrecimiento ya ha comenzado, pero no será un camino de rosas.

La España vaciada y la saturación e inhabitabilidad de las urbes-tumor es el resultado directo de esta mentalidad antropocéntrica, esatatal-centrista incorregible. Por ello, destacamos una parte del valiente artículo de Antonio Turiel al que hacíamos referencia al principio, y no es otro que su final: "La transición renovable, la verdadera, la posible, debe basarse en el aprovechamiento local y eficiente de la energía renovable. Un aprovechamiento que hará renacer al territorio. Renacer del territorio que debe ser a costa del abandono del centralismo metropolitano. Ceterum censeo Metropolem esse delendam*".

*Además opino que la metrópoli debe ser destruida.

domingo, 4 de abril de 2021

COLAPSO DE LA CATEDRAL DE PAMPLONA. PRIMERO DE JULIO DE 1390: UN TERREMOTO DESENTERRADO DESDE LA ARQUEOLOGÍA Y LA GEOHISTORIA

 

Catedral de Pamplona hacia el siglo XII-XIII antes de las reformas de Carlos III y el terremoto del 1 de julio de 1390 que colapsó el coro pétreo y buena parte del templo. Una interpretación de Martín Larrayoz. La planta de tres naves coincide en anchura con la de la actual catedral.

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Queridos lectores. Hoy hace exactamente ocho años (4 de abril de 2013) desde que escribí "La sismicidad histórica en España: del éxito de Guatemala a la amnesia sísmica" un artículo basado en las enseñanzas de Fernando Rodríguez de la Torre. Desde entonces la mayoría del trabajo geohistórico realizado por las comarcas, parroquias, archivos, con otros profesionales o en solitario, me llevaron a esbozar, en pleno confinamiento por la pandemia de Covid19, un resumen de la sismicidad histórica en el norte peninsular.

Como comentaba en ese artículo, se trataba de algo abierto hacia el futuro. Unas semanas después comenzó el enjambre sísmico que vivimos en la cuenca de Pamplona —desde agosto de 2020 etiquetado como #TerremotoPamplona— y que ya parece remitir, con la inolvidable madrugada del 1 de octubre de 2020 y sus más de un centenar de temblores entre los que son de destacar los tres impactos principales de M4,6, M4,4 y M4,0 además de varios por encima de M3. Más información sobre la trascendencia de este último episodio sísmico aquí.

Mientras en las zonas impactadas convivían con el fenómeno sísmico durante meses, comenzaron una serie de actividades encaminadas a difundir el conocimiento actual y el estado de las investigaciones sobre la sismicidad den Navarra, por poner algunas, hubo charlas, artículos divulgativos en este espacio o en prensa, radio o television y cursos presenciales y telemáticos con los ayuntamientos situados en la zona epicentral, con Protección Civil y Bomberos de Navarra, con el Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro (COAVN), con profesionales de los medios, etc., poniendo siempre sobre la mesa la importancia del estudio histórico.

Pero la sismicidad histórica seguía su camino de la mano de la geohistoria. Sobre todo desde su perspectiva técnica extensiva. Una exploración por un paraje desconocido que poco a poco iba dando sus frutos. En este trabajo continuo se trata de hallar los terremotos ignorados, los sismos que han ocurrido y que nunca se han catalogado, los subestimados, tal y como vimos con los sucedidos entre Sangüesa y Pamplona en 1612 o en 1357 en Villarreal de la Canal o el de Pamplona de marzo de 1903 que tuvo sin duda, un carácter similar al vivido en octubre de 2020 en Pamplona, aunque con mayor intensidad.

Antonio Aretxabala

Pamplona 4 de abril de 2021

Figura 1. La catedral de Pamplona hoy. Foto tomada desde el suroeste.

 

1. El estudio geohistórico

Contra lo que se imaginan muchos sismólogos, no se descubren tan sólo sismos de escasa importancia en la investigación geohistórica; también, aparecen sismos importantes, como, por citar un caso, el inédito del 21-X-1880, de foco atlántico, al que se le ha conjeturado una hipótesis de magnitud ML7,5. También hemos descubierto en los archivos diocesanos numerosos terremotos italianos como el caso de los estudios de Emanuela Guidoboni o con la lectura de antiguas publicaciones periódicas portuguesas, españolas o francesas por toda Iberia.

Algunos terremotos navarros subestimados, como el de Pamplona del 10 de marzo de 1903 asomaron a la luz aquellos días en que se produjo el enjambre de 2013 con casi 400 eventos, luego en el de 2017 con casi 200 y recientemente en el actual de 2020, con movimientos y enjambres importantes al este de Pamplona, entre Esteribar, Lizoain, Aranguren y Egüés y áreas colindantes. Por ejemplo, el actual enjambre poco a poco se va disipando (figura 2), comenzó a finales de agosto de 2020, se contablilizan a día de hoy 769 eventos con 80 sentidos por la población.

Desde diciembre de 2020 no se registran intensidades por encima de III. Se trataría de la mayor concentración y densidad de sismicidad histórica conocida hasta la fecha si comenzamos a contar desde el evento histórico del 1 de julio de 1390 que analizamos en este artículo. Más información y análisis sobre el actual enjambre y la obliogatoriedad de garantizar la seguridad sísmica en Navarra aquí.

Figura 2. Magnitudes e intensidades de los 769 eventos sucedidos (80 sentidos) en el enjambre sísmico desde el día 28 de agosto de 2020 hasta el 5 de abril de 2021. Más info en la etiqueta #TerremotoPamplona

También pudimos corroborar algo que nos pareció muy importante y significativo: muchas de las disposiciones psicológicas de quienes antaño vivieron lo que durante siglos se consideró uno de los más humillantes castigos divinos, los terremotos, respondían a un conjunto de creencias que apuntaban al hecho de que recibirlos, aparte de una desgracia, era clara señal de vicios y pecados contra Dios, quien estaba muy enfadado y por eso los provocaba.

Ello ha supuesto una barrera de transmisión de esta información, pues, o bien se censuraba el fenómeno sísmico por esos (hoy) prejuicios, o bien directamente se hacía desaparecer todo vestigio de su impacto, tanto escrito como verbal. Para más información, sobre este aspecto bastante oculto antes del siglo XVI, recomiendo leer el apartado 3.2 Sangüesa 1612 de este artículo y disfrutar (visto por el retrovisor de la historia) de cómo relata el moralista y secretario del Ayuntamiento de Sangüesa, en agosto de ese año, las manifestaciones de la ira divina, también lo que había que hacer y dejar de hacer para calmar el enfado del Todopoderoso a ver si la tierra dejaba de temblar de una vez.

2. El estudio multidiscipinar

En este tiempo se fue desarrollando el inestimable trabajo arqueológico e histórico de las investigadoras María Ángeles Mezquiriz y Mercedes Unzu, con la colaboración de muchas otras personas del ámbito histórico, de la arquitectura, la geología, el arte... Recuerdo una fría mañana de 2016 cuando me llamaron para revisar una serie de planos de la época de la catedral románica de Pamplona con el trasfondo de varios documentos históricos en que se narraba un acontecimiento histórico muy significativo; por eso me contactaron, se trataba de la descripción, a la manera medieval, de un terremoto. Estábamos en casa de María Ángeles y cuál fue mi sorpresa al comprobar cómo las diferentes explicaciones históricas que investigaban, relataban un terremoto acaecido el día 1 de julio de 1390 en la vieja Iruña, entonces la ciudad de los burgos, apenas ocupaba los aledaños de la catedral y poco más.

Pamplona es una ciudad, hoy capital autonómica, que salió de sus murallas muy recientemente, apenas hace un siglo estaban en marcha los ensanches de la ciudad. Previamente al siglo XX, casi todo el desarrollo se hizo en vertical, a los edificios intramuros se les añadían plantas, por eso el peso de muchos inmuebles llegó a superar, en bastantes casos, las características geotécnicas favorables del suelo que nos sustenta; no fue así en la catedral, tal y como pudimos comprobar. Sin embargo, una vez que Pamplona se decidió a comenzar su expansión a lo largo del siglo XX, el crecimiento fue de una aceleración espectacular, pasando de los 30.000 habitantes censados en 1903, cuando el terremoto de marzo de aquel año a los más de 360.000 que habitamos hoy en la cuenca (figura 3).

Figura 3. En el área metropolitana de Pamplona no vivían ni 30.000 personas al estrenarse el S.XX. Se acababa de salir de la muralla con el primer ensanche. En 1927 no alcanzaba los 40.000. En 1945 pasó de 60.000 y saltó a casi 250.000 en 1982. Hoy vivimos en la cuenca casi 360.000 personas.

Y por fin, tras décadas de trabajos, en marzo de 2021 tenemos un libro editado por el arzobispado de Pamplona y Tudela. 'Arqueología en la catedral de Pamplona. El origen del culto cristiano' (figura 6) donde reponemos una de las piezas del rompecabezas de una parte importante de la historia de Navarra y del devenir de la ciudad de Pamplona; una historia superpuesta en el tiempo, además, con los datos y un informe de una belleza singular de Teresa Alzugaray (Anexo III: ruina del templo románico), archivera y paleógrafa que apunta a una causa para el derrumbe de la seo pamplonesa en la madrugada del 1 de julio del año 1390: un terremoto.

3. Los testimonios

El cronista Garci López de Roncesvalles en su Colleccion de chronicas antiguas de Navarra, en 1404, es el primer narrador (figura 4) del que se tenga testimonio de lo sucedido entonces. Más tarde se verifica en los Registros de Comptos dando cuenta de los gastos derivados de semejante ruina, el objetivo es restaurar el coro y la parte colapsada de la catedral.

Figura 4. Fragmento manuscrito de una copia de 1770 de la crónica de 1404 en que se narra la caída del coro y de parte de la catedral de Pamplona (archivo de Navarra, fol. 63).

 

Figura 5. El pergamino conservado en el Archivo de la Catedral de Pamplona del 24 de junio de 1400 en que se muestran los motivos por los que el rey Carlos III hace una donación para reconstruir el lugar donde descansan sus antepasados a los que guarda un amor filial y cree conveniente arreglar la catedral tras el estado "inhonesto" en el que se encontraba tras el evento.


Durante el siglo XVI se cita el suceso en una obra denominada Catalogus Episcoporum Eclesiae Pamplonensis (anónimo), conservado en la Catedral de Pamplona, posiblemente de 1570. En 1614 Fray Prudencio de Sandoval relata el suceso posiblemente como una transcripción del catálogo anónimo. A partir de entonces se transcribe en diversos documentos históricos tal y como ha investigado la paleógrafa y archivera Teresa Alzugaray, pero sin aportar nuevos detalles. No es hasta el siglo XX cuando se habla del temblor y el colapso por parte del investigador Mariano Arigita y Lasa, canónigo de la catedral en su obra La Asunción de la Santísima Virgen y su culto en Navarra. Juan de Albizu en plena era científica hace una descripción detallada del desastre, la nube de polvo, la caída de las estructuras, la reacción de la ciudadanía...
 
4. Perspectiva histórica y seguridad

No existe ningún documento que apunte directamente a lo que entonces se consideraba un castigo divino, pues no sólo era algo "inhonesto" (figura 5) y vergonzoso, sino que para esa época no se hacían las anotaciones pertinentes, menos aún que pudieran mostrar la vergüenza ante los reinos vecinos y otras figuras de la jerarquía. No es hasta después del siglo XVI en que las anotaciones sacramentales se hacen habituales tras la orden dada a tal respecto en el Concilio de Trento (1545-1563).
 
Sin embargo, a lo que sí hemos tenido acceso es a las pruebas de su censura. Es muy curioso y digno de mención un archivo conservado en el Archivo diocesano de Pamplona, del Tribunal Episcopal, en el que se ordena borrar la anotación de un terremoto de un libro de bautizos de Urroz-Villa, se puede ver también el documento tachado. Desde hace siglos la Iglesia Católica tiene la costumbre de invocar en sus letanías Mayores o Rogativas una súplica como las que vimos en Sangüesa en 1612 para que Dios nos libre de los terremotos: A flagello terremotus, libera nos Domine.

En cualquier caso, como nos explica Mercedes Unzu, el estudio de los diferentes textos históricos ponen en contexto que no hubo una causa estructural o vicio constructivo y sí una transcripción histórica de un suceso repentino e inesperado que cruza la historia con diferentes perspectivas más o menops veladas. Tampoco hay una deficiencia geotécnica manifieta, pues observando el terreno de apoyo, el dimensionado de los cimientos románicos y la presencia en esos días de maestros constructores de afamado prestigio, y por cierto, muy bien pagados por el rey, llegamos a la conclusión que las diferentes descripciones veladas, por lo que suponía desde el punto de vista moral el ser objeto de semejante castigo, de que es más que probable que un terremoto fuese el causante de semejante desastre.
 
Los convencionalismos históricos, un fenómeno tabú en ámbitos religiosos —prácticamente los únicos capaces de transmitir de manera escrita los acontecimientos hasta tiempos muy recientes— y los escrúpulos de las personas involucradas nos permiten también vislumbrar la mentalidad de cada época y la manera de vivir un fenómeno como es el fenómeno sísmico. Sin duda el estudio continuará. Hay que agradecer a las investigadoras el haber abierto la puerta de este episodio histórico que se suma al conocimiento del medio que nos sustenta y tener muy en consideración la sismicidad histórica local en pleno siglo XXI, la única manera de conocer el medio que garantiza nuestra existencia y adaptarnos a su, a veces, vehemente dinámica.
 
Quizás una de las asignaturas pendientes sea el seguir despojándonos de la herencia que tiende a ocultar el fenómeno sísmico y sus estereotipos históricos, antaño religiosos, por la vergüenza del castigo divino, hoy quizás más de carácter economicista, por la de reconocer la especulación y el beneficio cortoplacista que miran al fenómeno de la seguridad sísmica como un obstáculo para sus fines lucrativos. Así lo pusimos de manifiesto en este artículo tras el descuido de unas instituciones que siguen sin actualizar una investigación más allá del conocimiento histórico, pues su cometido principal es el de salvar vidas.
 
La mayoría de las veces esta investigación acaba siendo vital. Lo comentaba en el artículo arriba citado sobre la geología y la cultura que se relacionan con la personalidad de cada pueblo, cada barrio, su folclore, sus leyendas, las historias que contaban los viejos, sus refranes..., y sobre todo, su modo de vida, el que muchas veces se vio impactado por el fenómeno sísmico. Algunas comunidades que no le dieron importancia, quedaron afectadas por años, por décadas, a veces para siempre. Otras, tras sufrir los terribles impactos supieron aprovechar esa peculiaridad para poner en valor sus territorios y compartir sus experiencias con los demás. Hoy asistimos a uno de estos generosos momentos en que la suma del esfuerzo de tantas personas nos acerca con más detalle a conocer de dónde venimos, en dónde estamos.

Figura 6. Arqueología en la catedral de Pamplona. El origen del culto cristiano. Mª Ángeles Mezquíriz Irujo y Mercedes Unzu Urmeneta. Más info en callemayor.es
 
 
Es obligatorio y necesario acometer la revisión acorde con los tiempos y las nuevas investigaciones históricas del Plan Especial de Protección Civil sobre Seguridad Sísmica de Navarra (SISNA), como el propio plan especial indica: "se deberán llevar a cabo programas de formación destinados a los órganos y servicios actuantes y a la población en general"... "Se realizarán revisiones extraordinarias cuando ello se estime necesario para adaptar el Plan a la realidad del momento de la Comunidad Foral de Navarra. Estas revisiones deberán ser informadas favorablemente por la Comisión de Protección Civil de Navarra y aprobadas por el Consejo de Gobierno del Gobierno de Navarra. En su caso, deberán ser homologadas por la Comisión Nacional de Protección Civil"... (página 76 del SISNA).
 
Lo aquí relatado es fruto de muchos años de trabajo, de excavaciones arqueológicas que comenzaron en 1991, de "una gran labor estratigráfica y de realización de planimetrías", en palabras de Mercedes, "de ir uniendo restos de cosas muchas veces inconexas". Todas las grandes obras históricas tienen su contexto estratigráfico y, sobre todo, sus materiales asociados, y eso es lo que es irrefutable para poder fechar acontecimientos con la ayuda de la investigación arqueológica, histórica y geohistórica, "por eso podemos hablar con evidencias y no con meras suposiciones" nos comentaba Mercedes.

En el espacio sobre Ciencias de la Tierra de La Mecánica del Caracol de Radio Euskadi tuvimos el honor de recibir a Mercedes Unzu para que nos contara todas estas cosas y muchas más. Iinvito a escucharla a quien tenga interés en el descubrimiento, la metodología y los detalles más curiosos, divertidos y personales de tantos años de investigación:

La historia enterrada bajo la catedral de Pamplona.

La Mecánica del Caracol (Radio Euskadi).

martes, 2 de marzo de 2021

EROSIÓN, DEFORESTRACIÓN, REPOBLACIONES, NEOFRANQUISMO FORESTAL Y TRANSICIÓN ECOLÓGICA


Queridos lectores, desde el Geoforo por una nueva cultura de la Tierra, tres compañeros, Antonio Casas, Jose Luis Briz y Óscar Pueyo, nos plantean un análisis crítico y didáctico sobre uno de los problemas más graves que estamos afrontando en nuestros territorios. El cambio climático ya es uno de nuestros grandes problemas y por transferencia, las acciones que llevemos a cabo en el ámbito forestal, acertadas o equivocadas, determinarán en buena medida el devenir de nuestros hijos y su relación con el deteriorado y fatigado suelo y paisajes que les dejamos.

Con motivo de la conferencia de Luis Alfonso Gil Sánchez, Doctor Ingeniero de Montes y Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, en el Ateneo de la EINA (Universidad de Zaragoza), han redactado esta carta que se acompaña a continuación. Se recuerda que, "las actuaciones de las distintas administraciones públicas en el sector “forestal” durante las sucesivas dictaduras o regímenes pseudoconstitucionales del siglo XX no han contribuido precisamente a la recuperación del medio natural y el paisaje. Más bien al contrario, de forma involuntaria o consciente, las políticas forestales han sido una vuelta de tuerca más en los procesos de destrucción y deterioro del medio ambiente".

Os dejo con ellos.

Pamplona, 2 de marzo de 2021

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Neo-franquismo forestal: Algunas claves para descifrar la conferencia de Luis Alfonso Gil Sánchez, Doctor Ingeniero de Montes y Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, en el Ateneo de la EINA (Universidad de Zaragoza).

Al visionar la conferencia del Dr. Gil Sánchez hemos resultado desagradablemente sorprendidos al contemplar que siguen en uso algunos de los dogmas forestales arrastrados desde la dictadura franquista. Todo un background ideológico para sostener el modus operandi de una gestión ambiental que trajo consigo (por ignorancia o malicia, parafraseando al conferenciante) un ataque despiadado que acabó con formas de vida, memorias, patrimonio natural y paisajes de pueblos y regiones enteras. Además, la citada conferencia muestra que se está intentando revitalizar algunos de estos dogmas en el momento actual, siglo XXI, justificando una nefasta política forestal, cuyas consecuencias todavía sufrimos, mediante la reinterpretación de la historia pasada y la utilización partidista de la ciencia. Lo cual mantiene un cierto paralelismo en lo que a la gestión del agua se refiere.
 
Hemos de aclarar de entrada que no ocultamos cierto resentimiento personal, ya que procedemos de zonas del interior peninsular (lo que se viene llamando la “España profunda”) especialmente golpeadas por los planes forestales tardo y neo-franquistas, donde las actuaciones de la administración del Estado fueron especialmente desastrosas, con consecuencias visibles y manifiestas transcurridos más de 40 años. Y sí, cuando te roban los paisajes y el medio natural de tu infancia, haciendo desaparecer aquellas cosas que nunca volverán a ser (el equivalente es ver tu pueblo sumergido bajo las aguas de un pantano) es difícil contemplar el proceso de forma objetiva. El turno de preguntas que siguió a la charla del profesor Gil Sánchez produce todavía más escalofríos porque viene a significar que algunos de los alumnos del conferenciante, considerablemente más jóvenes que él, participan de la misma ideología (que no ciencia) forestal.

Empiezamos por los puntos de acuerdo, para reconocer que sí que hay algunas verdades entre tanta “malicia o ignorancia”. El paisaje de la Península Ibérica a principios del siglo XX era desolador desde el punto de vista del medio natural, debido a los efectos de la agricultura y la ganadería extensiva (“a la codicia de la administración y privados” en la cita de Lucas Mallada, acertadamente traída a cuento por el profesor Gil Sánchez), resultado a su vez de los privilegios de la Mesta, la roturación, las desamortizaciones, la desecación de humedales y finalmente la concentración parcelaria, (responsable esta última de la eliminación de las lindes como refugios de biodiversidad) y la agricultura y ganadería “industriales”. Paréntesis: en este sentido, resulta curioso que se acuse a China como responsable del traspaso de virus de los animales silvestres a la civilización por la destrucción acelerada de hábitats cuando aquí esos mismos hábitats se destruyeron totalmente y sin contemplaciones hace ya décadas para dar paso a un paisaje totalmente (des)humanizado.
 
En lo que probablemente no coincidiríamos con el conferenciante es en la relación de este proceso de degradación ambiental con la evolución socio-económica y política del país. La política de deforestación brutal tiene una contribución climática y orográfica significativa pero también socioeconómica: procede (a nuestro entender) de la incapacidad de desarrollo de procesamiento de productos primarios, tejido industrial y desarrollo burgués (con las excepciones de Cataluña o el País Vasco, y puntualmente en otros lugares del país) frente al dominio de la aristocracia de raíz agrícola en buena parte del territorio. Los orígenes del dominio aristocrático también habría que buscarlas en la conquista y sometimiento de Al-Andalus, la expulsión de las minorías trabajadoras (judíos y musulmanes), la Inquisición, el saqueo de metales preciosos de América y el estancamiento social y cultural de la mayor parte del territorio peninsular en los últimos 500 años.

Al contrario de lo esgrimido por Luis Alfonso Gil, las actuaciones de las distintas administraciones públicas en el sector “forestal” durante las sucesivas dictaduras o regímenes pseudoconstitucionales del siglo XX no han contribuido precisamente a la recuperación del medio natural y el paisaje. Más bien al contrario, de forma involuntaria o consciente, las políticas forestales han sido una vuelta de tuerca más en los procesos de destrucción y deterioro del medio ambiente. Lo que es peor, contribuyeron a crear una casta de técnicos y un sistema de vasallaje casi-feudal, reproduciendo el sistema social aristocrático y oligárquico, dentro de la administración. Esta estructura ha sido tradicionalmente favorable a las corruptelas, creación de empresas fantasma por parte de los propios técnicos etc. Los ejemplos pasados abundan, aunque no se hayan estudiado ni depurado sus causas de forma exhaustiva, y tienen sus equivalentes en la gestión del agua y otros aspectos ambientales.

Las especies vegetales y animales existen en la naturaleza (son “naturales”), pero el ser humano se ha dedicado a potenciar o eliminar unas u otras, ya sean pinos, soja, vacas o pollos. El pino (como género Pinus, en general) tuvo una expansión extrema durante la dictadura, más de dos millones de hectáreas repobladas, una cifra que lejos de provocarle una reflexión, hace al conferenciante (y alguno de los preguntantes) sentirse orgulloso del trabajo realizado y el deber cumplido. Una unidad de destino en lo forestal. Paréntesis: ni una sola alusión al caso de Portugal donde, de forma simétrica, la expansión del pino (y el eucalipto) estuvo íntimamente ligada a la dictadura salazarista, y donde se están sufriendo sus consecuencias en forma de incendios, que previsiblemente irán en aumento debido al cambio climático. 
 
El hecho de que a pesar de los incendios tanto en Portugal (donde no es seguro que la revolución política de 1974, que transformó positivamente tantos aspectos vitales, alcanzara también a la gestión ambiental) como en Galicia no se cuestione de forma más profunda el modelo de repoblación forestal y la distribución de especies es sintomático de que algo anda mal. Pero, además, si a algo han contribuido especialmente las repoblaciones de pino es a la industrialización del paisaje: aterrazamientos con maquinaria pesada, cortafuegos inútiles y sobredimensionados, pistas forestales y de saca que han favorecido la caza furtiva, la ganadería poco sostenible y los incendios. Estos, y no otros, son precisamente los resultados, buscados deliberadamente o sobrevenidos, de esa política forestal.
 

Se nos repite en la conferencia, por activa y por pasiva, que el pino no es exótico. La exhibición de “pseudo-erudición” utiliza ciertos documentos históricos sobre el paisaje y la toponimia (fuentes siempre del sector digamos más “tecnócrata”) y es tan sesgada que no aparecen apenas datos científicos (aparte de las fotografías) en que basar sus afirmaciones. El hecho de que por ejemplo el delta del Ebro fuese un estuario antes del siglo XIII no le parece un dato relevante de cara a evaluar la formación de las “estepas” por eliminación o degeneración de bosque (o matorral).
 
La línea argumental del Doctor Gil Sánchez, que juega a investigador o historiador semi-ilustrado, utilizando el término acuñado por Enrique Tierno-Galván, es es que (i) el pino no es exótico, ha sido materia prima y ha contribuido a la riqueza del país, (ii) por lo tanto se puede y es saludable repoblar con pinos, (iii) hemos hecho y queremos seguir haciendo un servicio a la sociedad repoblando con pino y cultivándolos como haríamos con cualquier otra especie vegetal en términos agrícolas. Uno de los intervinientes desliza incluso que la dictadura de Franco hizo un gran servicio repoblando dos millones de hectáreas con pinos. Con todo, la base de sus atrevidas interpretaciones sobre la vegetación es la toponimia o determinados documentos históricos sobre el uso de la madera de pino en la construcción. En este sentido, tampoco hace referencia a que el uso de la madera de pino es diferencial: lo que determinó dicha utilización en la construcción o el arte no fue su abundancia, sino más bien el fuste recto del pino frente al tronco de otras especies, que en la Península son más bien bajas de altura, o la facilidad para trabajar su madera.
 
A nuestro entender, que el pino sea exótico o no, no es relevante de cara a la discusión sobre la política forestal. Dice Gil Sánchez que dominan las creencias sobre el conocimiento en la gestión forestal desde el final de la dictadura (sobre la ignorancia y la malicia en la gestión anterior, no dice cuál domina). La Ecología como ciencia, por cierto, no existe para él, como no existe la vegetación climácica, ni las series de vegetación, ni la estrategia R y la estrategia K en las especies, ni la evolución que puede verse en las zonas donde se recupera la vegetación... Ignora el concepto de vegetación natural o no parece interesarle. Incluye la palinología en su relato, pero sin mencionar el factor resistencia del polen de pino a la oxidación y utilizando ejemplos puntuales y fuertemente sesgados.

La visión del medio natural que deja traslucir el Doctor Gil Sánchez no se sostiene a nuestro entender por dos puntos fundamentales, que han sido puestos de manifiesto desde el mundo de la Ecología. El primero es que las repoblaciones no son bosques, por mucho que el conferenciante mezcle en su charla biodiversidad con diversidad genética, tergiversando el término de Biodiversidad, y argumentando que hay más diversidad genética en una repoblación monoespecífica que en un bosque o matorral mixto (!). En segundo lugar, que la regeneración del medio, sea bosque o matorral, es mucho más efectiva, barata, resiliente y biodiversa cuando se produce de forma “natural” (que, eso sí, puede ser favorecida por la gestión) que mediante repoblaciones industrializadas (que no dejan de ser cultivos de pinos). Y sobre esto hay datos, tan simples como comparar fotografías aéreas desde que retrocedió la ganadería extensiva y la explotación de leña.
 
Curiosamente, ni en la política forestal pasada ni en el discurso del profesor Gil Sánchez aparece un solo análisis coste/beneficio de bienes materiales o intangibles en todo el proceso de repoblaciones forestales con pinos. Y aquí deberíamos contemplar pérdidas patrimoniales, culturales y naturales irreparables, por no hablar de la pérdida de la autoestima de los pueblos, indisolublemente ligada al paisaje, de las cuales son en buena parte responsables las políticas forestales franquistas y neo-franquistas. ¿Por qué entonces se llevan a cabo repoblaciones de pinos con maquinaria pesada, si son perjudiciales para el medio ambiente, no crean empleo estable y de calidad, contribuyen a la caza furtiva y a la destrucción del suelo, son muy sensibles a las plagas y detraen fondos públicos que serían considerablemente más útiles si se emplearan en la reconstrucción ambiental de zonas degradadas por siglos de explotación agrícola y ganadera? Pues básicamente por lo mismo que se siguen construyendo embalses que inundan poblaciones, destruyen el medio social rural, suponen un riesgo muchas veces catastrófico para las poblaciones que viven aguas abajo, alteran de forma irreversible el régimen fluvial y detraen ingentes cantidades de fondos públicos que podrían emplearse para la gestión racional del agua. Por malicia o por ignorancia, esto es lo único que la casta de técnicos que ha controlado la política forestal desde la administración ha sabido hacer, dejando ahora aparte las corruptelas mencionadas, que en buena medida forman parte del pasado. Esto es un freno para cualquier solución imaginativa, solidaria, económicamente viable y humanamente razonable para el medio natural rural.

Pero es que ni siquiera son originales. Toda la política y gestión forestal de la administración franquista y sucesivas está basada en los principios de los ingenieros (entonces civiles) franceses del siglo XIX. Todo es una vulgar copia (que empeora el original) de la politica forestal de la administración de Napoleón III (otra dictadura). La gestión de los cultivos de pinos de Las Landas son todo un paradigma. Acabar con el pastoreo, las dunas, las marismas y un ecosistema rico y complejo (y hostil para el ser humano, no olvidemos que los pastores tenían que desplazarse sobre zancos) para transformarlo en una plantación de pino rodeno (que no bosque) tuvo como finalidad la producción de resina de cara a la actividad industrial. Esta sustitución de ecosistemas paralizó las dunas, eliminó el paludismo, y de paso la actividad y cultura pastoril y corchera de toda una región. Cuando la resina perdió su valor, solo quedó la explotación forestal, altamente mecanizada y con poquísima mano de obra y actividades de transformación. La administración forestal franquista importó un modus operandi anacrónico, que ni la producción de madera, ni de resina podían justificar.

Como en el caso de la construcción de embalses existen, eso sí, mantras que se siguen utilizando “oficialmente” para justificar las repoblaciones indiscriminadas con pinos. Uno de ellos es el “control de la erosión”, falaz porque se ha demostrado experimentalmente, mediante mediciones reales, que el matorral es mucho más efectivo para controlar la erosión que las repoblaciones con aterrazamientos. Otro es justificar las sobredimensionadas pistas forestales como paso para vehículos de “control de incendios”, la mayor parte de los cuales no se habría producido si esas pistas no hubieran existido, ya que facilitan el acceso indiscriminado a la montaña. Otro mantra común es la “regulación hidrológica”, también falso porque la mayor parte de las repoblaciones se han realizado en zonas con capacidad propia de regeneración de vegetación.
 
El aumento de la biodiversidad es otro argumento mendaz, a menos que se acepten los postulados genetistas del profesor Gil Sánchez. Todos estos argumentos parecen estar sustituyendo al del autoabastecimiento en pasta de papel y madera, un sueño de la dictadura que se ha abandonado por inútil, absurdo y desproporcionado. En lo que sí han sido tremendamente efectivas las políticas de repoblaciones forestales con pinos ha sido en su actuación como ariete para conseguir despoblar lo que ahora se denomina la “España vaciada”. Una guerra de la administración del Estado contra los ciudadanos, como otras tantas, incluida la del agua, en la cual el parque de maquinaria pesada de construcción norteamericana y alemana como herramienta y las especies de pino como carne de cañón han sido los principales instrumentos. Sobran ejemplos en toda la geografía peninsular de pueblos sin carretera por los que pasó una pista forestal después de desaparecer su último habitante, de pequeños ganaderos y agricultores de subsistencia expropiados y expulsados de sus tierras para repoblarlas con pino y “ordenarlas”, de gente que vendió “voluntariamente” sus tierras al Patrimonio Forestal del Estado porque no había ni presente, ni futuro, ni carretera… de aquellos pólenes estos pinos.

Una buena parte del discurso del profesor Gil Sánchez se dedica a desmontar los supuestos “mitos” de la Transición, incluyendo las tesis provenientes del mundo de la ecología. Libros como Ecología y Politica o Madrid Verde aparecen específicamente representados en la charla. Al igual que ha ocurrido en el tema de la gestión del agua, la aparición de corrientes de pensamiento a partir de presupuestos científicos permitió cuestionar la irracional política forestal de la dictadura y ensayar nuevos modelos para gestionar el medio natural. Sin embargo, a pesar de una cierta renovación de las administraciones (en muchos casos solamente un blanqueo superficial) siguen en pie formas de hacer heredadas que parecen difíciles de erradicar; ejemplos hay cientos si no miles.
 
En este camino de vuelta al pasado, el discurso forestal “neo-franquista” considera que hay un grupo ideológico asentado en la administración, los “fitosociólogos”, término por el cual interpreto que se refiere a la Ecología en general y a los científicos y profesionales especializados en esa materia, que dominan la política forestal “con malicia o ignorancia”. Según el conferenciante, este grupo de “fitosociólogos” es el que controla la gestión de la naturaleza a nivel estatal. Toda una exhibición de neolenguaje y “fake news”. Resulta tremendamente chocante esta visión (es lo del vaso medio lleno y medio vacío) porque como decía anteriormente hay pruebas suficientes para demostrar que en la gestión forestal pública las cosas se siguen haciendo (gastando dinero público) de mal a muy mal, con honrosas excepciones. Los mitos y obsesiones sobre el papel de las pistas forestales de doble carril, pistas de saca, cortafuegos, aterrazamientos, mecanización, etc. frente a creación de empleos, o la utilización beneficiosa de la cabra, o la colaboración con la gente neorural, son ejemplos bastante tangibles.

En resumen, lo más interesante de esta charla es que permite corroborar el modelo de funcionamiento de la administración en el Estado español, al menos de la “España profunda”: un modelo que explica tanto la gestión forestal como la hidrológica, por hablar solo de dos aspectos relacionados con el medio ambiente. Todo el mundo tiene derecho a expresar sus opiniones científico-técnicas, mejor sin descalificaciones hacia otros profesionales (esperamos no habernos pasado de la raya en ese sentido), pero que la Universidad de Zaragoza, y en concreto la EINA, se convierta en altavoz de una visión no contrastada, y en este caso de corte neo-franquista - en el aspecto forestal- teniendo en cuenta todas las declaraciones firmadas sobre sostenibilidad, ODSs, etc., nos parece sencillamente un considerable error.

Zaragoza, 1 de marzo de 2021

Antonio Casas

Jose Luis Briz

Óscar Pueyo
 
Sesión 318 del Ateneo de la EINA.
Los pinos no son hijos del franquismo: su “mala prensa” es un mito.