martes, 8 de septiembre de 2020

CONTRA LA CENSURA ARBITRARIA DE FACEBOOK A LA DIVULGACIÓN DE LA CIENCIA ACADÉMICA


Queridos lectores, he firmado esta declaración porque me parece gravísimo que algunas de las mejores referencias internacionales en temas de cambio climático, declive de recursos, biodiversidad, energía, etc., como el premiado blog "usted no se lo cree" de Ferrán Puig Vilar o la web de Gaia Vince, estén sufriendo bloqueo sistemático y censura en plataformas como Facebook. Las razones:

Declaración

Quienes suscriben este texto, un amplio grupo de científicos, filósofos, economistas, ingenieros y divulgadores de la crisis ecológica y la problemática de las crisis climática y energética, denunciamos la censura por parte de Facebook de narrativas con base científica comprobable pero no coincidentes con el discurso oficial que llega al gran público y a los profesionales.

La divulgadora científica británica Gaia Vince, que publica en Science, New Scientist y The Guardian ha visto su web censurada por Facebook.

En España, dicha censura se ha iniciado con el bloqueo por parte de Facebook a los enlaces al blog sobre cambio climático y temas relacionados “Usted no se lo Cree” de Ferran Puig Vilar, fundado en 2009 y premiado por la Fundación Biodiversidad, premio entregado en su día por la actual Ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera.

Desde por lo menos el pasado mes de agosto, cuando una persona usuaria desea enlazar a uno de estos blogs, Facebook le responde con distintos mensajes de alerta, según los cuales dichos sitios web no cumplen con sus normas comunitarias (community standards) o bien que realizan spam, lo cual es rotundamente falso. Esto causa un doble daño: por una parte se hurta el acceso a esa información; por otra, de manera sibilina se proyecta una velada acusación de falsedad: en definitiva, se acalla y se calumnia.

Afirmamos que el rigor científico y la honestidad intelectual caracterizan el trabajo de ambos autores de forma destacada y denunciamos este ataque a la libertad de expresión.

Las personas que suscribimos esta denuncia, muchas de ellas editoras de diferentes blogs y espacios de comunicación y divulgación en Internet (ver listado al final), compartimos las siguientes constataciones en relación con la crisis civilizatoria y existencial en curso:
La gravedad del cambio climático es mucho mayor de lo que se suele afirmar en los medios de comunicación convencionales. Los acuerdos de París son manifiestamente insuficientes, e incluso contraproducentes.

La crisis económica y social en ciernes es una consecuencia de la crisis ecológica y, en particular, de la ausencia de respuestas a la crisis energética que comenzó a mediados de la década pasada y se va a incrementar y profundizar próximamente de forma evidente y muy acelerada, según los mejores estudios científicos de los últimos años.

Las consecuencias de la crisis ecológica, climática y energética son existenciales. El irreparable daño que estamos causando a los sistemas de soporte de la vida en la Tierra, y a la vida misma, se está revolviendo ya contra nosotros, y la crisis energética (a raíz del fin de la energía fósil abundante y la incapacidad de las llamadas energías ‘”renovables” para suplirla en usos y escala) impedirá la implementación de respuestas otrora tal vez viables.

El actual paradigma socioeconómico de desarrollo industrial, caracterizado por su cortoplacismo e individualismo metodológico, resulta progresivamente disfuncional y es intrínsecamente incapaz de abordar estos problemas. En este marco, la consideración de la información como “producto” impide que estas cuestiones, consideradas incómodas o inadecuadas para el propósito empresarial, lleguen al gran público y puedan ser objeto de debate abierto.

La tecnología es necesaria para facilitar ciertos procesos individuales y sociales, y para el progreso y la prosperidad de la Humanidad. Sin embargo, el discurso dominante que afirma que la tecnología es la única respuesta válida o viable a estos problemas es profundamente erróneo y altamente peligroso. No hay, ni presumiblemente habrá, tecnología avanzada que no requiera del concurso de la energía fósil, ni tampoco una mayor complejidad tecnológica sin un aumento de la energía neta y de la disponibilidad de los materiales que los sistemas requieren para su diseño, fabricación, funcionamiento y desmantelamiento. Y si, como estamos comprobando, la energía neta disminuye y distintos materiales escasean, no va a ser posible desarrollar a la escala que sería necesaria sistemas tecnológicos adecuados a tiempo de evitar o incluso amortiguar el daño.

El paradigma cultural nos confina en una burbuja perceptiva intramuros que limita la consideración del daño ecológico y ético extramuros, pero el cerco se está estrechando a gran velocidad. La reciente pandemia nos está mostrando un ejemplo moderado de lo que está por venir.

Muchas de las personas abajo firmantes somos gente conocida y reconocida por nuestra actividad divulgativa de todos estos problemas de sostenibilidad. Compartimos niveles de formación y ocupación de alto o muy alto nivel y responsabilidad. No estamos especulando. Conocemos amplia y profundamente los fundamentos e implicaciones de las proposiciones que enunciamos, y sabemos que las conclusiones que dominan el discurso de la sociedad no están fundamentadas en la mejor ciencia disponible al no tener en consideración suficiente los límites físicos y sociales.

Aunque el momento preciso en que esta crisis multifactorial vaya a ser públicamente percibida como la auténtica emergencia global que constituye sea difícil de predecir con precisión, muchos creemos que nos encontramos ya inexorablemente inmersos en una crisis civilizatoria de origen cultural y moral sin precedentes en la historia de la humanidad.

En 2015, el manifiesto “Última llamada”, suscrito, entre otras personas, por políticos – algunos de ellos actualmente en cargos con responsabilidad de gobierno – afirmaba:

“Hoy se acumulan las noticias que indican que la vía del crecimiento es ya un genocidio a cámara lenta. El declive en la disponibilidad de energía barata, los escenarios catastróficos del cambio climático y las tensiones geopolíticas por los recursos muestran que las tendencias de progreso del pasado se están quebrando. Frente a este desafío no bastan los mantras cosméticos del desarrollo sostenible, ni la mera apuesta por tecnologías ecoeficientes, ni una supuesta “economía verde” que encubre la mercantilización generalizada de bienes naturales y servicios ecosistémicos”.

Quienes suscribimos esta declaración y denuncia compartimos este diagnóstico, pero albergamos respuestas diversas en relación con la forma de abordar los problemas y retos a los que nos enfrentamos. Sin embargo, un criterio que mantenemos en común es la imperiosa y urgente necesidad de un decrecimiento (material y energético) sistémico, ordenado, justo y democrático, especialmente el de los países y los individuos con mayor poder adquisitivo, entre los que nos encontramos una parte mayoritaria de las personas del mundo “occidental”[1].

Son éstos los principales responsables del galopante deterioro de la situación y de la omisión de los magníficos riesgos que representa para el desarrollo humano y la vida presente y futura sobre el planeta, la mayoría de los cuales siguen sin tener presencia suficiente en los medios de comunicación.

Con toda probabilidad son nuestras posiciones y objeciones en contra del crecimiento económico perpetuo como pilar fundamental del desarrollo humano, sólidamente fundamentadas, las que motivan la censura de las expresiones libres que las describen con rigor. La omisión a la opinión pública de la situación y la problemática que describimos y denunciamos es precisamente la causa de que el decrecimiento y las propuestas de la economía ecológica aparezcan todavía como insuficientemente desarrolladas.

En consecuencia, como respuesta a este espurio y arbitrario comportamiento de Facebook y como medida de protesta y de presión, algunos de nosotros que aún manteníamos un perfil en esa red social vamos a cesar toda actividad en ella.

Como colectivo exigimos a Facebook que respete la libertad de expresión, y singularmente la de base científica, y que en todo caso restituya la integridad y el buen nombre de los blogs censurados.

Asimismo, demandamos a los poderes públicos y medios de comunicación que comiencen a otorgar a estas perspectivas la importancia y la relevancia cruciales que resultan acordes con la gravedad de la situación en la que nos encontramos.

[1] Alrededor del 10% de la población mundial es responsable de cerca del 50% de las emisiones de CO2

Suscribimos esta Declaración

Academia

Ciencias económicas

Federico Aguilera Klink

Catedrático jubilado de Economía Aplicada
Universidad de La Laguna
Premio Nacional de Economía y Medio Ambiente, 2004

Federico Demaria

Doctor en Ciencias Económicas
Profesor de Economía Ecológica y Ecología Política
Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals
Universitat Autònoma de Barcelona

José Anastasio Urra Urbieta

Doctor en Ciencias Económicas
Profesor Titular, Departamento de Dirección de Empresas
Director del Máster en Consultoría Estratégica
Facultad de Economía, Universitat de València


Enric Tello Aragay

Historiador Ambiental
Catedrático de la Facultad de Economía y Empresa
Universitat de Barcelona

Óscar Carpintero

Doctor en Ciencias Económicas
Profesor Titular de Economía Aplicada
Universidad de Valladolid

Vicent Cucarella

Economista
Actual Síndic Major, Sindicatura de Comptes, Comunitat Valenciana

Xoán R. Doldán García

Decano de la Facultad de Ciencias Económicas
Universidad de Santiago de Compostela

Ciencias físicas, ingeniería y matemáticas

Antonio Turiel Martínez

Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas, Investigador Sénior
Departamento de Física y Tecnología de los Océanos
Institut de Ciències del Mar, Consejo Superior de Investigaciones Cinetíficas (CSIC)
Canal Telegram: @TheOilCrash

Carlos de Castro Carranza

Doctor en Ingeniería
Profesor Titular del Departamento de Física Aplicada
Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas (GEEDS)
Universidad de Valladolid

Blog del GEEDS

Jordi Solé i Ollé

Doctor en Ciències Físiques
Universitat Rovira i Virgili
Coordinador del projecte de recerca europeu MEDEAS sobre límits ecosistèmics
Conseller de l’Instituto Resiliencia


Margarita Mediavilla Pascual

Doctora en Ciencias Físicas, Profesora Titular del Departamento de Física Aplicada
Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas
Escuela de Ingeniería, Universidad de Valladolid


Ciencias biológicas y ambientales

Olga Margalef Marrasé

Doctora en Ciencias Geológicas
Investigadora post-doctoral, CREAF
Profesora Asociada, Departamento de Geología
Universitat Autònoma de Barcelona

Marta Conde Puigmal

Investigadora Recercaixa
Universitat Pompeu Fabra
Marie Curie Fellow
ICTA-UAB (Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals, Universitat Autònoma de Barcelona)
Research & Degrowth Association, Presidenta


Otras ciencias naturales, arquitectura e ingeniería

Antonio Aretxabala Díez

Geólogo
Investigador, Departamento de Ciencias de la Tierra
Universidad de Zaragoza

Ex-director técnico, Laboratorio de Arquitectura
Universidad de Navarra
Delegado del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos de España (ICOG) (2012-2016)
Comunidad Foral de Navarra


Alberto Matarán Ruiz

Profesor de Urbanismo y Ordenación del Territorio
Universidad de Granada

Twitter: @Albertomataran

Antonio Serrano Rodríguez

Doctor Ingeniero de Caminos. Economista
Catedrático prejubilado de Urbanística y Ordenación del Territorio
Escuela Superior de Arquitectura
Universidad Politécnica de Madrid

Esteban de Manuel Jerez

Doctor en Arquitectura, Profesor Titular de la Universidad de Sevilla
Responsable del Grupo de investigación ADICI-HUM810
Director de la revista Hábitat y Sociedad


Filosofía y ciencias sociales

Carmen Madorrán Ayerra

Profesora, Departamento de Filosofía
Universidad Autónoma de Madrid

Carmen Velayos Castelo

Profesora titular, Filosofía Moral y Política
Universidad de Salamanca

Emilio Santiago Muiño

Doctor en Antropología, Profesor de Filosofía
Universidad de Zaragoza


Marta Tafalla

Doctora en Filosofía
Profesora, Universidad Autónoma de Barcelona

Twitter: @TafallaMarta

Jordi Pigem Pérez

Doctor en Filosofía, especializado en Filosofía de la Ciencia. Ensayista.
Universitat de Barcelona

Jorge Riechmann Fernández

Doctor en Ciencias Políticas, Licenciado en Matemáticas, Poeta. Ensayista.
Profesor titular de Filosofía Moral
Departamento de Filosofía
Universidad Autónoma de Madrid

Codirector del Diploma de Especialización en Sostenibilidad, Ética Ecológica y Educación Ambiental
Codirector del Máster en Humanidades Ecológicas, Sustentabilidad y Transición Ecosocial
Universitat Politècnica de València / Universidad Autónoma de Madrid


José Albelda

Doctor en Bellas Artes
Codirector del Diploma de Especialización en Sostenibilidad, Ética Ecológica y Educación Ambiental
Codirector del Máster en Humanidades Ecológicas, Sustentabilidad y Transición Ecosocial
Universitat Politècnica de València / Universidad Autónoma de Madrid

Pablo Ángel Meira Cartea

Doctor en Ciencia de la Educación
Profesor Titular de Educación Ambiental
Universidad de Santiago de Compostela

Ciencias de la información

José Luis Piñuel Raigada

Catedrático Emérito, Facultad de Ciencias de la Información
Universidad Complutense de Madrid

Núria Almiron Roig

Profesora titular del Departamento de Comunicación, Universitat Pompeu Fabra
Directora del proyecto THINKClima

Web del proyecto THINKClima

Rogelio Fernández Reyes

Doctor en Periodismo. Universidad de Sevilla
Sector privado

Instituto Resiliencia

Manuel Casal Lodeiro

Presidente, Instituto Resiliencia, Galicia
Director, revista 15/15\15


Esteban Bernatas Chassaigne

Consejero del Instituto Resiliencia

Estudios energéticos

Daniel Gómez Cañete

Presidente. Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN)
Miembro del panel Internacional de The Association for the Study of Peak Oil and Gas (ASPO)

Pedro Prieto Pérez

Ingeniero de Telecomunicación
Vicepresidente. Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN)
Miembro del panel Internacional de The Association for the Study of Peak Oil and Gas (ASPO)


Periodismo y comunicación científica

Cristina Ribas

Professora associada de Periodisme digital
Universitat Pompeu Fabra
Expresidenta de la Associació Catalana de Comunicació Científica (ACCC)

Twitter: @cristinaribas

Frederic Pahisa i Fontanals

Sicom (Solidaritat i Comunicació)

Web de Sicom

Ferran Puig Vilar

Ingeniero Superior de Telecomunicación
Consejero del Instituto Resiliencia
Ex-presidente Asociación de Prensa Profesional


Josep Cabayol

Periodista
Director, Sicom (Solidaritat i Comunicació)

Web de Sicom

Jordi Vilardell Gómez

Periodista televisivo especializado en crisis climática y de biodiversidad
Documentales: Latituds

