viernes, 13 de agosto de 2021

LAS DOS ESPAÑAS DE MACHADO TAMBIÉN LO SON DE LA ENERGÍA NETA DECRECIENTE

INFORME: At Risk Of Poverty and/or Exclusion (AROPE) 2020

"Aquí la cuestión a plantear a esta gente es muy simple: que demuestren con datos que el crecimiento es viable siquiera a medio plazo. Si lo demuestran, con los datos en la mano, fin de la discusión. Si no lo demuestran empezamos a debatir a ver qué se les ocurre". Luis Picazo

Queridos lectores, en los últimos días y sobre todo tras la publicación del sexto informe de evaluación del IPCC sobre cambio climático, han surgido voces desde el mundo científico advirtiendo del inexorable camino de descenso energético y por tanto, económico que vamos a recorrer (figura 1). Al mismo tiempo desde el mundo político y empresarial, sin comprender claramente qué significa esto, nos tachan a los científicos que consideramos el fin del crecimiento como una posibilidad más que probable, de teóricos del ascetismo, herederos del ludismo, y absurdeces similares de quien debe estar habituado a mezclar churras con merinas.

Muy frecuentemente somos agoreros y de manera peyorativa también comunistas, milongueros de la izquierda, pero por encima de todo populistas, cuando por lo comentado en general por ellos mismos, en sus propias opiniones, las que publicitan sus medios, podríamos ser cualquier cosa menos eso. Y es que el decrecentismo es de todo menos atractivo (o sexy, como han afirmado ya varios políticos de talla nacional e internacional). Es de destacar ese uso peyorativo de "populistas" en un artículo bastante desnortado de Josean Beloki, concejal de Geroa Bai en Huarte (Navarra), "Decrecimiento y Energía" al que en Twitter se le somete a un análisis minucioso (muy significativo) por parte de varios científicos, personas vinculadas al sector energético, economistas o por usuarios de esa red.

En dicho artículo de opinión, publicado en Diario de Noticias de Navarra, DEIA y otros medios afines al PNV, el autor, además de hacer una desafortunada macedonia de historia, ciencia y tecnología, llega a afirmar cosas como que "...las teorías del decrecimiento no son algo nuevo ya que hunde sus raíces en los movimientos ludistas del siglo XIX [...]. Desde el punto de vista energético, una de sus bases principales es la paradoja de Jevons que dice que "aumentar la eficiencia disminuye el consumo instantáneo, pero incrementa el uso del modelo, lo que provoca un incremento del consumo global". El decrecimiento apunta, además, que los combustibles fósiles no son eternos y que, tras su agotamiento, las energías renovables no serán capaces de asumir el hueco dejado por petróleo, gas y carbón, por lo que no queda otra que consumir menos para producir menos...".

El artículo continúa con el extendido desconocimiento —de la geología de la energía (que no tecnología) y de los procesos extractivos, de refinado y puesta en servicio— del que suelen dar muestra (y a veces, hacer gala) políticos, empresarios e incluso algunos denominados "expertos" y que se observa a menudo en el hecho de confundir reservas con recursos o diagnósticos con creencias y deseos o hablar del petróleo en general sin diferenciar el líquido o material convencional o no convencional, etc.

El artículo culmina confiando los avances en la extracción (o no) al desarrollo futuro de "otras cosas tecnológicas" siempre positivas para el buen progreso de nuestra sociedad del bienestar, confiando también dicho progreso y la seguridad estructural de esta sociedad del bienestar a la esperanza y a la fe en una tecnología que no existe, pero que sin duda, cree el autor, existirá. Pues para el político, "... Es una realidad que los avances tecnológicos propiciados por el desarrollo económico han mejorado la calidad de vida de la humanidad. No hay más que ver cómo era el mundo antes de la Revolución industrial y cómo es ahora. Un cambio civilizatorio vertiginoso en apenas 200 años frente a la evolución humana de los 3 milenios anteriores en el que el consumo de energía ha sido clave para conseguirlo...". Invito a la persona que lee para que considere por sí misma qué y cuánto es lo que ha propiciado —desde la Revolución Industrial— el desarrollo tecnológico, industrial y económico, a echar una ojeada a la figura 1 de este artículo.

Pareciera que quienes así razonan no han entendido aún que toda tecnología necesita de una cantidad constante y creciente de energía abundante, barata y versátil para su funcionamiento, despliegue a gran escala y mantenimiento, y de momento, como vamos a comentar a continuación, ni esa fuente de energía, ni la tecnología que posibilite su distribución para seguir con el crecimiento infinito, existe ni se le espera. La tecnología por sí sola nunca va a generar energía y en un contexto de crecimiento y despliegue energético de más bajas TRE, toda eficiencia cumplirá la paradoja de Jevons o efecto rebote a la que se refiere el político.


La sociedad de las altas TRE da paso a las de TRE decrecientes

Los combustibles fósiles tradicionales nos dieron un alto valor de tasa de retorno energético (TRE) durante muchas décadas, pero la disminución en la calidad y accesibilidad (y por lo tanto TRE), en paralelo con la energía neta generalmente más baja proporcionada por otras fuentes como las renovables está resultando —en nuestros primeros pasos— en una reducción de la producción económica mundial y la calidad de vida. 

Semejante afirmación, no obstante, está respaldada por el modelo Project MEDEAS (figura 2, izquierda): una Transición Energética con alta proporción de energías renovables puede conducir a una "trampa energética". Estos estudios indican el papel crucial de las fuentes de energía abundantes y con alto TRE en el mantenimiento de la complejidad, funcionalidad y el crecimiento de nuestra sociedad, lo que contrasta con la cosmovisión económica dominante.

Ese "exceso" de energía proporcionada por recursos geológicos de alta TRE, propiciaron las condiciones para que ciertos mecanismos de retroalimentación en la acumulación de capital, permitieran atesorar riqueza por subregiones a nivel global y/o segmentos de población local. Al evaluar el fenómeno mediante la aplicación de modelos tipo depredador-presa se aprecia la evolución de cuatro factores: élites/plebeyos/naturaleza/riqueza que King y Jones, (Cambridge, 2021) identifican en que las élites económicas se aprovechan de los recursos y la mano de obra (figura 2, derecha).

Figura 2. Izquierda: Evolución dinámica de la TRE del sistema de energía total para los escenarios de Crecimiento Verde con diferentes grados de sustitución renovable CV-50% Green Growth (GG-50%), CV-75% (GG-75%) y CV-100% (GG-100%) y diferentes niveles de riesgo sistémico identificados en la bibliografía. Estos niveles son indicativos de que los riesgos son inversamente proporcionales a la TRE (Proyecto Medeas). Fuente: GEEDS (castellano) y aquí el artículo completo publicado en Energy Strategy Reviews. Iñigo Capellán-Pérez, Carlos de Castro y Luis Javier Miguel González. Derecha: evolución de los beneficios empresariales (azul) y su reflejo en los salarios (rojo) sobre la base constante del € de 2010 cuando España se comprometió (y no cumplió) en el Programa 2020 a disminuir la pobreza en 1,4 millones de personas entre 2010 y 2020. Fuente: Contabilidad Nacional de España. Barómetro social de España.

La estratificación económica

Lo comentado anteriormente está llevando a la estratificación económica y a la tensión ecológica y, finalmente, al colapso social irreversible por partes, sectores o estratos (lo vemos más abajo). En los próximos años el coste de la producción de energía para impulsar el crecimiento aumentará inexorable e incontroladamente. El problema crecerá incluso con el valor de mercado de la geología de la energía permaneciendo bajo. Nuestros dirigentes aún no han comprendido que la energía no es un servicio o mercancía sometido a leyes de oferta y demanda, sino un precursor de la actividad económica que cumple las leyes de la termodinámica, ni se crea ni se destruye y fluye en una sola dirección: de disponible a no disponible.

El rendimiento total de la energía neta para impulsar el crecimiento económico ya está en declive y vemos, por ejemplo, cómo China, Alemania y EE.UU. aumentan el consumo de carbón para mantener su producción tecnológica e industrial; el caso de China es llamativo porque las empresas occidentales llevaron su producción allí, se externalizó el trabajo sucio durante la globalización a costa de hundir y endeudar a la clase media occidental (figura 2, derecha). Sobre todo llama la atención la administración Biden (EE.UU.) pidiendo a la OPEP desesperadamente el bombeo de más petróleo (figura 3): se impulsa quemar más y más para obtener menos energía, ya que actualmente las TRE en declive llevan a que, para mantener el mismo nivel de consumo se requiera la quema de más y más fósiles para extraer éstos. Este problema fue analizado desde la perspectiva de la inseguridad y volatilidad en la Revista 15/15\15 para una nueva civilización: Volatilidad del petróleo: la enorme piedra en el camino hacia la Transición Energética.

Figura 3. EE.UU. exige a la OPEP y a sus aliados que aumenten el bombeo de crudo. El Economista.

El decrecimiento no es una opción, ni siquiera es un deseo, es un diagnóstico

Por lo tanto, ahora mismo la tarea urgente es reescribir la economía de un mundo real. Estamos rediseñando nuestros conceptos de valor y prosperidad en la era de esta transición forzada. Pero la pobreza alrededor ya es una compañera habitual y no estamos tomando medidas reales. España debía reducir la pobreza en 1,4 millones de personas entre 2010 y 2020 (Programa Europa 2020) pero elegimos el camino contrario: aumentó. Un ejemplo: las olas de calor requieren un lujo para ser tolerables: energía. Las dos Españas de Machado también son energía

El decrecimiento no es una opción, ni siquiera es un deseo. Es más bien un diagnóstico que brinda la posibilidad de un descenso con descentralización, descomplejización, desjerarquización, desglobalización..., lo que sí es, es innegociable. Todo lo demás es algún grado de colapso, incluidos los más violentos y de carácter autoritario. No podemos estar seguros al 100% de cuál será un resultado que carece de precedentes. Existe, por supuesto, una dimensión ética y un decrecer voluntario, que lo hace deseable y no solo necesario u obligado para algunos científicos, humanistas, activistas; ese aspecto que tiene más que ver con la justicia entre todos los seres y especialmente, entre los humanos del centro y la periferia, además de con el planeta al completo, es el que puede recordar a cierto ascetismo del que hablan los políticos que se forjaron con la gran aceleración como si no fuera una anomalía.

Pero no lo olvidemos, no existe de momento “una solución técnica” para seguir viviendo en esta anomalía histórica, más allá de la sustitución puntual y que puede derivar en soluciones elitistas o ecofascistas, porque los ritmos de implantación de las tecnologías renovables —que en cierta manera nos devuelven a la economía circular— son menores a los de la pérdida de TRE de los fósiles. La alarma ecológica por tanto, nos obliga a racionalizar consumo y producción y la alarma social nos obliga a intentar hacer viable la continuidad de la vida humana civilizada. Tanto el mensaje de la contención como el de un decrecimiento sin negociación posible son indigestos, impopulares, diametralmente opuestos a cualquier populismo. Parece una broma de mal gusto para una sociedad adicta a la opulencia, al individualismo, productos asimismo anómalos de una pequeña época anómala donde más de la mitad de la humanidad vive en la más absoluta miseria. Ese aspecto fue tratado con más profundidad y con una perspectiva histórica en este artículo.

No obstante, lo que sí podemos saber con certeza, es que la era del crecimiento económico ilimitado —que es la característica definitoria del capitalismo financiero neoliberal basado en la disponibilidad asegurada de materiales geológicos extraídos a partir de otros de altas TRE— tal como la conocemos, y con cadenas de suministro y distribución garantizadas, ha terminado de verdad (figura 4), y si no tomamos medidas técnicas adecuadas y urgentes, pero por encima de todo sociales, la expansión acelerada de la pobreza aumentará todavía más. Ya es (o debería ser) el mayor quebradero de cabeza de nuestros dirigentes y de la propia sociedad en general. 


Comprender cómo funciona el metabolismo de nuestra organización social es requisito indispensable, además de necesario —pero no suficiente— para tomar las decisiones valientes que requieren estos tiempos. Y desde la ciencia lo vamos teniendo más claro, prácticamente no hay tiempo: #NoHayTiempo. Si realmente queremos acabar con la pobreza, se requiere un consenso honesto con una inversión a largo plazo, tan largo como el conocimiento del declive de las tasas de retorno energético (TRE).

No podemos esperar resultados inmediatos volviendo a quemar combustibles fósiles ni haciendo de las energías renovables una continuidad de éstos, deberemos dejar de movernos en términos de productos vendibles, sino sin retorno de la inversión visible, sin ganancias en el corto plazo. Dicha inversión solo puede generarse en un entorno no mercantil, en el que el pago es colectivo y el beneficio financiero o el crecimiento económico y por lo tanto la quema otra vez de fósiles que son ya muy difíciles de extraer, no son los objetivos. Las soluciones tipo rescate de sectores poderosos, primero financieros, como tras la crisis de 2008, y ahora, a las empresas que van a cambiar su modelo extractivo, están condenadas al fracaso de esos (si realmente fuesen sus principales) objetivos, tal y como comentamos aquí y aquí.

La complejidad moderna (de tipo sociopolítico, pero también tecnológico e informativo) que brindaron las fuentes de altas TRE, ha alcanzado niveles tan altos que en muchos casos se ha vuelto indescifrable para los seres humanos individuales. Así, desde el aporte de cada individuo, se ha permeado de un elevado grado de incomprensión a las instituciones humanas. Lo podemos comprobar en el comportamiento impredecible y contradictorio de los mercados de valores, en la volatilidad tanto del valor mercantil como de disponibilidad real de los materiales geológicos tales como semiconductores o energéticos. Lo hemos visto recientemente en las sorprendentes contradicciones de entidades como la Agencia Internacional de la Energía (AIE) que asesora, en el caso que nos concierne de la gestión de la energía, a los gobiernos, tal y como explicamos en este artículo. Los cada vez más frecuentes fallos y fracasos en la implementación de "megaproyectos" son fruto de una complejidad proporcional a la necesidad de una energía a la que se dio por sentado "poseer" pero que no está disponible y sobre todo, a nuestra incapacidad de abordar desafíos a escala global
 
Ahora deberemos buscar un entorno capaz de distribuir la riqueza menguante, digno para las personas, para todas, el resto es irremediablemente el colapso. Es decir, en la mayoría de las propuestas como Next Generation EU o los diferentes Green New Deal, se excluye lo fundamental: la idea de que, siendo la crisis sistémica la propia realidad del sistema mercantilista, y siendo creada por él, no se puede solucionar desde los propios mecanismos que la generan. Sin embargo, pareciera que la asignación de más recursos económicos para esos mecanismos sí lo pueden conseguir: la propia crisis económica que se ha creado —como la medioambiental y la social que genera y se amplifica en las nuevas condiciones de irreversible declive energético y de recursos— tendría entonces una solución económica. Y si ya vemos que ante los primeros efectos negativos no hay otra reacción que la de endeudar a las generaciones por venir y arruinar el medio que deberá garantizar sus vidas, serán las comunidades locales las que tendrán que, finalmente, tomar las riendas de sus destinos.
 
 
Por cierto, hoy se cumple un lustro de la presentación en Bermeo (Bizkaia) del documental "La cruda realidad" de Aitor Iruzkieta Ortúzar, en plena vigencia, como se comenta en esta entrevista al director: El documental «La cruda realidad» y su absoluta vigencia.

Extracto del discurso del Almirante Rickover (1957). "Los recursos energéticos y nuestro futuro".

domingo, 1 de agosto de 2021

YESA Y LA AVIONETA DE JUGUETE A LA QUE SE LE ROMPIÓ EL ALA DERECHA


Tenía unos 9 años cuando me regalaron el juguete que más recuerdo de mi infancia. Era una avioneta con alas de poliestireno ligero y una goma interior que se enrollaba un número determinado de vueltas de hélice y al soltarla giraba en sentido contrario accionándola como un motor. Mi mayor deleite era verla despegar y elevarse por encima de las cosas del pradillo exterior una vez despegaba de la pista que había dibujado en la solera de hormigón con una tiza; así eran los bajos de la casa del pueblo.

Debía tener mucho cuidado de orientar bien aquella justísima salida, pues dos de las columnas que sostenían el primer forjado enmarcaban esa frontera al exterior y no deberían ser objeto de un accidente. Había unos personajes dibujados en las ventanillas que sonreían y parecían divertirse tanto como yo con cada vuelo, les había puesto nombres ingleses, era la moda. A veces, la avioneta tomaba tanto impulso que se salía de la finca y aterrizaba en la de enfrente para sorpresa de las vacas; poco a poco se fueron acostumbrando a los aterrizajes del artefacto, inicialmente iban a curiosear a ver qué era aquella cosa amarilla de alas pálidas, pero pronto supieron que siempre aparecía el pequeño oficial de salvamento corriendo al rescate, enseguida perdieron el interés.
 
La catástrofe

Un día, un mal cálculo en la orientación del despegue y una mala ráfaga consumaron la temida catástrofe. Recuerdo aquel traicionero viento sur del septiembre de Cantabria. Cuando comenzaba la parte más fastuosa de la maniobra de despegue, la puta ráfaga empujó mi idolatrada avioneta contra una de las columnas, con tan mala suerte que seccionó el ala derecha. No sabría explicar mi disgusto y decir el tiempo que estuve llorando, pues supe enseguida que aquello tendría una muy difícil (o nula) solución.

Mi padre, al que debí dar mucha pena —pues rara vez se inmiscuía en los fútiles asuntos de los niños—, me dio una esperanza, disponía de un potente pegamento de dos fases que se mezclaban (Araldite) y que en unas 24 horas obraría el milagro casi sin notarse. No sé si aquella noche pude dormir, la impaciencia me empujaba a acudir una y otra vez a la UCI de las avionetas a inspeccionar y retocar los apoyos (un vaso de Duralex y una caja de puros), me interesaba sobre todo la evolución de la convaleciente en la esperanza de que aquella cicatriz pudiera, al menos, ser maquillada.
 
Resiliencia y Araldite: la segunda catástrofe
 
Al día siguiente, entre nervios y esperanzas, mi avioneta se dispuso a despegar completamente recuperada. El primer despegue recuerdo que fue corto (pocas vueltas de goma) y todo un éxito, sin embargo, aquel niño algo barruntaba. La prudencia no me empujaba a salir con demasiada potencia y me contuve dando la mitad de vueltas a la goma, quizás el primer factor de seguridad que me haya salido del alma.
 
Pronto me vine arriba probando con más vueltas de hélice y varios trucos de maquillaje en la cicatriz —que por cierto, fueron toda una chapuza— para asumir que mi avioneta lisiada llevaría para siempre las marcas de su calamitosa biografía; pese a ello, mi falsa sensación de seguridad era proporcional a la euforia provocada por la tecnología de un pegamento ultramoderno y poderoso que actuaba desde dos fases. La liturgia en la exactitud de aquel mezclado —con una paletita metálica "especial"— de lo que salía por dos tubos, una fase blanca y otra incolora, le daban a mi padre cierto aire de omnipotencia; los niños no podíamos manejar algo tan técnico y avanzado. No tenía nada que ver con el pegamento del cole para el papel o el aromático Supergen para figuritas y zapatos.
 
No pasó mucho tiempo hasta desatar la máxima potencia y volver a verla despegar por encima de los arbustos e incluso volver a elevarse en los cielos como en sus mejores vuelos. Hasta que, en uno de esos vuelos, ya avanzado el despegue, pude observar casi a cámara lenta cómo se desprendía aquella ala herida y forzada; según caía la avioneta con Peter, Molly, Susan y el piloto James, a mí se me caía el mundo. Entonces asumí la realidad: mi avioneta y sus pasajeros pasarían el resto de su vida como un adorno en la estantería de mi habitación. Y así fue.

Mi juguete favorito, con un solo ala funcional y la otra pobremente pegada, seguía siendo una avioneta, pero ya no servía para volar, era un adorno más en la estantería, entre los restos de algún Madelman venido a menos y la excavadora de plástico con la que jugaba en la arena.
 
Y en la era del Loctite...
 
En Yesa ya han pasado más de dos décadas de obras (2001-2021, cuando la fecha de entrega era 2009) y se ha cuadruplicado el presupuesto a pesar de las advertencias dadas por el Tribunal de Cuentas (ver figura 3). Y es que al recrecer la presa de Yesa como un proyecto especulativo más, sin que se vislumbrara ningún interés general, como rubricó el citado Tribunal en 2018, al igual que a mi avioneta de juguete, se le rompió el ala derecha (hegala en euskera también se utiliza para ladera) y a pesar de los distintos Araldite de estos años y los maquillajes físicos y publicitarios, la cicatriz ya no se puede maquillar, aún sigue ahí y ahora es algo parecido a un enorme cráter excavado sobre un glaciar a la deriva (figuras 1 y 2).

Las presas funcionan porque las dos alas (derecha e izquierda) permiten sostenerlas, al igual que el aire a mi avioneta. El ala derecha de Yesa está rota (figuras 1, 2 y 3) y de la izquierda poco sabemos, quizás también quedó tocada tras el enorme deslizamiento de 2006 que se ocultó hasta que el diario El Mundo lo sacó a la luz y comenzaron a saltar las alarmas.

Tras la catástrofe de 2013 (figura 3) el ala derecha quedó hecha añicos por varias fracturas, dos de ellas determinantes. Como con la primera catástrofe de mi avioneta, se dieron cita acontecimientos naturales desfavorables (unas lluvias muy intensas) con un mal cálculo del último despegue (300 metros de excavación bajo la propia ladera), el proyecto quedó para estantería. Los responsables han roto el juguete y lo saben, ahora buscan a un papá que disponga de una nueva versión —siglo XXI— de aquel pegamento de dos fases o, en su caso, una suerte de Loctite que pueda pegar lo que lleva ya nueve años triturándose a un ritmo de entre algo menos de 2 y unos 4 milímetros al mes.
 
Pero la mala noticia es que no disponemos de una tecnología que, como le ocurrió en la segunda catástrofe a mi avioneta, garantizara un pegado seguro. Y menos aún a 60 y 120 metros de profundidad, donde se encuentran la superficie principal de rotura (SPR) y la superficie inferior de rotura (SIR) respectivamente. Hay una importante diferencia: mi avioneta apenas asustó a unas vacas, a Yesa se le ha forzado a convertirse en una bomba de relojería que amenaza a miles de personas.

Ese año Papa Noel (en mi casa nos daban los juguetes en Noche Buena para poder disfrutar más tiempo) me trajo un avión más grande y robusto. Mi avioneta amarilla pasó a la historia.
 
 
Figura 1. Evolución histórica entre 2008 y 2020 de la ladera derecha que sustentaba las urbanizaciones Lasaitasuna (izquierda) y Mirador de Yesa (derecha) aún en construcción en 2008. En 2016 se han retirado de la montaña unos 1,5 millones de metros cúbicos de roca para intentar frenar el movimiento (una solución tan conocida como pasajera). Las urbanizaciones arruinadas fueron forzosamente expropiadas y demolidas (2020) como se puede ver en la última fotografía; hoy esa misma zona que ocupaban ambas urbanizaciones (2021) ha sido excavada para eliminar más peso que pueda frenar la ladera que ha ralentizado su movimiento hasta unos 2-4 mm/mes; en el verano de 2013, según el entonces consejero de Obras Públicas del Gobierno de Navarra, "estaba absolutamente parada"
 
 
Figura 2. Situación en 2013 (derecha) tras el movimiento de toda la montaña de unos 30 cm; se señala donde se produciría en octubre de 2014 un típico deslizamiento superficial de unos 30.000 m³ (afortunadamente a unos 70 m de la vieja presa y que entonces analizamos aquí). En julio de 2021 (fotos de la izquierda) se ve que las urbanizaciones ya han sido demolidas y retiradas, además de los terrenos bajo ellas y las infraestructuras que se reconstruyeron entre 2013 y 2014 en la esperanza de que algún día los vecinos pudieran volver a sus ruinas. Este incómodo tema del desmesurado gasto en arreglos de infraestructuras para posteriormente ser demolidas y retiradas lo analizamos en este informe en la página 53. Los deslizamientos superficiales, como los de 2014, 2019 y 2020, acordes con las condiciones globales de falta de estabilidad, se siguen produciendo de cuando en cuando, también en 2021 (se puede ver en la foto de 2021 bajo la de 2014 que guardan las mismas características). Además, aparecen varios lóbulos que se activan cada cierto tiempo entre 0 y unos 20 m de profundidad; se han contabilizado más de una decena de ellos por encima de la Superficie Inferior de Rotura (SIR) y de la Superficie Principal de Rotura (SPR), tal y como podemos consultar en la página 7 del citado informe.
 
 
Figura 3. Evolución histórica media del Factor de Seguridad (FS) global de la ladera derecha de Yesa (en rojo) según informes geológicos y geotécnicos de diferentes épocas de varias universidades y de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) y del presupuesto (en verde) extraídos del BOE y Tribunal de Cuentas. La denominada "Catástrofe de 2013" supone la caída del FS a valores oscilantes con las condiciones climáticas y sísmicas; en cualquier caso, difícilmente recuperables y ya para siempre cercanos a la unidad FS ≤ 1. Una sencilla explicación del significado y trascendencia de FS ≤ 1 se puede ver en los vídeos de abajo, el primero en la comparecencia del profesor D. Tomás Morales en el Parlamento de Navarra (vídeo 1) y el siguiente (vídeo 2) en la jornada de presentación del informe "Estudio de evaluación y seguimiento de la ladera derecha de Yesa" de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA) a partir del minuto 15':50''. 
 
Vídeo 1. El profesor D. Tomás Morales de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) explica a sus señorías, en menos de un minuto en el Parlamento de Navarra, el estado de la ladera derecha de Yesa con FS ≤ 1 y su significado en el ámbito del concepto de "equilibrio estricto" (utilizado de manera equivocada por el Gobierno de Navarra y sus representantes); es la comparecencia técnica de presentación del informe de la estabilidad de la ladera derecha de Yesa ante los grupos parlamentarios en noviembre de 2020.
 

Vídeo 2. Jornada presentación informe "Estudio de evaluación y seguimiento de la ladera derecha de Yesa" de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA) con Pedro Arrojo, Relator Especial de lo ONU por el Derecho al Agua


Vídeo 3. Deslizamientos del terreno en Renania, Alemania, provocados por las lluvias históricas del verano de 2021. Según varios autores y de manera preliminar, estas lluvias tendrían períodos de retorno de entre 500 y 1000 años en condiciones que no considerasen el efecto del cambio climático.

Vídeo 4. En 20 segundos se resume lo que dicen desde el PSN-PSOE (a través del parlamentario Javier Lecumberri) que sustenta al Gobierno de Navarra, sobre el informe del propio Gobierno de Navarra y lo que dice el profesor Tomás Morales de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) sobre la estabilidad de la ladera derecha de Yesa. Obsérvese que para el político "las laderas" son estables, mientras que para el científico la ladera derecha de Yesa es inestable.
 
Vídeo 5. Un gran problema contribuyó a que Yesa acabase siendo una bomba de relojería y un agujero sin fondo de dinero público: la existencia de dos canales de comunicación, uno oficial y otro velado o más bien censurado. El primero es el político-mediático, insistiendo en un machacón e infundado "Yesa es estable y tenemos que tener un cierto nivel de tranquilidad", al que tras más de 20 años de parches incapaces de frenar los imprevisibles movimientos sucedidos, coser cicatrices y grietas, reparar los daños ocasionados, etc., con partidas presupuestarias interminables, ya no le queda recorrido, y otro, el debate científico y técnico que siempre culmina en aceptar y asumir que la ladera "es inestable y tras la catástrofe de 2013 ya no queda margen de seguridad". A este último debate nunca se le permitió salir de los gabinetes y oficinas de ingeniería si no era para acusar a los científicos de alarmistas o de hacer demagogia, algo que, durante estos años, han estado replicando la mayoría de los medios de comunicación. En un par de minutos de vídeo se resumen las más de dos décadas de palos de ciego que finalmente, han supuesto un desastre para las arcas públicas y dejan una bomba de relojería sobre la ciudad de Sangüesa. Políticos y científicos, hablan, en ocasiones y después del otoño de 2019, de un mismo informe, el del Gobierno de Navarra encargado a una empresa especializada y a expertos de dos universidades: Cataluña y Nápoles. Desde ese año, las certezas en cuanto a la falta de estabilidad son ineludibles. El debate científico ha terminado. El debate político-mediático continúa. Este aspecto es tratado en el siguiente estudio en el punto 12.2 en la página 51.

Informe "Estudio de evaluación y seguimiento de la ladera derecha de Yesa" de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA)

lunes, 3 de mayo de 2021

SOBERANÍAS BÁSICAS, DESCENTRALIZACIÓN Y DESCOMPLEJIZACIÓN DE IBERIA

 

Figura 1. Diferencia generación-demanda de elecrtricidad (MWh) en 2007. REE.

Queridos seguidores, tras leer el último artículo de Antonio Turiel, con el que no pudo estar más de acuerdo, titulado "centro versus periferia", es inevitable que la imagen de arriba (figura 1) no se nos evoque una vez más. Se trata del gráfico de 2007 de REE en que se ve la diferencia entre generación y demanda de electricidad de la España de inicios del siglo XXI; es una instantánea del funcionamiento del Estado antes del colapso de los mercados de 2008. Refleja perfectamente el carácter centralista del Estado, no sólo desde el punto de vista administrativo, sino del movimiento de mercancías, flujos de energía o movimientos de recursos básicos. Su contraparte, el flujo de desechos desde los sumideros, se puede visualizar simplemente dándole la vuelta. 

Volviendo al colapso de 2008, la reacción ante aquella primera ola de las crisis del XXI activó, entre otras cosas, lo que iba a ser el salvador itinerario Smart 2020 (que tal y como vimos a su llegada a la meta, que era 2020, fue todo un fracaso); sus loables objetivos de igualdad, justicia social, empleo de calidad, disminución de la polución y emisiones de GEI, inclusión, etc., se basaban, sobre todo, en la eficiencia energética, la automatización de procesos, las TIC y la digitalización. Entonces, además del declive irreversible y el máximo uso histórico de recursos (146.000 Ktep), comenzó tímidamente a hablarse de transición energética, eso sí, a pocas administraciones se les pasó por la cabeza cambiar los flujos que representa la imagen de arriba. Es importante recalcar que la electricidad (ver figura 2) apenas supone un 20% de toda la energía consumida, pero en cuestiones de materias primas, el centro del Estado se comporta de manera similar.

¿Era realmente posible una sustitución 100% renovable para que, ese mismo modelo, que sostiene el complejo organismo tecnológico y social representado por el Estado español, siguiese funcionando con el cambio de dieta? La respuesta es obvia: sí pero de otra manera y con menores flujos, tanto de energía como de recursos básicos, materias primas, etc., tal y como marcan las irreversibles tendencias de la figura 2 de abajo. Ese diseño y su funcionamiento se proyectaron (aunque no se fuese consciente) y se implantaron desde el crecimiento constante de flujos de recursos de ultramar y periféricos. Fundamentalmente desde mediados del siglo XX se materializó gracias a una anomalía histórica: la abundancia de energía fósil, tal y como vamos a poner en su merecido contexto histórico un poco más abajo para comprender los retos a los que nos enfrentamos y conocer de qué herramientas sí disponemos. Veremos también que unos años antes, los intentos de su desarrollo se toparon con numerosos escollos y por ello el avance fue bastante poco fructífero.

Se escuchan voces que creen que esta incontestable visión de los datos es pesimista e incluso apocalíptica, porque rompería con siglos de inercia, olvidando que existe una cosa denominada ingenio humano, pero bien entendido y desligado de toda fe, sea ésta religiosa o tecnológica. Nadie ha dicho que no sea posible. En este programa de Radio Euskadi, "La Mecánica del Caracol", en el espacio de Ciencias de la Tierra que desde 2013 mantengo gracias a Eva Caballero, pudimos charlar con Antonio y desde un enfoque más geológico o mineral, aunque también tratamos esa dimensión social, vimos que esa transición se puede y se va a realizar, tanto si nos gusta como si no: "Retos ante la crisis energética global". Y no sólo se puede, sino que es innegociable. La cuestión es qué modelo de sociedad, modelo productivo, organización, etc., puede hacerlo, y obviamente uno diseñado y basado en los combustibles fósiles, cuando éstos van perdiendo calidad e incluso desapareciendo, como veremos, no está preparado. Ese sería el hilo argumental del último artículo en The Oil Crash de Antonio Turiel, "centro versus periferia".

 Castrillón, Asturias, 3 de mayo de 2021


1. Centralización - descentralización

La instantánea que representaba la figura 1 —la que abre este artículo— corresponde a la rebanada temporal 2007-2008 en la parte de abajo de la figura 2. Miramos por el retrovisor de la historia energética (apenas han pasado 13 años) cuando ya no queda prácticamente minería del carbón en España (línea azul marino) —en 2019 se cerraron todas las explotaciones subterráneas de este combustible fósil, y sólo quedó una a cielo abierto, según la Decisión 787 de la UE para el cierre de todas las explotaciones “no competitivas”— y la transición energética sigue siendo un verdadero enigma.

Esto es así porque no se hicieron los deberes a tiempo, quizás si se hubiese acometido la transición y paralelamente la descentralización, hace un par de décadas, la cosa sería distinta. Así lo comentaba Antonio en el programa de Radio Euskadi; los flujos energéticos con altas tasas de retorno energético (ver el apartado 6 de este artículo para comprobar la importancia de las TRE) que nos propiciaron aquellos productos fósiles —fruto de la fotosíntesis y de estos mecanismos evolutivos que describimos en la tectónica de placas— serán progresivamente sustituidos por otros flujos captados mediante tecnologías más modernas, pero mucho menos densos energéticamente, más caros e intermitentes y sobre todo, mucho menos eficientes. Ahora una buena parte de esa transición y su descentralización serán forzadas por los acontecimientos en una medida nada desdeñable, con cada vez menor capacidad de maniobra.

 

Figura 2. Arriba: consumo de energía primaria en España (Libro de la Energía 2018-MITECO) y abajo el de energía eléctrica (aproximadamente un 20% de la anterior) presentado por tipo de tecnología (Libro de la Energía 2019-MITECO). Como se puede ver, con los datos del consumo eléctrico que alcanzó su cenit gracias al carbón y a las instalaciones de ciclo combinado de gas en 2008, la figura 1 aparecería como un objetivo deseable (desde el punto de vista exclusivamente económico) en sí mismo, simplemente cambiando las fuentes de energía. 
 
Y es que no nos queda más remedio: los combustibles fósiles son un recurso finito que hemos quemado como si no hubiese un mañana, y su uso tiene efectos secundarios sobre las corrientes que alimentan nuestros ecosistemas y nuestros cuerpos-vórtices tal y como planteaba en la Revista 15/15\15 para una nueva civilización en el artículo sobre Arnao observando el declive desde el lugar donde todo empezó (y desde donde estoy escribiendo estas líneas) con la primera mina de carbón (ver vídeo de abajo). Todo empezó realmente aquí en Arnao, en la costa asturiana de Castrillón. Una observación que se convertiría rápidamente en revolucionaria, y que es hoy una meta cultural (convertida en museo) recién descubierta: la primera explotación donde nace el capitalismo fosilista en España y que llegó a explotar incluso bajo el mar.

Como comentaba en aquel artículo sobre Arnao y el cierre de las minas de carbón, un religioso vecino de Naveces, Fray Agustín Montero, descubría en el año 1591 una “piedra negra”, que se comportaba como el carbón vegetal y con la que se podían confeccionar herramientas. Comunicó el hallazgo al emperador Felipe II mediante un escrito que ha sido recientemente rescatado de los archivos del Ministerio de Cultura. El emperador, convencido de la valía de tal descubrimiento, otorgó sobre Arnao la primera concesión de explotación de un hidrocarburo, carbón mineral, en la península. Pero su desarrollo a escala industrial hubo de esperar más de dos siglos y se catapultó con la construcción del primer ferrocarril español con inversión e ingeniería belga (realmente fue el segundo después del azucarero de La Habana).


Arnao, Castrillón. La primera mina de carbón (se puede ver el castillete desde donde bajaban los mineros a más de 80 m de profundidad en dirección al mar al final de la toma) y el primer ferrocarril. Todo empezó aquí

Tres décadas antes del descubrimiento del avispado religioso asturiano, en 1561, el mismo Felipe II que da la concesión de explotación de un combustible fósil por primera vez en la historia española, instala la corte en Madrid. Esta decisión real cambiará radicalmente el futuro de la villa castellana. Así poco a poco iría creciendo hasta aglutinar hoy a casi el 15% (6,7 millones) de la población española en un territorio minúsculo. Madrid se convertirá en capital de la Monarquía Hispánica y en el centro de las decisiones políticas desde ese mismo momento. La ciudad había sido fundada por el emir Muhamad I en el siglo IX, tomando como eje el Alcázar Mayrit de donde viene su nombre. ¿Cómo pudo ser posible semejante "milagro"?

Madrid, antes de la época de Felipe II estaba escasamente poblada, su papel administrativo y estratégico había sido relativamente periférico en la línea fronteriza musulmana. Sin embargo, Felipe II pensó en cómo dotar a la villa y corte de los mejores servicios y comodidades, para ello comenzó el trazado de salidas a los principales puertos que traían los recursos de ultramar. Trazó un plan para que tuviera las mejores infraestructuras y comunicaciones, empezando por un puerto con salida por el Tajo que posteriormente fue mejor estudiado y obviamente abandonado por sucesivos intentos de otras tantas monarquías con sus forzados ilustres ingenieros. Dada la imposibilidad de su construcción, se optó también por el canal del Guadalquivir que igualmente fue abandonado. La salida al mar de Madrid siempre fue el sueño de los reyes.

Felipe V trazó las postas y el km 0 en la Puerta del Sol, lo cual dio lugar más tarde a esas comunicaciones radiales que son las seis carreteras nacionales hacia los principales puertos. Éstas adquirieron un auge importante a partir de 1840. En 1855 se encontraban abiertos al tráfico 10.323 km de caminos pavimentados, el 65,7% (6.787 km), eran carreteras generales, y el 34,3%, arterias transversales y provinciales. Durante el siglo XX hubo varias modernizaciones aunque con bastantes bajos rendimientos si los medimos en la adecuación o construcción de kilómetros/año. Eran esperables tan desalentadores resultados dadas las vicisitudes de un colonialismo en repliegue, el desasosiego tras el desastre de 1898 y varias dictaduras y guerras que retrasaron aquellas expectativas.


Figura 3. Mapa guía principal del Plan de Modernización de la red de carreteras españolas de 1950 .

En 1950 se presentó el Plan de Modernización de la red viaria española, muy ambicioso pero finalmente limitado en su aplicación real. Se trataba de un programa de mejora y acondicionamiento de la red, que se ciñó a las que se denominaron "carreteras de circulación más intensa". Después vinieron los llamados "itinerarios de circulación media y reducida". En realidad, solo llegaron a proyectarse completamente las actuaciones relativas al primer grupo de carreteras: las radiales (R.I a R.VI).

En 1957 y tras un cierto desbloqueo internacional con un mundo en plena aceleración económica, hace su aparición el Seat 600. Su expansión industrial supuso un cambio radical en la industria estatal, en el transporte y en el desarrollo del turismo, sector que va a destacar sobre el resto con el aumento sin precedentes del consumo de petróleo en España. La generalización del uso del automóvil dio el salto que, tras las sucesivas crisis del petróleo de 1973 y los años ochenta, además del colapso de los mercados de 2008, más o menos pudo mantenerse, sobre todo endeudando a las clases medias. Hasta 2020 en que el horizonte pinta como las gráficas de consumo de energía (figura 2).

2. Complejización - descomplejización

El automóvil, en ese periodo de casi seis décadas, dejó de ser una cosa exclusiva de ricos. Las familias de nivel medio pudimos acceder al vehículo autónomo, lo que significó el cambio sociológico más importante de los últimos siglos. El transporte de mercancías, productos de primera necesidad, alimentos, recursos para la industria (y en dirección contraria las ingentes cantidades de desechos que produjo el centro peninsular) marcan el último gesto del flujo de energía y recursos básicos del organismo ibérico (figura 1).

Ahora nos queda el repliegue en este rítmico devenir del respirar que consta de dos movimientos (inspiración y espiración) de la Iberia física —ningún organismo se puede mantener para siempre en el inspirar si no quiere explotar, ni en el espirar si no quiere ahogarse—. Si este tipo de funcionamiento llegó a ser posible con una tasa de urbanismo por encima del 80% (sólo 2 de cada 10 personas viven hoy del sector primario produciendo alimentos y productos básicos) fue sin duda gracias a la abundancia y asequibilidad de los combustibles fósiles que propiciaron la construcción, mantenimiento y funcionamiento de toda la infraestructura de centralización.

Pensemos que al iniciarse el siglo XX sólo un 30% de la población era urbana y era mantenida por la menguante población dedicada al sector primario eminentemente rural. De cada 10 personas 7 trabajaban en el campo frente a los 3 que vivían en la ciudad. Entre 1960 y 1980 la tasa de abandono del campo alcanzó el 1% de la población a nivel estatal cada año, coincidiendo con el impulso de las carreteras, pasando de poco más de la mitad en 1960 a que tres de cada cuatro españoles ya se habían mudado o vivían desde su nacimiento en una ciudad en 1980. Madrid era la mayor receptora, la mayor y más central de las mega-urbes españolas.

Fue en esa década de 1980-1990 cuando se invirtieron y consolidaron los papeles con respecto a 1900, hasta el máximo actual de 8 a 2 que ya da señales de agotamiento con la volatilidad constante y el relativamente elevado precio de la energía fósil. La única, de momento, capaz de dar respaldo al resto de tecnologías, incluidas también el resto de las energéticas (desde la proyección, construcción y mantenimiento hasta el desmantelado de centrales de energía fotovoltaica, hidroeléctrica, nuclear, eólica, refinerías o de ciclo combinado, además de la infraestructura de transporte). Pero en un momento dado, su impacto ineconómico comenzó a pesar más que la presión y contaminación sobre el medio que garantiza nuestra existencia.


Figura 4. Tasa de urbanización de España 1900-2010 (INE)

Hace poco, realmente muy poco en lo que supone la historia de España, en que fuimos conscientes de la insostenibilidad de este modelo de acumulación de recursos, hormigón, derivados del petróleo y cuerpos humanos en grandes urbes a costa del vaciado, esquilmado y envío de enormes cantidades de residuos a grandes extensiones del territorio (recomiendo leer "Planeta Hormigón" en la Revista 15/15\15 para profundizar en una mirada que no es exclusivamente española). Recientemente, el Gobierno de Navarra presentó en sendos actos consecutivos a finales de 2019, un par de meses antes de la pandemia de Covid-19 y el cambio que vivimos, el Dictemen SC/048 de la UE sobre nuevas relaciones económicas, de cercanía, circulares y nuevas economías locales con el reto de la transición energética como telón de fondo (se puede encontrar un resumen con la crónica de ambas jornadas aquí) como reacción ante este problema que también afecta a otros territorios de Europa.

En aquel momento, un grupo de personas de la vida cultural, académica, científica de Pamplona seguíamos —sobre todo desde 2017 con la creación del colectivo Iruña Gerora para el estudio del decrecimiento centrado en la ciudad de Pamplona— el devenir de los acontecimientos marcados por el declive fósil y los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible; dábamos charlas, publicábamos informes, rodábamos documentales sobre esta transición inminente con la idea de que en la nueva situación, las fronteras urbanas y rurales comenzaban ya a difuminarse incluso en contra de nuestros deseos, viviendo las ciudades más sostenibles un proceso de ruralización.

Paralelamente, el campo comenzaba a duras penas y a velocidad de tortuga, su exigua tecnificación y digitalización, viéndose sometida su población a los intereses cortoplacistas que no solo no se han disuelto, sino que han vuelto con ambiciones más codiciosas si cabe; los megaproyectos para la implantación de tecnologías de captación de energías renovables, de muy dudosa durabilidad y utilidad, sobre todo local, han puesto en jaque a prácticamente todas las comunidades periféricas en este nuevo proceso de neocolonización doméstica estatal.

3. Dependencias - soberanías

Nos enfrentamos a retos muy importantes, algunos requerirían grandes inversiones de recursos mientras que otros serían moderadamente fáciles y otros directamente imposibles. Entonces, un grupo de ciudadanas y ciudadanos hicimos gala de lo que marcan los dictámenes e itinerarios empujados por los documentos europeos e internacionales para la denominada recuperación y resiliencia post-covid y buscamos un debate con las administraciones, tal y como se insiste y recomienda desde los estamentos internacionales, ONU, UE, Gobierno de España, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, etc.

En general, a la hora de entablar ese obligado encuentro, imperativo de esas mismas administraciones, nos encontramos con que éstas se mostraron ampliamente opacas e impenetrables, lo cual nos animó a la confección de un informe desde la exigencia de participación por dichos estamentos, para compartir puntos de vista y propuestas desde nuestro papel como ciudadanía activa en la adaptación y utilización de todos los recursos humanos, técnicos y económicos para la innegociable relocalización de muchos de los procesos que antaño esculpieron el organismo social español, navarro y pamplonica, allanada precisamente por la machacona insistencia de dichos objetivos sobre el papel. Ello culminó en la publicación abierta para todas las administraciones y ciudadanía de un informe sobre esos documentos de las administraciones: "Análisis de los documentos públicos en relación a la transición energética, el cambio climático y las ayudas financieras europeas post covid" en el ámbito de nuestra ciudad.

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Figura 5.  "Análisis de los documentos públicos en relación a la transición energética, el cambio climático y las ayudas financieras europeas post covid".

El problema de la transición energética no es tanto tecnológico como geológico o social. Ya no existen otros combustibles que sostengan una sociedad estructurada como la nuestra reflejada en la figura 1, que sustituyan la capacidad para reprodu­cir tanta vida humana. Por eso, su solución no es tanto científica —a pesar de que el conocimiento de al ciencia so­cial va a ser básico— como cultural, porque implica cambiar todos nuestros sistemas de pensamiento y nuestros hábitos de vida. En esta entrevista en Eguzki Irratia pudimos contextualizar tal afirmación (también al final del artículo).

Si las soluciones buscadas, como las vistas en el anterior "informe de informes de informes" son casi exclusivamente por imperativo de cor­te económico, vemos cómo las administraciones han pasado, con una velocidad de vértigo, a crear y creer en un nuevo credo: el “Liberalismo Verde”, con un principio doctrinal que lo encabeza y compendia: “el sistema socioeconómico mer­cantilista neoliberal no tiene nada que ver con la gravísima crisis ecológica y económica global”.

De esta manera, en la mayoría de las propuestas se excluye lo fundamental, a saber: ya que las causas de la crisis que afrontamos forman parte de la naturaleza del sistema mercantilista, esa crisis nunca podrá solucionarse dentro del mismo sistema. Sin embargo, a la fuerza, el sistema mercantilista de corte neoliberal debe ser radicalmente cuestionado si queremos dar continuidad a la vida humana civilizada, aunque solo sea en las nuevas circunstancias y contextos energéticos, y las propues­tas deben tener una voluntad firme de generar otro tipo de modelo económico humano que supere esa naturaleza del anterior, ya que es la causa de las cri­sis, la actual y las por venir.

¿Y qué fue por ejemplo, del problema fundamental de la soberanía alimentaria? Si observamos el flujo de energía (figura 1), alimentos, materias primas o recursos básicos que garanticen la vida, así como su contraparte de desechos que deben ser retirados (simplemente dando la vuelta al mapa), vemos la dependencia del centro peninsular labrada por siglos, donde el flujo constante en ambos sentidos debe estar garantizado desde una periferia agotada. Hasta finales del siglo XIX el flujo, sobre todo de entrada, se perdía en el horizonte, el papel jugado por la arquitectura radial de la Iberia administrativa pudo garantizarlo, salvando momentos puntales de guerras o agudas crisis, ese mapa abarcó prácticamente un imperio global de ultramar.

Durante el siglo XX la imposibilidad de seguir con la dinámica colonial trajo el primer repliegue, sin embargo, la inteligencia humana tuvo la suerte de estar bien acompañada por una anomalía histórica; la distancia vino a ser sustituida por los combustibles fósiles (inicialmente domésticos como los carbones asturianos, leoneses o aragoneses y rápidamente externos, gas de Argelia, petróleo, uranio, etc., de diversas zonas del globo) transformados y convertidos en alguna suerte de tecnología: maquinaria agrícola, industrial, fertilizantes, pesticidas, que sustentaron un modelo tecnológico industrial y a su vez daban continuidad al colonial, pero sin colonias.

Este modelo heredero del colonialismo de los siglos previos, sigue siendo al que ahora, con esta segunda fase del repliegue, se quiere seguir dando continuidad. Sin embargo, el disponer de la ingente cantidad de energía que hizo posible tal desarrollo tecnológico para llegar a tasas de urbanización como las mostradas en la figura 4, desde cerca inicialmente, y desde muy lejos después gracias a la globalización y al comercio, se dio y se sigue dando por sentado como el único posible con una nueva vuelta de rosca "verde" y la sagrada eficiencia: todo podrá seguir igual.
 
Pero, realmente el que tales mecanismos termodinámicos, tecnológicos y mercantiles iban a apuntalar para siempre una estructura radial cuya solera era ya secular, era una creencia, no una certeza, y así es como llegamos a creer que todo este progreso era fruto exclusivamente de la inteligencia humana. Lo sucedido desde 2019 con precios y cortes de suministro ha puesto de manifiesto una serie de razones por las cuales el mundo no debería dar por sentado el suministro seguro a medio-largo plazo.
 
El penúltimo informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), presentado en plena pandemia a mediados de 2020, como órgano consultivo de la OCDE, insiste en ese detalle: World Energy Investment 2020Esta parte está más desarrollada en los apartados 1.7 y 5.3 de este informe. Ni siquiera dentro del territorio del Estado debería darse por sentado el suministro de energía, materias primas, agua o alimentos en condiciones de volatilidad energética.
 
Los tres sumideros energéticos que se ven en el mapa de la figura 1 que encabeza este artículo son asimismo sumideros de recursos, alimentos, materias primas: Madrid, País Vasco y en menor grado la Cataluña industrial (en verde-azul). Los donantes (en rojo), en especial el noroeste, Galicia, Asturias, Castilla y León, también Extremadura, Aragón y Castilla la Mancha, suponen las bases materiales que sacrifican sus propios ecosistemas y comunidades (industria maderera sustentada en los eucaliptos, centrales nucleares, de ciclo combinado, carbón, embalses, ganadería y agricultura intensivas, pesca insostenible) en pro de una mal llamada solidaridad territorial basada en una economía de carácter financiero que asienta los domicilios fiscales en los sumideros, especialmente en Madrid, vaciando las zonas esquilmadas.
 
Así que escuchamos que esos sumideros sostienen mayores niveles de renta y vida y contribuyen notablemente a la riqueza nacional a través de grandes emprendedores y grandes corporaciones cotizadas en bolsa. Pero la realidad física es que ese modelo está tocado y dando señales inequívocas de agotamiento, mientras se insiste en poner parches por doquier y sacrificar, aún más si cabe, la España vaciada; parches cada vez mayores a sus cada vez más frecuentes grietas y descontentos.
 
Pero hoy tenemos una certeza: los recursos y mecanismos para la transición ecológica, energética o la que se quiera, ya no vendrán de fuera, sino que estarían cada vez más cercanos pero también más dispersos por el propio territorio. Esta segunda fase de repliegue no deja ser un neocolonialismo doméstico que sacrifica ecosistemas, desposee a comunidades enteras y esquilma recursos en amplias zonas de Iberia e incluso en zonas vecinas, confiando en seguir con la misma dinámica, simplemente saturando el territorio de parques solares y aerogeneradores, minas, vertederos, en la esperanza (que no certeza) de poder continuar exactamente igual gracias al "ingenio humano" (ver por ejemplo, esta noticia del manifiesto que hemos firmado buena parte de la comunidad científica aragonesa y estatal frente a los megaproyectos en el Maestrazgo y Gúdar, formado por 22 parques eólicos, sus líneas de evacuación y viales de acceso; igualmente siguen apareciendo manifiestos similares por Cantabria, Navarra, Asturias, León, norte de Castilla...).

Pero no son pocas las voces que nos ponen los pies en la Tierra y apelan al verdadero ingenio humano más que a una fe que confía la seguridad estructural a la esperanza —que quizás funcionó en las condiciones comentadas, pero no hay ninguna garantía de que lo vaya a hacer en las actuales— pues es característica de dicho ingenio el saber que las maneras pasadas de hacer las cosas, tal vez no sean tan útiles en nuevas condiciones mucho menos eficientes. El ingenio, por definición, es la capacidad de iniciativa, creadora, poética, inventiva. En este caso sería lo contrario de la inercia histórica.

Ahora bien, el criterio político principal de las denominadas iniciativas de recuperación y resiliencia es asignar más recursos económicos para que los mismos mecanismos de siempre, prin­cipalmente decisiones políticas e inercias económi­cas, solucionen lo que anteriormente crearon. Para la administración local y autonómica navarra, por ejemplo, la crisis económica, me­dioambiental y social crónica del extractivismo fo­silista, amplificada por el irreversible declive energético y de recursos, tiene una única solución, la financiera-empresarial, y aunque se le llame participación público-privada, no deja de ser un rescate en toda regla, aunque más sofisticado, tal y como comentamos aquí.
 
4. Callejones sin salida

El hecho de construir más infra­estructuras que no se podrán utilizar o dirigiendo fondos a planes muy sec­toriales, protagonizados por redes administrativas que además toman a la ciudadanía como objeto de esas políticas, no como los sujetos activos de ellas, nos hunde más y más en la pobreza, tal y como analizamos aquí. Y no solo el centro peninsular debe repensar su futuro a costa de otros territorios. Existen zonas ampliamente tecnificadas como el País Vasco cuyo agotamiento y declive ya da señales de no haber visto que la soberanía básica elemental es condición necesaria, pero no suficiente, para trazar un futuro brillante sin condiciones de colonialismo comercial, militar y político, externo o doméstico. Prácticamente todas las mega-urbes fuertemente industrializadas ya presentan diferentes grados de insostenibilidad, económica, social, de referencias culturales, de convivencia y desigualdad, que ponen contra las cuerdas cualquier posibilidad de una transición frugal.

Y como la suma de las partes conlleva la suma de sus naturalezas, el Estado se vuelve insostenible en la medida en que las comunidades lo hacen. Pero esto ya será materia para otro artículo o informe multidisciplinar. Al contrario, en la medida en que los medios de vida, las economías y las culturas se hagan localmente soberanas, el territorio con las comunidades que acoja (sean del tamaño que se elijan) podrían llegar a serlo también, sería la única base desde la que partir para construir un futuro civilizado no autoritario. En este artículo se analizó la posibilidad de una solución con un perfil de carácter ecofascista, pues es una solución que atrae a no pocos grupos influyentes de carácter elitista, como también lo es el colapso del sistema.

Pareciera que no se es consciente en la clase dirigente del hecho científico inevitable, concretamente geológico, absolutamente innegociable, de que partes vitales de nuestra compleja sociedad, van a dejar de funcionar rápidamente a medida que el petróleo escasee. Idea por otra parte, que no consigue entrar en las mentes esculpidas y formadas en un mundo en constante expansión y crecimiento y moldeadas con la modernidad industrial, pero un mundo abocado a esta inapelable descomplejización que ya vivimos, fenómeno social que incluso provoca un rechazo irracional y violento.

El peligro consiste en meterse en callejones sin salida que habrá que desandar como sociedad con el costoso gasto de energía adicional que está acarreando. Pero aún más peligroso será el enorme descontento y frustración social que ya se observa, caldo de cultivo para legitimar la vuelta de regímenes de extrema derecha en la falsa promesa de volver a un pasado lleno de optimismo, aunque ello conlleve la privación de los recursos más básicos o de derechos humanos elementales para amplias bolsas de población, sobre todo periférica, pero también a la excluida en las zonas centrales.

Finalmente, la desaparición de muchas de las estructuras nacidas en las últimas seis décadas de crecimiento económico — catapultado por energía fósil— van a ser inevitables; sirvieron para dar una continuidad a un centralismo que las tasas de urbanismo jamás vistas en la historia no solo ibérica (figura 4), sino mundial, posibilitaron y casi creímos que podrían continuar e incluso avanzar por ser fruto exclusivo del ingenio humano, pero en realidad exclusivamente no lo eran. El decrecimiento ya ha comenzado, pero no será un camino de rosas.

La España vaciada y la saturación e inhabitabilidad de las urbes-tumor es el resultado directo de esta mentalidad antropocéntrica, esatatal-centrista incorregible. Por ello, destacamos una parte del valiente artículo de Antonio Turiel al que hacíamos referencia al principio, y no es otro que su final: "La transición renovable, la verdadera, la posible, debe basarse en el aprovechamiento local y eficiente de la energía renovable. Un aprovechamiento que hará renacer al territorio. Renacer del territorio que debe ser a costa del abandono del centralismo metropolitano. Ceterum censeo Metropolem esse delendam*".

*Además opino que la metrópoli debe ser destruida.