martes, 2 de marzo de 2021

EROSIÓN, DEFORESTRACIÓN, REPOBLACIONES, NEOFRANQUISMO FORESTAL Y TRANSICIÓN ECOLÓGICA


Queridos lectores, desde el Geoforo por una nueva cultura de la Tierra, tres compañeros, Antonio Casas, Jose Luis Briz y Óscar Pueyo, nos plantean un análisis crítico y didáctico sobre uno de los problemas más graves que estamos afrontando en nuestros territorios. El cambio climático ya es uno de nuestros grandes problemas y por transferencia, las acciones que llevemos a cabo en el ámbito forestal, acertadas o equivocadas, determinarán en buena medida el devenir de nuestros hijos y su relación con el deteriorado y fatigado suelo y paisajes que les dejamos.

Con motivo de la conferencia de Luis Alfonso Gil Sánchez, Doctor Ingeniero de Montes y Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, en el Ateneo de la EINA (Universidad de Zaragoza), han redactado esta carta que se acompaña a continuación. Se recuerda que, "las actuaciones de las distintas administraciones públicas en el sector “forestal” durante las sucesivas dictaduras o regímenes pseudoconstitucionales del siglo XX no han contribuido precisamente a la recuperación del medio natural y el paisaje. Más bien al contrario, de forma involuntaria o consciente, las políticas forestales han sido una vuelta de tuerca más en los procesos de destrucción y deterioro del medio ambiente".

Os dejo con ellos.

Pamplona, 2 de marzo de 2021

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Neo-franquismo forestal: Algunas claves para descifrar la conferencia de Luis Alfonso Gil Sánchez, Doctor Ingeniero de Montes y Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, en el Ateneo de la EINA (Universidad de Zaragoza).

Al visionar la conferencia del Dr. Gil Sánchez hemos resultado desagradablemente sorprendidos al contemplar que siguen en uso algunos de los dogmas forestales arrastrados desde la dictadura franquista. Todo un background ideológico para sostener el modus operandi de una gestión ambiental que trajo consigo (por ignorancia o malicia, parafraseando al conferenciante) un ataque despiadado que acabó con formas de vida, memorias, patrimonio natural y paisajes de pueblos y regiones enteras. Además, la citada conferencia muestra que se está intentando revitalizar algunos de estos dogmas en el momento actual, siglo XXI, justificando una nefasta política forestal, cuyas consecuencias todavía sufrimos, mediante la reinterpretación de la historia pasada y la utilización partidista de la ciencia. Lo cual mantiene un cierto paralelismo en lo que a la gestión del agua se refiere.
 
Hemos de aclarar de entrada que no ocultamos cierto resentimiento personal, ya que procedemos de zonas del interior peninsular (lo que se viene llamando la “España profunda”) especialmente golpeadas por los planes forestales tardo y neo-franquistas, donde las actuaciones de la administración del Estado fueron especialmente desastrosas, con consecuencias visibles y manifiestas transcurridos más de 40 años. Y sí, cuando te roban los paisajes y el medio natural de tu infancia, haciendo desaparecer aquellas cosas que nunca volverán a ser (el equivalente es ver tu pueblo sumergido bajo las aguas de un pantano) es difícil contemplar el proceso de forma objetiva. El turno de preguntas que siguió a la charla del profesor Gil Sánchez produce todavía más escalofríos porque viene a significar que algunos de los alumnos del conferenciante, considerablemente más jóvenes que él, participan de la misma ideología (que no ciencia) forestal.

Empiezamos por los puntos de acuerdo, para reconocer que sí que hay algunas verdades entre tanta “malicia o ignorancia”. El paisaje de la Península Ibérica a principios del siglo XX era desolador desde el punto de vista del medio natural, debido a los efectos de la agricultura y la ganadería extensiva (“a la codicia de la administración y privados” en la cita de Lucas Mallada, acertadamente traída a cuento por el profesor Gil Sánchez), resultado a su vez de los privilegios de la Mesta, la roturación, las desamortizaciones, la desecación de humedales y finalmente la concentración parcelaria, (responsable esta última de la eliminación de las lindes como refugios de biodiversidad) y la agricultura y ganadería “industriales”. Paréntesis: en este sentido, resulta curioso que se acuse a China como responsable del traspaso de virus de los animales silvestres a la civilización por la destrucción acelerada de hábitats cuando aquí esos mismos hábitats se destruyeron totalmente y sin contemplaciones hace ya décadas para dar paso a un paisaje totalmente (des)humanizado.
 
En lo que probablemente no coincidiríamos con el conferenciante es en la relación de este proceso de degradación ambiental con la evolución socio-económica y política del país. La política de deforestación brutal tiene una contribución climática y orográfica significativa pero también socioeconómica: procede (a nuestro entender) de la incapacidad de desarrollo de procesamiento de productos primarios, tejido industrial y desarrollo burgués (con las excepciones de Cataluña o el País Vasco, y puntualmente en otros lugares del país) frente al dominio de la aristocracia de raíz agrícola en buena parte del territorio. Los orígenes del dominio aristocrático también habría que buscarlas en la conquista y sometimiento de Al-Andalus, la expulsión de las minorías trabajadoras (judíos y musulmanes), la Inquisición, el saqueo de metales preciosos de América y el estancamiento social y cultural de la mayor parte del territorio peninsular en los últimos 500 años.

Al contrario de lo esgrimido por Luis Alfonso Gil, las actuaciones de las distintas administraciones públicas en el sector “forestal” durante las sucesivas dictaduras o regímenes pseudoconstitucionales del siglo XX no han contribuido precisamente a la recuperación del medio natural y el paisaje. Más bien al contrario, de forma involuntaria o consciente, las políticas forestales han sido una vuelta de tuerca más en los procesos de destrucción y deterioro del medio ambiente. Lo que es peor, contribuyeron a crear una casta de técnicos y un sistema de vasallaje casi-feudal, reproduciendo el sistema social aristocrático y oligárquico, dentro de la administración. Esta estructura ha sido tradicionalmente favorable a las corruptelas, creación de empresas fantasma por parte de los propios técnicos etc. Los ejemplos pasados abundan, aunque no se hayan estudiado ni depurado sus causas de forma exhaustiva, y tienen sus equivalentes en la gestión del agua y otros aspectos ambientales.

Las especies vegetales y animales existen en la naturaleza (son “naturales”), pero el ser humano se ha dedicado a potenciar o eliminar unas u otras, ya sean pinos, soja, vacas o pollos. El pino (como género Pinus, en general) tuvo una expansión extrema durante la dictadura, más de dos millones de hectáreas repobladas, una cifra que lejos de provocarle una reflexión, hace al conferenciante (y alguno de los preguntantes) sentirse orgulloso del trabajo realizado y el deber cumplido. Una unidad de destino en lo forestal. Paréntesis: ni una sola alusión al caso de Portugal donde, de forma simétrica, la expansión del pino (y el eucalipto) estuvo íntimamente ligada a la dictadura salazarista, y donde se están sufriendo sus consecuencias en forma de incendios, que previsiblemente irán en aumento debido al cambio climático. 
 
El hecho de que a pesar de los incendios tanto en Portugal (donde no es seguro que la revolución política de 1974, que transformó positivamente tantos aspectos vitales, alcanzara también a la gestión ambiental) como en Galicia no se cuestione de forma más profunda el modelo de repoblación forestal y la distribución de especies es sintomático de que algo anda mal. Pero, además, si a algo han contribuido especialmente las repoblaciones de pino es a la industrialización del paisaje: aterrazamientos con maquinaria pesada, cortafuegos inútiles y sobredimensionados, pistas forestales y de saca que han favorecido la caza furtiva, la ganadería poco sostenible y los incendios. Estos, y no otros, son precisamente los resultados, buscados deliberadamente o sobrevenidos, de esa política forestal.
 

Se nos repite en la conferencia, por activa y por pasiva, que el pino no es exótico. La exhibición de “pseudo-erudición” utiliza ciertos documentos históricos sobre el paisaje y la toponimia (fuentes siempre del sector digamos más “tecnócrata”) y es tan sesgada que no aparecen apenas datos científicos (aparte de las fotografías) en que basar sus afirmaciones. El hecho de que por ejemplo el delta del Ebro fuese un estuario antes del siglo XIII no le parece un dato relevante de cara a evaluar la formación de las “estepas” por eliminación o degeneración de bosque (o matorral).
 
La línea argumental del Doctor Gil Sánchez, que juega a investigador o historiador semi-ilustrado, utilizando el término acuñado por Enrique Tierno-Galván, es es que (i) el pino no es exótico, ha sido materia prima y ha contribuido a la riqueza del país, (ii) por lo tanto se puede y es saludable repoblar con pinos, (iii) hemos hecho y queremos seguir haciendo un servicio a la sociedad repoblando con pino y cultivándolos como haríamos con cualquier otra especie vegetal en términos agrícolas. Uno de los intervinientes desliza incluso que la dictadura de Franco hizo un gran servicio repoblando dos millones de hectáreas con pinos. Con todo, la base de sus atrevidas interpretaciones sobre la vegetación es la toponimia o determinados documentos históricos sobre el uso de la madera de pino en la construcción. En este sentido, tampoco hace referencia a que el uso de la madera de pino es diferencial: lo que determinó dicha utilización en la construcción o el arte no fue su abundancia, sino más bien el fuste recto del pino frente al tronco de otras especies, que en la Península son más bien bajas de altura, o la facilidad para trabajar su madera.
 
A nuestro entender, que el pino sea exótico o no, no es relevante de cara a la discusión sobre la política forestal. Dice Gil Sánchez que dominan las creencias sobre el conocimiento en la gestión forestal desde el final de la dictadura (sobre la ignorancia y la malicia en la gestión anterior, no dice cuál domina). La Ecología como ciencia, por cierto, no existe para él, como no existe la vegetación climácica, ni las series de vegetación, ni la estrategia R y la estrategia K en las especies, ni la evolución que puede verse en las zonas donde se recupera la vegetación... Ignora el concepto de vegetación natural o no parece interesarle. Incluye la palinología en su relato, pero sin mencionar el factor resistencia del polen de pino a la oxidación y utilizando ejemplos puntuales y fuertemente sesgados.

La visión del medio natural que deja traslucir el Doctor Gil Sánchez no se sostiene a nuestro entender por dos puntos fundamentales, que han sido puestos de manifiesto desde el mundo de la Ecología. El primero es que las repoblaciones no son bosques, por mucho que el conferenciante mezcle en su charla biodiversidad con diversidad genética, tergiversando el término de Biodiversidad, y argumentando que hay más diversidad genética en una repoblación monoespecífica que en un bosque o matorral mixto (!). En segundo lugar, que la regeneración del medio, sea bosque o matorral, es mucho más efectiva, barata, resiliente y biodiversa cuando se produce de forma “natural” (que, eso sí, puede ser favorecida por la gestión) que mediante repoblaciones industrializadas (que no dejan de ser cultivos de pinos). Y sobre esto hay datos, tan simples como comparar fotografías aéreas desde que retrocedió la ganadería extensiva y la explotación de leña.
 
Curiosamente, ni en la política forestal pasada ni en el discurso del profesor Gil Sánchez aparece un solo análisis coste/beneficio de bienes materiales o intangibles en todo el proceso de repoblaciones forestales con pinos. Y aquí deberíamos contemplar pérdidas patrimoniales, culturales y naturales irreparables, por no hablar de la pérdida de la autoestima de los pueblos, indisolublemente ligada al paisaje, de las cuales son en buena parte responsables las políticas forestales franquistas y neo-franquistas. ¿Por qué entonces se llevan a cabo repoblaciones de pinos con maquinaria pesada, si son perjudiciales para el medio ambiente, no crean empleo estable y de calidad, contribuyen a la caza furtiva y a la destrucción del suelo, son muy sensibles a las plagas y detraen fondos públicos que serían considerablemente más útiles si se emplearan en la reconstrucción ambiental de zonas degradadas por siglos de explotación agrícola y ganadera? Pues básicamente por lo mismo que se siguen construyendo embalses que inundan poblaciones, destruyen el medio social rural, suponen un riesgo muchas veces catastrófico para las poblaciones que viven aguas abajo, alteran de forma irreversible el régimen fluvial y detraen ingentes cantidades de fondos públicos que podrían emplearse para la gestión racional del agua. Por malicia o por ignorancia, esto es lo único que la casta de técnicos que ha controlado la política forestal desde la administración ha sabido hacer, dejando ahora aparte las corruptelas mencionadas, que en buena medida forman parte del pasado. Esto es un freno para cualquier solución imaginativa, solidaria, económicamente viable y humanamente razonable para el medio natural rural.

Pero es que ni siquiera son originales. Toda la política y gestión forestal de la administración franquista y sucesivas está basada en los principios de los ingenieros (entonces civiles) franceses del siglo XIX. Todo es una vulgar copia (que empeora el original) de la politica forestal de la administración de Napoleón III (otra dictadura). La gestión de los cultivos de pinos de Las Landas son todo un paradigma. Acabar con el pastoreo, las dunas, las marismas y un ecosistema rico y complejo (y hostil para el ser humano, no olvidemos que los pastores tenían que desplazarse sobre zancos) para transformarlo en una plantación de pino rodeno (que no bosque) tuvo como finalidad la producción de resina de cara a la actividad industrial. Esta sustitución de ecosistemas paralizó las dunas, eliminó el paludismo, y de paso la actividad y cultura pastoril y corchera de toda una región. Cuando la resina perdió su valor, solo quedó la explotación forestal, altamente mecanizada y con poquísima mano de obra y actividades de transformación. La administración forestal franquista importó un modus operandi anacrónico, que ni la producción de madera, ni de resina podían justificar.

Como en el caso de la construcción de embalses existen, eso sí, mantras que se siguen utilizando “oficialmente” para justificar las repoblaciones indiscriminadas con pinos. Uno de ellos es el “control de la erosión”, falaz porque se ha demostrado experimentalmente, mediante mediciones reales, que el matorral es mucho más efectivo para controlar la erosión que las repoblaciones con aterrazamientos. Otro es justificar las sobredimensionadas pistas forestales como paso para vehículos de “control de incendios”, la mayor parte de los cuales no se habría producido si esas pistas no hubieran existido, ya que facilitan el acceso indiscriminado a la montaña. Otro mantra común es la “regulación hidrológica”, también falso porque la mayor parte de las repoblaciones se han realizado en zonas con capacidad propia de regeneración de vegetación.
 
El aumento de la biodiversidad es otro argumento mendaz, a menos que se acepten los postulados genetistas del profesor Gil Sánchez. Todos estos argumentos parecen estar sustituyendo al del autoabastecimiento en pasta de papel y madera, un sueño de la dictadura que se ha abandonado por inútil, absurdo y desproporcionado. En lo que sí han sido tremendamente efectivas las políticas de repoblaciones forestales con pinos ha sido en su actuación como ariete para conseguir despoblar lo que ahora se denomina la “España vaciada”. Una guerra de la administración del Estado contra los ciudadanos, como otras tantas, incluida la del agua, en la cual el parque de maquinaria pesada de construcción norteamericana y alemana como herramienta y las especies de pino como carne de cañón han sido los principales instrumentos. Sobran ejemplos en toda la geografía peninsular de pueblos sin carretera por los que pasó una pista forestal después de desaparecer su último habitante, de pequeños ganaderos y agricultores de subsistencia expropiados y expulsados de sus tierras para repoblarlas con pino y “ordenarlas”, de gente que vendió “voluntariamente” sus tierras al Patrimonio Forestal del Estado porque no había ni presente, ni futuro, ni carretera… de aquellos pólenes estos pinos.

Una buena parte del discurso del profesor Gil Sánchez se dedica a desmontar los supuestos “mitos” de la Transición, incluyendo las tesis provenientes del mundo de la ecología. Libros como Ecología y Politica o Madrid Verde aparecen específicamente representados en la charla. Al igual que ha ocurrido en el tema de la gestión del agua, la aparición de corrientes de pensamiento a partir de presupuestos científicos permitió cuestionar la irracional política forestal de la dictadura y ensayar nuevos modelos para gestionar el medio natural. Sin embargo, a pesar de una cierta renovación de las administraciones (en muchos casos solamente un blanqueo superficial) siguen en pie formas de hacer heredadas que parecen difíciles de erradicar; ejemplos hay cientos si no miles.
 
En este camino de vuelta al pasado, el discurso forestal “neo-franquista” considera que hay un grupo ideológico asentado en la administración, los “fitosociólogos”, término por el cual interpreto que se refiere a la Ecología en general y a los científicos y profesionales especializados en esa materia, que dominan la política forestal “con malicia o ignorancia”. Según el conferenciante, este grupo de “fitosociólogos” es el que controla la gestión de la naturaleza a nivel estatal. Toda una exhibición de neolenguaje y “fake news”. Resulta tremendamente chocante esta visión (es lo del vaso medio lleno y medio vacío) porque como decía anteriormente hay pruebas suficientes para demostrar que en la gestión forestal pública las cosas se siguen haciendo (gastando dinero público) de mal a muy mal, con honrosas excepciones. Los mitos y obsesiones sobre el papel de las pistas forestales de doble carril, pistas de saca, cortafuegos, aterrazamientos, mecanización, etc. frente a creación de empleos, o la utilización beneficiosa de la cabra, o la colaboración con la gente neorural, son ejemplos bastante tangibles.

En resumen, lo más interesante de esta charla es que permite corroborar el modelo de funcionamiento de la administración en el Estado español, al menos de la “España profunda”: un modelo que explica tanto la gestión forestal como la hidrológica, por hablar solo de dos aspectos relacionados con el medio ambiente. Todo el mundo tiene derecho a expresar sus opiniones científico-técnicas, mejor sin descalificaciones hacia otros profesionales (esperamos no habernos pasado de la raya en ese sentido), pero que la Universidad de Zaragoza, y en concreto la EINA, se convierta en altavoz de una visión no contrastada, y en este caso de corte neo-franquista - en el aspecto forestal- teniendo en cuenta todas las declaraciones firmadas sobre sostenibilidad, ODSs, etc., nos parece sencillamente un considerable error.

Zaragoza, 1 de marzo de 2021

Antonio Casas

Jose Luis Briz

Óscar Pueyo
 
Sesión 318 del Ateneo de la EINA.
Los pinos no son hijos del franquismo: su “mala prensa” es un mito.