viernes, 15 de septiembre de 2023

CLAVES PARA UNA TRAGEDIA SÍSMICA: MARRUECOS, SEPTIEMBRE DE 2023

PUBLICADO EN NOTICIAS DE NAVARRA
 Marrakech, 9 de septiembre de 2023 tras el terremoto Mw6,8 horas antes. EFE.
 
Queridas y queridos lectores, tras el inesperado terremoto sucedido el pasado 8 de septiembre (9 de septiembre en la Península Ibérica y 8 en Canarias) del que ya se contabilizan miles de heridos, más de 3.000 víctimas mortales y enormes daños y destrucción (Intensidad hasta IX en el área epicentral). Varios medios me contactaron para un análisis preliminar del porqué y el cómo se puede desatar tanta destrucción en apenas 20 segundos. Acompaño este artículo publicado en Diario de Noticias de Navarra  —al que he querido dotar de una perspectiva histórica y social que suele estar ausente de los concienzudos análisis geofísicos—, con algún archivo multimedia proveniente de diferentes aportaciones en medios de comunicación.
 
Antonio Aretxabala
Pamplona, 15 de septiembre de 2023
 
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El terremoto de magnitud momento Mw 6,8 con epicentro a unos 50 km al sur de Marrakech se produjo, sin terremotos premonitorios o avisos, en un área que no conocía estas magnitudes en 500 km a la redonda. Esta imprevisión no es exclusiva de los países que denominamos “en vías de desarrollo”, sucedió, por ejemplo, en Emilia Romagna, con la destrucción de la ciudad patrimonial de Ferrara en 2012 recién estrenada la moderna normativa de construcción sismorresistente italiana de 2004. Muchos de los terremotos históricos no se habían estudiado, simplemente porque los historiadores no fueron llamados a participar en el proyecto. Así desarrolla su tesis Emanuella Guidoboni, historiadora y geóloga en “Il peso economico e sociale dei disastri sismici in Italia negli ultimi 150 anni”, 2012.

En el trasfondo de su investigación está la vergüenza, primero religiosa de admitir haber sido castigados por Dios a causa de tanto vicio y pecado, lo que llevó a las autoridades religiosas a borrar cualquier indicio de catástrofe sísmica ante los reinos vecinos, y más tarde científica, por no haber preparado el medio humano desde unas instituciones con deficiente consideración hacia el impacto de los riesgos naturales o creados por nosotros.

Esa información vital se pierde en el tiempo dando lugar a la subestima del fenómeno sísmico y la exposición de miles o millones de personas a un riesgo evitable. En España y concretamente en Navarra, también lo vivimos, hasta tal punto que, si no fuera por el abnegado trabajo de arqueólogas e historiadoras buceando y repasando miles de manuscritos, no hubiese llegado información valiosísima hasta nuestros días.

El episodio sísmico con colapso de edificios de varios días seguidos, vivido entre Sangüesa y Pamplona en 1612, ha sido desarrollado en un libro de cultos y plegarias por las catástrofes: “El Ayuntamiento de Sangüesa (Navarra) y algunos cultos religiosos” de Juan Cruz Labeaga, 1999. El autor relata un enjambre sísmico que aterrorizó a la población de ambas ciudades. Las autoridades ordenaron dejar de tañer instrumentos, tener relaciones, cantar o celebrar, debían hacer ayuno y acudir a rezar todos los días a la Iglesia de San Salvador de Sangüesa porque la ira de Dios desatada por el pecado y el vicio era mayúscula. En el libro “Arqueología en la catedral de Pamplona. El origen del culto cristiano” de Mª Ángeles Mezquíriz y Mercedes Unzu (2021), Teresa Alzugaray (Anexo III: ruina del templo románico), archivera y paleógrafa del Archivo de Navarra, apunta a una causa para el derrumbe de la seo pamplonesa en la madrugada del 1 de julio del año 1390: un terremoto.

Sin embargo, aún queda mucho trabajo en España, y especialmente en Navarra, para integrar este tipo de investigaciones geohistóricas con el de geólogos, arquitectos o ingenieros. La vergüenza se ha trasladado a la falta de estudios científicos. Si proyectamos los más de dos mil terremotos del área de Lizoain (Navarra) sucedidos a 15 km al este de Pamplona durante el enjambre sísmico de 2020-2021, no hay ninguna falla conocida. Casi nada sabemos sobre sus longitudes y, por lo tanto, de su potencial destructivo. Epicentros sobre nada suena más a ira divina que a tectónica local.

En todos los países las normas se van actualizando en función de la experiencia adquirida en vivencias previas, como en Lorca, que supuso un antes y un después. Nos dimos cuenta de que vivíamos en un territorio con una sismicidad capaz de matar, arruinar el patrimonio y paralizar toda la economía de una comunidad. Fue un shock tan grande que cambió completamente la mentalidad de constructores y centros de investigación. Ahora nos consideramos un país mucho más sísmico que antes de mayo de 2011.

Claves para la destrucción


El terremoto de Marruecos no ha sido profundo, unos 25 km. La intensidad macrosísmica (el daño observado) alcanza IX sobre XII en el área cercana más poblada, hasta V-VI en zonas alrededor de Casablanca y hasta II al sur de Iberia con testimonios en Madrid (IGN) e incluso al sur de Francia (EMSC).

Los edificios, en su mayoría, no son sismorresistentes. No se conocía un impacto de tal calibre en la historia, no se tomaron medidas. Más de 3.000 personas han muerto y miles más han resultado heridas. Las pérdidas serán cuantiosas. Unos 20 minutos después del terremoto principal se produjo la réplica M5,1 (como el de Lorca en 2011). En 1960 un evento M5,8 en Agadir (a unos 250 km al sur) dejó unas 15.000 víctimas en la costa occidental, lejos del área del Atlas. En 1755 se reportan miles de victimas en un lugar lejano más al norte. Esta vez el mecanismo focal (la lectura de las ondas) coincide con una falla inversa E-W probablemente asociada a la Falla Atlas Norte.

A medida que haya más información, incluidas observaciones satelitales, será posible determinar la falla causante y catalogarla. Han deslizado unos 30 x 20 km de corteza con hasta 1,5 m de desgarro en la zona epicentral. Esta vez, cerca de Marrakech se ha superado una aceleración básica del terreno ab>0,5g (la mitad de la gravedad) lo cual supone una aceleración insoportable para las construcciones tradicionales de mampostería, adobe y ladrillo o las modernas de hormigón armado con planta baja libre, una configuración letal extendida por todo el planeta en áreas incluso de sismicidad moderada. En el área epicentral se ha superado ese latigazo en ab> 1g (la aceleración de la gravedad). Los terremotos M>6 sin embargo, sí son comunes al norte de Marruecos en el área del Mediterráneo: el M6,4 en febrero de 2004 o el M6,3 de enero de 2016, frente a Alhucemas, son los más cercanos el en tiempo con cientos de víctimas y miles de heridos. 
 
Detalle del tipo de viviendas tradicionales (mampostería, adobe y ladrillo) que han caído prácticamente al completo. Vista general de Tagadirt el domingo 10/09/2023. Foto: Moeh Atitar

Terremotos catastróficos en Iberia

Muchos medios españoles hablan de que este tipo de terremotos se pueden dar en el S-SE español y es verdad. Aunque mucha gente lo ignore, España fue pionera y referencia en el conocimiento y trato con el fenómeno sísmico. Toda Europa tomó nota de ello tras la reconstrucción de Guatemala y otras ciudades de Centroamérica o de la propia Iberia. Cada vez que se producen este tipo de terremotos inesperados como el de Marruecos, los medios de comunicación y los científicos se vuelcan en si puede pasar algo así en España. La mayoría recuerdan lo sucedido en Torrevieja en 1829 o en Arenas de Rey en 1884, ambos eventos estarían por encima de M6,5. Sin embargo, poco se habla del norte o de Pirineos, aunque por aquí también hubo terremotos M6-7, el último hace casi 300 años.

En el norte, no pocas comunidades trazaron sus destinos tras vivir el impacto de lo que se consideró de origen divino, luego eléctrico (como las tormentas), más tarde por el fuego interno (con Julio Verne alcanza su cenit) y finalmente tectónico y también climático o inducido, sirviendo de ayuda a las generaciones futuras y a otras comunidades que, en algún momento, sufrieron el impacto sísmico.
 
En efecto, la zona de los Pirineos también es vulnerable, aunque en menor medida que el sur, en los últimos 600 años ha vivido una docena de terremotos de intensidad superior a VIII. Así, en el año 1428, unas 800 personas murieron tras un terremoto de intensidad IX-X que destruyó Queralbs (Girona). Hace casi tres siglos que en el área pirenaica no se viven terremotos catastróficos. Ello contribuyó a la amnesia sísmica española. Algunos escritores han utilizado estos fenómenos catastróficos reales para contextualizar sus novelas, como en “La Catedral del Mar” de Ildefonso Falcones o nuestra premiada escritora Fátima Frutos, que desarrolla el impacto humano de los terremotos en El Salvador con “La selva bajo mi piel”.

Las comunidades que no le dieron importancia al fenómeno sísmico quedan heridas por años, por décadas, a veces para siempre.
 
Claves para una tragedia sísmica Marruecos, septiembre de 2023
 
Un terremoto inesperado. Navarra Televisión