martes, 2 de marzo de 2021

EROSIÓN, DEFORESTRACIÓN, REPOBLACIONES, NEOFRANQUISMO FORESTAL Y TRANSICIÓN ECOLÓGICA


Queridos lectores, desde el Geoforo por una nueva cultura de la Tierra, tres compañeros, Antonio Casas, Jose Luis Briz y Óscar Pueyo, nos plantean un análisis crítico y didáctico sobre uno de los problemas más graves que estamos afrontando en nuestros territorios. El cambio climático ya es uno de nuestros grandes problemas y por transferencia, las acciones que llevemos a cabo en el ámbito forestal, acertadas o equivocadas, determinarán en buena medida el devenir de nuestros hijos y su relación con el deteriorado y fatigado suelo y paisajes que les dejamos.

Con motivo de la conferencia de Luis Alfonso Gil Sánchez, Doctor Ingeniero de Montes y Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, en el Ateneo de la EINA (Universidad de Zaragoza), han redactado esta carta que se acompaña a continuación. Se recuerda que, "las actuaciones de las distintas administraciones públicas en el sector “forestal” durante las sucesivas dictaduras o regímenes pseudoconstitucionales del siglo XX no han contribuido precisamente a la recuperación del medio natural y el paisaje. Más bien al contrario, de forma involuntaria o consciente, las políticas forestales han sido una vuelta de tuerca más en los procesos de destrucción y deterioro del medio ambiente".

Os dejo con ellos.

Pamplona, 2 de marzo de 2021

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Neo-franquismo forestal: Algunas claves para descifrar la conferencia de Luis Alfonso Gil Sánchez, Doctor Ingeniero de Montes y Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, en el Ateneo de la EINA (Universidad de Zaragoza).

Al visionar la conferencia del Dr. Gil Sánchez hemos resultado desagradablemente sorprendidos al contemplar que siguen en uso algunos de los dogmas forestales arrastrados desde la dictadura franquista. Todo un background ideológico para sostener el modus operandi de una gestión ambiental que trajo consigo (por ignorancia o malicia, parafraseando al conferenciante) un ataque despiadado que acabó con formas de vida, memorias, patrimonio natural y paisajes de pueblos y regiones enteras. Además, la citada conferencia muestra que se está intentando revitalizar algunos de estos dogmas en el momento actual, siglo XXI, justificando una nefasta política forestal, cuyas consecuencias todavía sufrimos, mediante la reinterpretación de la historia pasada y la utilización partidista de la ciencia. Lo cual mantiene un cierto paralelismo en lo que a la gestión del agua se refiere.
 
Hemos de aclarar de entrada que no ocultamos cierto resentimiento personal, ya que procedemos de zonas del interior peninsular (lo que se viene llamando la “España profunda”) especialmente golpeadas por los planes forestales tardo y neo-franquistas, donde las actuaciones de la administración del Estado fueron especialmente desastrosas, con consecuencias visibles y manifiestas transcurridos más de 40 años. Y sí, cuando te roban los paisajes y el medio natural de tu infancia, haciendo desaparecer aquellas cosas que nunca volverán a ser (el equivalente es ver tu pueblo sumergido bajo las aguas de un pantano) es difícil contemplar el proceso de forma objetiva. El turno de preguntas que siguió a la charla del profesor Gil Sánchez produce todavía más escalofríos porque viene a significar que algunos de los alumnos del conferenciante, considerablemente más jóvenes que él, participan de la misma ideología (que no ciencia) forestal.

Empiezamos por los puntos de acuerdo, para reconocer que sí que hay algunas verdades entre tanta “malicia o ignorancia”. El paisaje de la Península Ibérica a principios del siglo XX era desolador desde el punto de vista del medio natural, debido a los efectos de la agricultura y la ganadería extensiva (“a la codicia de la administración y privados” en la cita de Lucas Mallada, acertadamente traída a cuento por el profesor Gil Sánchez), resultado a su vez de los privilegios de la Mesta, la roturación, las desamortizaciones, la desecación de humedales y finalmente la concentración parcelaria, (responsable esta última de la eliminación de las lindes como refugios de biodiversidad) y la agricultura y ganadería “industriales”. Paréntesis: en este sentido, resulta curioso que se acuse a China como responsable del traspaso de virus de los animales silvestres a la civilización por la destrucción acelerada de hábitats cuando aquí esos mismos hábitats se destruyeron totalmente y sin contemplaciones hace ya décadas para dar paso a un paisaje totalmente (des)humanizado.
 
En lo que probablemente no coincidiríamos con el conferenciante es en la relación de este proceso de degradación ambiental con la evolución socio-económica y política del país. La política de deforestación brutal tiene una contribución climática y orográfica significativa pero también socioeconómica: procede (a nuestro entender) de la incapacidad de desarrollo de procesamiento de productos primarios, tejido industrial y desarrollo burgués (con las excepciones de Cataluña o el País Vasco, y puntualmente en otros lugares del país) frente al dominio de la aristocracia de raíz agrícola en buena parte del territorio. Los orígenes del dominio aristocrático también habría que buscarlas en la conquista y sometimiento de Al-Andalus, la expulsión de las minorías trabajadoras (judíos y musulmanes), la Inquisición, el saqueo de metales preciosos de América y el estancamiento social y cultural de la mayor parte del territorio peninsular en los últimos 500 años.

Al contrario de lo esgrimido por Luis Alfonso Gil, las actuaciones de las distintas administraciones públicas en el sector “forestal” durante las sucesivas dictaduras o regímenes pseudoconstitucionales del siglo XX no han contribuido precisamente a la recuperación del medio natural y el paisaje. Más bien al contrario, de forma involuntaria o consciente, las políticas forestales han sido una vuelta de tuerca más en los procesos de destrucción y deterioro del medio ambiente. Lo que es peor, contribuyeron a crear una casta de técnicos y un sistema de vasallaje casi-feudal, reproduciendo el sistema social aristocrático y oligárquico, dentro de la administración. Esta estructura ha sido tradicionalmente favorable a las corruptelas, creación de empresas fantasma por parte de los propios técnicos etc. Los ejemplos pasados abundan, aunque no se hayan estudiado ni depurado sus causas de forma exhaustiva, y tienen sus equivalentes en la gestión del agua y otros aspectos ambientales.

Las especies vegetales y animales existen en la naturaleza (son “naturales”), pero el ser humano se ha dedicado a potenciar o eliminar unas u otras, ya sean pinos, soja, vacas o pollos. El pino (como género Pinus, en general) tuvo una expansión extrema durante la dictadura, más de dos millones de hectáreas repobladas, una cifra que lejos de provocarle una reflexión, hace al conferenciante (y alguno de los preguntantes) sentirse orgulloso del trabajo realizado y el deber cumplido. Una unidad de destino en lo forestal. Paréntesis: ni una sola alusión al caso de Portugal donde, de forma simétrica, la expansión del pino (y el eucalipto) estuvo íntimamente ligada a la dictadura salazarista, y donde se están sufriendo sus consecuencias en forma de incendios, que previsiblemente irán en aumento debido al cambio climático. 
 
El hecho de que a pesar de los incendios tanto en Portugal (donde no es seguro que la revolución política de 1974, que transformó positivamente tantos aspectos vitales, alcanzara también a la gestión ambiental) como en Galicia no se cuestione de forma más profunda el modelo de repoblación forestal y la distribución de especies es sintomático de que algo anda mal. Pero, además, si a algo han contribuido especialmente las repoblaciones de pino es a la industrialización del paisaje: aterrazamientos con maquinaria pesada, cortafuegos inútiles y sobredimensionados, pistas forestales y de saca que han favorecido la caza furtiva, la ganadería poco sostenible y los incendios. Estos, y no otros, son precisamente los resultados, buscados deliberadamente o sobrevenidos, de esa política forestal.
 

Se nos repite en la conferencia, por activa y por pasiva, que el pino no es exótico. La exhibición de “pseudo-erudición” utiliza ciertos documentos históricos sobre el paisaje y la toponimia (fuentes siempre del sector digamos más “tecnócrata”) y es tan sesgada que no aparecen apenas datos científicos (aparte de las fotografías) en que basar sus afirmaciones. El hecho de que por ejemplo el delta del Ebro fuese un estuario antes del siglo XIII no le parece un dato relevante de cara a evaluar la formación de las “estepas” por eliminación o degeneración de bosque (o matorral).
 
La línea argumental del Doctor Gil Sánchez, que juega a investigador o historiador semi-ilustrado, utilizando el término acuñado por Enrique Tierno-Galván, es es que (i) el pino no es exótico, ha sido materia prima y ha contribuido a la riqueza del país, (ii) por lo tanto se puede y es saludable repoblar con pinos, (iii) hemos hecho y queremos seguir haciendo un servicio a la sociedad repoblando con pino y cultivándolos como haríamos con cualquier otra especie vegetal en términos agrícolas. Uno de los intervinientes desliza incluso que la dictadura de Franco hizo un gran servicio repoblando dos millones de hectáreas con pinos. Con todo, la base de sus atrevidas interpretaciones sobre la vegetación es la toponimia o determinados documentos históricos sobre el uso de la madera de pino en la construcción. En este sentido, tampoco hace referencia a que el uso de la madera de pino es diferencial: lo que determinó dicha utilización en la construcción o el arte no fue su abundancia, sino más bien el fuste recto del pino frente al tronco de otras especies, que en la Península son más bien bajas de altura, o la facilidad para trabajar su madera.
 
A nuestro entender, que el pino sea exótico o no, no es relevante de cara a la discusión sobre la política forestal. Dice Gil Sánchez que dominan las creencias sobre el conocimiento en la gestión forestal desde el final de la dictadura (sobre la ignorancia y la malicia en la gestión anterior, no dice cuál domina). La Ecología como ciencia, por cierto, no existe para él, como no existe la vegetación climácica, ni las series de vegetación, ni la estrategia R y la estrategia K en las especies, ni la evolución que puede verse en las zonas donde se recupera la vegetación... Ignora el concepto de vegetación natural o no parece interesarle. Incluye la palinología en su relato, pero sin mencionar el factor resistencia del polen de pino a la oxidación y utilizando ejemplos puntuales y fuertemente sesgados.

La visión del medio natural que deja traslucir el Doctor Gil Sánchez no se sostiene a nuestro entender por dos puntos fundamentales, que han sido puestos de manifiesto desde el mundo de la Ecología. El primero es que las repoblaciones no son bosques, por mucho que el conferenciante mezcle en su charla biodiversidad con diversidad genética, tergiversando el término de Biodiversidad, y argumentando que hay más diversidad genética en una repoblación monoespecífica que en un bosque o matorral mixto (!). En segundo lugar, que la regeneración del medio, sea bosque o matorral, es mucho más efectiva, barata, resiliente y biodiversa cuando se produce de forma “natural” (que, eso sí, puede ser favorecida por la gestión) que mediante repoblaciones industrializadas (que no dejan de ser cultivos de pinos). Y sobre esto hay datos, tan simples como comparar fotografías aéreas desde que retrocedió la ganadería extensiva y la explotación de leña.
 
Curiosamente, ni en la política forestal pasada ni en el discurso del profesor Gil Sánchez aparece un solo análisis coste/beneficio de bienes materiales o intangibles en todo el proceso de repoblaciones forestales con pinos. Y aquí deberíamos contemplar pérdidas patrimoniales, culturales y naturales irreparables, por no hablar de la pérdida de la autoestima de los pueblos, indisolublemente ligada al paisaje, de las cuales son en buena parte responsables las políticas forestales franquistas y neo-franquistas. ¿Por qué entonces se llevan a cabo repoblaciones de pinos con maquinaria pesada, si son perjudiciales para el medio ambiente, no crean empleo estable y de calidad, contribuyen a la caza furtiva y a la destrucción del suelo, son muy sensibles a las plagas y detraen fondos públicos que serían considerablemente más útiles si se emplearan en la reconstrucción ambiental de zonas degradadas por siglos de explotación agrícola y ganadera? Pues básicamente por lo mismo que se siguen construyendo embalses que inundan poblaciones, destruyen el medio social rural, suponen un riesgo muchas veces catastrófico para las poblaciones que viven aguas abajo, alteran de forma irreversible el régimen fluvial y detraen ingentes cantidades de fondos públicos que podrían emplearse para la gestión racional del agua. Por malicia o por ignorancia, esto es lo único que la casta de técnicos que ha controlado la política forestal desde la administración ha sabido hacer, dejando ahora aparte las corruptelas mencionadas, que en buena medida forman parte del pasado. Esto es un freno para cualquier solución imaginativa, solidaria, económicamente viable y humanamente razonable para el medio natural rural.

Pero es que ni siquiera son originales. Toda la política y gestión forestal de la administración franquista y sucesivas está basada en los principios de los ingenieros (entonces civiles) franceses del siglo XIX. Todo es una vulgar copia (que empeora el original) de la politica forestal de la administración de Napoleón III (otra dictadura). La gestión de los cultivos de pinos de Las Landas son todo un paradigma. Acabar con el pastoreo, las dunas, las marismas y un ecosistema rico y complejo (y hostil para el ser humano, no olvidemos que los pastores tenían que desplazarse sobre zancos) para transformarlo en una plantación de pino rodeno (que no bosque) tuvo como finalidad la producción de resina de cara a la actividad industrial. Esta sustitución de ecosistemas paralizó las dunas, eliminó el paludismo, y de paso la actividad y cultura pastoril y corchera de toda una región. Cuando la resina perdió su valor, solo quedó la explotación forestal, altamente mecanizada y con poquísima mano de obra y actividades de transformación. La administración forestal franquista importó un modus operandi anacrónico, que ni la producción de madera, ni de resina podían justificar.

Como en el caso de la construcción de embalses existen, eso sí, mantras que se siguen utilizando “oficialmente” para justificar las repoblaciones indiscriminadas con pinos. Uno de ellos es el “control de la erosión”, falaz porque se ha demostrado experimentalmente, mediante mediciones reales, que el matorral es mucho más efectivo para controlar la erosión que las repoblaciones con aterrazamientos. Otro es justificar las sobredimensionadas pistas forestales como paso para vehículos de “control de incendios”, la mayor parte de los cuales no se habría producido si esas pistas no hubieran existido, ya que facilitan el acceso indiscriminado a la montaña. Otro mantra común es la “regulación hidrológica”, también falso porque la mayor parte de las repoblaciones se han realizado en zonas con capacidad propia de regeneración de vegetación.
 
El aumento de la biodiversidad es otro argumento mendaz, a menos que se acepten los postulados genetistas del profesor Gil Sánchez. Todos estos argumentos parecen estar sustituyendo al del autoabastecimiento en pasta de papel y madera, un sueño de la dictadura que se ha abandonado por inútil, absurdo y desproporcionado. En lo que sí han sido tremendamente efectivas las políticas de repoblaciones forestales con pinos ha sido en su actuación como ariete para conseguir despoblar lo que ahora se denomina la “España vaciada”. Una guerra de la administración del Estado contra los ciudadanos, como otras tantas, incluida la del agua, en la cual el parque de maquinaria pesada de construcción norteamericana y alemana como herramienta y las especies de pino como carne de cañón han sido los principales instrumentos. Sobran ejemplos en toda la geografía peninsular de pueblos sin carretera por los que pasó una pista forestal después de desaparecer su último habitante, de pequeños ganaderos y agricultores de subsistencia expropiados y expulsados de sus tierras para repoblarlas con pino y “ordenarlas”, de gente que vendió “voluntariamente” sus tierras al Patrimonio Forestal del Estado porque no había ni presente, ni futuro, ni carretera… de aquellos pólenes estos pinos.

Una buena parte del discurso del profesor Gil Sánchez se dedica a desmontar los supuestos “mitos” de la Transición, incluyendo las tesis provenientes del mundo de la ecología. Libros como Ecología y Politica o Madrid Verde aparecen específicamente representados en la charla. Al igual que ha ocurrido en el tema de la gestión del agua, la aparición de corrientes de pensamiento a partir de presupuestos científicos permitió cuestionar la irracional política forestal de la dictadura y ensayar nuevos modelos para gestionar el medio natural. Sin embargo, a pesar de una cierta renovación de las administraciones (en muchos casos solamente un blanqueo superficial) siguen en pie formas de hacer heredadas que parecen difíciles de erradicar; ejemplos hay cientos si no miles.
 
En este camino de vuelta al pasado, el discurso forestal “neo-franquista” considera que hay un grupo ideológico asentado en la administración, los “fitosociólogos”, término por el cual interpreto que se refiere a la Ecología en general y a los científicos y profesionales especializados en esa materia, que dominan la política forestal “con malicia o ignorancia”. Según el conferenciante, este grupo de “fitosociólogos” es el que controla la gestión de la naturaleza a nivel estatal. Toda una exhibición de neolenguaje y “fake news”. Resulta tremendamente chocante esta visión (es lo del vaso medio lleno y medio vacío) porque como decía anteriormente hay pruebas suficientes para demostrar que en la gestión forestal pública las cosas se siguen haciendo (gastando dinero público) de mal a muy mal, con honrosas excepciones. Los mitos y obsesiones sobre el papel de las pistas forestales de doble carril, pistas de saca, cortafuegos, aterrazamientos, mecanización, etc. frente a creación de empleos, o la utilización beneficiosa de la cabra, o la colaboración con la gente neorural, son ejemplos bastante tangibles.

En resumen, lo más interesante de esta charla es que permite corroborar el modelo de funcionamiento de la administración en el Estado español, al menos de la “España profunda”: un modelo que explica tanto la gestión forestal como la hidrológica, por hablar solo de dos aspectos relacionados con el medio ambiente. Todo el mundo tiene derecho a expresar sus opiniones científico-técnicas, mejor sin descalificaciones hacia otros profesionales (esperamos no habernos pasado de la raya en ese sentido), pero que la Universidad de Zaragoza, y en concreto la EINA, se convierta en altavoz de una visión no contrastada, y en este caso de corte neo-franquista - en el aspecto forestal- teniendo en cuenta todas las declaraciones firmadas sobre sostenibilidad, ODSs, etc., nos parece sencillamente un considerable error.

Zaragoza, 1 de marzo de 2021

Antonio Casas

Jose Luis Briz

Óscar Pueyo
 
Sesión 318 del Ateneo de la EINA.
Los pinos no son hijos del franquismo: su “mala prensa” es un mito.

lunes, 25 de enero de 2021

RECUPERACIÓN, TRANSFORMACIÓN Y RESILIENCIA: LA CRISIS ECOSOCIAL NO ERA FICTICIA



Queridos lectores:

Los planes de recuperación, transformación y resiliencia que ahora irrumpen con urgencia desde el poderoso estímulo de los fondos europeos, llevan años puestos encima de la mesa en su versión descentralizada, desjerarquizada, desglobalizada..., por asociaciones culturales, científicas, fundaciones e incluso grupos vecinales que fueron sistemáticamente obviadas o ridiculizadas desde las propias instituciones.
 
Varias de las organizaciones políticas que así obraron, hoy están en el poder, su respuesta ha sido tajante: rápidamente se han pintado de verde. Sin embargo, ahora desde las administraciones afirman ser conscientes de la necesidad de un cambio profundo y una regeneración de las ciudades y los pueblos que contribuyan a su recuperación, transformación, resiliencia. Pero, ¿realmente lo estamos entendiendo?
 
La respuesta es que si lo entendiésemos no caeríamos en la gran contradicción que vamos a mostrar, o bien que entendiéndolo, preferimos obstaculizar (por cuatro años de poder) la oportunidad ya bien trabajada desde pueblos y ciudades para el necesario cambio adaptativo que vamos a transitar, nos guste o no, por las buenas o por las malas, pero lo vamos a transitar. El problema es que actuando así propiciamos un itinerario de declive "por las malas".


¿Por qué si lo hacen nuestras instituciones se lo permitimos? La mayoría de las fuerzas políticas se ven obligadas por las grandes empresas a las que sirven, a abandonar la idea de que la crisis ecosocial contra la que quieren tomar medidas es una crisis ficticia, una fantasía de "los grupos ecologistas" y afines —que era la tesis que sostenían hace apenas dos años cuando no existían esos jugosos fondos de recuperación dedicados a tal propósito— mientras comprueban el avance del deterioro económico y social, el cual sigue el curso previsto.
 
Así que hemos pasado a velocidad de vértigo y casi exclusivamente por un imperativo de corte económico, a centrar nuestros esfuerzos en apuntalar el principio doctrinal que alimenta el credo del denominado liberalismo verde, capitalismo verde, neoliberalismo verde e incluso ecofascismo: el de que el sistema socioeconómico mercantilista o más bien neoliberal, no tiene nada que ver con la crisis ecológica que vivimos y sigue su curso.

Sin embargo, desde la Europa comunitaria y otros países desarrollados, se crearon itinerarios como la Agenda 2030 o el Dictamen SC/048 hace años para llevar a buen puerto esa adaptación. Parecía que la llamada sostenibilidad era la única salida posible a la crisis sistémica y así resultó ser, pero una persona, una organización social, una empresa o una iniciativa no es sostenible simplemente porque lo repita muchas veces y ejemplos históricos de los que aprender sobran; y es que todo iba bien aquí a costa de otros territorios, de otros cuerpos, otras vidas.
 
Aunque la UE por fin se dio cuenta del gravísimo problema, al menos eligió el único itinerario factible para salir lo menos perjudicados posible, no sin grandes contradicciones: una transición ecológica que aún no se comprende o no se quiere comprender. Algo que si no nos esforzamos en interiorizar está siendo realmente peligroso para millones de vidas.
 
Sin embargo, vemos que la cosa ha empezado "de culo" porque caemos en el mismo error de siempre: la ciudadanía subvencionará a fondo perdido las inversiones a las grandes empresas, ahora engalanadas de verde, digital e inclusivo. Otras financieras invertirán mucho dinero también, pero con grandes y jugosos retornos garantizados por los gobiernos (a costa de la ciudadanía). 
 
Esta es la definición de capitalismo verde: una organización económica que necesita la destrucción de la vida, los ecosistemas y las comunidades para que unos pocos desalmados puedan hacer negocio con su reparación. Por eso el denominado liberalismo verde también necesita de la destrucción y la desposesión de las comunidades antes de pretender repararlas.

España, según el Programa Europa 2020, tenía que haber reducido la pobreza en 1,4 millones de personas entre los años 2010 y 2020, pero escogimos el camino contrario.

2. ¿Poner en duda el sistema mercantilista aunque ya no quede ni su sombra?

 
Es decir, en la mayoría de las propuestas se excluye lo fundamental: la idea de que, siendo la crisis sistémica la propia realidad del sistema mercantilista, y siendo creada por él, no se puede solucionar desde los propios mecanismos que la generan. Sin embargo, pareciera que la asignación de más recursos económicos para esos mecanismos sí lo pueden conseguir: la propia crisis económica que se ha creado —como la medioambiental y la social que genera y se amplifica en las nuevas condiciones de irreversible declive energético y de recursos— tendría entonces una solución económica.
 
Como la experiencia muestra, esto es imposible, el planeta no negocia, y si a estas alturas las instituciones no se han dado cuenta de que, a la larga se acentúa el problema, y que solucionar una crisis con los mecanismos que la generan es imposible, es porque no hemos comunicado bien el problema o no hemos comprendido el cometido que les hemos brindado.

En este callejón sin salida, hemos presenciado varios intentos por desvincular las muy enfermas relaciones mercantilistas de la crisis ecosocial. Además de pagar de manera comunitaria sus irresolubles carencias, perdiendo de esta manera su propia definición teórica, la principal maniobra del liberalismo verde es hacernos creer en una nueva excusa, esta vez en forma de sueño: la disociación del crecimiento económico de lo mineral, de lo material, también de las relaciones culturales, de las cadenas de suministro garantizadas, de la globalización, y todo ello gracias al milagro de una eficiencia (que la termodinámica reconoce imposible) en un nuevo mundo digital.
 
Como el capitalismo en sí es inviable sin crecimiento económico, y como el crecimiento económico es inviable sin sus correspondientes incrementos constantes, especialmente en la garantía de flujos minerales y energéticos siempre crecientes, el transporte de cada vez más (y no menos) mercancías, minerales, fertilizantes, semiconductores, vacunas, piezas..., y por supuesto, la pronta retirada de desechos, lo que se nos propone es tener fe en que se obre el milagro de la eficiencia y de algún modo la economía capitalista se disocie de su base material y sus graves impactos ambientales, eso sí, con otro incremento temporal y nuevamente puntual de más deuda que en el medio plazo nos acerca sin otra solución a una economía de subsistencia.
 
3. El fin de la seguridad
 
Si algo nos ha enseñado la pandemia de COVID-19 es que la seguridad de los suministros no está garantizada y que depender de largas cadenas de abastecimiento nos ha llevado al colapso de sectores al completo, tal y como analizamos en este informe y en el que se aporta la misma certeza —desde varios organismos internacionales— sobre las bases que sustentan nuestra organización social: el flujo creciente y garantizado de minerales, materias primas y productos manufacturados; éste ha sido el único motor del denominado crecimiento económico, pero ha chocado contra los límites de su propia toxicidad.

Se nos invita, dicho de otro modo, en primer lugar a obviar la necesaria extralimitación material de la economía mercantilista, que ya se ha rebasado con creces y en aspectos clave de manera peligrosa para nuestras vidas. Y en segundo lugar, a comulgar con la idea de que ese abuso y el medio tóxico en que deriva es simplemente un accidente y cabe, por tanto, creer en un sistema socioeconómico predestinado al crecimiento perpetuo una vez se solvente la actual anomalía (o crisis pasajera). Porque, aunque de repente no presente el crecimiento intrínseco ligado a su esencia y definición, por esa extraña anomalía cuyo carácter no es técnico, sino achacable en el mejor de los casos a una pandemia, realmente estamos culpabilizando del parón a un proceso sobrenatural, es decir, un inexplicable lapsus en el eterno camino del crecimiento energético y material perpetuo, que es por encima de todo, la esencia y definición propia de la economía de mercado.
 
Así no podemos esperar resultados en términos de productos vendibles en un marco de creciente competitividad como impulso para unos mercados que se desvanecen, menos aún sin retorno de la inversión, sin ganancias en el corto plazo. Asumirlo es aceptar que la inversión que propicie frutos de progreso para las nuevas sociedades ya solo puede generarse en un entorno no mercantil, en el que el pago es colectivo, sí, pero el beneficio financiero o el crecimiento económico no son los objetivos. Un entorno además capaz de distribuir una riqueza todavía notable aunque, eso sí, temporalmente menguante en su parte material, con comunidades dignas que sepan y puedan autogestionarse y conquisten mayores cotas de soberanía, el resto es irremediablemente el colapso.
 
No obstante, en una sociedad necesitada de la creación de nuevos sustantivos a velocidades nunca antes vistas, a este crecimiento que no crece ya le hemos asignado un nombre, es el famoso "crecimiento verde" que viene de la mano de las distintas variaciones nacionales, autonómicas y locales del Green Deal, Green New Deal, New Green Deal Europa, Next Generation, etc. Han sido presentadas por las diferentes tendencias políticas y económicas de manera bastante pomposa, ruidosa y eufórica desde, al menos 2019, cuando una plaga de declaraciones sobre la "emergencia" climática, energética, ecológica o social, recorrieron el orbe y abonaron los supuestos actuales de brotes y crecimientos verdes.
 
Entonces no quedó nación, Estado, región, ayuntamiento o ciudad que no declarase como mínimo su "emergencia climática", eso sí, sin renunciar al crecimiento perpetuo que se guardaba en la chistera como crecimiento verde. Este pensamiento mágico se conforma desde las bases teóricas de quienes cooptan por gestionar los fondos de recuperación, transformación y resiliencia de nuestras comunidades: toda una cadena de milagros.

 

domingo, 6 de diciembre de 2020

DENUNCIAN LA PRESENCIA DE UNA ISLA DE GRAVA EN EL EBRO

Queridos lectores, traigo al blog una colaboración nacida de un comentario de nuestro compañero del Geoforo (geología para una nueva cultura de la Tierra) del Departamento de Geografía y Ordenación del Terriotorio de la Universidad de Zaragoza, Alfredo Ollero, referente a este artículo publicado en el Heraldo de Aragón titulado: "Denuncian la presencia de una isla de grava en el Ebro bajo la Z-40" en el que unos concejales del partido de Ciudadanos (Cs) en las localidades de Villafranca de Ebro, La Puebla de Alfindén y Fuentes de Ebro "han advertido de la presencia de una gran isla de grava en el río Ebro, a su paso en el puente de la Z-40".
 
Se trata de una más de las tantas veces que desde el ámbito científico hacemos eco de semejante despropósito, no tanto por el tema del artículo, que es bastante reiterativo y ya ha sido objeto de reacciones por parte del Geoforo; tal es el caso sucedido en 2018 tras las inundaciones de aquel año, en que el Presidente de Aragón, Javier Lambán, y otras personalidades, también manifestaron opiniones parecidas, y es que no terminan de comprender la dinámica hídrica natural del Ebro, que las soluciones a las recurrentes riadas del río Ebro y de otros cursos fluviales, no son actuaciones absurdas y costosas. 

Lo importante hoy es la contestación clara y crítica, directa y didáctica de nuestro compañero Alfredo en los comentarios al pie de página de ese medio de comunicación.
 
Os dejo con Alfredo:

El titular ya es tremendo: "Denuncian la presencia de una isla de grava". ¡En un río de gravas que tiene y toda la vida ha tenido islas! ¿Cómo se puede denunciar a un río por ser río y ser como es? Por cierto, la isla ha existido siempre, no hay más que verlo en fotografías aéreas antiguas. Antes de la construcción del puente se encontraba pegada a la orilla de Movera. El artículo está lleno de apreciaciones que demuestran el escaso conocimiento sobre cómo funciona un río y sobre cómo es el Ebro por parte de estos concejales.

Desde el ámbito científico no podemos permitir en un tema como este que se emitan opiniones sin fundamento que no sean respaldadas por criterios técnicos, ni que la prensa se haga eco de ello y que cualquier persona pueda leerlo y se lo crea.

Esta isla lleva muchos años ahí y justo hasta hace un mes ya ha sido objeto de dragado y limpieza, como se observa en la foto, de forma injustificada y para no solucionar nada. El puro placebo de siempre. Precisamente esa isla se sitúa en un punto de notable incisión en el cauce del Ebro, una incisión provocada por los 40.000 m³ de grava que se extrajeron para construir el puente. Precisamente no hay exceso de gravas, sino un claro déficit, lo cual está encajando el cauce y descalzando la orilla del soto de Cantalobos. Con este déficit, que cualquier visitante iniciado puede observar con claridad en el terreno, la estabilidad del puente está comprometida si se cometiera la torpeza de eliminar esa isla.

Las acumulaciones de sedimentos no incrementan las inundaciones. Esto está demostrado científicamente en ríos como el Ebro. Los sedimentos en crecida están en tránsito y no ocupan sitio. Invertir en limpiar y dragar es tirar el dinero. Las restricciones ambientales y las directivas europeas no están ahí por capricho.

No temáis en Villafranca de Ebro, porque las gravas de esa isla:
  1. No incrementan la inundación.
  2. Necesitan unas 15 crecidas importantes para llegar a esa localidad.

Lo harán ya en el siglo XXII, cuando espero que haya bastante mayor sensibilidad y conocimiento fluvial y ambiental que en la actualidad. Ofrezco a estos concejales, y a otros, de cualquier partido político, un curso de geomorfología fluvial y transporte de sedimentos. 
 
Podríamos desarrollar una iniciativa tan exitosa como la Escuela de Alcaldes que puso en práctica la Confederación Hidrográfica del Duero. Y les explicaría con detalle por qué no es cierto lo que comentan de los caudales, qué ocurre realmente con la ARA-A1, por qué dragar no soluciona nada sino que perjudica, qué alternativas existen, etc.
 
Alfredo Ollero, 6 de diciembre de 2020.
 

Si te interesa profundizar más en este tema, dejo los siguientes enlaces: