Un blog abierto a la reflexión, enfocado a la cultura de mitigar desastres naturales o activados por el ser humano, potenciando una visión holística y participativa, clara y crítica. Un espacio transdisciplinar para el intercambio de ideas entre personas interesadas en salvar lecciones aprendidas y ponerlas en acción, potenciando la resiliencia o capacidad de sobreponerse, ayudando a las comunidades a salir fortalecidas con las mejores herramientas: la cultura, la ciencia y la información.
El terremoto de Martes (Huesca) del día 10 de julio 1923 afectó a todo el cuadrante nordeste de España y sur de Francia, alcanzó una intensidad destructiva de VIII. En rojo pueden verse las isosistas de V a VIII, en naranja IV, III en amarillo y en amarillo claro II.
Ha pasado un siglo desde que una crónica sanferminera recogiera el impacto en Pamplona de un terremoto que alcanzó intensidad VIII en el área epicentral, a la cola del embalse de Yesa, entre Martes y Artieda. Aquel 10 de julio de 1923, a las 5 horas y 31 minutos de la madrugada, se inició un período sísmico que se alargó hasta 1925. Según los datos recogidos por el ingeniero y geógrafo Don Alfonso Rey Pastor, que era director de la Estación Central de Toledo, el número total de sacudidas durante 1923 fue de 189.
El terremoto de Martes del 10 de julio de 1923 fue sentido en todo el cuarto nororiental de la Península Ibérica, desde Cantabria hasta Cataluña y desde el sur de Francia hasta Valencia y Madrid con diferentes intensidades. Como Richter (1900) aún era muy joven y estaba preparando su famosa escala energética basada en la magnitud (tenía 23 años), la magnitud del evento fue variando durante los siglos XX y XXI con las sucesivas revisiones del primitivo registro, variando éstas desde M5,4 hasta M6,0. En esa época se utilizaba la escala de intensidad de Mercalli. A Pamplona se le adjudicó una intensidad de IV-V, similar a la vivida la madrugada del 10 de marzo de 1903 o más recientemente la famosa noche de los terremotos del 1 de octubre de 2020. En San Sebastián por un efecto local llegó a V, como en Huesca. En Girona y Barcelona IV, como en Perpiñán, Logroño o Zaragoza.
Este terremoto cambió completamente la percepción del medio que nos sustenta y poco a poco fue estudiándose la geología prepirenaica a la par que el nuevo producto tecnológico más impactante de todos los tiempos se imponía en el mundo de la construcción mundial hasta pasar del 2% en 1923, al 80% del peso de todas las cosas tecnológicas inventadas por el ser humano en 2020, incluyendo plásticos, metales, vidrio, asfalto o ladrillos: hablamos del hormigón armado. Su acelerada implantación a nivel planetario vino acompañada de lo que más tarde se consolidaría como las normas de construcción sismorresistentes que tan satisfactoriamente aplicamos en Navarra.
Prueba de ello fue Pamplona y la resistencia de nuestros edificios ante una aceleración del terreno de 0,16g (g es la aceleración de la gravedad) el 10 de marzo de 2017 poco antes de las ocho de la mañana, provocada por un terremoto de intensidad VI con epicentro en Olave. Pamplona se ha venido construyendo desde 1968 aplicando una cuarta parte (0,04g a partir de 2002). Precisamente en 1923 se construía lo que seguramente sería el primer edificio de hormigón armado de Iruña-Pamplona: la Plaza de Toros. Pamplona en las fiestas de San Fermín de 1923
El terremoto conmocionó a las personas que lo vivieron y que, además acompañó a los sanfermines de aquel año entre sustos y juergas. El entonces alcalde de Iruña escribió la siguiente crónica cuando aún no había datos de la magnitud del evento. Se trata de la única crónica de los sanfermines que incluye un fenómeno sísmico:
"Crónica sanferminera, 10 de julio de 1923. Terremoto: a las cinco y media de la mañana del día 10, mientras las dianas desfilaban por la ciudad, se produjo un importante temblor de tierra que causó gran alarma entre la población. Se desconoce su intensidad, pero sirva como dato que su epicentro debió de estar situado entre Burgui, Castillonuevo, Tiermas y Salvatierra de Esca (en las inmediaciones de la foz de Sigües); y que en Burgui se desplomó un corral, en Castillonuevo una casa, y en Tiermas cayó la torre de la iglesia". Don Joaquín Iñarra, Alcalde de Pamplona (10 de julio de 1923).
Entre el amplio grupo de forasteros llegados a una Pamplona, cuyas fiestas ya tenían una proyección internacional, había un joven matrimonio de nacionalidad estadounidense que vivían en París. Él era periodista y acudía a Pamplona para cubrir nuestras fiestas desde el semanario canadiense Toronto Star. Se llamaba Ernest Hemingway, un forastero más; pero un forastero a quien el destino le tenía preparado convertirse en uno de los personajes emblemáticos de los sanfermines de todos los tiempos.
Al periodista parece que le gustó, y le enganchó. No se han encontrado referencias en sus artículos ni en sus cartas a aquel evento del que todo el mundo habló al menos hasta 1925 que cesaron las réplicas, ¿estaría Ernest de resaca? El propio director de la Estación Central de Toledo escribió sobre los días posteriores:
"... Las noticias publicadas por la Prensa al día siguiente pusieron de manifiesto la extensión del área de conmoción, que abarcó en España toda la región del NE., llegó por el S. hasta la provincia de Madrid y comprendió también buena parte del mediodía de Francia. Los epígrafes de los telegramas comunicados por los periódicos anunciaban los grandes daños sufridos en gran número de pueblos de las provincias de Huesca y Zaragoza, la aparición de agrietamientos en el suelo, salida de llamaradas por los mismos, incendio de montes, etc., etc., dando por seguro la aparición inminente de un volcán...".
Alfonso Rey Pastor recopiló información años después de sus trabajos de campo y de las entrevistas a los testigos, poniendo de manifiesto las deformaciones del terreno previas a que se desatara el fenómeno sísmico en la zona:
“… Observaron varios vecinos un cambio lento en la fisonomía de la zona, hasta el punto de cesar la visualidad del pueblo de Sada desde la carretera […]. Otro punto muy interesante en este sismo ha sido la relación de los fenómenos meteorológicos y los sísmicos. Dos o tres días antes del sismo principal algunos dijeron que ya habían visto resplandores en la Sierra de Orba…”.
El científico lo achacó a la explosión de gases emanados desde el subsuelo al coincidir “el movimiento epirogénico” con descargas eléctricas de las fuertes tormentas de aquellos días que, entre otras cosas, dejaron aislados a varios pueblos en Navarra y Aragón a causa de los deslizamientos provocados por el terremoto principal, las réplicas y las fuertes tormentas.
Mucho hemos avanzado desde entonces, pero mucho más deberemos avanzar. Aquella ciudad de ladrillos, piedra y madera de 33.000 habitantes se ha multiplicado por más de diez y muchas de las zonas conquistadas durante el siglo XX por el hormigón armado —un producto que permitió diseños muy audaces, pero con obsolescencia programada y al que apenas se le otorga un siglo de vida—, se han domesticado en un suspiro en la escala geológica. Ahora, al menos lo sabemos.
Dedicado a D. Alfonso Rey Pastor, cuyos trabajos sobre la sismicidad del norte de la Península Ibérica, a principios y mediados del siglo XX, cambiaron para siempre la percepción del medio que nos sustenta.
Queridas y queridos lectores, traigo al blog, en castellano como habitualmente, este artículo de Berria JATEN DUGUN LURRA de Jokin Sagarzazu. En él, se establece un debate entre Marta Goñi de INTIA, Iñaki Antigüedad de la EHU/UPV y servidor. Os dejo con Jokin.
El 80% del agua disponible en Euskal Herria Sur se utiliza para el regadío. Ya se han comenzado a reemplazar unos cultivos por otros con técnicas para usar menos agua en la producción.
Más calor, sequías, menos comida. Los efectos del cambio climático provocado por el hombre son cada vez más evidentes y las previsiones para las próximas décadas no dejan lugar a dudas. Se estima que alrededor del 10% de las tierras agrícolas actuales quedarán inservibles en el año 2050, y la productividad de los tres principales cultivos que alimentan al mundo (maíz, trigo y arroz) se reducirá en un 5%. El agua es un recurso precioso. Como advierten los expertos, en el sur de Europa en general será necesario a medio plazo sustituir unos cultivos por otros y emplear técnicas que consuman menos agua en la producción.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, entre el 70% y el 95% del agua de lluvia y del agua almacenada se utiliza para la producción de alimentos en el mundo, y pronostica que esta necesidad aumentará en un 50% para 2050. En Euskal Herria Sur, alrededor del 80% del agua se utiliza en la agricultura, alrededor del 15% en la industria y el resto para necesidades domésticas.
Hasta ahora, cada año hidrológico ha sido peor que el anterior. Como consecuencia de periodos cada vez más prolongados de calor, la escasez de agua se está cronificando, especialmente en el área mediterránea y principalmente en la Ribera de Navarra. “Las anomalías meteorológicas actuales no son temporales; se están convirtiendo en tendencia. Muchos días hay déficit de agua, aunque técnicamente no haya sequías”, explica Marta Goñi, técnica del Instituto INTIA de Tecnología e Infraestructuras Agroalimentarias de Navarra.
Iñaki Antigüedad, geólogo catedrático de hidrogeología en la EHU/UPV, coincide con el diagnóstico. A su juicio, la clave será adaptarse a los cambios que se avecinan. “Las tendencias son cada vez más claras en el caso de las temperaturas, pero no en el de las precipitaciones. Con la lluvia no sabemos si los totales anuales subirán o bajarán. Tenemos que saber manejar esta incertidumbre, pero no podemos hacerlo con nuestro comportamiento actual, y estoy seguro de que no estamos preparados para cuestionar el pasado".
Según Antonio Aretxabala, geólogo e investigador en emergencias climáticas, en esta "adaptación" será fundamental cambiar los modelos actuales de consumo de bienes y agricultura y establecer un modelo similar para el uso del agua que haga todo sostenible. “Si no se toman medidas de inmediato, gran parte de la sociedad no tendrá forma de comer sano, porque aquí está en juego la nutrición”. La tierra tiene sed
Aunque existen grandes diferencias entre cultivos y modelos agrícolas en la zona atlántica y mediterránea del País Vasco, los agricultores de ambas están muy preocupados por la situación. En el lado del Atlántico dependen del agua de lluvia, donde el riego de la tierra no es común. Pero menos lluvia de lo habitual les ha creado muchos problemas. Por un lado, en los pastos: el pasto para el ganado ha escaseado, lo que, entre otras cosas, ha encarecido el forraje de los animales. En cambio, en las huertas se han comenzado a sembrar cultivos que se adaptan mejor a la situación. En el País Vasco Norte, por ejemplo, sorgo en lugar de maíz.
Pero el problema es particularmente grave en la cuenca mediterránea. Algunas cosechas quedarán sin cosechar en los secanos, aunque las lluvias de las últimas semanas han dado un respiro a muchos agricultores. Cuanto más al sur, más crítica es la situación: según estimaciones, en algunas zonas secas de la Ribera de Navarra y sur de Álava se perderá en torno al 40% de la cosecha de cereales.
En cambio, en regadío, las alarmas están encendidas desde hace tiempo. Debido a la falta de lluvia y cada vez menos nieve, el nivel de los embalses está disminuyendo, y este tipo de infraestructuras son esenciales. El 37% de la superficie total plantada en Navarra es de regadío y el 13% en Álava. Según el Gobierno de Navarra, alrededor del 80% del agua almacenada en los embalses se destina a este fin. En los últimos veinte años, la superficie de regadío ha aumentado un 20%.
Según Aretxabala, el agua para uso humano en el territorio ha disminuido un 20% en los últimos veinte años, así como para la industria, pero el consumo ha aumentado en general. ¿Por qué? “Porque la cultura del regadío se ha extendido muchísimo, y esto ha venido de la agricultura intensiva y de ciertas multinacionales”.
En el caso de Álava, el viceconsejero de Agricultura del Gobierno no ha querido precisar los datos, pero el geólogo Iñaki Antiguedad cree que cada vez habrá menos regadío, sobre todo en la parte de Vitoria-Gasteiz, porque la rentabilidad de los cultivos plantados ha disminuido. "También puede estar relacionado con el cambio generacional. Más de una persona me ha dicho que prefiere poner cereal seco para tener menos dolores de cabeza".
Sin embargo, incluso en Álava, las cantidades que se utilizan para regar la tierra son muy grandes. Según la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), el consumo anual de agua en la parte alavesa de la cuenca es de hecho el 65%. Se utiliza principalmente para patata y remolacha y, en menor medida, también para viña.
Según el catedrático de la EHU/UPV, con calores y sequías cada vez más prolongados, habría que plantearse si esta forma de producción es sostenible en Euskadi. Al mismo tiempo, cree que el debate sobre la soberanía alimentaria es fundamental. "¿Qué alimentos se producen en nuestra tierra? ¿A qué mercado va lo que producimos? ¿Y de qué mercado proviene la comida que nos alimenta? Nos equivocamos si gran parte de nuestra dieta son alimentos producidos afuera, lo que requiere un gran consumo de agua. Durante estos viajes, se consume mucha agua y energía".
La cultura del riego
En Navarra, la proliferación de regadíos no es un tema de actualidad; en ese proceso fueron fundamentales algunas de las grandes infraestructuras que se impulsaron en la década de los 90: el Canal de Navarra, el embalse de Itoiz o el recrecimiento de Yesa. Según Aretxabala, detrás de estas "enormes obras" estaba el "impulso político" de UPN y del PSN, y una "clara intención especulativa". “En ese momento el maíz se cotizaba a un precio muy alto y eso se fomentaba. Pero no éramos los únicos en el mundo, el mercado se saturó y ya no es tan rentable”. Ahora, algunos agricultores han comenzado a sustituir el maíz por otros cultivos que requieren menos agua: cebada, girasol... Pero tienen problemas porque la cadena productiva está diseñada para el maíz.
Aretxabala también se ha centrado en la industria conservera. Cree que, Navarra en particular tiene un sector muy fuerte y que algunas empresas tienen una gran influencia en las instituciones. “En la industria conservera hay dos modelos: uno histórico, en torno a las cooperativas y otro multinacional. Estos no son compatibles con la agricultura de proximidad que están impulsando las instituciones europeas. Su mentalidad es hacer el producto en Navarra y luego difundirlo por el mundo. Esta forma de pensar todavía está profundamente arraigada en el tejido económico y político de Navarra”. Infraestructura o gestión
La situación actual no ha pillado a nadie por sorpresa, y los expertos se han mostrado muy críticos con las medidas adoptadas en política de aguas. “Hemos tenido sequías y eventos extremos desde al menos la década de 1990, y no se ha hecho casi nada. Se cree que el problema se resolverá mediante la construcción de infraestructura de agua. Pero la solución está en la gestión del agua, y no en cambiar, mejorar o ampliar las infraestructuras”, subraya Iñaki Antigüedad, quien está de acuerdo con ese análisis. "Las organizaciones a menudo confunden demanda y apetito". Es muy fácil conectar el agua y la infraestructura. No, "en principio" no se está contra los embalses. “Es posible que sea necesario un pequeño embalse en un lugar determinado, pero hay que estudiar muy detenidamente dónde y con qué fin. Tenemos un conocimiento muy parcial aquí, y algunos intentan introducir puerros, pero en pedazos".
En opinión de Aretxabala, se necesita una "visión pedagógica y científica" en el sector. “Muchos agricultores piensan que el agua de los ríos que va al mar es agua que se desperdicia y no entienden la parte del daño que causan los embalses al funcionamiento de los ecosistemas que nos sotienen. Detrás de todo esto hay un interés económico y político parcial”.
Innovaciones
Un informe del Tribunal de Cuentas Europeo de 2021 alertaba del riego excesivo y ponía en entredicho la Política Agrícola Común Europea: concluía que se ha fomentado el riego de tierras agrícolas, especialmente en el sur de Europa, y los esfuerzos por modernizar los sistemas no han supuesto una reducción del consumo de agua. "Ha sucedido justo lo contrario. En nombre de la modernización se han intensificado los cultivos, se han aumentado las áreas de cultivo y se han introducido cultivos que requieren más agua”, resume Iñaki Antigüedad.
Marta Goñi de INTIA opina diferente. Según ha destacado, a pesar de que hay más suelo, al menos en Navarra el consumo de agua no ha aumentado en la misma medida, se ha mantenido estable. “Antes regábamos la tierra por si acaso. Ahora, en caso de que eso haya terminado. No se puede desperdiciar ni una gota de agua. Y los agricultores lo saben muy bien. Hemos dado grandes pasos".
Entre las estrategias que se están impulsando en INTIA se encuentra el llamado riego deficitario controlado. En definitiva, identifican todas las fases de crecimiento de cada cultivo, y determinan el requerimiento hídrico de cada uno, para poder dar menos agua sin poner en peligro la producción. Llevan varios años haciendo ensayos, con algunos cultivos (maíz, alfalfa, brócoli, arveja y tomate) y en diferentes momentos. En el caso del brócoli, han conseguido reducir el consumo de agua en un 38%, en el maíz, un 8%.
Como apunta Goñi, para tales innovaciones se necesitan nuevas tecnologías ̶sensores, imágenes de satélite, etc.-. A través de ellos es posible saber en cada momento cuál es la situación del agua y cuántas reservas hay sobre el terreno. “Esta estrategia funciona, pero detrás hay que tener conocimiento sobre las fases de crecimiento de los cultivos y las necesidades de agua. Es por eso que el asesoramiento es esencial".
La técnico del INTIA cree que en general los agricultores se están adaptando bien a estos cambios, pero admite que la situación no es fácil. “Se les pide que reduzcan costes, que sean más sostenibles… Son conscientes de los retos a los que se enfrentan y de las exigencias de la Unión Europea. En ese mundo siempre han tenido que adaptarse a los cambios, y al contrario de lo que se pueda pensar, se adaptan bien. Estamos viviendo la tercera revolución en el país”.
Tierra muerta
El riego tiene otro efecto, según los expertos: la destrucción de la tierra. Junto con el uso intensivo de agua, se utilizan pesticidas y fertilizantes; Esto aumenta la productividad, pero reduce la disponibilidad de tierra. Aretxabala advierte: "Debido al uso excesivo de pesticidas y fertilizantes, muchos suelos no son capaces de filtrar el agua. Y la poca agua que hay en el suelo no se puede aprovechar porque está contaminada. Como hemos industrializado la producción de alimentos, hemos matado el suelo".
Puso el ejemplo de lo que pasó en Ribera Navarra. Aunque los agricultores allí tienen agua del Ebro, han construido grandes infraestructuras en el norte para llevar agua allí. ¿Por qué? "Por la calidad del agua del Ebro. Deberíamos preguntarnos qué ha pasado con el agua del río y los acuíferos todos estos años; están envenenados".
Aretxabala destacó la situación de los acuíferos de Caparroso. “Hasta hace poco, los agricultores sacaban agua de los pozos de allí, pero ya no pueden. En algunas zonas tienen 300 miligramos de nitratos por litro, y el máximo permitido es de 50”. En su opinión, la macrogranja ganadera que hay allí y los desechos que producen los animales tienen un efecto directo en esto. “La hiperindustrialización del sector primario nos ha llevado a esta situación. Hay que cambiar radicalmente el modelo".
Goñi no niega que haya un problema con las emisiones de nitratos de los fertilizantes y la contaminación de los acuíferos en Navarra, pero cree que van camino de solucionarlo. “Ahora, solo se debe usar el agua necesaria, ni una sola gota de agua más. Una mejor gestión del agua también conducirá a una mejor gestión de los fertilizantes".
Iñaki Antigüedad también está preocupado por ello. Pero, según él, la economía circular o el reciclaje también deben tenerse en cuenta en la gestión del agua. Por ejemplo, el uso del agua que se consume en las ciudades, entre otras cosas, para el riego de terrenos. “Aunque hay algunos problemas tecnológicos para que se pueda afinar, es factible. En Álava hay una experiencia así, limitada, pero está dando resultados. Si no pensamos en la gestión del agua de forma circular, el resto de las palabras quedarán vacías”.
Claves para la buena gestión del agua y los ríos
Con Eva Caballero, Alfredo Ollero y Antonio Aretxabala
Conferencia en Dartmouth College, 1972: Jørgen Randers, Jay Forrester, Donella Meadows, Dennis L. Meadows y William Behrens.
Queridas y queridos lectores, me gustaría compartir las siguientes reflexiones que me han surgido mientras preparaba un artículo para la revista Tempos Novos sobre la actual estrategia en minería que va a sustentar nuestra transición energética "verde" y que se puede descargar en pdf (en gallego) en este enlace.
Se trata de una reflexión temprana sobre los pronósticos y actualizaciones de los Límites del Crecimiento (LDC), teniendo en consideración lo vivido desde 2020 hasta hoy, algo que nos pone en la pista de que el escenario denominado BAU2 de 2004 sería el más cercano a lo que describía en 2022 en este artículo encabezado por una frase de Donella Meadows (1941-2001).
Ella fue la líder del grupo de Dinámica de Sistemas (en la foto de arriba) que desarrolló la versión de World3 de 1972. Donella nos dejó en 2001 víctima de un cáncer, pero su compañero Dennis L. Meadows, quien formó parte del grupo, continúa su labor de actualización y revisión, además de la divulgativa, bien pasados los 80 años.
Antonio Aretxabala, 27 de mayo de 2023
BAU2
Si comparamos los datos empíricos con los cuatro escenarios de la última versión de World3, que fue la recalibrada de 1992 con dos variables añadidas en 2004, podemos observar, con más de tres años de retrovisor, un cierto parecido con qué ha pasado más o menos desde 2020. Recordemos que, a la sazón era cuando nos hablaban del crecimiento en V.
Hemos seguido unas políticas "verdes" consistentes en añadir nuevas tecnologías de captación y transformación de energías renovables sin reducir el incremento de quema de los cada vez peores y más escasos hidrocarburos. O lo que es lo mismo, que la introducción masiva de tecnologías renovables de carácter eléctrico industrial (REI) no han venido a sustituir a los hidrocarburos, sino a ser añadidas al mix.
El escenario más popular y extendido en los artículos de divulgación científica sobre Los límites del crecimiento de 1972 y posteriores es el denominado "Business As Usual" (BAU), o el que en 1972 consideraba que el ser humano seguiría haciendo las cosas prácticamente igual, era el denominado escenario de "los negocios como siempre", pero las revisiones sí cambiaron las cosas, especialmente la de 2004.
Figura 1. Con el doble de recursos geológicos (BAU2 a la derecha) que en el escenario BAU (izquierda) ambas en morado, el freno al crecimiento no viene de la mano del agotamiento de recursos como problema principal que acompaña a la degradación del medio, sino de la mano de la contaminación que acompaña al declive de recursos (en naranja). Es clave, como ya vivimos, considerar el impacto de los gases de efecto invernadero. El problema global del declive innegociable de recursos geológicos, que son los que realmente apuntalaban nuestra última organización social, no se soluciona con más recursos (ver diferencia en el inicio de la línea morada de recursos), especialmente poniendo la mirada en los minerales, los productos energéticos y los indeseables efectos secundarios derivados de su extracción desmedida. Así nacieron los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible (los 17 ODS o Agenda 2030) el 25 de septiembre de 2015.
El incremento de la presión ambiental por unidad de actividad económica
Para cuando nacieron los 17 ODS en septiembre de 2015, áreas extensas del planeta ya habían tenido que ser abandonadas. El modelo extractivo que ha dominado nuestra relación con el medio que nos sustenta es incapaz de evitar su destrucción si el beneficio económico depende de que los impactos ambientales sean cargados a los habitantes, incluidos los no humanos.
En el siglo XXI ya vivimos en la paradoja de que este modelo económico, para crecer, necesita destruir las bases materiales y biológicas que hacen posible no sólo su crecimiento, sino su continuidad. La manera técnica de que disponen los gobiernos y los medios de comunicación para expresarlo sería la recesión, basada en un medidor: el PIB, es decir, si se estanca y no crece, nos dirigimos a un incremento de la pobreza. Pero la cuestión es más física o geológica de lo que reflejaría ese medidor y otros similares. Veamos.
Los líderes mundiales adoptaron aquel 2015 un conjunto de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger los ecosistemas que aún siguen funcionando y asegurar la prosperidad para todos como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible. Pero, aunque ya hemos recorrido ocho años y nos quedan siete (Agenda 2030), no hemos conseguido erradicar ni la destrucción de los ecosistemas ni la desposesión de las comunidades que los habitan. Tampoco la nueva minería especulativa ha sido erradicada, se supone que iba a ser sustituida por modelos de extracción sostenibles que iban a arreglar los impactos de manera notable.
El resultado, muy al contrario, ha sido una creciente presión ambiental y social por unidad de actividad económica. Se desmienten así las afirmaciones del itinerario de transición ecológica y crecimiento verde o Green Deal impuesto en Europa especialmente tras la pandemia declarada en 2020 por la OMS. Además, se consolida tal contradicción con un hecho bien contrastado: que la eficiencia del mercado gracias a la tecnología digital (gran consumidora de energía y minerales) ha simplificado el saqueo a las comunidades y a la tierra. Sería otra muestra más del efecto rebote o Paradoja de Jevons de carácter extractivo.
En la revisión de 2004 de Los límites del crecimiento apareció el escenario BAU2 y como vemos, se asemeja mucho al itinerario al que nos estamos dirigiendo. La consideración de 1990 quedó clara —con los datos que el conocimiento de la geología industrial suministraba de algunos recursos geológicos clave—, en particular los combustibles fósiles resultaron algo más abundantes de lo que se suponía en el escenario BAU de 1972. Este hecho resultó en que nos volvió más derrochadores al mismo tiempo que la descomunal concentración de beneficios hizo que la mayoría nos volviésemos más deudores o más pobres, tal y como explicamos aquí y aquí. Si seguimos confundiendo decrecimiento con empobrecimiento seguiremos ahondando en lo que explicábamos entonces.
Sin embargo, aquella noticia de una contrastada abundancia de recursos nos pareció "una buena noticia", sobre todo a las empresas del sector de los hidrocarburos y a las mineras, pues en el caso de las primeras, dilataba los años de sus negocios sin muchos traspiés en el horizonte, como los de 1973, 1979 o 1990 y las segundas, que aún no han desarrollado minerías basadas en otra cosa que no sea el gasoil, veían la posibilidad de seguir con sus expectativas de crecimiento, aunque cada año añadido tuvieran que triturar más y más montañas o cordilleras para obtener la misma cantidad de mineral que unas décadas antes (recomiendo ver este artículo que lo explica poniendo el cobre como ejemplo).
No obstante, en la cumbre de Río de junio de 1992, no fueron pocos los grupos de científicos y ambientalistas que advirtieron de los efectos secundarios o iatrogénicos que esto acarrearía. Como todo el mundo sabe, nuestras opulentas sociedades industrializadas hicieron caso omiso de las advertencias que hoy ya forman parte de nuestra vida cotidiana, y no hablamos sólo de sequías, olas de calor, violentas tormentas o inundaciones, el calentamiento de la superficie marina, la desertificación de nuestro entorno...
La muerte de los suelos o esta sexta extinción masiva que hemos puesto en marcha lastran "el crecimiento" aunque los tentáculos y sus diabólicas corrientes sólo sean testificadas y descritas por un puñado de desesperados científicos, humanistas e investigadores independientes a los que, deliberadamente se ahoga en la irrelevancia. También hablamos abiertamente de cómo nuestros cuerpos han pasado a formar parte de las nuevas corrientes artificiales, vehiculando a través de ellos los nuevos desechos que el planeta ya no digiere.
En efecto, al no poder metabolizarlos los pone en circulación, porque como comentaba en este artículo, nuestros cuerpos, además de vórtices, son parte de los nuevos itinerarios de estos recién llegados materiales del Antropoceno. El ejemplo que más "risas" produce en mis charlas es el de que, inmersos en nuestras opulentas sociedades industrializadas, nos comemos en forma de microplástico unas tres muñecas Barbie al año por persona, como explicaba en este artículo para la revista 151515.
Y una nueva manera contradictoria de hacer negocios...
En 2004, varios autores postularon entonces que no sería la escasez de recursos, sino la contaminación, especialmente los gases de efecto invernadero, lo que causaría la detención del crecimiento. Este escenario BAU2 tiene los mismos supuestos que el Business As Usual (BAU) de 1972 que, como decía, es el más conocido, excepto que asume el doble de recursos no renovables. Más recursos naturales no evitan el colapso en el programa de dinámica de sistemas World3; la causa cambia del agotamiento de los recursos a una grave crisis de contaminación (figura 1, línea naranja).
Los supuestos que subyacen a cada escenario abarcan una gama de factores tecnológicos, sociales y de recursos. En cada escenario, la causa del declive difiere y su escala varía de una caída temporal al colapso social (ver figura 1). Si consideramos BAU (el más conocido y utilizado) y especialmente el escenario BAU2, podríamos imaginar una constelación de historias y pronósticos que seguramente no se alejarían mucho de lo que ya estamos viviendo. Representarían narrativas como las que leemos o vemos en documentales que conllevan airados y apasionados discursos, intentos de monopolización de las soluciones, incluso críticas violentas y descalificaciones del tipo o estás conmigo o contra mí.
Sin embargo, al contrario de lo observado en la figura 1 (BAU) y visto que no podemos parar la presión ambiental (BAU2), observamos atónitos cómo aumenta el abandono de lugares que fueron fértiles. Ahora se topan con terribles dificultades para producir alimentos, en el trasfondo están las sequías prolongadas, inundaciones repentinas, degradación y muerte de los suelos o la desertificación, algo que desde hace tiempo notamos en la cesta de la compra (línea amarilla de la figura 1). Entonces, nos vemos obligados a reducir y optimizar el consumo de recursos por la fuerza.
La nueva anormalidad conlleva, por tanto, la paradoja del intento de reducción cuando las cifras de reservas y recursos aumentan sobre el papel (u hoja excel) pero no llegan como lo hacían antes. Ahora nos obligamos a identificar las materias primas estratégicas, establecer estándares de sostenibilidad y aplicarlos a todas las fases del ciclo mineral. La reutilización y el reciclado (actualmente un 14%) aparecen como primera opción, aumentando la disponibilidad. Así que en noviembre de 2020, el Consejo de ministros del Estado español aprobó la Estrategia de Descarbonización a Largo Plazo 2050 (ELP 2050) como parte de los compromisos de España con el Acuerdo de París (2015) y como Estado miembro de la UE. Nada se está cumpliendo.
Desde entonces estamos intentando trazar un itinerario para lograr la neutralidad climática en 2050 y con el Plan Nacional Integrado Energía y Clima 2021-2030 configurar el nuevo marco estratégico y normativo para la transición ecológica basada en el despliegue de tecnologías renovables con el fin de electrificar y digitalizar la economía. Al mismo tiempo, aumenta el número de suelos desertizados, el de acuíferos contaminados o los ecosistemas en defunción.
Es cierto que vivimos ciertas recuperaciones, con subidas y bajadas en la actividad económica. Pero las actuales crisis globales, relacionadas con la pandemia, la guerra o la falta de suministros, obliga a nuestros dirigentes y organizaciones sindicales a repensar una profunda transformación en cada uno de los sectores de la economía. Sin embargo, tenemos que destacar que tanto el conocimiento de los problemas sistémicos como las herramientas para capear este momento ya estaban en manos de las administraciones y habían sido y son motivo de movimientos ciudadanos que fueron y son ampliamente ignorados. Un ejemplo de lo argüido se puede ver aquí. En el trasfondo: la solución no era tecnológica ni empresarial, sino fundamentalmente social.
A medida que el espacio extractivo se hace más grande, más lucrativo y más subvencionado, no solo se contaminan las tierras, los ecosistemas o nuestros cuerpos, una de las víctimas que más toxicidad ha incorporado a su dinámica en este transcurso es el pensamiento económico. Vemos día a día cómo en su irracional deontología "crecentista" ya predomina más el aniquilar, destruir y matar que el "buscarse" la vida.
En la minería "sostenible" y no especulativa que se supone va a apuntalar nuestro "crecimiento verde", como sucedió en más de una veintena de colapsos civilizatorios que nos preceden, el fin siempre justifica los medios. Y es que en una sociedad termoindustrial, tecnológica y digital como la nuestra ya todo está minado, desde los suelos hasta la actitud de las personas en redes sociales, las economías digitales o el ocio y el arte. A nadie se le escapa que este despliegue digital y la automatización de una buena parte de la economía se la debemos a China, que controla el 95% de las cadenas de suministro de los paneles fotovoltaicos, a Chile con la tercera parte del cobre mundial o al Congo con más de la mitad del cobalto. Allí los impactos medioambientales son espectaculares. Pero todo tiene un fin...
Una economía tan verde que se basa en rebajar las exigencias medioambientales
Los científicos chinos se han vuelto reticentes a seguir explotando a precio de ganga las valiosas tierras raras o los minerales necesarios para "nuestra transición verde" y ahora nos advierten de que sólo "la prospección geológica intensiva de los depósitos de minerales clave causa un daño extremo al medio ambiente". Como si en occidente no lo supiéramos. El camino hacia una economía verde europea ahora se ve también muy destructiva
desde la República Democrática del Congo, donde hombres, mujeres y niños
extraen las tres cuartas partes del cobalto de nuestros dispositivos digitales y de nuestras infraestructuras de transformación y captación de energías "limpias" con la ayuda de fondos
chinos y capital occidental que han convertido al país en uno de las más pobres del mundo (74% de su población). No son pocas las voces que intentan frenar semejante fuente de esclavitud y muerte. Pero permanecemos indiferentes ante su ensordecedor clamor, porque no vemos otra salida que el engaño del crecimiento verde y su infundado tecnooptimismo.
Qué fastidio los chinos. Con lo bien que nos iba cuando se saltaban las normas medioambientales a la torera, ahora también "les preocupa" que en sus territorios se hayan instalado de manera generalizada explotaciones con graves impactos en sus ecosistemas y comunidades debidos a la creciente demanda de las "industrias verdes de alta tecnología". Al menos, cuando no lo sabíamos éramos más felices. Las razones por las que la mayoría de los ecologistas y casi todos los consumidores de dispositivos y ecosistemas digitales sabemos poco (o nada) sobre las prácticas mineras destructivas necesarias para suministrar materiales geológicos a nuestros teléfonos, consolas o vehículos eléctricos, se reducen simplemente a que tanto la política minera china como la europea o norteamericana son profundamente opacas a mostrar esta realidad.
Así que visto que lo verde no funciona como nos habíamos imaginado, la tentación es volver a lo que se llama la economía de mercado y el crecimiento económico infinito, algo que ya no parece posible y menos aún deseable. Vemos cómo el criterio principal de las denominadas iniciativas de recuperación y resiliencia es asignar más recursos económicos para que los mismos mecanismos, decisiones políticas e inercias económicas solucionen la crisis que crearon. De esta manera, la crisis global que comienza con la energía y sigue con los recursos geológicos básicos necesarios para nuestra transición verde, tendría una única solución: la financiera-empresarial.
Dentro de este conjunto de soluciones financieras y empresariales destacaría uno de los desenlaces más Typical Spanish como es la denominadaLey Tapia en Euskadi. Ha sido otra paradoja: rebajar las exigencias medioambientales como excusa para promover la “economía verde”, tanto en la implantación de megaproyectos de polígonos eólicos o fotovoltaicos como en la minería que apuntala su despliegue y el de las infraestructuras de transporte, energéticas y digitales que la acompañan. El objetivo: favorecer la inversión y subvencionar el cambio de modelo extractivo.
Construir más infraestructuras que no podrán utilizarse y dirigiendo fondos a planes muy sectoriales, protagonizados por redes administrativas que, además toman a la ciudadanía como objeto de esas políticas y no como los sujetos activos de ellas, está hundiendo a comunidades enteras, creando zonas de sacrificio en los territorios que se vacían: todo un BAU2. La UE ya nos pide cuentas. A ver ahora cómo lo solucionamos...
Nueva economía verde y digital en un planeta recalentado