Activismo

Juan Bordera Romá

Guionista
El Salto, CTXT.es
Red de transición de València

Begoña de Bernardo

Promotora del Centro para la Resiliencia Pousadoira
Presidenta de Véspera de Nada


Francisco Segura

Coordinador confederal
Ecologistas en Acción

Javier Andaluz

Coordinador de energía y cambio climático
Ecologistas en Acción

Luis Domínguez Rodríguez

Grupo de decrecimiento “Hasta aquí hemos llegado

Luis González Reyes

Doctor en Ciencias Químicas
Ecologistas en Acción


Luis Rico

Coordinador confederal
Ecologistas en Acción

Marcos Rivero Cuadrado


Moisès Casado

Extinction/Rebellion, Barcelona

Moisés Rubio Rosendo

Coordinador de Formación e Investigación
Solidaridad Internacional Andalucía

Pepa Úbeda

ATTAC València

Virginia Soler (Birch)

Fridays for Future

Yayo Herrero

Antropóloga, Ingeniera
Foro Transiciones


Otros

Alberto Fraguas Herrero

Biólogo
Director Ejecutivo, Instituto de Estudios de la Tierra

David González

Sustraiak Habitat Design, País Vasco

Vicent Cucarella

Economista
Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, Técnico investigador
Actual Síndic Major, Sindicatura de Comptes, Comunitat Valenciana

Instituciones

Grupo de decrecimiento “Hasta aquí hemos llegado” – Palencia

domingo, 6 de septiembre de 2020

ACTIVIDAD SÍSMICA EN LA CUENCA DE PAMPLONA (VERANO DE 2020)

Epicentros al NE de Pamplona entre Egüés, Esteríbar y Lizoáin, agosto-septiembre de 2020.


Queridos lectores, desde marzo de 2017 y en diferentes episodios, la zona NE de Pamplona tiembla con pequeños terremotos que a veces sobresaltan a la población. Quienes nos seguís a través de intervenciones en medios, conferencias, las clases de la universidad, redes sociales o nos veis por el campo tomando datos, sabéis que llevamos un seguimiento continuo del fenómeno sísmico en la Comunidad Foral y otros territorios del norte peninsular. Para un acceso rápido a la actualidad más reciente en la cuenca de Pamplona y alrededores podéis seguir la etiqueta #TerremotoPamplona.

Casi todos los datos y conclusiones que se pueden ir obteniendo de la última década van siendo divulgados. Los datos científicos vienen necesariamente de la mano de la dimensión social, también pedagógica y cultural, y es que en estrecho contacto, acompañaron a la sismicidad desde siempre. A pesar de la amnesia sísmica vivida en el último siglo y medio, los terremotos siguen golpeando nuestras ciudades, villas, pueblos, y nunca dejarán de hacerlo.

Por lo tanto, tampoco nunca deberemos descartar un impacto mayor e incluso catastrófico, no seríamos la primera generación que lo vive, la historia de España también es sísmica y muchas comunidades que no dieron importancia a los terremotos quedaron afectadas por años, por décadas, a veces para siempre. Otras, tras sufrir los terribles impactos supieron aprovechar esa peculiaridad para poner en valor sus territorios y compartir sus experiencias con los demás.

Si no le damos la importancia que merece a este fenómeno natural, es porque su olvido ha sido propiciado por diversas causas, entre ellas la anómala ausencia histórica de terremotos catastróficos de los últimos 136 años (los de Lorca no lo fueron como sí lo fue el último de 1884), la descomunal irrupción —hace un siglo aproximadamente— del hormigón armado en cada rincón del planeta gracias a la abundancia de combustibles fósiles y la aceleración económica que se esfuma, vivida desde mediados del siglo XX con sus crisis anunciadas en los albores del XXI.

Tras la docena de terremotos sentidos a finales de agosto y principios de septiembre de 2020 en toda la comarca de Pamplona (de los más de cien sucedidos), cuatro de ellos con cierta intensidad (Int.>III), a través de varios medios de comunicación y redes sociales, surgieron las preguntas de siempre que intentamos responder en este artículo publicado en Diario de Noticias de Navarra.

Así que después de hablar con su director, Joseba Santamaría, creímos conveniente volver a repetir y actualizar las cuestiones que ya divulgamos desde hace años inmersos en otra tormenta sísmica como la que nos azota cada cierto tiempo. Obviamente la calma volverá, como es ley; y el olvido y la amnesia se instalarán hasta el próximo sobresalto con una nueva sacudida que haga crujir nuestras casas. Mientras tanto, la preparación y la cultura de salvar vidas seguirá siendo alimentada y afinada desde diversos ámbitos, entre ellos este blog y la actividad pedagógica de sus autores.

Antonio Aretxabala



Más de sesenta pequeños y medianos terremotos en lo que va de agosto y septiembre han vuelto a sobresaltar a la población de la Cuenca de Pamplona y alrededores, casi el 90% sucedieron entre los días 30 y 31 de agosto. El mayor alcanzó una magnitud mbLg 4,0 con intensidad IV y fue ampliamente sentido desde Gipuzkoa hasta Cintruénigo, desde Iratxe hasta Gallús. De momento han sido sentidos ocho de ellos (el 13%). La zona que tiembla está entre Lizoáin, Esteríbar y Egüés.

Un poco de historia.

Varias ciudades englobadas en el área sísmica pirenaica han sido golpeadas en el pasado por terremotos destructivos. De ellos, al menos cuatro grandes terremotos lo han hecho con magnitudes de 6 a 7 e intensidades VIII a X durante los últimos siete siglos, el último hace más de 260 años; aun así, no se han desarrollado planes especiales de carácter urbanístico o de inspección técnica de edificios acordes con esa realidad natural, especialmente en poblaciones con más de 10.000 habitantes de Navarra, Guipúzcoa o Álava.

Terremotos más significativos sucedidos en los alrededores de Pamplona entre 1817 y 2017

El fenómeno sísmico es recurrente en nuestra comarca, es quizás más notorio en la capital por aglutinar el mayor número de edificaciones y más de la mitad de la población de toda la Comunidad Foral. Los terremotos han coexistido con nosotros. Nos preceden. El terremoto histórico que más sobresaltó a la población de Pamplona fue el 10 de marzo de 1903, cuando la ciudad estuvo más de tres horas recibiendo impactos; en San Sebastián, Sangüesa o en Gallipienzo se rompían cristales y caían cacerolas. Entonces no existía el concepto de magnitud. Charles F. Ritcher apenas tenía 3 años.

Fue en 1923 cuando el geofísico de Ohio entregó la tesis doctoral con su famosa escala basada en la energía liberada. Ese año por primera vez un periodista canadiense vino a cubrir las noticias y actos de la que repuntaba ya como la famosa fiesta de la capital de Navarra, estaba alojado con su mujer en el hotel La Perla, cuando el 10 de julio a las cinco y media de la mañana un temblor de intensidad y duración importantes (al que siguieron dos años de réplicas) fue la causa por la que se anulasen algunos actos sanfermineros.

Crónica sanferminera del 10 de julio de 1923. El terremoto de Martes.


La crónica del día lo recoge y la firma el alcalde don Joaquín Iñarra. Había sido en el pueblo de Martes –a la cola del embalse de Yesa– y había alcanzado una intensidad de VIII. Su magnitud estimada estaría entre 5,5 y 6. El periodista se llamaba Ernest Hemingway y la experiencia parece que no le disgustó.

En el año 1982, coincidiendo con el Mundial de Naranjito, se sucedieron varios terremotos, entre Puente la Reina y Pamplona, que asustaron a la ciudadanía. Entonces las primeras televisiones portátiles para ver los partidos en la calle hicieron su aparición; a algunas personas lo de volver a casa les daba cierto respeto tras cada sacudida. Las torres de Barañáin, recién construidas, oscilaron más de 10 centímetros. 



En octubre de 1998, Lizarraga registró un terremoto de escala 5,2 que se mantuvo doce años en el podio de la sismicidad ibérica, hasta 2010. Aunque alcanzó una intensidad sólo de V, se notó ampliamente en toda Navarra y Euskadi. Al darse en una zona alejada de poblaciones importantes no produjo grandes daños.

En septiembre de 2004 Lizoáin tembló y Nagore días después, en ambos casos con magnitudes 5,3 y 5,2 según la escala que utilizaron nuestros vecinos del norte para confeccionar sus normas de construcción. Los terremotos con más de 500 réplicas fueron disparados por el primer llenado de Itoiz. Hoy es parte de un itinerario internacional de expertos que estudiamos la sismicidad inducida debida a nuestras actividades.

El 14 de febrero de 2013 comenzó una crisis sísmica entre El Perdón y Etxauri tras unas lluvias récord con colapsos de oquedades salinas que estimularon la zona, especialmente la falla de Beriáin y la de Etxauri. Más de 300 temblores mantuvieron a la población en alerta hasta el verano. Se creó incluso una comisión en el Parlamento de Navarra tras dos de los impactos principales, uno en marzo y otro en abril, de escala 4,2. En el verano de aquel año todo se olvidó con el paso de la tormenta sísmica.

Registros del European Mediterranean Seismological Centre (EMSC) de los terremotos de magnitud local (ML) Richter 4,2. Arriba el 23 de marzo de 2013 en Etxauri. Abajo el 20 de abril de 2013 en Uterga. Con cerca de 300 eventos, el episodio de la Sierra de El Perdón propició la creación de una comisión parlamentaria en el Parlamento de Navarra para tomar medidas ante las continuas demandas y conmoción de alcaldes y personas de las zonas afectadas en Erreniega y Etxauri. Como era de esperar, la comisión no sirvió para materializar absolutamente nada.


El 10 de marzo de 2017 comenzó otra crisis sísmica con otro terremoto de 4,2 e intensidad VI. El seguimiento desde entonces nos muestra que alcanza nuestros días y acompaña como una partida de ping-pong al enjambre que ha brotado estos días en Lizoáin.

¿Qué podemos aprender de este enjambre de 2020?

Primero, la sismicidad es un fenómeno natural típico de la zona. Siempre nos acompañará. Segundo, no conocemos bien las fallas sismogenéticas: no hay estudios dedicados, pero sabemos que son muchas y no muy largas, por eso no generarán grandes magnitudes. Debemos olvidarnos de la franja denominada falla de Pamplona como culpable de casi todos los temblores navarros que los medios repiten sin ninguna justificación; es un accidente tectónico prácticamente fósil, las fallas que actúan por encima –asociadas a los diapiros salinos como el de Salinas, Etxauri o Alloz– son de mucha más reciente formación. Y tercero, el 10 de marzo de 2017, el terremoto de magnitud 4,2 sucedido en la zona de Egüés y Esteribar que hoy tiemblan con la de Lizoáin, generó una aceleración horizontal del suelo de 0,16g (g es la aceleración de la gravedad), cuadruplicando así lo esperado en la norma de construcción NCSE02 vigente desde 2002 (duplicó la actualización no obligatoria de 2012 para la comarca de Pamplona). Es una noticia buena porque nos indica que nuestra ciudad aguantó bien algo que no esperábamos. Nuestras construcciones son robustas.

Esta vez, el pasado 30 de agosto, un terremoto de magnitud 4,0 –comparable a una bomba atómica como la de Hiroshima– ni se ha acercado a 0,01g. Cada tres o cuatro años recibimos uno o dos impactos 4,0-4,5, y cada diez a veinte años algún 4,5-5,0. Así que si un M4,2 cuadruplicó la aceleración contemplada en la norma sismorresistente, uno de magnitud 5 o más podría causar daños, algunos barrios de Pamplona no saldrían tan airosos como hemos estudiado y publicado. Lizarraga, Lizoáin y la zona de los epicentros de 2004 ya lo superaron. Sus grietas son como nuestras arrugas o cicatrices.

Los próximos días.

Es probable que en los próximos días el ruido de fondo (pequeños temblores imperceptibles) continúe e incluso se sientan otros. Debemos acostumbrarnos a vivir con ellos, no nos van a abandonar. Las edificaciones antiguas ya tenían un diseño sismorresistente heredado de nuestros antepasados (el caserío vasco o pirenaico es simétrico en planta y en alzado y los materiales se ajustan a las deformaciones y esfuerzos generados) y las nuevas construcciones de hormigón –en la mayor parte de los casos– cumplen las normas vigentes desde los años sesenta del siglo XX.

Por tanto, cuatro son los factores que van a determinar la amenaza sísmica repartida en el tiempo en un determinado lugar y para una población concreta:

1. La actividad sísmica local es la más importante de las cuestiones a considerar, por eso conocer y no olvidar la historia es vital.

2. Las características del terreno que acogerá las ondas, la geología, la topografía, las formaciones cuaternarias locales (terrenos sueltos) y la interacción terreno-cimiento.

3. La posibilidad de ocurrencia de sismos a determinada distancia de la ciudad, es decir, la presencia de accidentes tectónicos destacables cerca de los núcleos englobados en su zona de acción, los cuales, en interacción con los terrenos que acojan las ondas con características dinámicas determinadas, pueden amplificar la aceleración en superficie.

4. La educación sísmica de la población, una cultura que salva vidas.

La amenaza y la vulnerabilidad son variables que dependen la una de la otra. Los terremotos y las tipologías de suelos o rocas, por sí mismos, no tienen por qué ser una amenaza para la ciudad. Las tormentas, las nevadas, el viento, son también fenómenos naturales que de por sí no son dañinos, hemos aprendido a convivir con ellos. Para que se produzca una desgracia tienen que darse cita una serie de componentes físicos, sociales y culturales que se mantengan expuestos y que no se hayan identificado. Un edificio o un barrio puede ser vulnerable a un tipo de terremoto mediano, pero a otro de mayor magnitud y diferente manera de propagación no tiene por qué serlo. Probablemente no sería tan dañino un terremoto de magnitud 6 en las Bardenas como uno de magnitud 4 bajo la plaza del Castillo.

Una de las mejores herramientas para evaluar y actuar en consecuencia es la zonificación geotécnica-sísmica; es un pronóstico basado en los accidentes tectónicos, el estudio de la historia y las características dinámicas de los terrenos, una división que puede hacerse por barrios, manzanas... Nos permite conocer el medio sobre el que construimos nuestras casas, barrios, negocios, en definitiva, nuestro hábitat. Debemos mantener la idea de que ciertas disposiciones y actitudes a la hora de asumir este fenómeno natural pueden paliar los efectos negativos de un evento catastrófico y nunca deberemos descartarlo.

Navarra Televisión con Ainhoa Hernandez en La Muga: 

Radio Euskadi:

Onda Cero Pamplona con Marisa Lacabe (desde 0:47:00):

eitb: 

berria


CIENCIA POPULAR Y LOBOS VERDES


Queridos lectores, desde que se aprobó el pasado mayo de 2020 el primer "Mecanismo de Recuperación y Resiliencia" por la UE, con una primera tanda de más de 750.000 millones de euros, de los cuales un 10% podrían acabar en España y entre 450 y 850 millones en Navarra, proliferan las declaraciones políticas e institucionales (también empresariales, por supuesto), de la conversión al mundo ecológico, verde, digital e inclusivo. Estamos viendo en los medios y redes sociales, que dichas declaraciones son, sobre todo, de una buena parte de quienes llevan décadas ridiculizando, obstaculizando e incluso desprestigiando y atacando cualquier iniciativa que suponga reconocer los valores que vienen siendo señalados desde las asociaciones ecologistas, fundaciones que velan por el cuidado del medio que garantiza nuestras vidas o incluso desde la misma sociedad civil.

Es ya la única salida posible a la crisis sistémica en que nos han metido quienes ahora se pintan de verde, pero realmente, como colectivo, nos hemos dejado traer hasta aquí; todo iba bien para nosotros a costa de otros territorios, de otros cuerpos, otras vidas, hasta que nos cargamos a la gallina de los huevos de oro. Y aunque la UE por fin se ha dado cuenta del gravísimo problema que estamos intentando resolver y el tránsito en declive que comenzamos —no sin caer en importantes contradicciones— al menos se ha elegido el único itinerario factible para salir lo menos perjudicados posible. 

Pero para acceder a estos jugosos fondos, que ya son los más ambiciosos jamás aprobados en una sola tanda por Bruselas, cada Estado miembro debe elaborar un “Plan Nacional de Recuperación” coherente con la transición ecológica y digital, haciendo especial mención a planes nacionales de energía y clima, entre los que se destaca la nueva ley de cambio climático todavía en borrador, pero un cambio en nuestras maneras de producción de enorme relevancia, tal y como ya se presentaba cuando a finales de 2019 comenzaron a saltar todas las alarmas. Podemos encontrar un análisis de la situación aquí.

Ahora bien, los lobos verdes no se han dejado esperar y ya están al acecho para pillar "su cacho" y si hace falta pintarse del verde más chillón, ellos van a procurarse la mejor pintura que haya en el mercado, aunque ni comprendan ni les interese lo más mínimo el bien común, sino el de los bolsillos de sus dueños, que para eso les pagan unas migajas si cae la suerte de pillar ese cacho. Cosas como viajes y vacaciones en las zonas nobles de los mejores hoteles de lujo con todo pagado, ya son alicientes importantes para las nuevas generaciones entre las recientes hornadas del outlet político español. 

Ahora son tiempos de crisis y los trepas dispuestos a satisfacer a las grandes empresas sobran, por eso salen mucho más baratos que hace una década, pues las consejerías de las grandes empresas energéticas o de telecomunicaciones que fueron propiedad de todas  y todos, ya están abarrotadas de decrépitos dinosaurios aparcados por los partidos que garantizan la continuidad del Estado del saqueo a las arcas públicas, sean los grandes partidos nacionales o los autonómicos de corte nacionalista. Sus mayores méritos fueron favorecer los flujos de riqueza y capital a alta velocidad española, desde las arcas públicas a las grandes corporaciones transnacionales.

A la sombra de esta desvergonzada actitud que hoy inunda redes sociales y medios de comunicación, mantuve una serie de divertidas conversaciones con Eva y Víctor, de Navarra Digital y me propusieron escribir sobre ello. La gran mayoría de la ciudadanía —aunque los lobos verdes no lo perciban desde sus lujosas guaridas— no se chupa el dedo, y además cuenta con el respaldo de un creciente número de científicos, humanistas y activistas que generosamente dedican su tiempo y talento para la mejora del medio humano y por supuesto, del medio natural que lo sustenta a través de toda la dimensión social. El resultado aquí está y se llama "ciencia popular", la alimentamos constantemente.

Antonio Aretxabala



Ha pasado poco tiempo y muchas cosas desde que el pasado mayo de 2020 se aprobara un primer “Mecanismo de Recuperación y Resiliencia” para intentar sacar adelante a las comunidades más afectadas por la nueva oleada de crisis. Las comisiones de la UE lucharon desde los bandos que en junio y julio nos presentaron como norte y sur, pero las cosas complejas no son simples ni fáciles de simplificar.

Aunque los signos más agudos de recesión y declive son anteriores a la pandemia, esta actuó como un catalizador o acelerador de un efecto anunciado una y mil veces por grupos de científicos, pero, sobre todo, ecologistas. Hay toda una visión integradora de economía, biosfera y geología con una solera de décadas que al desarrollismo más recalcitrante nunca le gustó y ridiculizó; todo lo que llevase “eco” era objeto de burla o les producía sarpullidos, excepto si era economía (sobre todo la suya), obvio; pero aquellos avezados científicos dieron en el clavo.

La recuperación será verde y social o no será

Hoy no nos queda más remedio que pasar por el aro ecologista si no queremos que la pobreza y la exclusión, con la concentración de riqueza en unas pocas grandes corporaciones, acabe de verdad con cualquier cosa parecida a la última organización social que hemos conocido e incluso con la vida. La iniciativa europea de momento cuenta con cerca de 750.000 millones de euros, la mayor cantidad jamás vista para planes de recuperación por la UE. Unos 75.000 millones podrían ir destinados a España en forma de ayuda no reembolsable si nuestro “Plan Nacional de Recuperación” es coherente con la transición ecológica.

A este proceso de reverdecimiento se le ha llamado Green Deal Europa, incluso con apellidos locales. El nuestro es el flamante Green Deal Navarra. El director general de Acción Exterior del Gobierno de Navarra, ha comentado que implementar el Green Deal será́ “indispensable” para acceder a los fondos de recuperación. En un abrir y cerrar de ojos hemos presenciado en los medios de comunicación cómo brotan las secciones y facciones verdes, social verdes con mucho, muchísimo y megamuchísimo compromiso ecologista desde dentro de las organizaciones políticas de toda la vida de Dios.

¿Capitalismo verde?

El proceso de maquillaje del denominado capitalismo verde es más viejo que ellas. Nada nuevo inventan. Podríamos definir este ancestral movimiento como la capacidad de hacer negocio con lo previamente destruido. Por eso, ese genialmente llamado capitalismo verde también necesita de la destrucción, concretamente de los ecosistemas y al mismo tiempo la desposesión de las comunidades y la desafección en un cierto orden que parecía consolidado. ¡Cuanto peor mejor!

Así las mismas empresas y sus verdugos políticos que hundieron a las clases medias, arrojaron a capas enteras de población a la ruina y endeudaron a las familias, asumieron que sus beneficios eran compatibles con la ruina de los suelos, la muerte de los ríos, apostaron por urbanismos buldócer, sustituyeron las fértiles llanuras de inundación que dieron de comer a los vecinos por vulnerables boulevards y grandes superficies comerciales, infraestructuras insostenibles y elitistas, algunas abandonadas y en casos concretos bombas de relojería para miles de personas. Que pregunten en Sangüesa. Y mejor no seguir…

Un camino trazado desde la sabiduría. Sigámoslo

Pero volvamos al problema universal. Vista la contrariedad global del declive innegociable de recursos geológicos, que son los que realmente apuntalaban nuestra última organización social, especialmente poniendo la mirada en los minerales, los productos energéticos y los indeseables efectos secundarios derivados de su extracción desmedida, el deterioro de nuestra salud, el calentamiento global, la aniquilación de las atávicas barreras biológicas para virus y bacterias, el cambio climático, etc., nacieron los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible (los 17 ODS) el 25 de septiembre de 2015.

Los líderes mundiales adoptaron un conjunto de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible. Cada objetivo tiene metas específicas que debían alcanzarse en los siguientes 15 años (por eso se denominó Agenda 2015-2030 o simplemente Agenda 2030). Disponemos de casi una década para alcanzar estas metas, todo el mundo tiene que hacer su parte: los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil organizada. Realmente se nos va la vida en ello.

Desde entonces la UE viene articulando directivas, dictámenes, incentivos fiscales, leyes, etc., encaminados a favorecer la consecución de los mismos. El más amplio es el Dictamen SC/048 “Nuevos Modelos Económicos Sostenibles” del Consejo Económico y Social Europeo (CESE) que sienta las bases para afrontar los desafíos sociales, medioambientales, políticos y empresariales que se plantean en la UE. El Gobierno de España y el Gobierno de Navarra, buscan la asociación con entidades y ciudadanía para la implantación real de este cambio de paradigma.

Sin perder la perspectiva global, toda administración territorial debe resolver por este camino las cuestiones fundamentales del presente momento de cambio histórico: el agotamiento de los recursos naturales, el cambio climático, las desigualdades sociales y la desafección política ciudadana. Entre sus exigencias a los gobiernos, destacan los impulsos a la economía circular, de cercanía, colaborativa, fomentando el abandono definitivo del modelo económico basado en el patrón “extraer, producir, poseer y desechar” en favor de una economía basada en “la justicia social, la gobernanza participativa, la conservación de los recursos y del capital natural”.

La ciencia está en las calles, señorías

La ciudadanía desarrolla un sexto sentido y una responsabilidad sin precedentes entre tanto caos informativo. Cada vez en menor medida traga con ruedas de molino. No, señoras y señores dirigentes, el Dictamen SC/048 o los 17 ODS de la ONU no son cursos de maquillaje, usurpación y uso de la pintura verde. Hay más ciencia en la calle que en las instituciones, no menosprecien la sabiduría popular, pues ésta está diseñada desde cosmovisiones que han perdurado a través de los tiempos en armonía con la naturaleza y las propias sociedades por pura supervivencia.

Incluso cuando la alta tecnología y la rotura de la relación circular con el medio que garantiza nuestra existencia irrumpieron, la mayoría de las comunidades que supieron sopesar y balancear un aprovechamiento humano y comunitario, cuidaron y defendieron sus patrimonios por el bien común al que el SC/048 y os ODS apuntan hoy. Hoy los lobos lo miran con voracidad tras haber acabado con casi todo. Eso sí, no se engañen ustedes mismos señores lobos, que ni pintados de verde dan el pego.