viernes, 13 de agosto de 2021

LAS DOS ESPAÑAS DE MACHADO TAMBIÉN LO SON DE LA ENERGÍA NETA DECRECIENTE

INFORME: At Risk Of Poverty and/or Exclusion (AROPE) 2020

"Aquí la cuestión a plantear a esta gente es muy simple: que demuestren con datos que el crecimiento es viable siquiera a medio plazo. Si lo demuestran, con los datos en la mano, fin de la discusión. Si no lo demuestran empezamos a debatir a ver qué se les ocurre". Luis Picazo

Queridos lectores, en los últimos días y sobre todo tras la publicación del sexto informe de evaluación del IPCC sobre cambio climático, han surgido voces desde el mundo científico advirtiendo del inexorable camino de descenso energético y por tanto, económico que vamos a recorrer (figura 1). Al mismo tiempo desde el mundo político y empresarial, sin comprender claramente qué significa esto, nos tachan a los científicos que consideramos el fin del crecimiento como una posibilidad más que probable, de teóricos del ascetismo, herederos del ludismo, y absurdeces similares de quien debe estar habituado a mezclar churras con merinas.

Muy frecuentemente somos agoreros y de manera peyorativa también comunistas, milongueros de la izquierda, pero por encima de todo populistas, cuando por lo comentado en general por ellos mismos, en sus propias opiniones, las que publicitan sus medios, podríamos ser cualquier cosa menos eso. Y es que el decrecentismo es de todo menos atractivo (o sexy, como han afirmado ya varios políticos de talla nacional e internacional). Es de destacar ese uso peyorativo de "populistas" en un artículo bastante desnortado de Josean Beloki, concejal de Geroa Bai en Huarte (Navarra), "Decrecimiento y Energía" al que en Twitter se le somete a un análisis minucioso (muy significativo) por parte de varios científicos, personas vinculadas al sector energético, economistas o por usuarios de esa red.

En dicho artículo de opinión, publicado en Diario de Noticias de Navarra, DEIA y otros medios afines al PNV, el autor, además de hacer una desafortunada macedonia de historia, ciencia y tecnología, llega a afirmar cosas como que "...las teorías del decrecimiento no son algo nuevo ya que hunde sus raíces en los movimientos ludistas del siglo XIX [...]. Desde el punto de vista energético, una de sus bases principales es la paradoja de Jevons que dice que "aumentar la eficiencia disminuye el consumo instantáneo, pero incrementa el uso del modelo, lo que provoca un incremento del consumo global". El decrecimiento apunta, además, que los combustibles fósiles no son eternos y que, tras su agotamiento, las energías renovables no serán capaces de asumir el hueco dejado por petróleo, gas y carbón, por lo que no queda otra que consumir menos para producir menos...".

El artículo continúa con el extendido desconocimiento —de la geología de la energía (que no tecnología) y de los procesos extractivos, de refinado y puesta en servicio— del que suelen dar muestra (y a veces, hacer gala) políticos, empresarios e incluso algunos denominados "expertos" y que se observa a menudo en el hecho de confundir reservas con recursos o diagnósticos con creencias y deseos o hablar del petróleo en general sin diferenciar el líquido o material convencional o no convencional, etc.

El artículo culmina confiando los avances en la extracción (o no) al desarrollo futuro de "otras cosas tecnológicas" siempre positivas para el buen progreso de nuestra sociedad del bienestar, confiando también dicho progreso y la seguridad estructural de esta sociedad del bienestar a la esperanza y a la fe en una tecnología que no existe, pero que sin duda, cree el autor, existirá. Pues para el político, "... Es una realidad que los avances tecnológicos propiciados por el desarrollo económico han mejorado la calidad de vida de la humanidad. No hay más que ver cómo era el mundo antes de la Revolución industrial y cómo es ahora. Un cambio civilizatorio vertiginoso en apenas 200 años frente a la evolución humana de los 3 milenios anteriores en el que el consumo de energía ha sido clave para conseguirlo...". Invito a la persona que lee para que considere por sí misma qué y cuánto es lo que ha propiciado —desde la Revolución Industrial— el desarrollo tecnológico, industrial y económico, a echar una ojeada a la figura 1 de este artículo.

Pareciera que quienes así razonan no han entendido aún que toda tecnología necesita de una cantidad constante y creciente de energía abundante, barata y versátil para su funcionamiento, despliegue a gran escala y mantenimiento, y de momento, como vamos a comentar a continuación, ni esa fuente de energía, ni la tecnología que posibilite su distribución para seguir con el crecimiento infinito, existe ni se le espera. La tecnología por sí sola nunca va a generar energía y en un contexto de crecimiento y despliegue energético de más bajas TRE, toda eficiencia cumplirá la paradoja de Jevons o efecto rebote a la que se refiere el político.


La sociedad de las altas TRE da paso a las de TRE decrecientes

Los combustibles fósiles tradicionales nos dieron un alto valor de tasa de retorno energético (TRE) durante muchas décadas, pero la disminución en la calidad y accesibilidad (y por lo tanto TRE), en paralelo con la energía neta generalmente más baja proporcionada por otras fuentes como las renovables está resultando —en nuestros primeros pasos— en una reducción de la producción económica mundial y la calidad de vida. 

Semejante afirmación, no obstante, está respaldada por el modelo Project MEDEAS (figura 2, izquierda): una Transición Energética con alta proporción de energías renovables puede conducir a una "trampa energética". Estos estudios indican el papel crucial de las fuentes de energía abundantes y con alto TRE en el mantenimiento de la complejidad, funcionalidad y el crecimiento de nuestra sociedad, lo que contrasta con la cosmovisión económica dominante.

Ese "exceso" de energía proporcionada por recursos geológicos de alta TRE, propiciaron las condiciones para que ciertos mecanismos de retroalimentación en la acumulación de capital, permitieran atesorar riqueza por subregiones a nivel global y/o segmentos de población local. Al evaluar el fenómeno mediante la aplicación de modelos tipo depredador-presa se aprecia la evolución de cuatro factores: élites/plebeyos/naturaleza/riqueza que King y Jones, (Cambridge, 2021) identifican en que las élites económicas se aprovechan de los recursos y la mano de obra (figura 2, derecha).

Figura 2. Izquierda: Evolución dinámica de la TRE del sistema de energía total para los escenarios de Crecimiento Verde con diferentes grados de sustitución renovable CV-50% Green Growth (GG-50%), CV-75% (GG-75%) y CV-100% (GG-100%) y diferentes niveles de riesgo sistémico identificados en la bibliografía. Estos niveles son indicativos de que los riesgos son inversamente proporcionales a la TRE (Proyecto Medeas). Fuente: GEEDS (castellano) y aquí el artículo completo publicado en Energy Strategy Reviews. Iñigo Capellán-Pérez, Carlos de Castro y Luis Javier Miguel González. Derecha: evolución de los beneficios empresariales (azul) y su reflejo en los salarios (rojo) sobre la base constante del € de 2010 cuando España se comprometió (y no cumplió) en el Programa 2020 a disminuir la pobreza en 1,4 millones de personas entre 2010 y 2020. Fuente: Contabilidad Nacional de España. Barómetro social de España.

La estratificación económica

Lo comentado anteriormente está llevando a la estratificación económica y a la tensión ecológica y, finalmente, al colapso social irreversible por partes, sectores o estratos (lo vemos más abajo). En los próximos años el coste de la producción de energía para impulsar el crecimiento aumentará inexorable e incontroladamente. El problema crecerá incluso con el valor de mercado de la geología de la energía permaneciendo bajo. Nuestros dirigentes aún no han comprendido que la energía no es un servicio o mercancía sometido a leyes de oferta y demanda, sino un precursor de la actividad económica que cumple las leyes de la termodinámica, ni se crea ni se destruye y fluye en una sola dirección: de disponible a no disponible.

El rendimiento total de la energía neta para impulsar el crecimiento económico ya está en declive y vemos, por ejemplo, cómo China, Alemania y EE.UU. aumentan el consumo de carbón para mantener su producción tecnológica e industrial; el caso de China es llamativo porque las empresas occidentales llevaron su producción allí, se externalizó el trabajo sucio durante la globalización a costa de hundir y endeudar a la clase media occidental (figura 2, derecha). Sobre todo llama la atención la administración Biden (EE.UU.) pidiendo a la OPEP desesperadamente el bombeo de más petróleo (figura 3): se impulsa quemar más y más para obtener menos energía, ya que actualmente las TRE en declive llevan a que, para mantener el mismo nivel de consumo se requiera la quema de más y más fósiles para extraer éstos. Este problema fue analizado desde la perspectiva de la inseguridad y volatilidad en la Revista 15/15\15 para una nueva civilización: Volatilidad del petróleo: la enorme piedra en el camino hacia la Transición Energética.

Figura 3. EE.UU. exige a la OPEP y a sus aliados que aumenten el bombeo de crudo. El Economista.

El decrecimiento no es una opción, ni siquiera es un deseo, es un diagnóstico

Por lo tanto, ahora mismo la tarea urgente es reescribir la economía de un mundo real. Estamos rediseñando nuestros conceptos de valor y prosperidad en la era de esta transición forzada. Pero la pobreza alrededor ya es una compañera habitual y no estamos tomando medidas reales. España debía reducir la pobreza en 1,4 millones de personas entre 2010 y 2020 (Programa Europa 2020) pero elegimos el camino contrario: aumentó. Un ejemplo: las olas de calor requieren un lujo para ser tolerables: energía. Las dos Españas de Machado también son energía

El decrecimiento no es una opción, ni siquiera es un deseo. Es más bien un diagnóstico que brinda la posibilidad de un descenso con descentralización, descomplejización, desjerarquización, desglobalización..., lo que sí es, es innegociable. Todo lo demás es algún grado de colapso, incluidos los más violentos y de carácter autoritario. No podemos estar seguros al 100% de cuál será un resultado que carece de precedentes. Existe, por supuesto, una dimensión ética y un decrecer voluntario, que lo hace deseable y no solo necesario u obligado para algunos científicos, humanistas, activistas; ese aspecto que tiene más que ver con la justicia entre todos los seres y especialmente, entre los humanos del centro y la periferia, además de con el planeta al completo, es el que puede recordar a cierto ascetismo del que hablan los políticos que se forjaron con la gran aceleración como si no fuera una anomalía.

Pero no lo olvidemos, no existe de momento “una solución técnica” para seguir viviendo en esta anomalía histórica, más allá de la sustitución puntual y que puede derivar en soluciones elitistas o ecofascistas, porque los ritmos de implantación de las tecnologías renovables —que en cierta manera nos devuelven a la economía circular— son menores a los de la pérdida de TRE de los fósiles. La alarma ecológica por tanto, nos obliga a racionalizar consumo y producción y la alarma social nos obliga a intentar hacer viable la continuidad de la vida humana civilizada. Tanto el mensaje de la contención como el de un decrecimiento sin negociación posible son indigestos, impopulares, diametralmente opuestos a cualquier populismo. Parece una broma de mal gusto para una sociedad adicta a la opulencia, al individualismo, productos asimismo anómalos de una pequeña época anómala donde más de la mitad de la humanidad vive en la más absoluta miseria. Ese aspecto fue tratado con más profundidad y con una perspectiva histórica en este artículo.

No obstante, lo que sí podemos saber con certeza, es que la era del crecimiento económico ilimitado —que es la característica definitoria del capitalismo financiero neoliberal basado en la disponibilidad asegurada de materiales geológicos extraídos a partir de otros de altas TRE— tal como la conocemos, y con cadenas de suministro y distribución garantizadas, ha terminado de verdad (figura 4), y si no tomamos medidas técnicas adecuadas y urgentes, pero por encima de todo sociales, la expansión acelerada de la pobreza aumentará todavía más. Ya es (o debería ser) el mayor quebradero de cabeza de nuestros dirigentes y de la propia sociedad en general. 


Comprender cómo funciona el metabolismo de nuestra organización social es requisito indispensable, además de necesario —pero no suficiente— para tomar las decisiones valientes que requieren estos tiempos. Y desde la ciencia lo vamos teniendo más claro, prácticamente no hay tiempo: #NoHayTiempo. Si realmente queremos acabar con la pobreza, se requiere un consenso honesto con una inversión a largo plazo, tan largo como el conocimiento del declive de las tasas de retorno energético (TRE).

No podemos esperar resultados inmediatos volviendo a quemar combustibles fósiles ni haciendo de las energías renovables una continuidad de éstos, deberemos dejar de movernos en términos de productos vendibles, sino sin retorno de la inversión visible, sin ganancias en el corto plazo. Dicha inversión solo puede generarse en un entorno no mercantil, en el que el pago es colectivo y el beneficio financiero o el crecimiento económico y por lo tanto la quema otra vez de fósiles que son ya muy difíciles de extraer, no son los objetivos. Las soluciones tipo rescate de sectores poderosos, primero financieros, como tras la crisis de 2008, y ahora, a las empresas que van a cambiar su modelo extractivo, están condenadas al fracaso de esos (si realmente fuesen sus principales) objetivos, tal y como comentamos aquí y aquí.

La complejidad moderna (de tipo sociopolítico, pero también tecnológico e informativo) que brindaron las fuentes de altas TRE, ha alcanzado niveles tan altos que en muchos casos se ha vuelto indescifrable para los seres humanos individuales. Así, desde el aporte de cada individuo, se ha permeado de un elevado grado de incomprensión a las instituciones humanas. Lo podemos comprobar en el comportamiento impredecible y contradictorio de los mercados de valores, en la volatilidad tanto del valor mercantil como de disponibilidad real de los materiales geológicos tales como semiconductores o energéticos. Lo hemos visto recientemente en las sorprendentes contradicciones de entidades como la Agencia Internacional de la Energía (AIE) que asesora, en el caso que nos concierne de la gestión de la energía, a los gobiernos, tal y como explicamos en este artículo. Los cada vez más frecuentes fallos y fracasos en la implementación de "megaproyectos" son fruto de una complejidad proporcional a la necesidad de una energía a la que se dio por sentado "poseer" pero que no está disponible y sobre todo, a nuestra incapacidad de abordar desafíos a escala global
 
Ahora deberemos buscar un entorno capaz de distribuir la riqueza menguante, digno para las personas, para todas, el resto es irremediablemente el colapso. Es decir, en la mayoría de las propuestas como Next Generation EU o los diferentes Green New Deal, se excluye lo fundamental: la idea de que, siendo la crisis sistémica la propia realidad del sistema mercantilista, y siendo creada por él, no se puede solucionar desde los propios mecanismos que la generan. Sin embargo, pareciera que la asignación de más recursos económicos para esos mecanismos sí lo pueden conseguir: la propia crisis económica que se ha creado —como la medioambiental y la social que genera y se amplifica en las nuevas condiciones de irreversible declive energético y de recursos— tendría entonces una solución económica. Y si ya vemos que ante los primeros efectos negativos no hay otra reacción que la de endeudar a las generaciones por venir y arruinar el medio que deberá garantizar sus vidas, serán las comunidades locales las que tendrán que, finalmente, tomar las riendas de sus destinos.
 
 
Por cierto, hoy se cumple un lustro de la presentación en Bermeo (Bizkaia) del documental "La cruda realidad" de Aitor Iruzkieta Ortúzar, en plena vigencia, como se comenta en esta entrevista al director: El documental «La cruda realidad» y su absoluta vigencia.

Extracto del discurso del Almirante Rickover (1957). "Los recursos energéticos y nuestro futuro".

domingo, 1 de agosto de 2021

YESA Y LA AVIONETA DE JUGUETE A LA QUE SE LE ROMPIÓ EL ALA DERECHA


Tenía unos 9 años cuando me regalaron el juguete que más recuerdo de mi infancia. Era una avioneta con alas de poliestireno ligero y una goma interior que se enrollaba un número determinado de vueltas de hélice y al soltarla giraba en sentido contrario accionándola como un motor. Mi mayor deleite era verla despegar y elevarse por encima de las cosas del pradillo exterior una vez despegaba de la pista que había dibujado en la solera de hormigón con una tiza; así eran los bajos de la casa del pueblo.

Debía tener mucho cuidado de orientar bien aquella justísima salida, pues dos de las columnas que sostenían el primer forjado enmarcaban esa frontera al exterior y no deberían ser objeto de un accidente. Había unos personajes dibujados en las ventanillas que sonreían y parecían divertirse tanto como yo con cada vuelo, les había puesto nombres ingleses, era la moda. A veces, la avioneta tomaba tanto impulso que se salía de la finca y aterrizaba en la de enfrente para sorpresa de las vacas; poco a poco se fueron acostumbrando a los aterrizajes del artefacto, inicialmente iban a curiosear a ver qué era aquella cosa amarilla de alas pálidas, pero pronto supieron que siempre aparecía el pequeño oficial de salvamento corriendo al rescate, enseguida perdieron el interés.
 
La catástrofe

Un día, un mal cálculo en la orientación del despegue y una mala ráfaga consumaron la temida catástrofe. Recuerdo aquel traicionero viento sur del septiembre de Cantabria. Cuando comenzaba la parte más fastuosa de la maniobra de despegue, la puta ráfaga empujó mi idolatrada avioneta contra una de las columnas, con tan mala suerte que seccionó el ala derecha. No sabría explicar mi disgusto y decir el tiempo que estuve llorando, pues supe enseguida que aquello tendría una muy difícil (o nula) solución.

Mi padre, al que debí dar mucha pena —pues rara vez se inmiscuía en los fútiles asuntos de los niños—, me dio una esperanza, disponía de un potente pegamento de dos fases que se mezclaban (Araldite) y que en unas 24 horas obraría el milagro casi sin notarse. No sé si aquella noche pude dormir, la impaciencia me empujaba a acudir una y otra vez a la UCI de las avionetas a inspeccionar y retocar los apoyos (un vaso de Duralex y una caja de puros), me interesaba sobre todo la evolución de la convaleciente en la esperanza de que aquella cicatriz pudiera, al menos, ser maquillada.
 
Resiliencia y Araldite: la segunda catástrofe
 
Al día siguiente, entre nervios y esperanzas, mi avioneta se dispuso a despegar completamente recuperada. El primer despegue recuerdo que fue corto (pocas vueltas de goma) y todo un éxito, sin embargo, aquel niño algo barruntaba. La prudencia no me empujaba a salir con demasiada potencia y me contuve dando la mitad de vueltas a la goma, quizás el primer factor de seguridad que me haya salido del alma.
 
Pronto me vine arriba probando con más vueltas de hélice y varios trucos de maquillaje en la cicatriz —que por cierto, fueron toda una chapuza— para asumir que mi avioneta lisiada llevaría para siempre las marcas de su calamitosa biografía; pese a ello, mi falsa sensación de seguridad era proporcional a la euforia provocada por la tecnología de un pegamento ultramoderno y poderoso que actuaba desde dos fases. La liturgia en la exactitud de aquel mezclado —con una paletita metálica "especial"— de lo que salía por dos tubos, una fase blanca y otra incolora, le daban a mi padre cierto aire de omnipotencia; los niños no podíamos manejar algo tan técnico y avanzado. No tenía nada que ver con el pegamento del cole para el papel o el aromático Supergen para figuritas y zapatos.
 
No pasó mucho tiempo hasta desatar la máxima potencia y volver a verla despegar por encima de los arbustos e incluso volver a elevarse en los cielos como en sus mejores vuelos. Hasta que, en uno de esos vuelos, ya avanzado el despegue, pude observar casi a cámara lenta cómo se desprendía aquella ala herida y forzada; según caía la avioneta con Peter, Molly, Susan y el piloto James, a mí se me caía el mundo. Entonces asumí la realidad: mi avioneta y sus pasajeros pasarían el resto de su vida como un adorno en la estantería de mi habitación. Y así fue.

Mi juguete favorito, con un solo ala funcional y la otra pobremente pegada, seguía siendo una avioneta, pero ya no servía para volar, era un adorno más en la estantería, entre los restos de algún Madelman venido a menos y la excavadora de plástico con la que jugaba en la arena.
 
Y en la era del Loctite...
 
En Yesa ya han pasado más de dos décadas de obras (2001-2021, cuando la fecha de entrega era 2009) y se ha cuadruplicado el presupuesto a pesar de las advertencias dadas por el Tribunal de Cuentas (ver figura 3). Y es que al recrecer la presa de Yesa como un proyecto especulativo más, sin que se vislumbrara ningún interés general, como rubricó el citado Tribunal en 2018, al igual que a mi avioneta de juguete, se le rompió el ala derecha (hegala en euskera también se utiliza para ladera) y a pesar de los distintos Araldite de estos años y los maquillajes físicos y publicitarios, la cicatriz ya no se puede maquillar, aún sigue ahí y ahora es algo parecido a un enorme cráter excavado sobre un glaciar a la deriva (figuras 1 y 2).

Las presas funcionan porque las dos alas (derecha e izquierda) permiten sostenerlas, al igual que el aire a mi avioneta. El ala derecha de Yesa está rota (figuras 1, 2 y 3) y de la izquierda poco sabemos, quizás también quedó tocada tras el enorme deslizamiento de 2006 que se ocultó hasta que el diario El Mundo lo sacó a la luz y comenzaron a saltar las alarmas.

Tras la catástrofe de 2013 (figura 3) el ala derecha quedó hecha añicos por varias fracturas, dos de ellas determinantes. Como con la primera catástrofe de mi avioneta, se dieron cita acontecimientos naturales desfavorables (unas lluvias muy intensas) con un mal cálculo del último despegue (300 metros de excavación bajo la propia ladera), el proyecto quedó para estantería. Los responsables han roto el juguete y lo saben, ahora buscan a un papá que disponga de una nueva versión —siglo XXI— de aquel pegamento de dos fases o, en su caso, una suerte de Loctite que pueda pegar lo que lleva ya nueve años triturándose a un ritmo de entre algo menos de 2 y unos 4 milímetros al mes.
 
Pero la mala noticia es que no disponemos de una tecnología que, como le ocurrió en la segunda catástrofe a mi avioneta, garantizara un pegado seguro. Y menos aún a 60 y 120 metros de profundidad, donde se encuentran la superficie principal de rotura (SPR) y la superficie inferior de rotura (SIR) respectivamente. Hay una importante diferencia: mi avioneta apenas asustó a unas vacas, a Yesa se le ha forzado a convertirse en una bomba de relojería que amenaza a miles de personas.

Ese año Papa Noel (en mi casa nos daban los juguetes en Noche Buena para poder disfrutar más tiempo) me trajo un avión más grande y robusto. Mi avioneta amarilla pasó a la historia.
 
 
Figura 1. Evolución histórica entre 2008 y 2020 de la ladera derecha que sustentaba las urbanizaciones Lasaitasuna (izquierda) y Mirador de Yesa (derecha) aún en construcción en 2008. En 2016 se han retirado de la montaña unos 1,5 millones de metros cúbicos de roca para intentar frenar el movimiento (una solución tan conocida como pasajera). Las urbanizaciones arruinadas fueron forzosamente expropiadas y demolidas (2020) como se puede ver en la última fotografía; hoy esa misma zona que ocupaban ambas urbanizaciones (2021) ha sido excavada para eliminar más peso que pueda frenar la ladera que ha ralentizado su movimiento hasta unos 2-4 mm/mes; en el verano de 2013, según el entonces consejero de Obras Públicas del Gobierno de Navarra, "estaba absolutamente parada"
 
 
Figura 2. Situación en 2013 (derecha) tras el movimiento de toda la montaña de unos 30 cm; se señala donde se produciría en octubre de 2014 un típico deslizamiento superficial de unos 30.000 m³ (afortunadamente a unos 70 m de la vieja presa y que entonces analizamos aquí). En julio de 2021 (fotos de la izquierda) se ve que las urbanizaciones ya han sido demolidas y retiradas, además de los terrenos bajo ellas y las infraestructuras que se reconstruyeron entre 2013 y 2014 en la esperanza de que algún día los vecinos pudieran volver a sus ruinas. Este incómodo tema del desmesurado gasto en arreglos de infraestructuras para posteriormente ser demolidas y retiradas lo analizamos en este informe en la página 53. Los deslizamientos superficiales, como los de 2014, 2019 y 2020, acordes con las condiciones globales de falta de estabilidad, se siguen produciendo de cuando en cuando, también en 2021 (se puede ver en la foto de 2021 bajo la de 2014 que guardan las mismas características). Además, aparecen varios lóbulos que se activan cada cierto tiempo entre 0 y unos 20 m de profundidad; se han contabilizado más de una decena de ellos por encima de la Superficie Inferior de Rotura (SIR) y de la Superficie Principal de Rotura (SPR), tal y como podemos consultar en la página 7 del citado informe.
 
 
Figura 3. Evolución histórica media del Factor de Seguridad (FS) global de la ladera derecha de Yesa (en rojo) según informes geológicos y geotécnicos de diferentes épocas de varias universidades y de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) y del presupuesto (en verde) extraídos del BOE y Tribunal de Cuentas. La denominada "Catástrofe de 2013" supone la caída del FS a valores oscilantes con las condiciones climáticas y sísmicas; en cualquier caso, difícilmente recuperables y ya para siempre cercanos a la unidad FS ≤ 1. Una sencilla explicación del significado y trascendencia de FS ≤ 1 se puede ver en los vídeos de abajo, el primero en la comparecencia del profesor D. Tomás Morales en el Parlamento de Navarra (vídeo 1) y el siguiente (vídeo 2) en la jornada de presentación del informe "Estudio de evaluación y seguimiento de la ladera derecha de Yesa" de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA) a partir del minuto 15':50''. 
 
Vídeo 1. El profesor D. Tomás Morales de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) explica a sus señorías, en menos de un minuto en el Parlamento de Navarra, el estado de la ladera derecha de Yesa con FS ≤ 1 y su significado en el ámbito del concepto de "equilibrio estricto" (utilizado de manera equivocada por el Gobierno de Navarra y sus representantes); es la comparecencia técnica de presentación del informe de la estabilidad de la ladera derecha de Yesa ante los grupos parlamentarios en noviembre de 2020.
 

Vídeo 2. Jornada presentación informe "Estudio de evaluación y seguimiento de la ladera derecha de Yesa" de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA) con Pedro Arrojo, Relator Especial de lo ONU por el Derecho al Agua


Vídeo 3. Deslizamientos del terreno en Renania, Alemania, provocados por las lluvias históricas del verano de 2021. Según varios autores y de manera preliminar, estas lluvias tendrían períodos de retorno de entre 500 y 1000 años en condiciones que no considerasen el efecto del cambio climático.

Vídeo 4. En 20 segundos se resume lo que dicen desde el PSN-PSOE (a través del parlamentario Javier Lecumberri) que sustenta al Gobierno de Navarra, sobre el informe del propio Gobierno de Navarra y lo que dice el profesor Tomás Morales de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) sobre la estabilidad de la ladera derecha de Yesa. Obsérvese que para el político "las laderas" son estables, mientras que para el científico la ladera derecha de Yesa es inestable.
 
Vídeo 5. Un gran problema contribuyó a que Yesa acabase siendo una bomba de relojería y un agujero sin fondo de dinero público: la existencia de dos canales de comunicación, uno oficial y otro velado o más bien censurado. El primero es el político-mediático, insistiendo en un machacón e infundado "Yesa es estable y tenemos que tener un cierto nivel de tranquilidad", al que tras más de 20 años de parches incapaces de frenar los imprevisibles movimientos sucedidos, coser cicatrices y grietas, reparar los daños ocasionados, etc., con partidas presupuestarias interminables, ya no le queda recorrido, y otro, el debate científico y técnico que siempre culmina en aceptar y asumir que la ladera "es inestable y tras la catástrofe de 2013 ya no queda margen de seguridad". A este último debate nunca se le permitió salir de los gabinetes y oficinas de ingeniería si no era para acusar a los científicos de alarmistas o de hacer demagogia, algo que, durante estos años, han estado replicando la mayoría de los medios de comunicación. En un par de minutos de vídeo se resumen las más de dos décadas de palos de ciego que finalmente, han supuesto un desastre para las arcas públicas y dejan una bomba de relojería sobre la ciudad de Sangüesa. Políticos y científicos, hablan, en ocasiones y después del otoño de 2019, de un mismo informe, el del Gobierno de Navarra encargado a una empresa especializada y a expertos de dos universidades: Cataluña y Nápoles. Desde ese año, las certezas en cuanto a la falta de estabilidad son ineludibles. El debate científico ha terminado. El debate político-mediático continúa. Este aspecto es tratado en el siguiente estudio en el punto 12.2 en la página 51.

Informe "Estudio de evaluación y seguimiento de la ladera derecha de Yesa" de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA)