martes, 16 de noviembre de 2021

ESTO NO ES UNA GUERRA, SINO UNA SIMBIOSIS Y UNA COLABORACIÓN.

 
Hace 360 millones de años (el momento en que nuestro planeta se viste de verde) la vida acoge y retiene millones y millones de toneladas de energía solar que serán enterradas por la tectónica de placas, cocidas a fuego lento y devueltas a coste cero como hidrocarburos. Entonces, cuando los encontramos y aprendimos a explotarlos, rompimos el círculo.


Queridas y queridos lectores, dejo aquí las reflexiones que dieron lugar a la charla del día 15 de noviembre de 2021 en Civican, Pamplona, con el debate posterior. Adjunto el vídeo que fue emitido en streaming ese día y quedó grabado en el canal de la fundación.
 
Antonio Aretxabala
Pamplona, 16 de noviembre de 2021

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¿Cómo, cuándo y por qué se rompió nuestra relación circular con el planeta?
 
Vivimos tiempos de cambios bruscos, tanto que muchos pasan sin ser asimilados. La revolución industrial introdujo el mayor cambio de nuestra historia natural, rompió la relación circular con la energía del medio y con el propio territorio al introducir un excedente de energía no renovable que casi rozó el 90%. El son de los movimientos del aire o del agua dejó de dirigir la orquesta del desarrollo humano y pasó a manos de la ciudad capitalista como unidad estructural de la era industrial y tecnológica basada en la quema de combustibles fósiles, tal cual la conoce nuestra generación.

Aquella relación o economía circular que acompañó a los seres humanos que nos precedieron el 96% de nuestra historia (escrita) y a la que irremediablemente estamos volviendo, estaba basada en la energía del aire y en la solar que alimentaba a las plantas, éstas a los músculos de los animales, a los nuestros, a la madera, el carbón vegetal, la cera, el aceite de ballena o la construcción de saltos hidroeléctricos… También era el motor principal de los propios ríos y además, por definición, su movimiento circular siempre la devolvía al medio para una y otra vez recargarse y renovarse en forma de energía potencial, biota o fertilizante. 


HUMANIDAD Y MEDIO: claves de una compleja relación.

CIVICAN 15 de noviembre de 2021


Sin embargo ese ciclo ha vivido una anomalía con una ruptura descomunal favorecida por la entrada de ingentes cantidades de energía no renovable en la producción, en la economía y en la cotidianeidad, y lo ha hecho por primera vez en nuestra historia, pero tan sólo unos 200 de los 5.000 años de historia (escrita) de nuestras relaciones, tanto entre nosotros como con nuestro entorno. 

Todo recurso no renovable tiene un final y toda tecnología para acceder a él un límite

Y toda anomalía por definición tiene un fin. La entrada masiva de los combustibles fósiles rompe el círculo, se trata de energía solar enterrada, cocida y fosilizada hace millones de años y devuelta a coste cero. Supone además que a estas alturas cada año quemamos unos dos millones de años del trabajo realizado por la tectónica de placas. Un regalo que nunca mejor fue llamado “oro negro”. Pero el problema es que todo recurso no renovable tiene un final y toda tecnología para acceder a él un límite, por ello el crecimiento económico también y la modificación del entorno del que destacaremos un aspecto: su “mantenimiento a raya” a base de un recurso que supuso ser un regalo temporal, sufre el mismo declive.

¿Acabaremos el medio natural y el medio humano destruyéndonos mutuamente, o nos veremos forzados por las buenas o por las malas a comprender que esto no es una guerra, sino una simbiosis y una colaboración?

HUMANIDAD Y MEDIO: claves de una compleja relación.
Entrevista en el espacio de Ciencias de la Tierra de La Mecánica del Caracol de Radio Euskadi sobre la charla y debate del día 15 de noviembre de 2021 en CIVICAN.

martes, 9 de noviembre de 2021

NAVARRA ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO

"Dicen que el río siempre vuelve, con sus títulos de propiedad, a reclamar lo que es suyo. Esto es, lo que nosotros le quitamos. Tenemos mucho que aprender de esta penúltima riada". Fotografía de la portada y texto del libro “Hasta aquí llegó la penúltima riada. Las enseñanzas de Zidacos”, editado por Altaffaylla, en el que participamos 17 autoras y autores de otros tantos sectores. Fue nuestra aportación tras las inundaciones de Tafalla, Olite, La Valdorba, el valle de la Vizcaya, Pueyo, Beire, Pitillas y áreas aledañas en julio de 2019. Prácticamente todas las autoras y autores hicimos referencia a los eventos extremos derivados del cambio climático y a un urbanismo desbocado que se expandió sobre zonas susceptibles de sufrir graves impactos, tales como llanuras de inundación o espacios cercanos a modificaciones artificiales de los cursos fluviales. 

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Queridas y queridos lectores, hoy colabora en este espacio Julia Itoiz que ha recogido una serie de impresiones sobre la comparecencia de Julen Rekondo y de quien suscribe el pasado día 26 de octubre ante la comisión que prepara la Ley Foral de Cambio Climático y Transición Energética en el Parlamento de Navarra. Julia envió el siguiente texto a naiz donde se publicó como "Navarra ante el cambio climático"; ella plasmó algunas de las impresiones que intercambiamos tras comentarle esta experiencia. Los editores tuvieron a bien expresarlo en primera persona y ajustar el contenido a los espacios, tanto en papel como online, cometiendo la errata de ponerme a mí como autor, pero no es mío el texto, sino de Julia. En la versión online no es un gran problema, pero sí lo es en el papel, en el próximo número se solventará dicha errata.

Os dejo con Julia.

Navarra ante el cambio climático 
 
"Es natural que el sistema viejo se resista a morir e intente sobrevivir a nuestra costa sin grandes autocríticas y con una gigantesca operación de posverdad global. Pero cuanto antes consigamos enmarcar el debate, mejor para la sociedad".

El pasado 26 de octubre tuvieron lugar dentro de la Comisión de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Parlamento de Navarra, las comparecencias de Julen Rekondo, premio nacional de medioambiente y de Antonio Aretxabala, investigador en la Universidad de Zaragoza, para informar sobre el anteproyecto de Ley Autonómica de Cambio Climático y Transición Energética.

Ante dicha comisión, expusieron temas esenciales que estos políticos deben conocer para redactar una ley realmente útil. El modelo económico de nuestra sociedad se diseña desde el crecimiento ilimitado, pero se basa en el uso de recursos naturales finitos que se están agotando y por eso solo podemos cambiar de modelo económico. Pero además ese modelo ha generado el cambio climático. Por estas dos cuestiones, agotamiento y contaminación, no podemos seguir viviendo como lo hemos hecho hasta ahora. Por las buenas o por las malas solo nos queda cambiar. Este cambio supone que disminuyamos el gasto de recursos y cambiemos muchas actividades, lo que supone consumir menos, moverse menos y un reciclaje profesional masivo. En este cambio, la estrategia con las energías renovables tiene un papel fundamental, pero no con los mismos criterios económicos de crecimiento. Por su parte el sistema económico tradicional, inadaptado al nuevo medio natural y económico global, no quiere que la esencia cambie, esto es, el crecimiento y el consumo. Y una de sus estrategias es una gigantesca operación de postverdad en el que el Green Deal es su demostración más elaborada. Y esta actitud es antisocial, devora recursos y debe ser neutralizada.

Después hubo un turno de preguntas bastante decepcionante. El representante del PSN-PSOE y la de Na+ practicaron el régimen de postverdad. El primero, ante los datos científicos objetivos y comprobables, infantiliza a la sociedad ya que no la ve capaz de asumirlos. También intenta instrumentalizarla emocionalmente al alertar sobre el peligro para su libertad de movimiento o sus relaciones personales, cuando lo que debemos cambiar son hábitos cotidianos, como el uso individualizado de los coches entre semana dentro de las ciudades, que ni nos hacen menos libres ni nos impiden ver a quien queremos. Así mismo pretende lograr la alternativa a un problema civilizatorio multisistémico en una sociedad muy compleja, por parte de dos personas en 15 minutos… En cuanto a la representante de Na+, ésta pregunta a los asistentes si están a favor de las energías renovables. Pregunta innecesaria, claro que lo están. Pero no de la forma que su partido plantea. Es comprensible su actitud, ya que ha estado relacionada profesionalmente con Acciona y pertenece al partido que nos ha comprometido financieramente los últimos 40 años con proyectos fosilistas de los que extrajeron su bonanza política como gobierno autonómico: Itoiz, Yesa, Canal de Navarra, centrales de Castejón…, porque esa es su manera inadaptada de pensar y ejercer lo público; desde una cultura del ladrillo y el hormigón que ya es imposible de sustentar sobre una geología limitada; posiblemente no debió entender la exposición de los científicos.

Y este es el debate prioritario: hacia qué modelo ir que, desde luego, no es el que pretenden estos partidos fosilistas, un modelo alimentado por poderosos intereses privados, inviable, que puede terminar en poco tiempo en una suerte de ecofascismo. En cuanto al representante de Bildu y la de Geroa Bai, no aportan nada al momento. El primer partido es el único con auténtica conciencia sobre el reto, pero debe llegar hasta el fondo de sus estructuras, tanto de pensamiento como organizativas y promover en la medida -muy grande-, de sus posibilidades, el socializar esta nueva conciencia civilizatoria, económica, política y social. El segundo se encuentra claramente en la frontera entre ambos modelos, en base a sus militantes con diferentes sensibilidades, pero debe trabajar ya por dirigir el rumbo de su organización hacia aquello que interesa a la gente y no a los poderes económicos inadaptados, caducos, fosilistas. Si no eres parte de la solución, eres parte del problema.

Es natural que el sistema viejo se resista a morir e intente sobrevivir a nuestra costa sin grandes autocríticas y con una gigantesca operación de posverdad global. Pero cuanto antes consigamos enmarcar el debate, mejor para la sociedad. Es decir, no debiéramos discutir ni el fin o no del petróleo, ni si el coche eléctrico se fabrica aquí o allá, ni sobre qué valles deben soportar los polígonos fotovoltaicos y eólicos. El debate debiera ir más hacia qué parte de nuestras mentes y sociedad alimenta el sistema inadaptado y por tanto, debe cambiar para poder diseñar el cambio resiliente, como desmantelar la infraestructura fosilista que nos daba de comer y construir la nueva, más segura y duradera que la actual. Qué desplazamientos son esenciales y cuáles no, qué medios de transporte tenemos a nuestro alcance, qué gastos de energía podemos reducir, cómo podemos compensar socialmente esa reducción material y energética. Para ello, hay preguntas que debemos respondernos, individual y colectivamente: ¿Estamos seguras en este sistema fosilista? ¿Un sistema postfosilista nos haría más o menos felices? Porque, hoy confundimos costumbre con seguridad y comodidad con felicidad, mientras el medio ambiente está cada vez más intoxicado y agotado y la gente más estresada y triste.

El mayor drama de todo esto es que si hoy en el planeta somos casi 8000 millones de personas, es gracias a esos combustibles fósiles. Y que su agotamiento a la fuerza va a traer una contracción demográfica que puede llegar a ser muy dramática si no programamos ese innegociable decrecimiento con toda la inteligencia, conocimiento y ética que poseemos como Humanidad. Es decir, no está solo en juego nuestra comodidad y costumbres, sino en primer lugar, nuestra supervivencia, y después nuestro bienestar y felicidad. Por todo esto puede decirse que ante la inadaptación histórica y biológica del capitalismo fosilista, el mayor nicho de empleo global que nos queda es el propio decrecimiento. Esta es la llave de nuestra seguridad y bienestar. Y una obligación ética con las generaciones futuras. Y por eso, y tal como acertadamente comenta Aretxabala en su comparecencia, esta Ley es la más importante y decisiva del siglo XXI.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

LA TERCERA PARTE

 
 
Queridas lectoras y lectores, vemos en varios  medios que recientemente el Gobierno chino ha recomendado a sus ciudadanos almacenar víveres para pasar el invierno. La gente se lanza a los supermercados preocupada. Arroz, aceite, harina, pasta, huevos, verduras... La población, dicen varios medios, "ha entrado en pánico y se ha vuelto loca comprando en el supermercado". La reacción ha sido tan desmesurada que la prensa de varias provincias y también la estatal, no ha tardado prácticamente nada en intentar calmar a una ciudadanía desbocada tras haberla sumido en pánico. 
 
China, del hambre a la superproducción y al acopio de alimentos
 
Según The Economic Daily (afín al Partido Comunista de China) se trata solo de una alerta ante otro posible confinamiento. Sin embargo, las tensiones con Taiwán y la OTAN, también las lluvias torrenciales pasadas —que han arruinado las cosechas— se suman a la crisis de suministros, como las restricciones de gasoil, los cortes de electricidad, la caída del transporte o la incertidumbre de la distribución de todo tipo de productos. 
 
El Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional de China aprobó hace unos meses la ley que prohíbe el derroche de alimentos. La sanción será para quienes pidan más de lo necesario y lo desperdicien. También se prohibió filmar y compartir videos en redes sociales en los que se vea el uso de comida de forma frívola o desmesurada (lanzarse alimentos, comer hasta reventar, etc.) que hagan gala del abuso, la gula, el despilfarro o el desperdicio.
 
En los años setenta del siglo XX China vivó la peor hambruna de las últimas décadas, se cobró la vida de decenas de millones de personas. En los colegios hacíamos colectas y juntábamos sellos "para los niños chinitos que se morían de hambre". Un par de décadas después, China se convirtió en una potencia económica y en el mayor importador mundial de productos alimenticios. Ahora “los banquetes pantagruélicos son la norma en ciertos círculos, hasta el punto de conmocionar al presidente chino Xi Jinping que, en agosto pasado, exhortó a sus compatriotas a más frugalidad y a poner fin al despilfarro”, informaban varias agencias.
 
Hace apenas unos meses comentaba que nuestras opulentas sociedades siguen convirtiendo en desechos un tercio de los alimentos. El dato está certificado por concienzudos estudios de diferentes organismos e investigadores. Unos 90 millones de toneladas de alimentos se desperdician cada año en la UE. Mientras tanto, cerca de 120 millones de personas viven en Europa en hogares en riesgo de pobreza o exclusión social y unos 6 millones en circunstancias de privación severa sin acceso a alimentos adecuados ni dietas saludables.
 
No es solo un problema ético
 
Malgastar y tirar alimentos no es solo un problema ético, resulta ser una de las principales causas de la acelerada pérdida de biodiversidad que hemos puesto en marcha. Millones de compañeros de nuestra casa común, de otras especies, son directa o indirectamente eliminados, bien por acaparar sus territorios, por el uso de pesticidas o por inanición. Cada alimento que producimos deja una enorme huella de agua malgastada, suelo agotado, energía disipada y gases de efecto invernadero. Por ejemplo, por cada caloría que en occidente ingerimos, se han gastado de media, diez calorías de combustibles fósiles.

Si a nivel planetario pudiésemos no tirar ese tercio de la comida, evitaríamos el derroche de 250 billones de litros de agua cada año, que será el consumo de agua potable para los próximos 30 años de los 7.800 millones de personas que, a día de hoy, habitamos el planeta. No cabe duda de que estamos viendo ya las evidencias de un ciclo del agua perturbado por un nuevo agente y que abarca a todo el planeta, pero al que nos hemos sumado de manera casi catastrófica en las últimas décadas hasta modificar la propia rotación planetaria. Los científicos hemos estado buscando el agua profunda que faltaba para explicar muchas cosas y más o menos vamos desvelando dónde se encuentra.
 
Gracias a la dinámica hídrica en equilibrio en los últimos 12.000 años, se sostiene nuestra casa global y el complejo medio humano que hemos hecho surgir de ella. Como afirma Steve Jacobsen al referirse al ciclo del agua profunda: "debemos estar agradecidos por esta gran reserva, si no estuviera allí, estaría sobre la superficie de la Tierra, y la cima de las montañas sería la única tierra que se vería sobresalir." Las aguas subterráneas y superficiales suponen sólo la tercera parte de la que existe en las rocas profundas.

Todo el agua subterránea y superficial del planeta, el agua dulce en estado líquido y el agua dulce de ríos y lagos, agrupadas de manera virtual por Howard Perlman, del Servicio Geológico de los EE.UU. (USGS). Fuente: Igor Shiklomanov.
 
Un tercio de todo, un tercio de la vida 
  
Nuestros abuelos prácticamente no llegaban a tirar a una décima parte de los alimentos, mientras que nuestros hijos en los hogares de occidente alcanzan hasta el 50%. En Navarra utilizamos casi un 40% de nuestro territorio y más de un 80% de nuestros recursos hídricos para la agricultura intensiva y aún vamos a por más con obras insostenibles como El Canal de Navarra.
 
Por tanto, un tercio de ese territorio (más de un 13%) se labra, rotura, cultiva, se prepara, se fertiliza, se trata con agrotóxicos y pesticidas, para nada. Una tercera parte de la energía utilizada en conseguirlo —las obras de construcción faraónicas que hacen posible esos canales, los embalses que almacenan aire la mayor parte del año y todo su pasado y actual mantenimiento— ya se disipó, o lo hace ahora en la atmósfera como CO2, metano y NOx, exactamente para nada; una tercera parte del agua con la energía derivada al regadío y a las operaciones posteriores, se utiliza, se esfuma, se contamina, para nada... Y finalmente, uno de cada tres productos sembrados, regados, cultivados, cuidados, procesados, acabados, transportados, envasados, almacenados, distribuidos, comprados, refrigerados, congelados, cocinados (o no), no va a acabar en ninguna boca, va a ir a los vertederos.
 
Pero esa expiración no siempre se hace desde la etapa final ni por parte del consumidor ni en los hogares de las familias. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), estima que ese tercio de la comida, el que se produce para el consumo humano cada año, se pierde o tira en algún punto a lo largo de la cadena de consumo. Desde las granjas a las plantas de procesados, transporte, mercados, cocinas de restaurantes o familiares. Así, unos 1.300 millones de toneladas de comida acaban en los vertederos. Es comida suficiente como para alimentar a 3.000 millones de personas durante un año; eliminar durante tres años el infernal goteo del niño que muere de hambre cada 6 minutos.

¡Qué parcela tan importante para comenzar a trabajar desde las administraciones en las leyes de Transición Energética y Cambio Climático! Algo que, a priori, tanto preocupa (o debiera) a los gobiernos centrales, autonómicos y locales, pero que, por lo que hemos visto desde este lado, el de la ciudadanía preocupada por su soberanía alimentaria, apenas comprenden o quieren comprender. Igual aquél tenía razón: es el mercado, amigo... 

Sequía en Europa y en España. Desaladoras. Gestión y aguas subterráneas. ¿Geoingeniería? Entrevista en COPE con Domingo Zarzo, Presidente de AEDyR y Jorge Olcina, Catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante.