martes, 23 de octubre de 2018

ANTROPOCENO CULTURAL, MÁS ALLÁ DE LA GEOLOGÍA

 
Trinity test, primera detonación de armamento nuclear, el 16 de julio de 1945. Berlyn Brixner.

 
Si queremos compararnos con las descomunales fuerzas naturales que esculpen el planeta deberemos admitir que nuestra aportación es cultural, es decir, una manera de entender y actuar.

El nunca mejor llamado “oro negro”, ese regalo de Gea, casi nos hace dioses, y creyéndonos serlo nos propusimos echar un pulso a las descomunales fuerzas de la Naturaleza con las que optamos a equipararnos, un pulso que desde hace más de una década nos está extenuando.

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Queridos seguidores, aunque la geología pura parezca algo alejado de los temas más actuales que he ido tratando como el incremento de la pobreza, nuestra responsabilidad con el planeta, con el medio que garantiza nuestra propia existencia, o el declive del capitalismo fosilista, es ella, nuestra relación con la Tierra, directamente la causa que vive tras nuestra capacidad de acción, el cómo hacerlo de manera más o menos humana es una opción que tiene consecuencias.

También en los temas de relisiencia social creo que deben estar en primera línea cuestiones fundamentales plantedas por el ecofeminismo, como son la justicia social a nivel planetario o nuestra inevitable transición hacia un nuevo modelo de convivencia más cercano tras el declive de la sangre fósil que mueve nuestra actual organización.

Este artículo que escribí para CTXT es culpa de Yayo Herrero. Tras asistir a una charla debate en la UPNA, viajamos juntos a Madrid. Yayo es una mujer maravillosa, tiene una amabilísima manera de cautivar e ilusionar en ser generosos con lo que podamos aportar.

Todo el mundo sabe cómo son las conversaciones de tren, algo mágico tiene ese medio de transporte que nos desinhibe. El Antropoceno no tiene aún categoría científica, estratigráfica, nadie se la ha concedido, pero no cabe duda de que vivimos tiempos de mucha erosión, transporte y sedimentación espiritual... También es culpa de Jorge Riechmann, gracias por la invitación al simposio nacional sobre Antropoceno en la Universidad Autónoma de Madrid con el Instituto Demospaz.


Antonio Aretxabala
Pamplona, 23 de octubre de 2018
A lo largo de este otoño se celebra en Madrid, en la Universidad Autónoma, el simposio nacional sobre Antropoceno. Desde un punto de vista multidisciplinar se analiza no sólo el enorme impacto del ser humano en la dinámica planetaria, sino si realmente dicho impacto podría ya considerarse una nueva época en lo que a tiempo geológico se refiere. Así se daría continuidad a la historia de nuestra Tierra después del Holoceno, el último episodio posglacial del Cuaternario que comenzaría tras la última glaciación.

Han sido casi 12.000 años en los que de una interfaz helada entre el cielo y el subsuelo pasamos de un páramo helado a un espacio biofísico donde el clima se suavizó, la temperatura global aumentó cerca de 6ºC y todos los patrones dinámicos externos cambiaron: los procesos de esculpido del paisaje mutaron; el majestuoso y a veces vehemente encuentro entre la atmósfera, la hidrosfera, la biosfera y la corteza, propició las condiciones tanto amables como violentas para que una especie, el homo sapiens, se expandiese por prácticamente todos los ambientes terrestres externos. Pero los cambios superficiales no fueron los únicos, los cambios globales afectaron también a las capas más profundas.

El nivel del mar aumentó 130 metros tras fundirse la asombrosa cifra de 52 millones de kilómetros cúbicos de hielo que conformaban aquel enorme continente helado. Éste se desparramaba invadiendo valles, reequilibrando los movimientos del agua sólida, líquida y gaseosa de todo el planeta. Pero también la liberación de ese peso de hielo propició el rebote elástico de regiones enteras, un proceso que aún continúa. La Península Escandinava por ejemplo, se elevó en algunas zonas hasta 300 metros, Islandia, liberada de ese tapón de capas kilométricas de hielo explotó en una actividad volcánica desenfrenada. Enormes espacios de Norteamérica, Groenlandia o Asia continúan en su respuesta elevándose, otros lugares que perdieron ese peso siguen generando movimientos que ahora son bastante indeseados, el homo sapiens los denomina terremotos. Hoy prácticamente sabemos cómo se desencadenan y también cómo desencadenarlos, pero no sabemos pararlos.

