martes, 9 de noviembre de 2021

NAVARRA ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO

"Dicen que el río siempre vuelve, con sus títulos de propiedad, a reclamar lo que es suyo. Esto es, lo que nosotros le quitamos. Tenemos mucho que aprender de esta penúltima riada". Fotografía de la portada y texto del libro “Hasta aquí llegó la penúltima riada. Las enseñanzas de Zidacos”, editado por Altaffaylla, en el que participamos 17 autoras y autores de otros tantos sectores. Fue nuestra aportación tras las inundaciones de Tafalla, Olite, La Valdorba, el valle de la Vizcaya, Pueyo, Beire, Pitillas y áreas aledañas en julio de 2019. Prácticamente todas las autoras y autores hicimos referencia a los eventos extremos derivados del cambio climático y a un urbanismo desbocado que se expandió sobre zonas susceptibles de sufrir graves impactos, tales como llanuras de inundación o espacios cercanos a modificaciones artificiales de los cursos fluviales. 

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Queridas y queridos lectores, hoy colabora en este espacio Julia Itoiz que ha recogido una serie de impresiones sobre la comparecencia de Julen Rekondo y de quien suscribe el pasado día 26 de octubre ante la comisión que prepara la Ley Foral de Cambio Climático y Transición Energética en el Parlamento de Navarra. Julia envió el siguiente texto a naiz donde se publicó como "Navarra ante el cambio climático"; ella plasmó algunas de las impresiones que intercambiamos tras comentarle esta experiencia. Los editores tuvieron a bien expresarlo en primera persona y ajustar el contenido a los espacios, tanto en papel como online, cometiendo la errata de ponerme a mí como autor, pero no es mío el texto, sino de Julia. En la versión online no es un gran problema, pero sí lo es en el papel, en el próximo número se solventará dicha errata.

Os dejo con Julia.

Navarra ante el cambio climático 
 
"Es natural que el sistema viejo se resista a morir e intente sobrevivir a nuestra costa sin grandes autocríticas y con una gigantesca operación de posverdad global. Pero cuanto antes consigamos enmarcar el debate, mejor para la sociedad".

El pasado 26 de octubre tuvieron lugar dentro de la Comisión de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Parlamento de Navarra, las comparecencias de Julen Rekondo, premio nacional de medioambiente y de Antonio Aretxabala, investigador en la Universidad de Zaragoza, para informar sobre el anteproyecto de Ley Autonómica de Cambio Climático y Transición Energética.

Ante dicha comisión, expusieron temas esenciales que estos políticos deben conocer para redactar una ley realmente útil. El modelo económico de nuestra sociedad se diseña desde el crecimiento ilimitado, pero se basa en el uso de recursos naturales finitos que se están agotando y por eso solo podemos cambiar de modelo económico. Pero además ese modelo ha generado el cambio climático. Por estas dos cuestiones, agotamiento y contaminación, no podemos seguir viviendo como lo hemos hecho hasta ahora. Por las buenas o por las malas solo nos queda cambiar. Este cambio supone que disminuyamos el gasto de recursos y cambiemos muchas actividades, lo que supone consumir menos, moverse menos y un reciclaje profesional masivo. En este cambio, la estrategia con las energías renovables tiene un papel fundamental, pero no con los mismos criterios económicos de crecimiento. Por su parte el sistema económico tradicional, inadaptado al nuevo medio natural y económico global, no quiere que la esencia cambie, esto es, el crecimiento y el consumo. Y una de sus estrategias es una gigantesca operación de postverdad en el que el Green Deal es su demostración más elaborada. Y esta actitud es antisocial, devora recursos y debe ser neutralizada.

Después hubo un turno de preguntas bastante decepcionante. El representante del PSN-PSOE y la de Na+ practicaron el régimen de postverdad. El primero, ante los datos científicos objetivos y comprobables, infantiliza a la sociedad ya que no la ve capaz de asumirlos. También intenta instrumentalizarla emocionalmente al alertar sobre el peligro para su libertad de movimiento o sus relaciones personales, cuando lo que debemos cambiar son hábitos cotidianos, como el uso individualizado de los coches entre semana dentro de las ciudades, que ni nos hacen menos libres ni nos impiden ver a quien queremos. Así mismo pretende lograr la alternativa a un problema civilizatorio multisistémico en una sociedad muy compleja, por parte de dos personas en 15 minutos… En cuanto a la representante de Na+, ésta pregunta a los asistentes si están a favor de las energías renovables. Pregunta innecesaria, claro que lo están. Pero no de la forma que su partido plantea. Es comprensible su actitud, ya que ha estado relacionada profesionalmente con Acciona y pertenece al partido que nos ha comprometido financieramente los últimos 40 años con proyectos fosilistas de los que extrajeron su bonanza política como gobierno autonómico: Itoiz, Yesa, Canal de Navarra, centrales de Castejón…, porque esa es su manera inadaptada de pensar y ejercer lo público; desde una cultura del ladrillo y el hormigón que ya es imposible de sustentar sobre una geología limitada; posiblemente no debió entender la exposición de los científicos.

Y este es el debate prioritario: hacia qué modelo ir que, desde luego, no es el que pretenden estos partidos fosilistas, un modelo alimentado por poderosos intereses privados, inviable, que puede terminar en poco tiempo en una suerte de ecofascismo. En cuanto al representante de Bildu y la de Geroa Bai, no aportan nada al momento. El primer partido es el único con auténtica conciencia sobre el reto, pero debe llegar hasta el fondo de sus estructuras, tanto de pensamiento como organizativas y promover en la medida -muy grande-, de sus posibilidades, el socializar esta nueva conciencia civilizatoria, económica, política y social. El segundo se encuentra claramente en la frontera entre ambos modelos, en base a sus militantes con diferentes sensibilidades, pero debe trabajar ya por dirigir el rumbo de su organización hacia aquello que interesa a la gente y no a los poderes económicos inadaptados, caducos, fosilistas. Si no eres parte de la solución, eres parte del problema.

Es natural que el sistema viejo se resista a morir e intente sobrevivir a nuestra costa sin grandes autocríticas y con una gigantesca operación de posverdad global. Pero cuanto antes consigamos enmarcar el debate, mejor para la sociedad. Es decir, no debiéramos discutir ni el fin o no del petróleo, ni si el coche eléctrico se fabrica aquí o allá, ni sobre qué valles deben soportar los polígonos fotovoltaicos y eólicos. El debate debiera ir más hacia qué parte de nuestras mentes y sociedad alimenta el sistema inadaptado y por tanto, debe cambiar para poder diseñar el cambio resiliente, como desmantelar la infraestructura fosilista que nos daba de comer y construir la nueva, más segura y duradera que la actual. Qué desplazamientos son esenciales y cuáles no, qué medios de transporte tenemos a nuestro alcance, qué gastos de energía podemos reducir, cómo podemos compensar socialmente esa reducción material y energética. Para ello, hay preguntas que debemos respondernos, individual y colectivamente: ¿Estamos seguras en este sistema fosilista? ¿Un sistema postfosilista nos haría más o menos felices? Porque, hoy confundimos costumbre con seguridad y comodidad con felicidad, mientras el medio ambiente está cada vez más intoxicado y agotado y la gente más estresada y triste.

El mayor drama de todo esto es que si hoy en el planeta somos casi 8000 millones de personas, es gracias a esos combustibles fósiles. Y que su agotamiento a la fuerza va a traer una contracción demográfica que puede llegar a ser muy dramática si no programamos ese innegociable decrecimiento con toda la inteligencia, conocimiento y ética que poseemos como Humanidad. Es decir, no está solo en juego nuestra comodidad y costumbres, sino en primer lugar, nuestra supervivencia, y después nuestro bienestar y felicidad. Por todo esto puede decirse que ante la inadaptación histórica y biológica del capitalismo fosilista, el mayor nicho de empleo global que nos queda es el propio decrecimiento. Esta es la llave de nuestra seguridad y bienestar. Y una obligación ética con las generaciones futuras. Y por eso, y tal como acertadamente comenta Aretxabala en su comparecencia, esta Ley es la más importante y decisiva del siglo XXI.

1 comentario:

Antonio Arnau dijo...


Hace años, con el boom inmobiliario de 2ª residencias, me entretenía recopilando recortes de prensa, con titulares como: "graves inundaciones en viviendas y bajos del barrio del Barranquet (Godella)". "La fuerza del agua arrastra los coches de la avenida de La Rambla".
En El Campello (Alacant) que se inundaba regularmente cada otoño, por estar "ocupada" toda la zona del barranco, y ser este receptor de varios otros barrancos tras la inundación con victimas de 1997, se "encauzaron y desviaron los barrancos" por los que bajaba el agua.
En la comarca de La Ribera, conocida por sus Inundaciones y ro0turas de presas. Si consultas un mapa, podrás observar que todas sus Infraestructuras viarias (dos Autopistas Paralelas, con y sin peaje, y la plataforma ferroviaria, van en paralelo a la costa, con efecto barrera que acumula el agua has desbordar y caer con más fuerza en su camino al mar.
Otro hecho "curioso" es como los cascos antiguos, más altos y que Nunca se habían visto afectados, empezaron a inundarse... al hacer las urbanizaciones de chalets "muros de protección" que desviaban las aguas de sus rutas habituales. No creo que haya que ser Ingeniero para pensar que el agua buscara siempre su camino al mar.