lunes, 21 de septiembre de 2015

CICLO DEL AGUA PLANETARIO, LA DIMENSIÓN VITAL QUE APENAS COMENZAMOS A COMPRENDER



 


La cantidad de agua bajo la superficie de la Tierra podría superar ¡tres veces! los océanos de la superficie de nuestro planeta.

No cabe duda de que estamos viendo ya las evidencias de un ciclo del agua que abarca a todo el planeta.


La Tierra es un sistema interactivo complejo. Cuando alteramos el clima, también alteramos la tierra firme. Pocas personas fuera (e incluso dentro) de las ciencias de la Tierra piensan que nuestro planeta es un sistema interconectado. La mayoría de los científicos creen que lo que pasa arriba en la atmósfera está completamente desconectado de lo que pasa bajo sus pies. Las actuales teorías científicas dominantes sobre las causas de los sucesos sísmicos, volcánicos o tectónicos, se han concebido como si el movimiento espacial de la materia mineral fuera el único acontecimiento a tener en cuenta. No es de extrañar que ninguna de las teorías, hasta ahora, haya resultado realmente satisfactoria incluso para el pensamiento de orientación más mecanicista.

Thales de Mileto, (624-546 a.C.) observó ya hace 2.600 años que cada masa de tierra acababa siempre sobre el agua. A partir de ello dedujo que el conjunto de la Tierra debería estar como flotando en una cama de agua, de la que además ha surgido. Cuando ocurre algo en esa agua recibimos ondas y temblores. Es la primera teoría científica sobre el origen de la sismicidad. En realidad nunca ha sido abandonada y en cada época ha ido acompañando a los paradigmas que han dominado al respecto, desde los castigos divinos hasta la tectónica de placas.

Thales sentencia así desde hace ya casi tres milenios que esos movimientos del agua sobre la que flotan los continentes los experimentamos como terremotos. Pero la verdadera importancia de su pensamiento radica en el hecho de que él fue el primer pensador conocido en buscar respuestas naturalistas y racionales a las preguntas fundamentales. Así, Thales en lugar de achacar que los objetos y acontecimientos que atribuyen a los caprichos de los dioses esos eventos naturales, se los adjudica al propio movimiento del mundo físico. En especial al movimiento de uno de los cuatro elementos: el agua. Al hacerlo, él y los filósofos posteriores de la Escuela de Mileto sentaron las bases del futuro pensamiento científico y filosófico en todo el mundo occidental que hoy vuelve a sus raíces.

¿Tanta razón tenía Thales? Pues parece que así es. Esta semana se publica en Nature el trabajo de un equipo de geólogos de la Universidad de Columbia (EEUU) liderado por Yaakov Weiss en el que analizan las inclusiones fluidas traídas a la superficie por diamantes recogidos en varias zonas de la corteza y que corroboran la incisiva mirada del sabio griego. La mayoría de los diamantes nacen en profundidades cercanas a los 200 ó 300 km y, según se van formando atrapan líquidos salinos de su entorno: el manto superior. Como la química de estas inclusiones fluidas no cambia según los diamantes viajan hacia la superficie terrestre, obtenemos una valiosísima información sobre el manto, una región profunda e inaccesible.

THALES DE MILETO

La cantidad de agua bajo la superficie de la Tierra podría superar ¡tres veces! los océanos de la superficie de nuestro planeta. Los investigadores de Northwestern y Nuevo México encontraron el año pasado bolsas llenas de magma situadas a unos 650 kilómetros por debajo de América del Norte, una firma probable de la presencia de agua en estas profundidades. 

El descubrimiento sugiere que el agua de la superficie de la Tierra puede ser impulsada a tan grandes profundidades por las placas tectónicas, causando finalmente la fusión parcial de las rocas que se encuentran profundamente en el manto. Se presentó entonces el descubrimiento de un gran océano de varios kilómetros bajo la superficie de la Tierra. 

El minerálogo Steve Jacobsen y el sismólogo Brandon Schmandt, encontraron bolsas profundas de agua a cientos de kilómetros bajo América del Norte. 



El estudio combinó los experimentos de laboratorio de Jacobsen en el que estudia la roca del manto bajo las altas presiones simuladas de 600 kilómetros debajo de la superficie de la Tierra con las observaciones de Schmandt, utilizando grandes cantidades de datos sísmicos de la red sísmica americana, una densa red de más de 2.000 sismógrafos. Por otro lado Michael E. Wysession, profesor de la Universidad de Washington de ciencias terrestres y planetarias, en colaboración con el ex-estudiante graduado Jesse Lawrence (ahora en la Universidad de California, San Diego), analizaron 80.000 ondas en más de 600.000 sismogramas y encontraron un gran área en el manto inferior de la Tierra, debajo de Asia oriental, donde el agua es el amortiguador, o atenuante, de las ondas sísmicas de los terremotos.

Los procesos geológicos de la superficie de nuestro planeta, como son los terremotos o las erupciones volcánicas, son un gesto de lo que está sucediendo a cientos de kilómetros bajo nuestros pies, muy lejos de nuestra mirada, pero ahora puede ayudar a explicar la gran cantidad de agua líquida en la superficie de nuestro planeta habitable.

No cabe duda de que estamos viendo ya las evidencias de un ciclo del agua que abarca a todo el planeta. Los científicos hemos estado buscando esta agua profunda que faltaba para explicar muchas cosas desde hace décadas, ahora hemos dado un paso más hacia su encuentro y comprensión. Gracias a esta dinámica se sostiene nuestra casa global y toda la vida del planeta, corroborando así la clarividencia de Thales de Mileto. Como afirma Jacobsen: “debemos estar agradecidos por esta gran reserva, si no estuviera allí, estaría sobre la superficie de la Tierra, y la cima de las montañas sería la única tierra que se vería sobresalir.”

jueves, 3 de septiembre de 2015

ES UNA CRISIS GEOLÓGICA Y CULTURAL

TURQUÍA: 2 DE SEPTIEMBRE DE 2015

La fotografía de arriba ha provocado un terremoto emocional que ha recorrido el planeta. Mucha gente asustada reflexiona ahora en sus casas, mira la prensa, atiende al televisor, busca por las redes sociales...

¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué no salimos nunca de esta crisis tan cruel? ¿Cuando acabará esta pesadilla? ¿Qué podemos hacer como ciudadanos? ¿Dónde hunde sus raíces este momento clave de la historia de la humanidad?... 

Preguntas lógicas y muy complejas de contestar sin vincularlas a la verdadera crisis que sufre la humanidad y que no es otra que una crisis geológica y cultural. Es el fin de una era.



1. ¿Una crisis geológica?

Sí. El planeta Tierra ha llegado a darnos todo lo que tenemos y nos ha suministrado alimento, agua, energía y materias primas de diferentes maneras a lo largo de la historia; dependiendo de nuestra cultura y tecnología en cada momento, las hemos transformado. El ser humano ha llegado a las cotas más elevadas de la evolución gracias, entre otras muchas cosas, al conocimiento científico y a su aplicación en la adecuación del medio para su propia comodidad. Así, las ciencias naturales y sus especialidades en el campo de las ciencias de la Tierra contribuyeron a identificar los terrenos más adecuados y estables para cultivar, practicar la ganadería, proyectar, esculpir, extraer recursos y hacer realidad según qué obras de infraestructura, centrales energéticas, nucleares, presas, obras lineales, etc., con objeto de facilitarse a sí mismo la existencia. La visión holística de la historia es fundamental para obtener una imagen fiel de cómo hemos llegado hasta aquí.

El homo tecnologicus fue posible con el devenir de los tiempos gracias a la disponibilidad de recursos geológicos que proporcionaban energías baratas y accesibles (en especial los hidrocarburos, sobre todo el nunca mejor denominado "oro negro"), con ello la complejidad de organización, expansión, dificultad constructiva, llegó a niveles nunca antes vistos en la historia; con ello también la noción de dominio del medio y de riesgo sufrieron un cambio paralelo en complejidad, siendo inicialmente ambas cuestiones concretas y sencillas, con el tiempo se convirtieron en difusas y complejas. El ser humano llegó a un punto en el que creyó que este flujo de riqueza que venía de la Tierra iba a estar apuntalando nuestra civilización (también como parte del planeta) para siempre. Pero todo tiene un límite (figura 1).

FIGURA 1: LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO
La geohistoria nació así como una ciencia histórica que se abocó al estudio de la dinámica entre una sociedad y la estructura geográfica y geológica que la sustenta. La geografía como estructura que sostiene a las sociedades en diferentes momentos históricos, influye en ellas, pero no las determina, éstas son capaces, según su tecnología, disponibilidad de recursos y cultura, de abrir aún más el abanico de posibilidades que poseen y aún de modificar la geografía en que habitan. 

Nuestra civilización surge y se multiplica de manera geométrica como una estructura disipativa, es decir, se constituye con la aparición de una estructura coherente, autoorganizada, en un sistema cada vez más alejado del equilibrio termodinámico (entropía). La erosión, la gravedad, el desgaste, deberían haber dejado este planeta como un desierto, pero aquí además de esa energía externa, también la hay interna, lo que neutralizó a éstas y las fue moldeando poco a poco mientras durante cientos de millones de años fabricó nuestras fuentes de energía y recursos que hoy nos proporcionan la posibilidad de esta sociedad tecnológica: la habitada por el "homo tecnologicus". Y sí, hay una peculiaridad en la evolución particular de este planeta: sobre él apareció la vida, y con ella el ser humano y sus complejas organizaciones sociales construidas sobre la base de la energía solar fósil: los hidrocarburos.

Durante los tiempos en que tanto la tecnología, cada vez más eficiente, como la posibilidad de crecimiento económico sostenido (gracias a los insumos de las energía accesibles) estuvieron presentes, la complejidad de nuestras sociedades, las infraestructuras, la arquitectura, las ciudades, llegaron a cotas de diversidad y dificultad que requirieron cada vez en más cuantía, asegurar la solidez y estabilidad del medio sobre el que se erigían, el contexto en que vivían, el terreno que las sustentaba y el apuntalado energético que las hacía durables, sin embargo hace décadas que se alzaron voces sobre la insostenibilidad de acompañarlo con un crecimiento perpetuo, infinito. Con la gran cantidad de energía fósil concentrada disponible se pudo materializar la sociedad industrial y tecnológica. Pues bien, todo tiene un límite, y hemos tocado ya varios de ellos. 

Para poder suplantar a los combustibles fósiles, ya que se agotan (figura 2), una fuente de energía alternativa tendría que ser barata de extraer, versátil y abundante, y la tecnología para explotar tendría que ser madura y capaz de desplegarse en todo el mundo en un tiempo relativamente corto. Ninguna fuente de energía conocida cumple estos requisitos.

FIGURA 2: LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO (CLUB DE ROMA, 1972)



2. ¿Una crisis cultural?

Sí. El medio social, como el ambiental, o el económico, se han vuelto inestables, la volatilidad de los precios de la energía, la inestabilidad geopolítica, la social, las migraciones climáticas de decenas de millones de personas, las que lo hacen por conflictos bélicos, ideológicos..., envuelven ya al planeta en una atmósfera que bien tiene que ver con el complementario de ese binomio estabilidad-sostenibilidad y se ha trastocado en justo lo contrario: el mundo es ahora mismo insostenible y por ello es inestable. Todo es inestable, desde los precios del petróleo hasta la psicología social, se ha perdido una buena dosis de autopoiesis como condición de existencia en la continua producción de nosotros mismos.

Estamos condenados a parar una máquina que no sabemos cuándo se nos fue de las manos; deberemos repensar nuestro destino, se ha hecho necesidad; hemos crecido, hemos llegado a una madurez crítica, como el adolescente que deja de crecer para hacerse adulto, físicamente casi no cambia, el mayor cambio no es ahora el tamaño, es inmaterial, una nueva manera más responsable de ver la vida, de distribuir las energías, las inquietudes, los objetivos, se abre paso. Si la educación y las condiciones de crecimiento fueron favorables se cultivará una juventud y una madurez brillante, pero el joven adulto tiene que darse cuenta él solito de que ya no es un adolescente, comienza una era de formalidad (figura 1).

