martes, 31 de marzo de 2020

EL CRECIMIENTO SIN FIN TOCA A SU FIN (LA ENTREVISTA COMPLETA)

Evolución y cotización del barril Brent desde el 1 de abril de 2018 al 1 de abril de 2020

  • Primeras impresiones sobre el coronavirus y el mercado del petróleo. La entrevista completa en castellano para Berria de la mano de Iñaki Petxarroman.
  • Antonio Aretxabala (Vigo-Galicia, 1963) analiza el pico del petróleo y el calentamiento global ante el parón en la combustión de combustibles fósiles.
  • Se debe aprender una lección de la situación actual: "con el decrecimiento económico llegan los tiempos del crecimiento personal y colectivo".

Queridos lectores, esta entrevista fue realizada unos pocos días después de la declaración del estado de alarma por el gobierno de España a causa de la pandemia de COVID-19 por la que ahora quienes hemos tenido suerte estamos encerrados. Entonces se estaban viviendo históricas caídas en las bolsas de todo el planeta y el barril de crudo WTI y de referencia Brent se desplomaban. A día 1 de abril de 2020 el barril Brent cotiza a 22,7 $, todo un problema para el futuro de un sector que mueve el planeta y prácticamente poco alivio para unas economías que han entrado en estado de "hibernación" (Pedro Sánchez, 28 de marzo de 2020).

Ya se habla de una histórica volatilidad nunca antes vista, tal y como adelantamos en varias ocasiones en este blog, finalmente ésta sería la norma y no la excepción antes del declive final del capitalismo fosilista. El mercado de China permanece prácticamente cerrado con el consiguiente colapso de precios y economías. Además hemos visto noticias de petróleos ligeros norteamericanos cotizando a menos de 10 $ e incluso que el petróleo de Canada (el West Canada Select o WCS) esté en 4 $ el barril, ¡menos que una pinta de cerveza! Por no hablar de esas noticias de impacto mediático de que te pagan si te llevas el petróleo para no parar la producción, algo que obviamente sería muy costoso de reiniciar. En cualquier caso las reservas almacenadas crecen y se acercan a la saturación. Recordemos algo que siempre hemos subrayado en este blog: la energía no es un producto o un servicio más sometido a leyes de oferta y demanda, sino un precursor de la actividad económica.

Algunos expertos se han atrevido a prever qué va a ser del consumo de hidrocarburos en los próximos meses, pues son la sangre que mueve nuestro sistema económico como vamos a ver en la siguiente entrevista. Algunos de los que he recopilado apuntan a que en los próximos meses podríamos ver caídas de hasta un 30% en el consumo de GLP (gases licuados del petróleo). Un 50% menos de gasolina. Un 80% menos de queroseno para aviación. Una caída del 90% en asfaltos y coque por la parada brutal de la construcción. Cerca del 80% menos de fuel oil pesado para barcos y cruceros. Además de otras cifras que ponen de manifiesto la frenada económica en seco a la inercia crecentista y desarrollista de las últimas décadas. El fin del crecimiento sin fin ha llegado de la mano de una pandemia.

Antonio Aretxabala 


- El consumo de petroleo y demás combustibles fósiles han caído en picado desde el comienzo de año, primero en China y ahora en Europa y Norte América. ¿Hasta qué punto crees que será la caída?

Sí, el parón de la actividad económica siempre va acompañada da una caída en el consumo energético y viceversa, como ya sabemos que para incrementarla es necesario un aumento de los flujos de energía. Siempre ha sido así y no existe desacoplamiento, por mucho truco economicista que hayamos visto en la TV o leído. La denominada desmaterialización de la economía que pregonan algunos economistas es una falacia fácilmente desmontable. Es una manera de hacerse trampas al solitario. Tal ilusión se ha mantenido a través de técnicas engañosas como:

1. Siempre se puede sustituir un recurso por otro. Sin embargo no es verdad porque de momento no toda actividad industrial ni tecnológica es sustituible ni electrificable al 100%. El mejor ejemplo es el transporte, una batalla ya perdida que no se va a poder resolver en los próximos años.

2. Se está financiando el PIB a través de la creación de nueva deuda, sin aumentar el rendimiento ni material ni energético, una cuestión puramente geológica que se le está cargando a las generaciones futuras.

3. Exportar los impactos ambientales a otras naciones o regiones, de modo que las realidades del aumento de la producción material o consumo de energía se puedan suprimir de los cálculos locales. Se trata de la externalización de los procesos industriales más contaminantes y consumidores de carbón, uranio, gas y petróleo. Ese ha sido el papel de China en las dos últimas décadas. Pero eso no nos hace más eficientes, nos hace más dependientes y hoy saboreamos el amargo gusto de aquellas apuestas empujadas por aquel concepto tan repelente: "competitividad".

4. La creciente desigualdad tanto de ingresos como de riqueza, que permite que el PIB crezca en beneficio de unos pocos, mientras que la mayoría de los trabajadores ven disminuido su poder adquisitivo es el mayor engaño de nuestra sociedad actual.

Sabemos que nuestra economía es fósil-dependiente en un 85%. Así que si cae la actividad económica por una cuestión como una pandemia como la del coronavirus, el consumo de energía es proporcional.

- ¿Esto será un parón coyuntural hasta que pase la crisis sanitaria, o crees que tendrá alguna otra consecuencia?

Sin duda tendrá otras consecuencias y habrá altibajos como estamos viendo en las bolsas. La volatilidad ha sido la que ha tomado las riendas, ahora de manera más intensa si cabe. De aquí al final del denominado capitalismo financiero neoliberal todo esto se hará cada vez más frecuente debido a la caída de las tasas de retorno energético de las explotaciones que nos van quedando. No podemos estar seguros al 100% de cuál será un resultado que carece de precedentes, la dinámica conocida de oferta y demanda convencional a la que estábamos acostumbrados ya no va regular ni precios (ojo, que precio, costo y valor son cosas muy distintas) ni disponibilidad, pero lo que sí podemos saber con certeza es que la era del crecimiento económico ilimitado que es la característica definitoria del capitalismo financiero neoliberal, tal como la conocemos, ha terminado de verdad, y si no tomamos medidas técnicas adecuadas y sobre todo sociales, la expansión acelerada de la pobreza será el mayor quebradero de cabeza de nuestros dirigentes y de la propia sociedad en general.

- ¿El sector de la aviación puede tener efectos negativos a más largo plazo?

El sector de la aviación estaba claro que iba a ser uno de los primeros en caer tras un impacto como el actual, en un contexto de declive y decrecimiento económico que se alarga ya más de una década, mi opinión es que ya nunca recuperará los niveles de actividad de 2004 ó 2008. Volar a países lejanos era un icono de la globalización fosilista. Ahora vivimos una contracción. Es decir, una desglobalización, la cual acarrea una desjerarquización, una descomplejización y sobre todo una descentralización.

- ¿Para el recorte de las emisiones GEI crees que tendrá un efecto de bajada. Hasta que punto será esta bajada?

Realmente ni se va a notar a corto plazo, quiero decir en las próximas décadas. Piensa que para volver a niveles de CO2 preindustriales si paramos ahora mismo absolutamente TODAS las emisiones de GEI pasarán siglos.

- Durante la crisis finaciera, en el año 2008 se produjo también una bajada de las emisiones, pero luego ocurrió un efecto rebote, debido al impulso de las administraciones publicas en la reactivación económica. ¿Es de esperar un escenario similar?

Si no han aprendido la lección lo van a intentar fijo. Recientemente decía el presidente Pedro Sánchez:

"El Ejecutivo ya incluyó en el decreto del estado de alarma su facultad de adoptar las medidas necesarias para garantizar el suministro de energía eléctrica, de productos derivados del petróleo, así como de gas natural previstas en las leyes del Sector Eléctrico y de Hidrocarburos, que permiten que, en caso de ser necesario, el Gobierno pueda intervenir empresas para asegurar la continuidad del suministro o reducir la velocidad máxima en las carreteras, entre otras medidas."

"Garantizar" ya sabemos que es una palabra muy relativa. ¿Para quién? ¿Para qué?... Las soluciones resultantes si realmente queremos acabar con la pobreza, requerirán un consenso honesto con una inversión a largo plazo, tan largo como el conocimiento del declive de las tasas de retorno energético. No podemos esperar resultados inmediatos volviendo a quemar combustibles fósiles en términos de productos vendibles, sin retorno de la inversión visible, sin ganancias en el corto plazo. Dicha inversión solo puede generarse en un entorno no mercantil, en el que el pago es colectivo y el beneficio financiero o el crecimiento económico y por lo tanto la quema otra vez de fósiles que son ya muy difíciles de extraer, no son los objetivos.

Deberemos buscar un entorno además capaz de distribuir la riqueza menguante, digno para las personas, para todas, el resto es irremediablemente el colapso. Decía el otro día Pedro Sánchez que volveríamos a la normalidad. No se lo cree ni él. La normalidad de la que habla es lo que nos ha traído a esta situación, sería muy largo dar aquí las claves de por qué estamos encerrados en casa en relación a la geología de los hidrocarburos. Pero es que la geología del planeta no entiende de equidad, es el ser humano el que inventó ese concepto, la Tierra nos da todo lo que tiene y a la Tierra no se le puede pedir más.

- En cuanto al mercado petrolero, ¿la guerra entre Rusia, Arabia Saudi-EEUU qué efectos puede tener a largo plazo?

Hay sin duda una guerra hegemónica. EEUU ahora está en la peor situación de los países que me enumeras. Empecemos por China, un país con un régimen ajustable por lo que todos sabemos, es el estómago del mundo, la mayor parte del metabolismo económico depende ya de ella, en muy pocas décadas se ha hecho dueña de la cadena de suministros y no le costaría mucho esfuerzo, como hemos visto parar y dejar "colgado" a todo el planeta. Rusia tiene una ventaja, que es autosuficiente en carbón, gas y petróleo. No es ni de la calidad ni de la versatilidad extractiva del de los saudíes pero lo suficiente para su economía e incluso para forzar a la OPEP a no jugar de manera cómoda. EEUU necesita todos los días del año la cuarta parte del petróleo y otros recursos del planeta para mantener su economía de derroche.

Si todas las personas del planeta quisieran vivir con esa economía harían falta 4 planetas. Son el 4% de la población mundial y sólo producen la mitad de los 23 millones de barriles diarios que queman (el mundo produce unos 100 millones). Con el fracking llegaron a extraer prácticamente esa mitad (unos 11 millones de barriles diarios) pero siguen comprando la otra parte a diferentes países entre los que se encuentra por ejemplo Venezuela. Son unos jonkies del petróleo y la moribunda experiencia de la ruina del fracking ha destruido esta última semana ingentes cantidades de capital, han quebrado cientos de empresas y la producción ha resultado en una caída sin precedentes. Las tasas de retorno son tan bajas que queman tanto petróleo para extraer como el que al final extraen. No se puede considerar a eso una fuente de energía sino un sumidero. Entonces salió Arabia Saudí hace unas semanas a echar el órdago de los 12 millones de barriles diarios. Nadie de quienes seguimos el mundo del pico del petróleo, expertos con quienes hablo todos los días, ha dado credibilidad a esa posibilidad. Habrá picos de subida y bajada pero a la larga el declive del nunca mejor llamado "oro negro" no tiene ni solución ni sustituto.

- ¿Hacia que escenario climático nos lleva la pandemia?

A corto plazo vemos que se han recuperado a velocidad de vértigo algunos ecosistemas por el parón en la actividad, es llamativo el aspecto limpio y con peces de Venecia que los vecinos más mayores nunca conocieron. Pero al margen de esas curiosas noticias el caos climático posiblemente ya ha entrado en una era de realimentación positiva y tendremos que adaptarnos a vivir con más DANAS, con más eventos extremos. Hemos tardado mucho en ponernos a trabajar de manera acelerada en la transición energética justa, en la transición ecológica justa de la que aún se debate en parlamentos, mesas de reflexión, borradores de partidos políticos o tribunas a pesar de tener un ministerio con ese nombre, pero que no se abarca por falta de consenso ideológico (que no lógico). La transición energética y ecológica y la adaptación al cambio climático se van a realizar con una importante labor pedagógica y de veraz información. La sociedad debe saber que cada individuo debe vivir de una manera lo más sostenible posible. Desde hace décadas se dan pautas para la transición menos traumática, pero ya vemos que lo está siendo y aún lo será más.

Para comprender el decrecimiento. Fuente de la imagen "Outras Palabras"

El ser humano se supone que es un animal inteligente, debería estar claro para él que incluso en las condiciones más severas hay soluciones, se ha adaptado a casi todo, ahora le queda aprender a crear puestos de trabajo, evitar la pobreza y promover un reparto equitativo de la riqueza en condiciones de decrecimiento energético y por lo tanto económico, sin ningún miramiento. Sin embargo en el marco del "capitalismo de amiguetes" y la corrupción galopante, se le perdona a los grandes poderes que ya actúan en ocasiones como grandes organizaciones criminales, que aumenten sus beneficios a costa de la destrucción del medio que garantiza nuestra existencia y de las infraestructuras de tejido social que hoy se tambalean. Así es imposible, así sin tomar decisiones ecológicas y de equidad, vamos directos al colapso de la sociedad.

Tenemos dos opciones, o decrecemos por las buenas (lo arriba indicado), o lo hacemos por las malas (conflictos sociales, regímenes totalitarios, control de las libertades e incluso guerras), pero nos pongamos como nos pongamos lo vamos a hacer. Y el problema ya se ha metido en nuestras casas. Pocos nos dimos cuenta, pero el petróleo también apuntaló una anomalía histórica de mano del capitalismo fosilista: el individualismo. Esto también se acaba. Ahora es el conocimiento holístico y sistémico de las miradas integradas y multidisiciplinares, la única salida digna que primero dará un diagnóstico, si nos quieren escuchar, y segundo propondrá soluciones para transitar a una era de decrecimiento material y crecimiento personal y colectivo.

En euskera en berria:
(clic en la foto)
Koronabirusak petrolioaren merkatuan eragin handia izango duela dio; bereziki, haustura hidraulikoaren teknikan ari diren enpresek oso egoera zaila izango dutelako. Desazkunde garaiak datozela iragarri du.

lunes, 30 de marzo de 2020

LA PROTECCIÓN, UNA ACTIVIDAD TAN COLECTIVA COMO INDIVIDUAL



Adelantarse a las desgracias es casi utópico, pero es precisamente el intentar alcanzar la utopía lo que nos impulsa y nos ha hecho avanzar para conquistar nuevas comodidades, pero también generar riesgos. 



Es posible que la investigación científica nos descubra cosas que no queremos ver, una en especial: nuestra incapacidad de prever de manera razonable las catástrofes, sean globales o locales; adelantarnos a los desastres naturales o provocados es tarea difícil en un mundo que gira en torno al beneficio cortoplacista; pero estaríamos traicionando a los ciudadanos a los que servimos si los científicos no lo intentáramos. 

La investigación científica y la protección

El objetivo del científico es generar conocimiento y difundirlo, proporcionar a la sociedad y a nuestra civilización herramientas que contribuyan a mejorar nuestra calidad de vida y sobre todo a garantizar nuestra seguridad. 

Me ha tocado trabajar en este campo, y ya se ha convertido en parte de mi vida. Las herramientas y leyes utilizadas son humildes. Una de ellas es la estadística, la aplicación a grandes bases de datos en los campos que trabajo en la geología y en la geofísica, tales como la Mecánica de Suelos o la Ley de Mohr-Coulomb propician una amplia perspectiva para adelantarnos a los efectos negativos de una catástrofe. Los resultados pueden ser notorios o pasar desapercibidos, así lo han sido en las decenas de artículos publicados hasta hoy.

Adelantarse a las desgracias es casi utópico, pero es precisamente el intentar alcanzar la utopía lo que nos impulsa y nos ha hecho avanzar para conquistar nuevas comodidades, pero también generar riesgos. 

El ser humano ha llegado a las cotas más elevadas de la evolución gracias, entre otras muchas cosas, al conocimiento científico y a su aplicación en la adecuación del medio para su propia comodidad. Así es como las ciencias de la Tierra contribuyeron a identificar los terrenos más adecuados y estables para proyectar, esculpir y hacer realidad según qué obras de infraestructura, centrales energéticas, nucleares, presas, obras lineales, etc., con objeto de facilitarse a sí mismo la existencia.

Con el devenir de la modernidad y la disponibilidad de recursos geológicos que proporcionaban energías baratas y accesibles (en especial los hidrocarburos), la complejidad de nuestras actuaciones llegó a niveles nunca antes vistos en la historia, con ello también la noción de dominio del medio y de riesgo sufrieron un cambio paralelo en complejidad, siendo inicialmente ambas cuestiones concretas y sencillas, con el tiempo se convirtieron en difusas y complejas. 

Un debate

Hoy debatía con Carlos de Castro, investigador del Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid que somos cada vez más los científicos que de una u otra manera nos involucrarnos ante el atropello de las grandes corporaciones y sus gobiernos marioneta para saquear lo poco que van dejando en este capitalismo terminal.

Le he pedido permiso para publicar en redes sociales la estupenda reflexión que cierra este artículo, está extraída de una conversación privada. Con su permiso la comparto con la esperanza de que cada vez seamos más; que vayamos despertando a la realidad social en la que también vivimos, pues los científicos también somos seres sociales que buscamos protección y seguridad.

La protección, una actividad intuitiva y permanente 

La protección es una actividad intuitiva y permanente, tanto individual como colectiva, pero sólo es eficaz si está basada en unos conocimientos que crean hábitos de protección sistemáticos y racionales. La práctica de la autoprotección por los componentes de un grupo social, además de favorecer a cada uno de ellos, genera la seguridad del colectivo: de aquí su importancia y necesidad de proyección a la comunidad a través de programas educativos serios y creíbles. 

Los medios de comunicación de masas pueden hacer mucho más. Entre otras cosas promocionar esta propuesta pedagógica que tan buenos resultados ofrece, algo que repercute también para su propio bien, pues al fin y al cabo son personas que pueden ser afectadas quienes cubren esta información.

Suele ser fruto de la debilidad política institucional el que se utilice el entramado de medios para precisamente mostrar su debilidad disfrazada de fortaleza; en vez de divulgar soluciones resistentes y resilientes a medio y largo plazo, presentan los siempre mediática y ostentosamente exhibidos "parches" rodeados de pompa, y a ser posible con mucho bombo y platillo.

Las palabras de Carlos:

"¿Qué es eso de que como profesionales de la ciencia no tenemos que ser activistas salvo solo como personas? Si el método científico requiere dicotomizar al ser humano (reduccionismo mecanicista) entonces mal método cuando es la ciencia la que nos ha enseñado que no es posible separar al observador de lo observado. Esa creencia dogmática (acientífica) de muchos científicos es precisamente el inicio de la dilución del discurso". 

sábado, 22 de febrero de 2020

ZALDIBAR: ¿FUE LA ACUMULACIÓN DE BASURA LO MENOS SUCIO?

El vertedero de Zaldibar tras el derrumbe, tve1.

Queridos lectores, he seguido muy de cerca los acontecimientos en la catástrofe de Zaldíbar y he estado intercambiando informaciones, fotografías, opiniones y pareceres con las personas que allí trabajan, también otros profesionales de la hidrogeología, geotecnia, ambientalistas, personas del mundo de las leyes, etc. Fue la conocida ingeniera y activista Yayo Herrero quien me sugirió escribir unas líneas a modo de análisis no convencional, sino que profundizara en la ordenación estructural que nos ha llevado a que no sólo sea Zaldíbar hoy la noticia, sino que en cualquier momento puede saltar la chispa en otro lugar. Esta es mi contribución escrita, también nada más producirse tratamos el tema en Radio Eskadi, en La Mecánica del Caracol, dando pautas de carácter geotécnico y pedagógico tras hablar con el Colegio de Geólogos del País Vasco.

Antonio Aretxabala
Pamplona, 20 de febrero de 2020

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Si buscamos qué hay tras la tragedia de Zaldibar vamos a encontrar una serie de cuestiones no muy agradables. El derrumbe de medio millón de metros cúbicos de residuos colapsó carreteras y la autopista AP-8 que vertebra el País Vasco. Comenzaron las labores de retirada de escombros. Parecía un accidente, pero enseguida se supo que había dos operarios sepultados y, horas después, también se conoció la presencia de toneladas de amianto en el vertedero. Para entonces, voluntarios, técnicos y bomberos llevaban ya horas de exposición sobre el terreno. La empresa gestora del vertedero (Verter Recycling) tenía los permisos y fue rápida en la comunicación. Sin embargo, hubo que interrumpir los primeros movimientos desesperados de trabajadores, bomberos y geólogos, que advirtieron del peligro de inestabilidades y más derrumbes. Por su parte el Gobierno Vasco y el Ayuntamiento no fueron tan rápidos en la gestión de una información vital para tantas y tantas personas que se vieron expuestas. Durante horas cavaron a mano y sin protección –acompañadas en algún momento por perros– en un lugar donde en los últimos tres años se han depositado cerca de 10.000 toneladas de amianto.

Ha sido calificada como la peor catástrofe medioambiental en Euskadi de las últimas décadas. Casi dos semanas después, continúan las labores de rescate de los dos trabajadores sepultados, se sigue tratando de atajar los incendios y de estabilizar la ladera, y parece que las tareas se alargarán. Al mismo tiempo, se mantienen las consignas de analizar el agua, el aire, los alimentos y de no realizar ciertas actividades.Por si fuera poco, la zona alta comenzó a arder. Pasaron días antes de empezar a hacer análisis, más días hasta conocer los resultados y más aún en hacerlos públicos, con el aterrador mensaje de concentraciones de dioxinas, furanos y otras sustancias altamente cancerígenas en concentraciones decenas de veces por encima de lo tolerable. Los medios de comunicación trasladaron al público las reacciones contradictorias que iban recibiendo de las distintas instituciones: desde el “no pasa nada” hasta los consejos de usar máscaras, no comer los productos de alrededor, no hacer deporte al aire libre, o no beber agua del grifo. En menos de una semana, Zaldibar pasó a ser una tragedia humana, un desastre ecológico y un enorme problema de salud pública que ha alterado radicalmente la vida de decenas de miles de personas. 

¿Una gestión ejemplar?

Va a ser inevitable hablar de responsables en los próximos días, semanas, meses, y posiblemente años. Se han abierto expedientes que apuntan a más de una veintena de incumplimientos, tanto de estabilidad geotécnica como de contaminación o gestión de residuos. El Gobierno autonómico ha incoado los correspondientes expedientes sancionadores a Verter Recycling. Ante este caos, el lehendakari, Íñigo Urkullu, finalmente compareció doce días después para afirmar que se habían encontrado “ante una situación excepcional, impredecible y de urgencia”. Su discurso estuvo plagado de cumplidos y deferencias hacia la gestión de lo que todo el mundo vio rápidamente como una verdadera catástrofe; catástrofe, por otro lado, anunciada: uno de los trabajadores sepultados había avisado de grietas, que es la manera que tienen las laderas de comunicar su inmediata desestabilización o inminente hundimiento. Una mínima formación geotécnica sería necesaria no sólo para los operarios de estos depósitos artificiales, sino también para los directivos y quienes toman las decisiones.

La gestión no fue ejemplar y se tardó demasiado en encajar las diferentes piezas del puzle para declarar la catástrofe. Al frente de este tipo de emergencias no puede tolerarse pixka bat (ni una pizca) de torpeza. Quizás la vertiente política de esta grave crisis es la más sonrojante de todas y sin duda traerá consecuencias.

Pero analicemos el fondo del asunto una vez traspasadas las capas de cebolla de la sucesión de acontecimientos; hagamos un ejercicio de sondeo y prospección al estilo geológico de por qué, cómo y cuándo comenzó este caos.

Euskadi en la modernidad

Euskadi es, tras Madrid, el territorio más densamente poblado de la península. En el último siglo, la vida se ha articulado en torno al extractivismo, la industria, la tecnología, y las bases de la misma se han externalizado. El sector primario, al igual que en la capital del Estado, es anecdótico. El País Vasco tiene una tasa de población urbana por encima del 80%, y la segunda mayor densidad. Supeditar un alto nivel de vida a la industria, la tecnología y los servicios de calidad supone confiar en altos flujos de energía barata y creciente que los sustenten. 

Tras la revolución del carbón a finales del siglo XIX, la gran aceleración del siglo XX y la irrupción de la alta tecnología en el XXI, se hizo necesario un flujo cada vez mayor de energía fósil (no renovable) que viajaba desde las minas vascas, asturianas o castellanas por el tren de la Robla; grandes petroleros, que dejan su oro negro en Muskiz; gas proveniente de cualquier parte del planeta, autopistas eléctricas… Su destino fueron los altos hornos, los centros tecnológicos o de arte más pioneros del mundo, las infraestructuras urbanas de vanguardia y un estilo de vida de muy alto nivel, generador de ingentes cantidades de residuos. La gestión de estos requiere, a su vez, el gasto de ingentes cantidades de energía para su gestión, transporte y tratamiento.

Euskadi es además un territorio con más de un 80% de áreas susceptibles de deslizamiento (más de un 15% de pendiente y una geología propensa). Gipuzkoa es el territorio más densamente poblado con mayor superficie potencialmente deslizable (95%) de Europa. Circunstancias que suponen un gran y complicado reto a la hora de urbanizar, distribuir los servicios o planificar actividades industriales. Todo ello se suma a que solventarlo a través de obra pública de ingeniería civil o modificación del territorio requiere aún más energía, maquinaria, hormigón, puesta en obra, mantenimiento, durabilidad…

La crisis

Como en todo el planeta, la crisis también irrumpió en la vida de los vascos y las vascas. 2006 fue el año en que se produjo el pico de extracción de crudo convencional, según los estudios de la Agencia Internacional de la Energía (AIE, OCDE), y supuso, entre otras cosas, un vapuleo a las economías mundiales que se tradujo, en 2008, en el colapso de unos mercados desvinculados de una economía física real. En 2010, pasamos un ecuador en nuestra evolución como seres supuestamente inteligentes que habitan la Tierra: más de la mitad de la población vivimos ya en ciudades y comienza así una nueva era para el planeta. Los núcleos de más de 5.000 habitantes, pero sobre todo las grandes ciudades nunca vistas en la historia, se convierten en las células estructurales de una urbanosfera que comienza a dar señales muy agudas de insostenibilidad, requiere ingentes cantidades de energía y recursos, y genera tantos desechos que el planeta ya no puede digerirlos.

Así es Euskadi, un pequeño territorio del llamado mundo desarrollado que replica los mismos problemas de sostenibilidad globales cuando la energía para crecer y crecer ya no es ni barata ni versátil, y las economías se han convertido en extractivas, las sociedades en comunidades cada vez más desposeídas, y los individuos en potenciales productos mercantilizados.Pasamos a vivir en la era de una deuda ecológica y económica (de la que probablemente nunca veremos sus desenlaces) y de enfrentamientos entre territorios. En este camino vertiginoso hacia la complejización, globalización y jerarquización de las sociedades, lo sorprendente es que sólo hemos aprendido a quemar madera, aceite de ballena, carbón, uranio o petróleo, pero su efecto sobre el PIB se considera un éxito, a pesar de los daños secundarios para la salud del planeta que habitamos y de nuestros propios cuerpos. 

El inevitable declive de la producción es clave para prever escenarios realistas. Pero las previsiones económicas de los gobiernos no están considerando la geología, que, al fin y al cabo, es la que manda. Son los mercados financieros los que están guiando a los inversores. En los próximos meses, el barril continuará, como hasta ahora, volátil. Los mercados no visualizan que en unos años habrá una escasez severa de petróleo y la transición ecológica está siendo de todo menos justa. Crecer más ya no es ni posible ni deseable, y si lo es, es de manera ineconómica, hasta que reviente la deuda. Ninguna tendencia política contempla la innegociable realidad: decrecer. A su vez, esta imposición geológica trae la inevitable descomplejización de la sociedad, su desjerarquización, la desglobalización y la descentralización. Ir a contracorriente es un suicidio. Cuanto antes se asuma, mejor transitaremos hacia un mundo con menor consumo material y, por tanto, con muchos menos residuos. Y ahí está la clave. Cuando observemos nuestros actos y hábitos de consumo, pensaremos en la responsabilidad que nos ha tocado en esta catástrofe.

Nuestras opulentas sociedades convierten en desechos un tercio de los alimentos. El dato está certificado por concienzudos estudios de diferentes organismos e investigadores. Nuestros abuelos prácticamente no llegaban a una décima parte, mientras que nuestros hijos rozan la mitad. Eso quiere decir que del territorio que utilizamos para procurarnos alimentos (el 37% de la superficie terrestre emergida), un tercio (más de un 12%) se labra, rotura, cultiva, se prepara, se fertiliza, se riega para nada. Una tercera parte de la energía utilizada se disipa en la atmósfera para nada; una tercera parte del agua y la energía derivada para regadío (el 80% del uso de agua en España) se utiliza y contamina para nada y, finalmente, uno de cada tres productos acabados, transportados, envasados, almacenados, distribuidos, comprados, refrigerados, congelados, cocinados (o no) van a los vertederos.

¿Qué vamos a hacer ahora aparte de más muros de contención, inyecciones de estabilización y, hablando en plata, de trasladar la mierda más dañina a otra parte? ¿No nos vamos a replantear nuestras opciones de vida para que sea más sostenible dentro del territorio que nos garantiza la existencia? ¿Queremos seguir creciendo sin poder hacerlo o intentándolo a costa de un mayor deterioro del medio que nos da la vida? ¿Vamos a ser más responsables a través de nuestros estilos de movilidad urbana, relación con el mundo rural o hábitos de consumo o vamos a esperar a que se repita la historia para morir poco a poco envenenados? 

El consejero vasco de Medio Ambiente, Iñaki Arriola, se ha llenado la boca de economía circular desde un púlpito eminentemente desarrollista, depredador y cada vez más necesitado de sumideros (vertederos, incineradoras, escombreras). ¿Sabe realmente a qué se refiere? ¿Vamos a ser responsables y a exigir a nuestros dirigentes que articulen políticas y asuman responsabilidades acordes con la era que nos toca vivir? ¿Vamos optar por tendencias políticas que hablen claro y ofrezcan soluciones que favorezcan el bien común y no el lucro de unos pocos? ¿Vamos a cooperar y poner en el centro del debate la vida comunitaria y el consumo de cercanía? ¿Queremos vivir tranquilas? ¿Queremos vivir?