Desde las caprichosas furias de dioses como Poseidón, el castigo divino por nuestros pecados fueron sus causas, más antropocéntrico imposible. Más tarde tras el nefasto terremoto de Lisboa de 1755 vino una nueva explicación: la electricidad. Casi al mismo tiempo el fuego interno de Julio Verne precede a la tectónica de placas que se presenta en esta recta final: aire, agua y fuego parecen ser responsables de nuestras desgracias con el cuarto elemento, la Tierra, la que nos sustenta como mundo sólido pero a veces no tan estable como quisiéramos. Aplacar la ira divina con sacrificios, oraciones o penitencias, colocando enormes paratemblores metálicos a las afueras de las villas y ciudades, o excavando pozos en los centros de las plazas para que se escapase el fuego interno, como aún podemos ver en algunos pueblos de Granada, fueron soluciones hasta hace bien poco enfocadas a intervenir en una dinámica planetaria que siempre creímos conocer. Las relaciones climáticas, telúricas, hídricas y biológicas en un planeta en el que todo está conectado, apenas las comenzamos a comprender, pero menos aún las podemos controlar.

La obra de Anthropos

Cuando hablamos de Antropoceno imaginamos un ser humano (Anthropos) como una fuerza modificadora del planeta comparable a las descritas. Es muy probable que nuestras actividades desde la revolución neolítica, el desarrollo de la agricultura, la ganadería o las primeras actividades extractivas y manufactureras sean en cierta medida responsables de un incremento global de las temperaturas, de un cambio importante en la distribución de ciclos como el del nitrógeno y el CO2 que tuvieron un impacto favorable a nuestros deseos de estabilidad. Tampoco es descabellado reconocer nuestra responsabilidad en muchas de las catástrofes creadas tras la modificación del medio natural que tantas vidas ha costado. Presas que arrasaron enormes comarcas tras su rotura, regiones enteras contaminadas bien de metales tóxicos, productos cancerígenos o radiactividad, son efectos derivados de esa búsqueda tantas veces fallida de control. ¿Y si lo que sucede es que fallamos en nuestra actitud? Pues entonces si realmente queremos compararnos con las descomunales fuerzas naturales que esculpen el planeta deberemos admitir que nuestra aportación es cultural, es decir, una manera de entender y actuar.

Dicho de otro modo, si por tan poderosos nos tenemos asumamos que no todo el Anthropos es responsable de dichos cambios, ya que no toda la humanidad se embarcó en una desenfrenada labor de esquilmado, saqueo y extracción de recursos sin medida, quemándolos, diseminándolos por tierra mar y aire o enterrándolos o arrojándolos donde menos esfuerzo costase, normalmente a nuestro basureros favoritos: atmósfera e hidrosfera.

Son incontables ya los lugares del planeta convertidos en inhabitables

Paradójicamente, y como es habitual, sólo uno de cada cinco humanos que habita el planeta podría incluirse verdaderamente como responsable directo de tanto derroche; y es precisamente ese, el que lo hace, el que ha inventado el término Antropoceno. Dado su bagaje cultural, podría haberlo llamado Capitaloceno, puesto que la organización social basada en la acumulación de capital es la que se aseguró el desenfrenado e insostenible consumo de recursos.

Sólo hay un planeta y algunos vivimos como si dispusiéramos de media docena. Machoceno o Faloceno responden de manera muy acorde a esa actitud comparable a una violación para satisfacer el instinto. Catastrozoico, Angloceno y tantos términos en la literatura especializada miran el fenómeno desde diferentes perspectivas que la persona que lea esto intuirá con facilidad.

Pero he ahí una cuestión que no debe pasar por alto: está en la herencia y manera de actuar (su actitud) de esa persona de cada cinco, el socializar las pérdidas individualizando las ganancias; lo hace desde que inventó una organización social basada en el crecimiento continuo del capital a costa de lo que sea, su salud, la de los demás o la del planeta. Así se jacta de su progreso tecnológico a costa de las otras cuatro, pero los efectos secundarios son culpa de todas. Antropoceno le viene como anillo al dedo. Arrogancia, disimulo o ejercicio de cinismo que una nueva época facilita para diluir responsabilidades. Hemos empezado a pensarnos dos veces cuánto petróleo podemos quemar, cuántos bosques podemos talar, cuántos peces podemos pescar. Empezar a pensar en cuánto cemento podemos permitirnos no estaría de más.

Dos son los sectores por ejemplo, que han elevado la concentración de CO2 atmosférico y la temperatura global responsable del cambio climático (el consenso científico es ya del 99%) por encima de las 400 ppm y ya cerca de los 2ºC en unas decenas de años, nada parecido se ha visto en los últimos dos millones de años cuando homo sapiens aún no estaba: son la industria del hormigón y simultáneamente la energía fósil. Ambas se han expandido en el último siglo hasta el punto de que hoy tres de cada cuatro personas en este planeta habitamos espacios interiores o rodeadas de alguna estructura de hormigón que por supuesto fue elaborada, transportada y puesta en obra con fósiles.

El aspecto más aterrador de nuestra dependencia tanto de esa roca natural arrancada, cocida, transportada y colocada como de la energía solar fosilizada (carbón, petróleo y gas) es que las grandes infraestructuras y las estructuras de nuestras viviendas no durarán un siglo, algunas ni medio. La gran mayoría están siendo o tendrán que ser reemplazadas, mantenidas a un coste terrible o demolidas, y relativamente pronto. Los avisos ya han venido del viaducto Morandi o del estado de nuestras carreteras, por no hablar de los reconocidos 56.000 puentes obsoletos en EE.UU., el cada vez mayor costo de mantenimiento de vías férreas y tuberías urbanas o el abandono y rescate de aeropuertos sin aviones, autopistas sin coches, presas que almacenan aire, hospitales sin médicos, centrales nucleares agonizantes…

Asumimos desde la euforia del control (aunque de manera errónea) que nuestro hormigón cocido con energía fósil era tan duradero como el romano, o como la misma piedra a la que imita. Nos equivocamos, el hormigón envejece, falla, se rompe y se fractura de muchas maneras. El calor, el frío, los temblores y vibraciones, muchos productos químicos, la sal, la humedad, atacan esa roca artificial aparentemente sólida, la debilitan y la descomponen, por dentro y por fuera. Se podría decir que nuestras ciudades son como fugaces castillos de arena. Pero desde el año 2010 más de la mitad de la población vivimos en ellas, una nueva experiencia para la vida en el planeta.

Una urbanosfera de roca artificial

La urbanosfera formada por unidades llamadas ciudades, es posterior a la formación de la corteza, la hidrosfera, la atmósfera, la biosfera y la noosfera (esfera del conocimiento), sería la red neuronal que dibuja un Antropoceno cultural (apenas geológico) compuesto de arena pobremente pegada con una edad limitada. El reconocimiento geológico para este momento aún no existe, todavía es virtual, pero culturalmente es real. Estas unidades estructurales planetarias son enormes vórtices devoradores de recursos y generadores de ingentes cantidades de residuos. El planeta hace tiempo que es incapaz de metabolizarlos. A una media de dos kilómetros de cualquier lugar tendríamos una carretera de asfalto o una estructura de hormigón cuyo uso pronto deberá ser repensado, puesto que tras 2006 (año del Peak Oil) con el encarecimiento y escasez de petróleo y sin sustituto a la vista, las cosas nunca serán como en el siglo XX.

Aquel despegue histórico de crecimiento económico que parecía imparable fue posible porque durante millones de años el único planeta del sistema solar con tectónica de placas (que se sepa) recogió y atesoró la labor de parte de una de sus esferas: la vida. Una pequeña parte de la energía solar que recibía la Tierra hace millones de años fue atrapada por la fotosíntesis, enterrada, cocida y devuelta como energía solar fósil a coste cero. Fue lo que apuntaló el trabajo necesario para tanto crecimiento. Arrancar rocas, cocerlas, mezclarlas con agua imitando los procesos de erosión, transporte y sedimentación, para conformar la milagrosa roca artificial que ha conquistado el planeta (el hormigón armado) ha supuesto en un siglo quemar cada año el equivalente al trabajo de dos millones de años de las otras fuerzas que esculpieron nuestra casa común. Es decir, no sólo nos hizo poderosos, además somos rápidos, muy rápidos. Eso sí, para quemar y calentar nuestra casa global, es lo que mejor sabemos hacer. El nunca mejor llamado “oro negro”, ese regalo de Gea, casi nos hace dioses, y creyéndonos serlo nos propusimos echar un pulso a las descomunales fuerzas de la Naturaleza con las que optamos a equipararnos, un pulso que desde hace más de una década nos está extenuando.

lunes, 10 de septiembre de 2018

EL HORMIGÓN ARMADO COMO ICONO DEL CAPITALISMO FOSILISTA


Ruina Industrial. Antom Santos

Queridos lectores, el pasado mes de agosto de 2018 mantuve una serie de conversaciones muy fructíferas con Manuel Casal Lodeiro, escritor, pensador, activista, y muchas cosas más, tras el colapso del viaducto Morandi de Génova y la pasarela de Vigo durante el festival de O Marisquiño. Dichas conversaciones culminaron en este artículo para la revista 15/15\15, "Revista para una nueva civilización": El hormigón armado, icono del capitalismo fosilista.

El hormigón es esencialmente arena y grava unidas con cemento. También es el material de construcción más utilizado en el planeta, prácticamente un 70% de los habitantes de este mundo vivimos bajo hormigón. Cada año consumimos más de dos veces de hormigón que de acero, aluminio, plástico y madera juntos. Es una forma casi mágica de crear, barata, rápida y fácil. En un abrir y cerrar de ojos geológicamente hablando implantamos carreteras, puentes, presas, centrales energéticas, viviendas para un gran número de personas... Es quizás uno de los mejores indicadores que se han expandido por todo el planeta para poder determinar algún límite para el Antropoceno.

Desde el año 2010 más de la mitad de la población vivimos en ciuadades; esta nueva experiencia para la vida en el planeta supone además que la ciudad se erigió en una nueva unidad estructural planetaria que consume recursos y genera desechos como nunca ante se vio en la historia. El número de habitantes urbanos aumenta en alrededor de 65 millones de personas cada año, según la División de Población de las Naciones Unidas. Sería el equivalente a agregar 21 nuevas Madrid, 40 Barcelonas, 185 Bilbaos ó 325 Pamplonas, al planeta, ¡cada año!

Tendemos a suponer que el hormigón es tan durable y permanente como la roca sedimentaria a la que quiere imitar, pero realmente no lo es. El hormigón se fatiga, se debilita, se degrada..., falla y se fractura, y lo hace en infiidad de maneras. El calor, el frío, el viento, los terremotos, los terrenos inestables, los productos químicos, la sal o la humedad atacan esa roca artificial aparentemente sólida, la debilitan y la rompen, desde fuera y desde adentro. Podría decirse que nuestras ciudades son como castillos de arena mal pegada y hemos asumido que siempre estarán disponibles las tecnologías adecuadas que lo hagan eterno.

Pero toda tecnología funciona porque tras ella hay una energía que la sustenta, el mismo hormigón es una tecnología absolutamente fósil-dependiente que imita los procesos geológicos de erosión, transporte y sedimentación gracias a la simultaneidad histórica del desarrollo de ambas tecnologías: el hormigón armado y el uso de hornos de gas, carbón y transporte mecanizado. Con su mantenimiento pasa exactamente lo mismo: vivimos en un mundo cada vez más necesitado (como explico en el artículo) de reparación y conservación de infraestructuras envejecidas, pero con las fuentes de energía barata, abundante y versátil en decadencia, así que el problema de derivar cada vez más recursos para seguir en el mismo lugar, se amplifica. Sufrimos el síndrome de la Reina Roja de Alicia (en el país de las maravillas), cada vez tenemos que correr más deprisa para seguir en el mismo lugar.

Ilustración de John Tenniel de la Reina Roja hablando con Alicia

El hormigón armado (HA) es posiblemente el producto tecnológico más importante en el desarrollo y modificación del medio natural que sin precedentes se da en la historia del ser humano. Supone por tanto que el pasado siglo XX, además de verlo nacer como una tecnología de éxito icónico, propició las condiciones para su implantación a escala global. Actualmente la urbanosfera —red neuronal que dibuja el planeta desde el año 2010, cuando más de la mitad de la población mundial comenzamos a vivir en ciudades— no se comprendería sin su presencia. Su total expansión y conquista global han decorado nuestra casa común como lo ha hecho el propio ser humano. Esta conquista de cada rincón del planeta no hubiese sido posible sin un factor crucial que simultáneamente catapulta su desarrollo y expansión: los combustibles fósiles...

Antonio Aretxabala
Pamplona, 10 de septiembre de 2018





Otras referencias: 

Enpresa eta arduradun askok garrantzia kendu diete mantentze lanei. Berria (euskera)

Entrevista en Aragón Radio (15-VIII-2018) (Despierta Aragón)

Deslizamientos, hormigón, y mantenimiento. X Jornadas de Gerencia de Riesgos y Emergencias Donostia-San Sebastián

jueves, 14 de junio de 2018

NAVARRA Y LA FALTA DE SOLIDARIDAD EN TORNO A YESA. UN OBSTÁCULO PARA EL PROGRESO

"Peor que ver la realidad negra es el no verla".
Antonio Machado


Queridos lectores y seguidores, como ya hemos apuntado en varios artículos anteriores, una de las disposiciones humanas que mejor favorece la recuperación y la resiliencia de las comunidades es la solidaridad, especialmente con quienes han sufrido un impacto o viven bajo una amenaza constante; en esos casos debemos afrontar la realidad con la cabeza fría para favorecer una salida prometedora.

La mentalidad especulativa y de corto plazo no permite el desarrollo de grandes proyectos ni sociales ni empresariales. Además empobrece a los individuos y a la sociedad. Este blog se fundó para conocer y concienciar sobre estos obstáculos, y siempre desde una mirada participativa; la mayor parte son estudios que recogen ejemplos de ello.

Hoy vamos a hacer otro recorrido histórico que lo demuestra y además en nuestro territorio. Esta vez será de la mano de las obras de recrecimiento del embalse de Yesa tras las advertencias y tirones de oreja dados por el Tribunal de Cuentas en su INFORME DE FISCALIZACIÓN DE LA CONTRATACIÓN CELEBRADA EN 2014 POR EL MINISTERIO DE AGRICULTURA, ALIMENTACIÓN Y MEDIO AMBIENTE Y SUS ORGANISMOS DEPENDIENTES, Y SU EJECUCIÓN HASTA 2017. Nº 1.279. Esta entidad se une ahora a las advertencias ya dadas por técnicos independientes y otros del nuevo Gobierno de Navarra sobre la inseguridad geológica y el daño económico y social derivado de ella.

Hace unos meses este caso concreto de Sangüesa y la capacidad de resiliencia bajo la amenaza que aún continúa fue abordado en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) de una manera interdisciplinaria. En aquel encuentro se palpó perfectamente cómo hay una clara relación entre los problemas de estabilidad geológicos generados por las obras, el impacto socioeconómico en la comarca o la percepción de vivir en un medio inseguro. Además de los aspectos geotécnicos y de sismicidad, la organización me pidió hacer una introducción general a la resiliencia de nuestras ciudades tras el ecuador que supone el hecho de que desde 2010, más de la mitad de la población mundial vivimos en ellas. Una nueva experiencia para la vida en el planeta.
 

Antonio Aretxabala
Pamplona, 14 de junio de 2018


1. RESILIENCIA Y SOLIDARIDAD

Desde la fundación de este blog, tanto en términos de riesgos naturales, como climáticos, sísmicos, o creados por nosotros, este tema de la solidaridad ha sido una constante. La protección es una actividad intuitiva y permanente, tanto individual como colectiva, pero ésta sólo es eficaz si está basada en unos conocimientos que crean hábitos de protección sistemáticos y racionales y van acompañados de una pedagogía basada en la mejora de los lazos personales y entre las comunidades cercanas.

En este contexto quiero hacer un análisis sobre lo que ha supuesto la falta de solidaridad en varios ejemplos de la sociedad navarra, concretamente hacia Sangüesa y el problema de Yesa, incluídas algunas personas activistas o del mundo de la ciencia que hemos trabajado durante años, intentando aportar a la sociedad este beneficio y finalmente hemos pagado el precio de la independencia técnica, ética e intelectual al no ceder a los intereses personales de determinados cargos políticos y empresariales. Éstos presionaron en nuestro quehacer y en nuestro ámbito de trabajo con la intención de ocultar una realidad que tarde o temprano iba a aflorar, como vemos, y lo hicieron en contra de la seguridad física y social de una parte de la ciudadanía de Navarra con el apoyo, y a veces el aplauso, de una mayoría a la que deliberadamente se mantuvo engañada desde unos medios de comunicación en connivencia.

En el transcurso de estos años en que intentamos despertar a los ciudadanos de Navarra sobre la amenaza real que una parte de sus conciudadanos estaba sufriendo, concretamente quienes asoman aguas abajo del río Aragón, hemos sido rechazados, marginados y postergados. El resto de las comunidades hizo oídos sordos con quienes pretendimos dar voz a los afectados. Hoy es el Tribunal de Cuentas, un ente ajeno a la seguridad geotécnica, el que avisa del problema geotécnico por su inasumible impacto económico:


2. EL TRIBUNAL DE CUENTAS SOBRE LAS OBRAS DE YESA

Tras conocer el último informe y la denuncia del Tribunal de Cuentas poniendo como ejemplo de lo que no hay que hacer a la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) por causa de las obras del recrecimiento del embalse de Yesa, "la existencia de defectos o carencias en los proyectos iniciales, la falta de previsión, la descoordinación entre Administraciones, la ausencia de informes o actuaciones preceptivas o la imprevisión acerca del resultado de dichas actuaciones, han ocasionado su alteración sustantiva en cuanto a su ritmo de ejecución, a su coste final o a su rentabilidad social en términos de satisfacción del interés público al que deben responder", surge otra vez el papel tan poco solidario jugado por la mayoría de la sociedad navarra y la práctica ausencia de empatía de unas comarcas con otras. Añade el tribunal:

"Tras haberse constatado riesgos de deslizamientos en las laderas del embalse, así como dificultades en su impermeabilización, lo que dio lugar a una sucesión de tres modificaciones contractuales -la tercera de las cuales con la necesidad aparejada de solicitar nuevos informes de impacto ambiental-, las obras y sus contratos asociados, han debido prolongarse, al menos, hasta el mes de octubre de 2020". (INFORME DE FISCALIZACIÓN DE LA CONTRATACIÓN CELEBRADA EN 2014 POR EL MINISTERIO DE AGRICULTURA, ALIMENTACIÓN Y MEDIO AMBIENTE Y SUS ORGANISMOS DEPENDIENTES, Y SU EJECUCIÓN HASTA 2017. Nº 1.279)

Este aspecto fue presentado entre 2015 y 2017 en el Ayuntamiento de Sangüesa, varias veces en el Parlamento de Navarra y en diversas presentaciones orales, publicaciones, o en cursos sobre urbanismo, distribución del terrotorio, ingeniería y geología en varias universidades como la UPNA, la de Zaragoza, Santander o Monterrey (México). La figura 1 recoge un resumen de cómo ha evolucionado el montante económico (BOE) sin desglosar de lo ejecutado, con respecto a la evolución del Factor de Seguridad a través de los últimos años.

Figura 1. A partir de los datos de informes pedidos por la CHE que se pueden consultar en su web y en otras publicaciones previas, así como de los datos publicados por varios estamentos oficiales, se ha confeccionado esta gráfica que enfrenta la evolución del presupuesto de la obra con los factores de seguridad (medios en condiciones normales) dados en dichos informes y los extraídos desde 2012 (factor de seguridad F.S. en torno a 1) cuando comienza el movimiento "grave" de la ladera derecha (grave según el consejero de Presidencia, Justicia e Interior del Gobierno de Navarra en 2014; recordemos que se trata del mismo cargo público que negó esa gravedad en 2013 mientras se producía el gran deslizamiento que movió la vieja presa, arruinó dos urbanizaciones, varias infraestructuras de comunicación y elevó el estado de Alerta en la Ciudad de Sangüesa en 2012-2013 del que todavía no se ha despojado). Como se puede observar, la relación existente entre el coste de la obra y la seguridad es inversamente proporcional desde 2001 hasta fechas recientes.


3. LA INSOLIDARIDAD NAVARRA CON SANGÜESA. UN OBSTÁCULO REPETIBLE

En las charlas, conferencias, artículos, informes, apariciones en medios que he ofrecido al respecto, así como en mis comparecencias en el Parlamento, en varios ayuntamientos, medios de comunicación y allá donde se me ha requerido, incluidas universidades españolas y extranjeras, he hecho hincapié en el obstáculo para toda la Comunidad Foral que supone el no haber practicado esa solidaridad cuando se produjo la catástrofe de 2013 (pero sobre todo después); los ciudadanos de Sangüesa se encontraron viviendo bajo la amenaza de unas obras inseguras, movedizas e interminables en un medio inestable que no sólo supusieron un marcado cambio en la percepción de lo que significa vivir en un hábitat inseguro, sino que el trauma social y personal fue acallado por las propias instituciones navarras entonces empeñadas en ocultar el problema.

Por si era poco el perjuicio generado, se suma a ello la utilización de su posición privilegiada, tratando en este caso a las víctimas como culpables por denunciar su propia desgracia; esa fue, nos guste o no, la actitud de las instituciones que regían la Comunidad Foral en 2013, el daño se orquestó desde varios medios de comunicación totalmente desalmados. Pero la sociedad navarra, los ciudadanos de a pie, en general no fueron mejores.
Morrás dice que la situación en la ladera de Yesa "se está estabilizando" y transmite un mensaje de "tranquilidad"

ha destacado Morrás, que ha añadido que "además, no ha pasado nada". "Fuimos extremadamente prudentes, no se ha caído ninguna casa. Lo mismo que hay que saber tomar decisiones hay que saber cuándo no tomarlas", ha concluido.

Leer mas: http://www.europapress.es/navarra/noticia-morras-dice-situacion-ladera-yesa-estabilizando-transmite-mensaje-tranquilidad-20130603125628.html

(c) 2015 Europa Press. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de este contenido sin su previo y expreso consentimiento.

El poder de seducción de esos medios de comunicación y los dictámenes de los representantes públicos con sus prioridades e ideologías dominantes, llegó a convencer a una gran mayoría de navarros de que los sangüesinos no eran sino unos "quejicas", y quienes les dábamos voz porque nos encargaron un estudio independiente de lo acontecido, unos antisistema e incluso unos alarmistas (e incluso que apoyábamos a "los de ETA" como me llegaron a decir a mí), éramos los que siempre estaríamos en contra de todo y esa clase de lindezas típicas de quien se ve presa de sus contradicciones, todos fuimos atacados, desde su alcalde de Sangüesa hasta quienes participamos en jornadas de sensibilización pasando por los técnicos consultados por el Gobierno de Navarra.

Son dignas de destacar las declaraciones vertidas por el entonces consejero de Presidencia, Justicia e Interior del Gobierno de Navarra sobre el estado de la cuestión en pleno avance del deslizamiento que provocó la Catástrofe de 2013 y que tuvo a bien recoger la agencia Europa Press: "La situación en la ladera de Yesa se está estabilizando. El papel del alcalde de Sangüesa puede que esté siendo difícil, entre otras cosas porque en marzo él mismo compareció con los opositores a la presa y con la persona que ha generado la alarma (se refiere al profesor de la Universidad de Zaragoza, Antonio Casas, quien ofreció los alarmantes datos proporcionados por la propia CHE en el Parlamento de Navarra). Ciertamente no es lo mismo tener responsabilidades institucionales, y por tanto tener que dar datos fiables y ejercer con mucha responsabilidad, que es lo que le está tocando ahora, que haber estado históricamente con personas que han puesto en duda siempre el proyecto. Además, no ha pasado nada. Fuimos extremadamente prudentes, no se ha caído ninguna casa. Lo mismo que hay que saber tomar decisiones hay que saber cuándo no tomarlas" (3 de junio de 2013).

La realidad es que por nuestra trayectoria profesional y conocimiento de la verdadera amenaza, estábamos y estamos tan asustados por lo que pudiera ocurrir, como hoy también lo están en el propio ministerio y en la CHE a la que en esas declaraciones se elogió y se puso como ejemplo del bien hacer las cosas, justo lo contrario de lo que hace hoy el Tribunal de Cuentas del Estado en su informe Nº 1.279 arriba enlazado y que pone a la empresa pública como ejemplo de lo que no hay que hacer. Algo que ya se ha presentado desde hace años en las escuelas de ingeniería, arquitectura y geología de varias universidades de España e Hispanoamérica; ahora también en las de economía.

Quienes realmente están en contra del progreso y el desarrollo son quienes intentan utilizar los recursos de la ciudadanía en beneficio propio. España (y Navarra) tras las recientes condenas de sus dirigentes por los innumerables casos de corrupción, deberían estar ya vacunadas de espantos e intentar no volver a tropezar con las mismas piedras.

La obligación moral de quien conoce la contrariedad, porque la ha estudiado durante años y sabe que se está produciendo un maltrato premeditado, es la denuncia y el intento de hacer comprender el problema generado desde esa actitud, pero claro está, sin hacerse muchas ilusiones. El sacrificio personal de decir la verdad contra todo un engranaje de poder, es la siempre presente historia de David contra Goliat, hoy es tristemente una moneda de cambio habitual y está a la orden del día. 

Los intereses políticos y económicos que se encuentran tras semejante agujero sin fondo, como el denunciado por el Tribunal de Cuentas, no pretendieron arreglar el problema, por el contrario quisieron modificar la verdad, y lo hicieron desde el principio de los deslizamientos; son ya muy palpables aquellas intenciones cuando es el Tribunal de Cuentas del Estado el que da el tirón de orejas a sus ejecutores y pone en duda "la rentabilidad social y el interés público" de obstinarse en avanzar dentro del callejón sin salida que supone esa obra condenada. Nada bueno se puede esperar ya cuando quien debe valorar la rentabilidad económica y social del recrecimiento de Yesa da un golpe sobre la mesa y advierte de la inseguridad geológica.


4. ¿ES LEGÍTIMO QUE ESPEREN ALGÚN GESTO DE SOLIDARIDAD EL RESTO DE COMUNIDADES NAVARRAS?

El resto de comunidades navarras que no fueron solidarias con Sangüesa (algo que he repetido en todas mis intervenciones) ojalá no se vean nunca amenazadas como lo está todavía la ciudad de Sancho Garcés. Muchas fueron las comunidades que les dieron la espalda y les acusaron con todo tipo de calificativos que la hemeroteca recoge sin piedad, pocos actos institucionales de apoyo y cooperación vivimos entonces; por desgracia el discurso dominante se disfrazaba con el lema de estar en contra del progreso, ocultando de una manera diabólica los intereses personales de unos pocos como excusa del bien común. Pero ahora, tras el informe del Tribunal de Cuentas se vislumbra que quizás no se buscaba ningún bien común.

Quienes así repitieron sus consignas contra los ciudadanos de Sangüesa y los científicos y activistas que decíamos la verdad, sabemos que actuaban y actúan empujados por la mala fe que se deriva de sus intereses personales, pero sobre todo porque desconocen lo que es vivir bajo un Estado de Alerta durante casi seis años, para propiciar a otras personas ajenas al territorio amenazado unos ciertos beneficios económicos. Esa es la razón ciega de la violenta crítica hacia quienes defendimos la cruda realidad ejercida por parte de unas pocas grandes empresas y sus marionetas políticas. El ciudadano navarro debería reflexionar y preguntarse: ¿Tan poco valen las vidas humanas en pleno siglo XXI? ¿Puedo yo hacer algo para enmendar el daño? ¿Y si sucede en mi comarca? ¿Serán el resto de comunidades navarras tan insolidarias con nocotros como lo fuimos nosotros con Sangüesa?


5. SIEMPRE SE IMPONDRÁ LA LÓGICA, NUNCA LA IDEOLOGÍA

No sólo el hecho de que sean administraciones, departamentos universitarios, entidades locales, medios de comunicación, empresas y en definitiva, personas tan insolidarias como fueron y siguen siendo, las que erigen el gran obstáculo para el desarrollo económico y social de una región, sino que además lo hacen con afrentas, menosprecio, intentando hundir y humillar a quienes se encuentran bajo la amenaza de un medio convertido en bomba de relojería y a quienes lo advierten. La experiencia nos dice que de esa actitud no puede brotar progreso social, resiliencia, ni protección colectiva alguna, menos aún individual.

La amenaza en Yesa y Sangüesa sabemos todos que es real e intolerable. El estado de seguridad, como ya apuntamos en su momento, es el más bajo de la historia de ese proyecto fallido (figura 1). De momento sólo algunos científicos hemos dado la voz de alarma por la amenaza física que supone. El Tribunal de Cuentas lo da por la amenaza económica que conlleva la inestabilidad constante (figura 1). Es de esperar que sea la lógica la que tome las riendas para solucionar el enorme perjuicio generado y no vaya a más. Ojalá no se vuelva a repetir algo similar, ni en Sangüesa ni en ningún otro lugar, pero si sucede, esperemos que la sociedad navarra no se comporte como hizo una vez con Sangüesa, donde un movimiento "extremadamente lento" ha generado un problema económico y social "extremadamente grande".

 Embalse de Yesa