miércoles, 26 de agosto de 2026

HIDRÓGENO BLANCO, NATURAL O GEOLÓGICO. EL CASO DE ARALAR

 Sierra de Aralar (Pueblos de Navarra)

Queridas y queridos lectores, a continuación dejo aquí esta colaboración informativa respondiendo a la petición de la Fundación Sustrai Erakuntza. Se ha publicado en su web para informar a la ciudadanía sobre el último de los "milagros energéticos" limpios y eternos que tanto buscadores de subvenciones como incansables políticos mediocres (algunos incluso de buena fe) lanzan a la actualidad cada vez con más frecuencia. Fracking, Shale Gas, Renovable Eléctrica Industrial (REI), biomasa, biometano, biogás, bombeo inverso, minería de potasas, litio, fosfatos, cobre, tierras raras, minerales estratégicos [1], fusión, hidrógeno verde, rosa, azul y hoy, se presenta a bombo y platillo el hidrógeno blanco. El primer proyecto del Estado se explorará en territorios de Navarra y de la Comunidad Autónoma Vasca, concretamente en los alrededores de la Sierra de Aralar.

Todas o varias de esas tecnologías, sin duda, formarán parte del mix energético del futuro y se implantarán en alguna modalidad local, que es donde funcionan, donde son sostenibles y pueden ser efectivas por su carácter democrático y descentralizado, algo cuya causa es debida a la dificultad de concentrarlas en manos de especuladores, explotadores y negociantes, aunque es lo que se está intentando, como en el caso de la hidroeléctrica, las modernas tecnologías de captación de energías renovables o la nuclear. A ellas hay que sumar las tecnologías de almacenamiento locales, como GridScale, una variante tecnológica moderna que hereda la experiencia de Euskal Herria en sectores como la industria metálica o láctea y también las maneras no eléctricas del uso de la energía solar y eólica, asumiendo la imposibilidad de su concentración, de su centralización y de su explotación a gran escala como sucedió en esta anomalía histórica que nos abandona con la era de los hidrocarburos.

Colaboración de Antonio Aretxabala sobre la exploración de hidrógeno natural en Navarra y la CAV 

Ante la publicación en varios boletines oficiales (1, 2, 3 y 4) y medios de comunicación de la autorización de investigación para una posible futura extracción de hidrógeno y/o helio en nuestro territorio, hemos preguntado al geólogo Antonio Aretxabala sobre el particular. Esto es lo que nos ha explicado. Fundación Sustrai Erakuntza

Hidrógeno blanco, natural o geológico 

El hidrógeno blanco, natural o geológico se genera en la corteza terrestre a través de procesos geológicos. El agua reacciona con rocas ricas en hierro y magnesio liberando hidrógeno como subproducto. Se trata de un proceso generalizado que se da en cualquier lugar del planeta. Así, puede acumularse en almacenes subterráneos si se dan unas condiciones extraordinariamente adecuadas: rocas porosas que lo almacenen, otras exhaustivamente impermeables que sellen la estructura y una derivación canalizada con salida reducida donde poder recogerlo y consumirlo. A diferencia de los hidrógenos de “colorines” producidos industrialmente —verde por electrolisis con energía renovable, rosa con nuclear, marrón con carbón o gris y azul con metano—, no habría producción industrial, sino extracción directa en esas condiciones ideales.

Así se ha convertido en una opción que atrae tanto a sinceros impulsores de una transición verde como a los habituales aprovechados buscadores de subvenciones que lo venden como la panacea económica y, de paso, ambiental. Leemos a estos últimos afirmar sobre el elemento más abundante del universo que podría haber “trillones” de toneladas de hidrógeno natural subterráneo. Que si tan solo el 1% fuera accesible, tendríamos hidrógeno geológico para cientos de miles de años. Una fuente casi infinita de energía para sectores industriales de alta demanda energética. Pero sin embargo, la idea tiene múltiples problemáticas asociadas, que veremos a continuación.

Aprovechamiento 

¿Cómo no se nos ocurrió antes explotar semejante fuente de riqueza y nos pusimos a quemar hidrocarburos con los efectos tan dañinos que ahora tenemos que sufrir? ¿No será que por fin estamos despertando desesperadamente a que los recursos geológicos energéticos y metálicos no eran renovables? ¿Que era cada vez más costoso (energéticamente) acceder a ellos? Si tenemos que gastar más energía en su exploración y explotación que la que nos proporcionan, ¿dónde está el negocio? Obviamente, en las subvenciones.

El único pozo de hidrógeno, el elemento más abundante del universo (nueve de cada diez átomos existentes) que se encuentra actualmente en operación en nuestro planeta es el modesto pozo de Bourakebougou, Mali, donde por casualidad, tras un accidente, se dieron cita una constelación de circunstancias para que hoy se aproveche hidrógeno geológico. Abastece ya a unas 1500 personas. 

La emergente exploración del elemento que más abunda en el cosmos, sin embargo, va paralela a la comentada desesperación por el acceso a más fuentes energéticas y minerales como las que apuntalaron la gran aceleración que las últimas generaciones conocimos, y si se vuelven caras o imposibles de extraer, vamos a por a sustitutos. 

Todo ello está conformando un caldo de cultivo para que la ignorancia y el lucro se den cita y acaben como los proyectos de hidrógeno verde. Porque el coste de aprovechar el hidrógeno natural también es un factor clave en que, hasta ahora, sabiendo que existen reservas para miles y miles de años en cualquier lugar, no haya sido nuestra principal fuente de energía. Entre los buscadores de subvenciones prolifera la publicidad de que puede ser mucho más barato que el hidrógeno verde o el gris, lo que lo haría “muy competitivo”, hay incluso panfletos de marketing minero que dan cifras por debajo de un dólar el kilo. Ahora bien, para utilizarlo hay que explorar, encontrar las condiciones óptimas señaladas, y extraer*.

El hidrógeno blanco de Aralar

La zona de influencia pirenaica está siendo clave en la búsqueda de este recurso. Las óptimas condiciones geológicas y económicas descritas, especialmente la porosidad de la cordillera y la reactividad con el agua subterránea, podrían darse cita en algún lugar de los casi mil kilómetros cuadrados que aparecen en el punto de mira de administraciones y empresas “especializadas” en la modelización de estos macizos rocosos. La empresa Mantle8 comenzará sus trabajos en Aralar tras la concesión por la Dirección General de Política Energética y Minas, entre Navarra y Euskadi. Ya se han convertido en los proyectos de exploración Aralar I y Aralar II [2].

La vertiente sur de los Pirineos compartiría similitudes geológicas con las del permiso Comminges que la empresa explora del lado francés. Los trabajos iniciales serían “no invasivos” usando simplemente modelado digital-geológico como HOREX para imágenes y movimientos y APoGeH para evaluar el potencial en hidrógeno. Mantle8 no ha comenzado aún las modelizaciones, pero ya estima que podría llegar a producir hidrógeno natural en alrededor de 0,80 €/kg y los compara con los casi 6 €/kg que se le adjudican en estos momentos al hidrógeno verde. Acaba de cerrar la mayor ronda de financiación Serie A del sector con 31 millones de euros y ha recibido 2,2 millones en subvenciones del Gobierno francés. Lleva más de 36 millones recaudados en total con la cartera de permisos más extensa del sector y esperan más autorizaciones en los próximos meses.

¿Dónde estamos y hacia dónde vamos?


Como vemos, a diferencia de los hidrocarburos, no existe industria ni experiencia para su exploración, aún está en desarrollo; menos aún para su explotación a gran escala. Pero el gran problema del hidrógeno nunca fue su escasez o abundancia, representa el 75% de la materia visible del universo. Como todos los hidrógenos, del color que sean, es una molécula tan pequeña que no se puede almacenar ni transportar sin que se pierda y difunda con rapidez. No se garantiza su retención ni su extracción. Además, hay que añadir lo altamente inflamable e inseguro que llevó a sectores importantes como la automoción a suspender iniciativas clave en electrolizadores y centros de distribución en Europa; debido a su falta de viabilidad, proyectos de transporte público o de vehículos de alta gama han sido abandonados. 

Todos los hidrógenos son altamente reactivos, forman hidruros y otros compuestos frágiles que rápidamente deterioran tanques, depósitos, tuberías o almacenes. La licuación de alta presión y baja temperatura sufre problemas similares y convierte los procesos en altamente ineficientes con hasta un 90% de pérdidas de energía. En cuanto al de origen geológico se sabe que, además, la presencia de microorganismos lo consumen produciendo metano, reduciendo la disponibilidad. Como el resto de hidrógenos, el blanco sería interesante sin transporte ni almacenaje, aprovechándolo donde brota, como en el sobrio pozo de Bourakebougou. 

Ahora bien, el problema de la falsa transición verde [3] es que, sumada a la apuntada desesperación y la falta de cultura geohistórica, no encontraríamos valentía suficiente en las instituciones para afrontar la realidad del fin de la era de los hidrocarburos baratos de alta calidad y, por tanto, el fin de la era termoindustrial y de la complejización de las sociedades industrializadas centradas en la ciudad capitalista como unidad estructural. Y es que haber puesto en manos de las grandes corporaciones transnacionales, energéticas, constructoras y militares, la búsqueda de un Eldorado energético verde o de cualquier otro color, así como prometer transiciones que han acabado en otro bombeo de riqueza desde las clases más humildes a esas empresas, ha convertido la desesperación en un ataque al territorio, a sus comunidades (incluidas las humanas) y su a futuro [4]

Por eso está siendo ampliamente contestada, poniendo así en tela de juicio las afirmaciones del Green Deal o Pacto Verde sobre la electrificación de la economía, el crecimiento verde o la voluntad de una transición justa. Parece brotar más cultura científica, sociológica y ecológica en las comunidades sometidas a sacrificio que en las instituciones y empresas que promueven semejante destrucción del medio que garantiza la vida para lucro de unas elites políticas y empresariales **

Retomar sentido científico y social en proyectos estratégicos y vitales


El ecosistema científico lleva décadas gritando con desesperación ante los oídos sordos de las administraciones que esos valiosos recursos deberían estar urgentemente ligados a la investigación, desarrollo e innovación de la regeneración de suelos, de la urbana, en garantizar la alimentación sin hidrocarburos y en cómo adaptar la arquitectura social a las nuevas circunstancias geológicas y climáticas. Se incide especialmente en que la tecnología sin fuentes de energía baratas, versátiles y abundantes puede ser dañina o simplemente un adorno: no funciona. Y no solamente porque estamos muy preocupados por la crisis alimentaria, el clima o haber sobrepasado siete de los nueve límites planetarios que garantizan la vida humana “civilizada”, sino para garantizar el futuro, la sostenibilidad y la vida de las personas que aún son niñas y niños o están por venir [5].

Quienes lideran este último expolio impusieron la implantación masiva de tecnologías de captación de energía eólica, solar, biomasa, biometano o la minería intensiva por parte de esas grandes empresas como la única solución a nuestros problemas ante el innegociable final de la era termoindustrial. En demasiadas ocasiones se ha hecho de manera violenta, aplicando leyes coercitivas como la Ley Mordaza y condenando a multas o penas de cárcel a científicos y activistas.

Por ejemplo, el caso de esa empresa de hidrocarburos española y los más de 3000 millones de euros derivados a la investigación de hidrógeno verde que fueron a parar a los bolsillos de sus accionistas es significativo y debió hacernos reflexionar profundamente. Para concluir con algo tan ampliamente conocido como que desde la ciencia se lleva advirtiendo desde hace décadas: el hidrógeno verde a escala no es rentable. Así que hemos permitido todo un despilfarro de tiempo, energía, recursos, dinero, juicios... Las imágenes que dieron la vuelta al mundo de su consejero delegado deberían habernos hecho recapacitar. Trincar sin pudor en España lo que debería haber ido a la investigación de la verdadera transición ecológica, mientras prometía al presidente de los EE.UU. triplicar la extracción de petróleo pesado de Venezuela, tras el secuestro de su presidente, nada tiene de verde ni de transición y mucho de dejar claro que aquí lo que importa son sus beneficios a costa de lo que sea y de quien sea. 

Y como este caso, existen tantos otros relacionados con la minería, la biomasa, la biometanización o el almacenamiento hidroeléctrico inverso en una sociedad que cada vez consume menos electricidad al compás de su desindustrialización. Y es que las soluciones no son tecnológicas, son sobre todo sociales. 

¿Estamos a favor de la investigación? Por supuesto, bienvenida sea la apertura de horizontes, pero sabemos de antemano que todas estas nuevas tecnologías, incluida la del hidrógeno natural, blanco o geológico, no van a sustituir ni apuntalar la era termoindustrial que nos abandona caracterizada por el crecimiento constante que impulsaron los hidrocarburos.

La era de aquel crecimiento económico ilimitado ha terminado de verdad y ahora el crecimiento del PIB, de la mano de las actividades económicas de estas grandes corporaciones subvencionadas, se habría convertido ya en un medidor del grado de destrucción de los ecosistemas, la vida, la desigualdad y de la desposesión de las comunidades de sacrificio. Por estas razones y otras más, sería más deseable que ciertos proyectos y su gestión no se llevasen a cabo sin antes una consulta popular, científica y social. Si es estrictamente necesario darles nuestro dinero, les damos el dinero, pero que dejen los ecosistemas y los medios de vida tal como estaban y, al menos, unas migajas para avanzar con premura en la más que nunca necesaria transición ecológica y social.

Ya son demasiados los destrozos infligidos al medio natural y humano con la excusa de una falsa transición verde que no es sino transacción multicolor. El lucro de unos pocos a costa de sacrificar a las clases más humildes, a las generaciones más jóvenes, a las que están por venir y a las otras especies que nos mantienen vivos y con las que, en teoría, compartimos nuestro territorio.

Referencias bibliográficas: 

[1] Cobalto rojo. Kara, S. 2024. ISBN: 9788412779790.
[2] mantle8 UnTierrahidrógeno natural: https://mantle8.com/es/
[3] La farsa de la transición ecológico-energética. Aretxabala, A., Taibo, C., Turiel, A. 2026. ISBN: 9788410675735.
[4] La minería en Navarra ante el nuevo contexto histórico de transición energética y global. Sustrai Erakuntza F. 2020. Informe.
[5] We Are in the Anthropocene—Now What? Earths’s Future. Rockström, J., Martin M.M., Ganopolski, A., Donges J. F., Feulner, G., Marwan, N., Rahmstorf. S. 2026. AGU. ISSN 2328-4277.

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* La pregunta seria es si realmente necesitamos una fuente de energía limpia y eterna para vivir sin destruir el medio que nos sustenta. La respuesta, posiblemente sea un rotundo NO. Da igual si es la fusión o el hidrógeno. Hay literatura al respecto, y si algún día la descubrimos, posiblemente nos multiplicaríamos hasta acabar con todos los ecosistemas. Peor aún, solo el calor desprendido por los miles de actividades mineras, industriales y la propia maquinaria harían aumentar la temperatura en más de 10ºC en unas décadas, en pocos siglos los océanos hervirían.

** Pongamos los pies en la tierra y recapacitemos, pues solo conocemos dos tipos de minería: la de diésel y la de la esclavitud, la primera se encarece irremisiblemente por obvias razones geológicas y termodinámicas y la segunda sigue en expansión bajo el eufemismo de “minería artesanal” (ver [1]). Miles de niñas y niños mueren o malviven entre aguas tóxicas para garantizar el flujo de materiales geológicos hacia nuestra fallida transición verde y digital, pero, sobre todo, para nuestra industria militar, la que más beneficios a corto plazo ofrece a los inversores, especialmente generando guerras y conflictos con escaparates a tiempo real retransmitidos en directo desde los dispositivos digitales que esos niños alimentan (ver [3]). 

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