domingo, 3 de mayo de 2020

¿ENERGÍAS LIMPIAS? ¿CRECIMIENTO EN V? NUESTRAS TRAMPAS AL SOLITARIO DESCUBIERTAS

El parque eólico más antiguo de España, "El Perdón" al sur de Pamplona, cumplirá 26 años.

Queridos lectores, estoy percibiendo en los medios de comunicación de masas un aumento sin precedentes de la expresión "energías limpias" y ya no tan a menudo "energías renovables", que era y aún sigue siendo, la expresión dominante en los medios de comunicación y los documentales de carácter divulgativo. Obviamente lo hacen al referirse en general a la energía solar y a la eólica. También hay quienes incluyen a la hidroeléctrica, a la biomasa e incluso al gas natural fósil como energía de transición, y luego aún todavía quedan los indocumentados que incluyen a la nuclear.

Todo depende de los intereses que se depositen en tales expresiones. Ahora mismo por ejemplo "energías limpias" con el entrecomillado devuelve en Google 137.000 entradas en 0,20 segundos, "energías renovables" cerca de un millón y medio. Pero, ¿realmente las denominadas energías renovables o limpias lo son? ¿O no lo son tanto? Un polémico documental, estrenado en pleno confinamiento, ha resultado un revulsivo para millones de personas realmente preocupadas y comprometidas con la viabilidad de nuestra enferma sociedad.

El impacto de Planet of the Humans

En plena crisis de la pandemia de la COVID19, salta a los medios de comunicación de masas a nivel planetario, el documental de Jeff Gibbs producido por Michael Moore Planet of the Humans (28-05-2020, me acaban de pasar este otro enlace con subtítulos en español). En pocos días ha alcanzado millones de visualizaciones y ha originado una polémica tan intensa y visceral que incluso llegó a retirarse de la web de la distribuidora Films for Action, aduciendo el siguiente motivo: “falta de rigor e información errónea”.

Las críticas a la película han sido demoledoras, llegando a acusar a los autores de trabajar para el lobby petrolero, nuclear y cosas por el estilo. Más tarde volvieron a reponerla, aunque a veces no era accesible. Finalmente en la web de Films For Action volvieron a liberar el vídeo, pero curiosamente había seguido estando en YouTube todo este tiempo de "te quito, te pongo...". Además publicaron una nota al respecto de la polémica: Films For Action's Statement on Planet of the Humans. Comentan en él, por qué quitaron el documental después de las fuertes críticas recibidas, y por qué lo volvieron a subir (aunque el documental está distribuido oficialmente en YouTube, de donde no ha sido retirado en ningún momento). 

El artículo enlaza a las críticas recibidas, especialmente a los "errores encontrados" y más en especial sobre la energía solar. Con todo, también publican una serie de puntos interesantes. Son de destacar los siguientes:

1- Aún necesitamos transicionar hacia un 100% de "energías renovables".

2- Necesitamos “apagar” nuestra civilización (para reiniciarla).

3- Deberemos aceptar las difíciles realidades que tenemos aún a las que mirar de frente. La más importante es que pretender seguir con el crecimiento económico a base de renovables no es ni posible ni deseable y eso es exactamente lo que los denominados "capitalistas verdes" persiguen (yo tengo mi propia definición sobre capitalismo verde).

4- No conseguiremos nada parecido a una sana sostenibilidad sin asumir  la realidad de los límites al crecimiento.

5- Nuestra tarea es imaginar una civilización basada, no en el viejo paradigma del "desarrollo sostenible", sino en la regeneración ecológica, donde la presencia humana en la Tierra genera más y más niveles de biodiversidad y salud ecológica.

Por otro lado, quienes llevamos años vinculados a movimientos de transición y descenso energético, conocemos y hemos visto en la película a Richard Heinberg del Post Carbon Institute, uno de los estudiosos y autores del tema de la transición a las renovables más reconocidos. Aparece unas cuantas veces y también ha salido al paso de las críticas en un tono bastante frío y neutral, como es habitual en él, con un artículo titulado Review Planet of the Humans. Donde dice cosas como:
"... Descubrimos que la transición a las energías renovables va demasiado lenta como para marcar una gran diferencia durante las próximas dos décadas cruciales, y sería increíblemente costoso si intentáramos reemplazar todo el uso de combustibles fósiles con energía solar y eólica. También descubrimos, como la película subraya una y otra vez, que la intermitencia de la luz solar y el viento es un problema real, uno que solo se puede resolver con el almacenamiento de energía (baterías, bombeo hidráulico o aire comprimido, todo lo cual es costoso en dinero y términos de energía); o con redundancia de fuente (creando una capacidad de generación mucho mayor de la que probablemente necesite en cualquier momento, y conectando generadores remotos en una superred); o gestión de la demanda (lo que implica adaptar nuestro comportamiento al uso de energía solo cuando está disponible)... Además, las formas en que usamos la energía hoy en día se adaptan principalmente a las características únicas de los combustibles fósiles, por lo que una transición completa a las energías renovables requerirá el reemplazo de una cantidad extraordinaria de infraestructura en nuestro sistema alimentario, fabricación, calefacción de edificios, la industria de la construcción y incesantemente. En conjunto, la única forma realista de hacer la transición en países industriales como los EE.UU. Es comenzar a reducir el uso de energía en general de manera sustancial, eventualmente manejando la economía en una cuarta parte, una quinta parte, o tal vez incluso una décima parte de la energía actual... La película tiene pocos matices, pero nuestro dilema global del clima y la energía son todos tonos de gris. Gibbs parece decir que las energías renovables son una completa pérdida de tiempo. Yo diría que se ven mejor como una estrategia de transición marginal para las sociedades industriales. Dado el cambio climático y el hecho de que los combustibles fósiles están agotando los recursos finitos, parece que si queremos mantener cualquier tipo de infraestructura de energía eléctrica en el futuro, tendrá que ser alimentada por energías renovables: hidroeléctrica, eólica o solar. Como muchos estudios han confirmado, la industria de la energía nuclear tiene pocas posibilidades realistas de reactivación. El futuro será renovable; simplemente no hay otra opción. Sin embargo, lo que está en cuestión es el tipo de sociedad que las energías renovables pueden apoyar. El hecho es que ya hemos apostado todo nuestro futuro a la electricidad y la electrónica. Las comunicaciones y el procesamiento y almacenamiento de información se han digitalizado. Eso significa que si la red se cae, hemos perdido la civilización por completo. No creo que podamos mantener las redes mundiales a escala actual sin combustibles fósiles, pero puedo imaginar la posibilidad de un proceso de triaje mediante el cual, a medida que el consumo de población y recursos se reduce, el mundo digital también lo hace, hasta que sea lo suficientemente pequeño como para ser alimentado por electricidad renovable que puede generarse con un daño ambiental mínimo y aceptable. Sin embargo, estoy de acuerdo con Gibbs en que las energías renovables son realmente incapaces de mantener nuestros niveles actuales de uso de energía, especialmente en países ricos como los Estados Unidos. La transición a los coches eléctricos puede ser una estrategia útil a pequeña escala y a corto plazo para reducir el consumo de petróleo (yo mismo conduzco uno), pero los límites al litio y otras materias primas utilizadas en la construcción de autos electrónicos significan que realmente necesitamos pensar en cómo deshacernos de los coches individuales por completo. Los principales ambientalistas odiarán esta película porque expone algunos de sus defectos reales. Al centrarse en las soluciones tecnológicas, han dejado de lado casi todos los debates sobre la superpoblación y el consumo excesivo. Tal vez eso sea comprensible como estrategia de marketing, pero es un error dejar que los consultores de marketing separen la verdad de la ficción para nosotros. Durante las últimas décadas, las grandes organizaciones medioambientales se cansaron de decirles a sus seguidores que redujeran, reutilizaran y reciclaran. Llegaron a ver que los problemas globales como el cambio climático requieren soluciones sistémicas que, a su vez, requieren una inversión masiva y una planificación y supervisión gubernamental. Pero la realidad es que necesitamos tanto de alto nivel de un cambio sistemático y generalizado cambio de comportamiento individual. Esa es una de las lecciones de la pandemia de coronavirus: "aplanar la curva" exige planificación central y liderazgo, y sacrificio individual...".

¿Una sociedad 100% renovable?

El pasado noviembre, el Gobierno de Navarra en un ataque apresurado de transición y con bastantes prisas, sin saber muy bien qué hacer, pero con cierta lógica por un imperativo de la UE, organizó una serie de actos a los que fui invitado por la emergencia del asunto. Entonces recogí un reporte exhaustivo y pormenorizado en este artículo: NAVARRA: NUEVOS MODELOS ECONÓMICOS SOSTENIBLES Y TRANSICIÓN GLOBAL HACIA UN NUEVO MODELO ENERGÉTICO. Lo que pude sacar en claro era la visión apremiante. Navarra no está mejor que otras comunidades, y como pude contrastar, hay una falta de visión lógica y mucha carga emocional en esta cuestión. Por no hablar descaradamente de los intereses de algunas grandes empresas y ciertos dirigentes a su servicio.

Tomé apuntes y fotografías para poder testimoniar esos eventos desde el punto de vista de un científico que integra todos los factores posibles y no sólo los que interesan a ciertos grupos empresariales (que es para lo que realmente se realizaron tales actos). Todo ello se recogió en el extenso reporte de arriba, lo hice sin medias tintas. Obviamente la frialdad de dicho reporte tuvo tan mala acogida a nivel local como pudiera tenerlo el documental de Gibbs a escala planetaria, salvando las galácticas distancias, pero coincidimos en muchas cosas. La transición hacia esas energías va a ser una realidad, nos guste o no. Es, digámoslo alto y claro, una imposición geológica.

Tanto en el documental de moda, como en aquellas jornadas y muchas otras en la que he participado, lo que se trata al final es de buscar fórmulas para electrificar la economía. Sin embargo la electricidad supone todavía un 20% de nuestro consumo de energía primaria y más de la mitad se genera desde fuentes sucias. En el mundo, todavía el 14% de la energía primaria consumida es de la que llamamos renovable frente al 86% fósil o no renovable.

Por ejemplo, durante 2019 la solar fotovoltaica y la eólica supusieron menos del 7% del total mundial. Además de que nunca vinieron a sustituir a ninguna energía fósil, como expliqué en aquellas jornadas, sino a ser añadidas a nuestra insaciable dependencia energética (ver figura 1). Somos unos jonkies de la energía. Hoy por hoy, las denominadas energías renovables o limpias, son desafortunadamente fósil-dependientes. Nunca jamás un aerogenerador o captador de energía del viento ha sido construido con energía eólica, lo mismo es aplicable para el panel solar. No existen carreteras o autopistas eólicas y mucho menos aviones.

Detrás de cada instalación individual o parque eólico, o solar, hay en primer lugar una minería cada vez más costosa y agresiva; en eso el documental ha puesto las cartas sobre la mesa y ha provocado bastante irritación. Puede que estemos hablando de algo incluso más destructivo que las energías denominadas sucias si se hiciera una cuantificación de largos plazos. La causa es la dispersión de las menas de neodimio, cobalto, níquel, litio..., y que la maquinaria que investiga, explora, extrae, transporta, refina, transporta otra vez, construye, vuelve a transportar, mantiene..., no es eléctrica, sino que funciona con fósiles (normalmente diésel del que los líquidos extraídos hoy en día son potencialmente muy pobres para refinar).

En segundo lugar, la construcción de infraestructuras para la implantación de parques eólicos, fotovoltaicos, presas, requiere de carreteras, grúas, aspas de plásticos y fibras sintéticas, altos hornos de gas y carbón para el hormigón, la torre, las cimentaciones, etc. Por tanto, lo que llamamos "energías limpias" tiene una huella de carbono que depende de si se considera o no todo el proceso, nos da unas cifras u otras. Esto desafortuanadamente no lo ha profundizado el documental de Gibbs, pero sería absurdo por nuestra parte pedirle detalles técnicos exhaustivos a una película de 100 minutos.

Además la externalización de los procesos industriales y tecnológicos supone no sólo un engaño en cuanto a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) sino tambien en lo que atañe a sus bajas tasas de retorno energético (las TRE como expliqué aquí siguen siendo menguantes). Jeff Gibbs es el niño del cuento del rey desnudo, el que miró con ojos nuevos y se atrevió a decirlo en alto: ¡el rey está desnudo!, y poco a poco, rechistando, todos fueron comprendiendo que un mundo 100% renovable va a ser una imposición, no una elección; en el medio-largo plazo es lo único que tenemos. Pero el mundo que pueden sustentar está muy lejos de ser el del capitalismo fosilista de carácter financiero que conocemos. Las leyes de oferta y demanda que regulaban el mercado se han volatilizado con el petróleo y la deuda impagable que dejamos a nuestros hijos.

Figura 1. Gráfica de la evolución del consumo mundial de energía de la humanidad desde 1800 a 2017. En cada transición energética, un nuevo tipo de energía no sustituye al anterior, solo se agrega para satisfacer las crecientes necesidades. Es un error afirmar que la humanidad pasó de la esclavitud y la madera al aceite de ballena y luego al carbón, o que la humanidad pasó del carbón al petróleo y al gas. La forma correcta de expresar la realidad es decir que la humanidad dispuso de esclavos (hoy más que nunca gracias a nuestra última organización social) y madera y agregó aceite de ballena, carbón, petróleo, gas, nuclear y renovables.

Sí, una sociedad 100% renovable

He estado escribiendo desde hace una década en prensa, revistas especializadas, he intervenido en programas de radio y televisión, he dado conferencias en universidades de Europa y América, en sindicatos, congresos, en ciclos culturales, participado en varios documentales, medios digitales..., sobre la gestión y planificación de catástrofes naturales o creadas por nosotros al desconocer el medio que tratamos. Uno de ellos es el medio físico o natural, otro, si se me permite, sería el medio humano o social, valga la abstracción, muchas veces por nuestro atrevimiento volvemos vulnerables a ambos. Ese atrevimiento es el efecto de desconocer la recurrencia histórica de eventos catastróficos, de confiar en nuestra capacidad de creer hacer entrar en razón a la naturaleza a base de hormigón armado o de considerar que por ejemplo, los ríos son un error de la naturaleza que derrocha el agua de lluvia para fastidiarnos enviándola al mar.

Desde las inundaciones y los terremotos hasta el pico del petróleo, la gran crisis energética o la imposibilidad de mantener a raya grandes infraestructuras que van siendo abandonadas sin remedio, todo desemboca en la creencia de que de alguna manera podemos echar un pulso a la naturaleza e incluso establecer una mentalidad guerrera para doblegarla; también sería aplicable en el ámbito del impacto de los recortes en sectores vitales que nos llevan al inevitable colapso, se hable de un edificio o una ciudad tras un terremoto, una pandemia, una terrible inundación o ésta nuestra querida sociedad tecnológica industrial, alimentada con combustibles fósiles. Siempre hay un factor común en nuestros fracasos: la falta de preparación y la subestima de los posibles impactos. Pero quizás se va a poder evitar en buena medida o incluso atenuar el inevitable colapso, tal y como se articuló la ley del suelo de 2008, las normas de construcción sismorresistente o la gestión colectiva de las infecciones más perniciosas que comenzamos a cursar.

Si algo tengo claro es que cierto grado de colapso es ya inevitable. No fuimos capaces en su momento de hacer caso a los científicos y frenar la diabólica maquinaria de destrucción y desposesión que pusimos en marcha, pero quizás estemos a tiempo de colapsar con cierto control, y posiblemente de diferentes maneras, algunas realmente desagradables de imaginar y trazar por involutivas, como vimos aquí. Pero una de ellas es pilotando el descenso energético y por tanto económico al que estamos abocados. Hay vías para acometerlo y posiblemente de manera muy enriquecedora para la mayoría, tal y como le comentaba a un medio en esta entrevista en mitad de nuestro encierro por la pandemia de la COVID19.

Las energías renovables, de momento no están reemplazando a las plantas de gas natural, ciclo combinado, nucleares o carbón, simplemente porque éstas son necesarias como respaldo para nuestro modo de vida y para la construcción, el funcionamiento, la instalación y el mantenimiento de los captadores de la energías llamadas renovables, y esa trampa al solitario ha quedado al descubierto con la crudeza y rudeza a la que Michael Moore nos tiene acostumbrados. No existe suficiente almacenamiento de energía, especialmente las baterías, de momento ni son una alternativa ni tienen sustituto a la vista.

Las energías renovables requieren cantidades impresionantes de combustibles fósiles para generar el extraordinario calor necesario derivado a fundir los materiales geológicos como el silicio de las arenas cuarcíferas o los minerales metálicos que conforman los captadores de energías renovables. Nada de lo que he escrito o pudiera escribir en estos años puede describir la sorprendente cantidad de energía necesaria que contienen los hidrocarburos, el regalo a coste cero que nunca mejor se denominó "oro negro" cuando vimos las posibilidades -hace menos de un siglo- de uno de ellos. Conocer aunque sea de manera somera qué nos ha regalado la tectónica de placas da una idea de esa magnitud. Son tan necesarios para construir y mantener artilugios captadores de energías renovables que la secuencia de búsqueda, extracción y preparado de docenas de metales que se están fundiendo en los hornos ahora mismo, comparada con los cientos de millones de años del trabajo de la Tierra es irrisoria.

Nuestra economía se basará en las energías renovables, cuanto antes asumamos ese veredicto menos sufriremos. Pero tan descarnada afirmación va acompañada de otra: “la economía no puede crecer indefinidamente”. Una afirmación todavía más perturbadora que admitir el cambio climático como una iatrogenia de nuestras incoherencias, o la destrucción de los ecosistemas como incubadora de grandes pandemias, o la contaminación de la atmósfera y la hidrosfera y nuestros alimentos como una predisposición a la enfermedad y la muerte. Nuestra sociedad será 100% renovable, pero no será como la que dejamos antes de comenzar a transicionar por una nueva edad, la edad del decrecimiento.

Estamos rediseñando con apremio nuestros conceptos de valor y prosperidad, de ética y solidaridad; precisamente para reconstruir nuestras sociedades con miras a ir adaptándolas a esta extraordinaria era de transición en la que la pobreza a nuestro alrededor se va a convertir en una compañera habitual y un quebradero de cabeza si no tomamos medidas urgentes, técnicas y sociales. Lo que sí podemos saber con certeza es que la era del crecimiento económico ilimitado, el que es la característica definitoria del capitalismo financiero neoliberal, globalizado, fosilista, tal cual lo conocemos, ha terminado de verdad.

Juan Luis Arsuaga para la BBC

5 comentarios:

https://accounts.google.com/SignOutOptions?hl=es&continue=https://www.blogger.com/switch-profile.do&service=blogger dijo...

Excelente art. , muchas gracias

Unknown dijo...

Hola Antonio!! como te puedo contactar? xabi@vinazorzalwines.com

Pablo Latorre Martínez dijo...

Gracias por el artículo. Yo quería alguna sugerencia sobre libros que permitan evalúen el impacto de nuestro modo de vida, algo con lo que poder demostrar a nuestras personas cercanas que sus acciones cotidianas nos llevan al precipicio. Querría evaluar mi propia vida, y hacer balance, ya que a pesar de trabajar en una empresa de pequeñas instalaciones solares, creo que difícilmente los aspectos positivos (bien conocidos) compensan los impactos negativos de la propia actividad empresarial, la de sus clientes y la del consumo de quienes trabajan para la propia empresa. Es difícil encontrar datos contrastados. Gracias

Anónimo dijo...

Hola.

Pablo, desgraciadamente, la investigación sobre todos estos temas, más sobre lo que solicitas, "evalúen el impacto de nuestro modo de vida", se halla muy dispersa y fragmentanda en informes y artículos por las revistas científicas. Sin embargo, hay dos trabajos sintéticos que considero que aportan una evidencia y una visión muy claras precisamente sobre esa imposibilidad geofísica y biológica, ecológica al fin, de nuestro modo de vida culturalmente occidentalizado y capitalista; evidentemente, como síntesis que son, no son fáciles y requieren de un poco de tiempo y dedicación, pero ambos merecen la pena:

- Millennium Ecosystem Assesment (diferentes informes realizados por el panel de biólogos y ecólogos formado por la ONU hace ya 40 años, con motivo de la emisión, en 2005, de sus conclusiones sobre el estado de los ecosistemas):

https://www.millenniumassessment.org/en/index.html

- 'En la espiral de la energía' (excelente trabajo realizado durante años por Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes desde Ecologistas en Acción, que vio la luz, en dos serios volúmenes, en 2014, y en 2018 en su 2ª edición revisada):

https://www.ecologistasenaccion.org/29055/libro-en-la-espiral-de-la-energia/

Espero te pueda contribuir.

Un saludo.

Vía de la Simplicidad Aragón dijo...

Gracias por las recomendaciones!
El de la Espiral de la Energía lo he leído, ha sido precisamente el que me ha creado un creciente interés consumir más blogs de este tipo. Pero las referencias bibliográficas como dices son artículos difíciles de conseguir o bien libros con temáticas que pillan de refilón con en asunto principal.
Ojala hubiera más recursos para estudiar soluciones al complejo futuro que nos espera.