FIGURA 3: LA PIRÁMIDE DE NUESTRAS CONQUISTAS SOCIALES: EN LA BASE LOS RECURSOS GEOLÓGICOS

En la figura 3 anterior podemos ver la pirámide de nuestras conquistas sociales (flecha verde de la izquierda y lectura de abajo arriba dentro de la pirámide): éstas fueron cada vez más complejas gracias a la disponibilidad de una energía accesible y poco costosa (especialmente el nunca mejor llamado "oro negro") pero este estado, aunque muchos científicos no se hayan dado cuenta, no es eterno y en términos de energía neta o tasa de retorno energético (TRE) ya está cayendo como consecuencia de haber extraído y quemado la energía más fácil y accesible durante los últimos 150 años. Toda la arquitectura de nuestros sistemas sociales basados en la disponibilidad de energía barata y accesible se ven afectados (flecha roja). La TRE disminuye con el tiempo, cada conquista necesitó de mayores valores de esa TRE; al caer ésta, el flujo (flecha roja) de riqueza se invierte.

El tiempo apremia, las soluciones parche o las iatrogenias no sólo no nos van a salvar, sino que están acentuando un gran problema cuya factura económica, social y medioambiental no deja de apuntar hacia un abismo cada vez más cercano, el cambio climático y su impacto ineconómico computa en el PIB y se presenta como crecimiento, pero ¿algo ineconómico, iatrogénico, como arreglar Fukushima debe considerarse crecimiento por el mero hecho de aportar 500.000 millones de dólares al PIB? Desde hace muchos años, en térmicos de energía neta (TRE) que es mucho más fiable, estamos decreciendo (figura 2).

FIGURA 4: HASTA EL PAPA FRANCISCO SE PERCATA Y
ADVIERTE DEL PROBLEMA
Debemos observar nuestra civilización como lo que es: una estructura disipativa. El fracking por ejemplo, o las prospecciones de bajo rendimiento en lugares de mucha dificultad como en altamar o el Ártico, así como todo aquello que cueste más energía de obtener que la que proporciona, son ya, en este momento de la evolución, iaterogenias y aportes de tecnologías ineconómicas (figura 4). 

El fin de la era industrial ya comenzó en 2005 con el pico del crudo. Ahora estamos presenciando el colapso de las sociedades cuya riqueza se basó en la producción, refinado, transporte, industria, de energía (figuras 2, 3 y 4). 



La asociación compleja de rasgos culturales definitorios, de los cuales los seres humanos modernos estamos tan orgullosos, es consecuencia directa de la disponibilidad de recursos abundantes y accesibles, y no puede sobrevivir mucho tiempo a su agotamiento.

La energía solar fue secuestrada durante millones de años en reservas orgánicas sustanciales a través de lentos pero intensos procesos geológicos, entonces la aparición de una especie que pudiera liberarlos estaba garantizada. Tal especie, se desarrolla paralelamente a la entropía del medio que habita, y vuelve rápidamente su planeta a un nivel de energía almacenada mucho más bajo. Es un instante evolutivo, explota y se esfuma.

Así el paso del homo sapiens en esa escuálida etapa de la evolución altera significativamente la atmósfera y los patrones climáticos de la Tierra, de tal manera que prácticamente todos los seres vivos podrían extinguirse rápidamente. Pero incluso si esto no sucede, el ascenso y la caída del homo sapiens actuando así, alterando el medio que le hizo emerger, eliminaría muchas especies. Se ha estimado que se están extinguiendo a un ritmo de 17.500 por año (Wilson, 1988), y en las próximas décadas una cuarta parte de las especies del mundo está condenada (Raven, 1988).

Los bancos de pesca, por ejemplo, son un indicativo importante del desastre: un 43% de la población mundial (unos 3.000 millones de personas) se apoyan en la pesca para proporcionarse el 20% de su ingesta de proteínas animales. Por lo tanto, el hecho de que casi 9 de cada 10 bancos pesqueros ya se encuentren agotados, explotados al máximo, o sobreexplotados indica, sumado a la caída de la disponibilidad de combustibles fósiles, las guerras por ellos, y el incremento de flujos migratorios derivados de esa causa, el fin de una era.

La agricultura también tiene serios problemas: se necesitan más y más fertilizantes (derivados del petróleo) para compensar la capa superior del suelo perdido y casi una cuarta parte de la población mundial ya está desnutrida. La agricultura mecanizada derivada del uso del gasoil, combinada con los fertilizantes también derivados del petróleo, pudo suministrar alimentos hasta ahora, el declive de la disponibilidad de esa energía supone el fin de una era en que por ejemplo en occidente tan sólo un 2% de la población se dedicara a la agricultura, algo que nunca antes en la historia del homo sapiens se pudo dar.


FIGURA 5: CORRIENTES MIGRATORIAS HISTÓRICAS DOMINANTES, DESDE EL SIGLO XVI (FLECHAS NARANJAS) Y LAS ACTUALES (FLECHAS AZULES) Y PAÍSES RECEPTORES (EN NARANJA). CON TRAMA DE RAYAS SE PUEDEN VER LOS PAÍSES EN QUE MÁS DE LA MITAD DE LA POBLACIÓN PROVIENE DE LA INMIGRACIÓN.
FIGURA 6: LAS NUEVAS CONTENCIONES EN LAS FRONTERAS INTERNAS EUROPEAS ANTE LA CRISIS DE REFUGIADOS DE 2015. LAS FLECHAS MUESTRAN LOS INTENSOS FLUJOS ACTUALES, EN BLANCO EL ESPACIO SCHENGEN.



3. ¿El fin de una era?

Sí. Como la energía neta ha disminuido hacia valores de hasta un 20% de lo que fue en los años setenta u ochenta del siglo XX, el apuntalado de la civilización que llamamos occidental comienza a resentirse. Las consecuencias planetarias de 150 años de la quema de energía solar acumulada en forma de hidrocarburos durante cientos de millones de años, son el cambio en los patrones climáticos con un coste económico y social cada vez mayor.

El sistema que sustenta la población mundial ya está bajo estrés. El crecimiento en el uso de energía per cápita, que había ido aumentando continuamente desde que comenzamos a utilizar los combustibles fósiles, comenzó a disminuir hace unos 25 años y el ritmo acelerado en el que se ha ralentizado sugiere que no habrá crecimiento en absoluto de disponibilidad de alimentos per cápita a partir de ahora (figura 2, línea morada).

Cerca ya de cien millones de desplazados climáticos o debido al saqueo de recursos de sus países, vagan e intentan alcanzar los países llamados desarrollados (figuras 5, 6 y 7), pero que cada vez lo son menos por lo explicado, la desaparición de las clases medias en estos países desarrollados es paralela a la penalización de sus conquistas sociales: educación, sanidad, cultura universales se sustentaban sobre la riqueza energética, y ésta se volatiliza (figura 2)... Todo un reto que deberemos primero comprender como premisa necesaria pero no suficiente, para tomar las decisiones que no nos lleven al abismo que supondría el camino emprendido. El medio natural y el medio humano no pueden acabar destruyéndose mutuamente. 

Hemos llegado a un punto en el cual, por la caída inevitable de los insumos energéticos que llegan a nuestra estructura social (figuras 2 y 7), se requieren mayores costes, necesariamente crecientes tanto para el mantenimiento, como para el "crecimiento" sacrificando paradójicamente los servicios básicos sociales que eran la esencia de lo que llamamos "estado del bienestar" basado en él, en el crecimiento eterno, pero ésto, como nos dijeron ya en 1972 Dennis L. Meadows y sus compañeros del Club de Roma, tenía los días contados, y llegó (figuras 1 y 7).

FIGURA 7: DENNIS L. MEADOWS, ES UNO DE LOS AUTORES DE "LOS LIMITES DEL CRECIMIENTO"

Ahora exactamente la misma estructura basada en el crecimiento infinito no puede ser mantenida por más tiempo (figura 2), y sin un plan apropiado para su descenso, ésta seguirá un proceso parecido al de un cáncer, algo que puede acabar destruyéndola por completo. Idear desde la cultura un plan de descenso es algo políticamente impopular además de contrario a lo que se tiene por costumbre denominar "progreso" como sinónimo de "crecimiento" que es el santo y seña de todo gobierno o partido político; sin embargo no es nuevo, y ya somos muchos los científicos y humanistas que intentamos hacer llegar la realidad de lo que vivimos a nuestros vecinos, amigos, a nuestros dirigentes... Tomar decisiones acertadas es ahora más necesario que nunca; comprender el diagnóstico es necesario, pero no suficiente.

Existen propuestas efectivas que sí han contado con el reto de un futuro sostenible, es bien conocido en el ámbito científico que trata desde hace años con el problema de la inestabilidad de las estructuras disipativas ¿inteligentes? El concepto de sostenibilidad (estabilidad) es el pilar sobre el que se diseñan, en contraposición, como estamos viendo, al de “promesa de estabilidad, puestos de trabajo, progreso, crecimiento...” que por el camino escogido de espaldas a la geología, serán imposibles de cumplir.

El apremiante problema de la insostenibilidad de las complejas estructuras sociales e infraestructuras creadas por la sociedad moderna del siglo XX y XXI es mucho más grave y tiene un alcance mucho más profundo de lo que la mayoría de la población se pueda imaginar, e incluso de los que lo conocen por haberlo estudiado, o quienes se asoman por curiosidad, o sólo con el ánimo de contrastar, a este tipo de reflexiones; hasta el punto que no sería desmesurado afirmar que el colapso de nuestras conquistas sociales e infraestucturas energéticas o grandes obras, o vías de comunicación, serán de los mayores desafíos que tendremos que asumir y enfrentar en los próximos años. Por ello es apremiante y vital reaccionar cuanto antes, y hacerlo ahora que aún disponemos de energía para poder realizar una transición, y que haremos irremisiblemente, ya sea por las buenas o por las malas, pero la haremos, esperemos que la estructura disipativa dé ya señales de inteligencia...


EL FIN DE UNA ERA

lunes, 31 de agosto de 2015

PREPARANDO LA CUMBRE DEL CLIMA DE PARÍS


PUBLICADO EN iAgua Y EN VARIOS MEDIOS
PREPARANDO LA CUMBRE DEL CLIMA DE PARÍS


Los océanos se están convirtiendo en verdaderas bombas de relojería calorífica que ya generan cada vez reacciones más extremas y violentas.

Desde 2010 más de la mitad de la población mundial ya vivimos en ciudades, toda una nueva experiencia para la vida en el planeta. 


Septiembre comienza con la primera reunión en Bonn para negociar aspectos variados de la cumbre de París en torno al cambio climático y las medidas energéticas a tomar. Obama, que ha convertido la lucha contra el calentamiento global en su nueva bandera, realiza una excursión en barco por el Parque Nacional de los Fiordos de Alaska para ver los efectos del cambio climático de primera mano, así apoyará a Shell en las prospecciones del Ártico que tanta lucha ecologista está generando, subrayando las severas medidas de seguridad a que obligará toda actividad en zonas tan vulnerables del planeta. La encíclica del Papa Francisco, 'Laudato Si’', es ya un best-seller en círculos científicos, generando una semana sí y otra también algún artículo o programa de radio o televisión.

De aquí a diciembre vamos a ver mucha actividad medioambientalista, vamos a escuchar muy a menudo esos conceptos de cambio climático, calentamiento global, nuevo modelo económico, tasa de retorno energético...

Parece que nuestros mandatarios quieren dar una imagen veraz de preocupación con este enorme problema, pero si profundizamos un poco, vemos que son muchos los casos en que no van más allá del susto que provocan los estudios al respecto, como el más reciente de la NASA: desde 1992, el mar ha subido una media de ocho centímetros, 23 en el último siglo, y no solo por derretimiento del hielo: el mar está más caliente y, por lo tanto, dilatado. Los océanos se están convirtiendo en verdaderas bombas de relojería calorífica que ya generan cada vez reacciones más extremas y violentas.

Una imagen muy difundida por quienes alertamos sobre lo que viene, y que utilizamos para explicar y concienciar de la urgencia de tomar decisiones cuanto antes sobre el calentamiento global, es la de la langosta que descansa plácidamente al fondo de una olla: cuando hierve ya es demasiado tarde para escapar. Ilustramos así una incapacidad biológica basada en fuentes neurológicas para reaccionar ante los lentos, a escala humana,eventos geológicos que amenazan la supervivencia de nuestra especie, pero que en parte sabemos que son fruto de nuestras actividades.

A PARTIR DE 2011 EL CONSENSO CIENTÍFICO SOBRE EL CALENTAMIENTO GLOBAL DE ORIGEN ANTRÓPICO ES DEL 98%. PORCENTAJE DE ARTÍCULOS CIENTÍFICOS QUE ACHACAN EL CALENTAMIENTO GLOBAL A LAS ACTIVIDADES HUMANAS: ANTHROPOGENIC GLOBAL WARMING (AGW) EN LA VERTICAL vs AÑO EN LA HORIZONTAL (COOK ET AL. 2013).



Responsabilidad humana

Sin embargo, en el público en general se detecta una apatía fundada en que el problema es muy complejo, e incluso hay quienes no creen en él, a pesar de un consenso científico del 98%, el mayor de la historia. También sabemos que el restante 2% es sospechoso de trabajar para sectores energéticos con intereses cortoplacistas. Esa apatía se sostiene en el presupuesto de que los demás no hacen 'su parte', lo cual nos exime de hacer la nuestra. Asimismo, se alimenta de la percepción de que no podemos hacer frente a unos eventos geológicos tan poderosos: al fin y al cabo, esta casa común que nos sustenta ha cambiado y seguirá cambiando, y nos precede en su dinámica como seres humanos.

El ser humano puede hacer mucho para luchar contra el cambio climático. Cuando poco a poco llegamos a los cien millones de desplazados climáticos, cuyas tierras ya son estériles, sabemos que urge planificar nuestras ciudades, sobre todo las más vulnerables. Desde 2010 más de la mitad de la población mundial ya vivimos en ciudades, toda una nueva experiencia para la vida en el planeta. Cada vez más, las ciudades -enormes núcleos ansiosos de energía, alimentos, servicios, mercancías…, y productores de desechos- configuran una 'urbanosfera' (de la que muchos dirigentes aún no se han percatado) cuya continuidad y sostenibilidad debe ser articulada por el propio ser humano.

En un contexto de decrecimiento constante de los insumos energéticos netos, en un mundo donde las tasas de retorno energético van siendo cada vez menores, adquieren un papel protagonista la eficiencia, el nuevo urbanismo basado en la resiliencia, el ahorro y, sobre todo, como bien dice el Papa Francisco, el exigible cambio de mentalidad con respecto a nuestra casa común.

ESTIMACIÓN DE LA ENERGÍA FUTURA NETA (GAIL TVERBERG, OUR FINITE WORLD)

Es probable que la última era geológica que nos enseñaron en las escuelas, el Cuaternario Holoceno, haya dado paso ya al Antropoceno, la era en que el esculpido y la dinámica del planeta corren en buena parte de la mano de anthropos. En nuestra mano está el demostrar que las estructuras disipativas y autoorganizadas inteligentes pueden preservar el medio que las sustenta y así no destruirse mutuamente; que las estructuras disipativas no siempre acaban en plagas agotando el medio para desvanecerse.

El ser humano debe ahora demostrar que su inteligencia supera a la de los seres unicelulares, aquellos que perecen en un matraz cuando agotan el sustento, cuando después de su fenomenal multiplicación geométrica, basada en la disponibilidad inmediata pero finita de recursos, pasan por fases de autodestrucción escalonadas hasta que los agotan, toxifican el medio, y desaparecen…

EL DEBATE DEL CAMBIO CLIMÁTICO

URGE UNA NUEVA ACTITUD ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO

LAS EVIDENCIAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO Y SU IMPACTO INECONÓMICO
LA HUELLA DE CARBONO GLOBAL DE CADA PAÍS (PARA IR A PARÍS)